Ene 14 2017
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Despacito por las piedras

OCCIDENTE PERDIO UN FILÓSOFO Y EN ARGENTNA “CALLÓ EL CANTOR”

 

El lunes pasado murió, en una ciudad próxima a Londres y cuando se acercaba a los 92 años de edad, Zygmunt Bauman. Había nacido en Polonia, en una familia judía. Junto con el francés Alain Touraine recibió en el 2010 el Premio Príncipe de Asturias, uno de los máximos galardones intelectuales que se entregan en Europa. En la Segunda Guerra Mundial se fue a la Unión Soviética y se alistó, para luchar contra la ocupación nazi, en la “Sección Polonia” de las tropas soviéticas. Allí sirvió en los servicios de inteligencia stalinistas, lo que le valió variadas críticas. Al final de la guerra residió en Polonia y ejerció la docencia hasta la segunda mitad de la década de los 60’, cuando renegó del comunismo y se trasladó a Israel, para recalar en Inglaterra –en los inicios de los 70- donde vivió, trabajó, se nacionalizó y murió. Publicó 57 libros y su crítica a la evolución de la globalización lo transformó en uno de los referentes de las juventudes europeas antiglobalistas. Así lo entendieron los jóvenes griegos del Sysriza que, llegados al gobierno, se reconciliaron con la Unión Europea y aceptaron sus políticas. Algo semejante ocurrió con los “indignados” españoles que fundaron PODEMOS, una fuerza que -poco a poco- se va adaptando a las características de la actual política española y europea, como una variante más de la social democracia.
Desde la década de los 90’ venía señalando que los principios sobre los cuales se asentaba –en los finales de la Guerra- la identidad de cada persona: “un Estado fuerte, una familia estable y un empleo indefinido”, se han ido licuando. De allí surge la idea de una “modernidad líquida” como denomina a los tiempos contemporáneos, donde “los individuos se quedan sin raíces y privados de cualquier marco de referencia”. Según su modo de ver, la progresiva pérdida de los mencionados pilares está llevando a la ciudadanía, particularmente en Europa, a un creciente miedo a perderlo todo. Dicho temor se incrementa, en los últimos tiempos, con la llegada de los refugiados. Muchos de ellos, provienen de sociedades de un pasar relativamente bueno, como los que llegan desde Siria. Eso enfrenta a los europeos ante la fragilidad de un bienestar en peligro. Crítico de la sociedad de consumo (“La búsqueda de la felicidad equivale a ir de compras”) y de las teorías capitalistas del “derrame”, considera que lo ocurrido con el Brexit del Reino Unido y el triunfo de Donald Trump es una respuesta a ese miedo. Ha dicho al respecto “Estamos pagando el precio por los 30 o 40 años de atracón, de juerga otorgados por una serie de obsesiones demoníacas interconectadas, como vivir a crédito, la orgía consumista, la creciente brecha entre los ganadores y los derrotados”
Fue un crítico del uso que se les da a las redes sociales: “Muchos las usan no para unir ni ampliar sus horizontes, sino por el contrario, para encerrarse en lo que yo llamo «zonas de confort», donde el único sonido que oyen es el eco de su voz”
Estas fueron algunas ideas de este pensador que murió apabullado por un mundo donde emerge el cuestionamiento a la globalización capitalista pero lejos del camino del humanismo que él soñaba cuando adhirió –en Polonia- al comunismo por ser una fuerza continuadora del pensamiento iluminista que Bauman reivindicaba.

El viernes 13 dejó de existir Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo más conocido como Horacio Guarany. Hijo de un indio, hachero de La Forestal, había nacido hace 91 años en un obraje entre Intiyaco y Guasuncho, pequeños poblados del chaco santafesino. Fue boyando de familia en familia y se crió en Alto Verde, una especie de isla adyacente a la ciudad de Santa Fe. Empezó su vida artística en Buenos Aires cantando música paraguaya. Con su naturaleza litoraleña y peronista recaló en el Partido Comunista. En la década de los 70’ sufrió atentados de la “Triple A” (1974) y de la dictadura miliar (1979), en su cuerpo guardaba el recuerdo de las esquirlas de uno de esos atentados. En los últimos años se estableció en Plumas Verdes, a metros de la Basílica de Luján, lugar donde recibiera a la muerte, después de haber agasajado -centenares de veces- a sus amistades.
Fue reconocido como el cantor folklórico de mayor trascendencia de toda nuestra historia. En el 2015 fue despedido en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María, allí lo acompañó quien es considerado su sucesor folklórico: El Chaqueño Palavecino. Solía cantar: “Que no calle el cantor porque el silencio, // cobarde apaña la maldad que oprime…”

Juan Guahán-Question

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