Feb 8 2007
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Economía

Obligado a no. – CUANDO REUTEMANN PREGUNTA SOBRE LO PERDIDO EN 1981

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Reutemann, que el 12 de abril cumplirá 65 años, es un hombre de pocas –escasísimas– palabras. Por eso es significativo todo lo que dijo durante un viaje a Londres para recibir un premio de la revista Autosport . Peter Windsor, periodista de la publicación especializada F1 Racing , vivió tres días a principios de diciembre de 2006 junto a Reutemann.Y el argentino, el piloto más grande que dio su país tras el quíntuple campeón mundial Juan Manuel Fangio, demostró que tiene sentimientos, aunque tantas veces los haya ocultado.

Senador nacional en su país, Reutemann visita la central de Williams y “se ve atraído de inmediato por el Williams FW07C/12 con que ganó en 1981 en Brasil y Bélgica”, escribe el periodista. “Entonces caes en la cuenta de que ésta es la primera vez que Carlos miró de frente a la temporada 1981”, agrega.

Ese año es un momento inolvidable para cualquier argentino aficionado al motor y un hito en la historia de la F1 por la forma como se resolvió el título. Reutemann, que debutó en la categoría en 1972 con una “pole” en el GP de la Argentina, tuvo su gran posibilidad en 1981. Lotus lo había desilusionado el año anterior y llegó a Williams con entusiasmo y decidido a luchar por la corona. Su compañero de equipo era el australiano Alan Jones, campeón mundial.

Pero eran ilusiones infundadas. Ya en la primera carrera, en Long Beach, recibió órdenes de dejarse adelantar por Jones. Una maniobra fallida le evitó a Reutemann la disyuntiva de obedecer o no. Pero en la siguiente carrera el argentino ganó el GP de Brasil bajo una lluvia torrencial e hizo caso omiso de las instrucciones vía radio para que dejara pasar a Jones.

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El equipo le dio la espalda, la relación se quebró. Reutemann ganó en Bélgica y en Sudáfrica, aunque la Federación Internacional (FIA) le jugaría una mala pasada: cediendo a presiones de Ferrari, que no corrió en Kyalami, desconoció los resultados de la prueba y esos puntos del argentino no sirvieron para nada.

En medio del campeonato, Williams decidió cambiar de neumáticos: sustituyó los Michelin, que eran los preferidos de Reutemann, por los Goodyear. El argentino sintió el golpe: en las primeras siete carreras había obtenido 37 puntos, pero en las siete siguientes sólo 12.

Pese a todos los obstáculos, Reutemann llegó a Las Vegas, última carrera, con un punto de ventaja sobre Piquet, y logró la “pole” en el intrincado circuito montado en la playa de estacionamiento del hotel Caesar’s Palace.

Frank Williams, jefe del equipo, le negó a Reutemann el motor más nuevo y potente y se lo dio a un Jones, ya fuera de la lucha por el título. El final fue dramático: un Piquet con fiebre y en baja forma logró superar en las últimas vueltas a Reutemann y llevarse el campeonato por apenas un punto. Con semejante historia aún viva en el alma, no es extraño que Reutemann le haga preguntas a Jonathan Williams, hijo mayor de Frank, cuando llegó a la central de la escudería y vio su viejo auto:

“Así que éste es de chasis 12. Muy lindo coche. ¿Por qué entonces corrí con el de 17 las últimas carreras?”. Una pregunta para su padre, admite Williams hijo.

Y el mítico Frank Williams aparece, preguntándole a Reutemann cómo anda todo “por la Casa Rosada”, la sede del gobierno argentino. “Bien, bien”, dice Reutemann, acelerando a fondo para no perder tiempo: “Frank, ¿por qué cambiamos de Michelin a Goodyear a mitad de camino aquel año? Sumé 37 puntos con Michelin y sólo 12 con Goodyear. No lo entiendo”.

“Creo que fue una cuestión política”, intenta explicar Williams. “Bernie [Ecclestone] pensó que era mejor usar Goodyear porque Michelin favorecía a Renault”. Reutemann no queda conforme con la explicación y apela a la ironía: “Claro que era mejor para Brabham [comprada por Ecclestone en 1972] que nosotros usáramos Goodyear. Desde el momento en que cambiamos dejamos de ser rápidos […]. En Austria no tenía nada de agarre. Y los motores… Recuerdo que el 349 era muy rápido, ¿pero te acuerdas del problema con el 310 en Hockenheim? Creo que perdí el campeonato en esa carrera…”

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Reutemann continuó hablando con Williams durante más de una hora. “Muy impactante, muy impactante”, dijo al abandonar Williams. Dos días después se vio con Neil Oatley, su ingeniero de aquellos tiempos. F1 Racing define el encuentro con Oatley como el de “los arquitectos de algunas de las mejores vueltas jamás corridas en la Fórmula 1”.

Neil: “Monza, Las Vegas. ¿Por qué corrimos con el chasis 17? ¿Por qué debimos probar frenos en la mañana de la competencia? No encontré un set adecuado de neumáticos para la carrera. Un desastre”, dice, ante el asombro de su interlocutor.

Y así siguió planteando preguntas en esos días de diciembre, preguntas que seguramente se hizo infinidad de veces desde aquel 1981, pero que probablemente no había planteado aún tan sincera y crudamente. “¿Si mi época fue la mejor de la Fórmula 1? Para nada. Me encantaría correr ahora: todo está dispuesto para que hagas tu trabajo a la perfección”, dice Reutemann al periodista, que llega a la conclusión de que el argentino no perdió el título de 1981 en una única carrera.

“Se fue escurriendo en una confusa mezcla de acontecimientos absurdos: el no reconocimiento de los puntos del GP de Sudáfrica, en la prohibición a último minuto de los difusores flexibles (que generaban el “efecto suelo”), en el cambio a Goodyear. En los cruciales e inexplicables problemas del motor.”

Una campaña con 12 éxitos en 147 carreras

Carlos Reutemann logró 12 victorias en 147 participaciones. Cuatro de ellas fueron con Brabham: en 1974, en Sudáfrica, Austria y EE.UU. (Watkins Glen), y en 1975, en Alemania (Nurburgring) ; cinco con Ferrari: en 1977 en Brasil (Interlagos) y en 1978 en Brasil (Jacarepaguá) , Gran Bretaña y EE.UU. (Long Beach y Watkins Glen); y tres con Williams: en 1980 en Mónaco, y en 1981, en Brasil (Jacarepaguá) y Bélgica.

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* Periodista. En un despacho de DPA, agencia de prensa alemana.

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