Feb 1 2017
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Cultura

Oliverio Girondo

Del imperio de los faraones s√≥lo quedan ruinas, de la China imperial una muralla que por momentos se cae a pedazos. De Apeles, el pintor m√°s afamado de la antig√ľedad, sabemos de sus t√©cnicas, amigos, que fue el pintor favorito de Alejandro Magno pero no queda ni una de sus pinturas.

De los grandes poetas de la antig√ľedad tenemos algunas obras. Y aunque algunas son notables no sabemos si subsistieron s√≥lo las mejores. El tiempo es un gran constructor pero tambi√©n un molino que lo devora todo. De la gran Babilonia subsiste lo m√°s fr√°gil: sus tablillas de arcilla que dan cuenta de sus d√≠as y uno de los ocho gigantescos arcos de lapisl√°zuli con sus toros, leones, margaritas y animales mitol√≥gicos con destellos de oro.

Hace medio siglo murió uno de los poetas más interesantes que conozco. Interesante no sólo a la manera de Cummings, del compositor Luigi Nono o de James Joyce con su Finnegans Wake. Me refiero al argentino Oliverio Girondo, quien además de llevar al extremo el lenguaje como en su célebre En la Masmédula, escribió algunos de los poemas que se han tatuado en el imaginario colectivo de una manera, creo, casi permanente.

La obra de Girondo, dice Enrique Molina en un pr√≥logo estupendo que re√ļne la obra del poeta, que los versos de Girondo son una constante expedici√≥n de descubrimiento: paulatinamente se interna en lo desconocido, llega a los bordes del mundo, una traves√≠a de alguien. En su conocimiento deslumbrado de las cosas, siente que el suelo se hunde bajo sus pies a medida que avanza, hasta que las cosas mismas acaban por convertirse en las sombras de su propia soledad.

Los poetas ven al mundo siempre por primera vez. Por eso al hablar de las mismas cosas de las que hablaron en la antig√ľedad, son diferentes.

Un personaje como Girondo ser√≠a imposible no en nuestros d√≠as en los que el mercado ha impuesto sus leyes tambi√©n a los escritores que entregan a√Īo con a√Īo un nuevo libro, envejecido por la ignorancia de lo que otros escribieron antes o por el descuido en su escritura. Hasta los mejores publican 1071/ veces m√°s de lo que deber√≠an publicar dice en uno de sus poemas.

S√≥lo algunos escritores han entendido que vivir de la escritura no consiste √ļnicamente en publicar. Jos√© Emilio Pacheco, nuestro pol√≠grafo m√°s fecundo de los a√Īos recientes viv√≠a de la escritura, pero eso significaba que colaboraba en enciclopedias, hac√≠a periodismo literario, ofrec√≠a conferencias, era traductor, participaba en seminarios, edit√≥ revistas, recogi√≥ la obra de otros autores que le parec√≠an esenciales, corrigi√≥ textos, fue amanuense de otros escritores y no s√≥lo public√≥ sus propios libros. La publicaci√≥n de su obra fue, me parece, a lo que menos dedic√≥ su tiempo.

Girondo como Pacheco rehuía del circo literario. Sabía que el éxito literario era una vanidad construida con servilismo, adulación y baja política, apunta Molina. Rehuyó de los poetas de moco enternecido que confundían el amor con el masaje, poesía con congoja acidulada. Tampoco aspiraba al mármol ni al oro: Yo no tengo ni deseo tener sangre de estatua.Resultado de imagen para oliverio girondo

Contemporáneo de Borges fue invitado por la legendaria Victoria Ocampo a la revista Sur, pero Girondo declinó la invitación. Prefirió vivir de otras cosas y dedicarse a su poesía cuando tuviera algo qué decir.

A diferencia de Renato Leduc que se vali√≥ del humor en muchos de sus versos para crear atm√≥sferas festivas (¬ŅQui√©n no insinu√≥ a su prima con violetas/ u otra flor, esperanzas tan concretas/ cual dormir una noche entre sus tetas?), Girondo se vali√≥ del humor negro para mostrarnos la otra cara de la realidad. Como en el poema Exvoto, donde Las chicas de Flores tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confiter√≠a del Molino, y usan mo√Īos de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa y que viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar y que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo en pedacitos y arroj√°rselo, a todos los que pasan la vereda.

Tambi√©n estas l√≠neas dan cuenta de un humor negro para acercarnos al amor: ‚ÄúNo me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de piel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisiaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportar una nariz que sacar√≠a el primer premio en una exposici√≥n de zanahorias; pero eso s√≠ ‚Äďy en esto soy irreductible‚Äď no les perdono, bajo ning√ļn pretexto, que no sepan volar.‚ÄĚ

Acercarnos a Oliverio Girondo equivale a acercarnos a la poesía en un mundo donde la rapidez de las publicaciones son un rumor sordo que a muchas voces, con notabílisimas excepciones, dice poco, nada.

*Publicado en La Jornada

Poemas de Oliverio Girondo

CANSANCIO
Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuantos recuerdos,
gris√°ceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan p√ļdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabr√° si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola autentica,
alegre
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sue√Īo,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.
* * *
YO NO S√Č NADA

Yo no sé nada
T√ļ no sabes nada
Ud. no sabe nada
El no sabe nada
Ellos no saben nada
Ellas no saben nada
Uds. no saben nada
Nosotros no sabemos nada
La desorientación de mi generación tiene su expli-
cación en la dirección de nuestra educación,cuya
idealización de la acción, era Р¡sin discusión!-
una mistificación, en contradicción
con nuestra propensión a la me-
ditación, a la contemplación y
a la masturbación. (Gutural,
lo m√°s guturalmente que
se pueda.) Creo que
creo en lo que creo
que no creo. Y creo
que no creo en lo
que creo que creo
¬ęC a n t a r d e l a s r a n as¬Ľ
¬°Y¬†¬†¬†¬† ¬°Y¬†¬†¬†¬†¬† ¬ŅA¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬ŅA¬†¬†¬†¬† ¬°Y¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬°Y
su     ba       llí        llá      su       ba
bo       jo          es           es        bo         jo
las      las          tá?            tá?       las        las
es        es          ¡A                 ¡A           es          es
ca       ca            quí                    cá            ca          ca
le        le            no                          no             le           le
ras      ras          es                              es             ras        ras
arri     aba         tá                                   tá            arri        aba
ba!…¬†¬†¬†
jo!…¬†¬†¬†¬†¬†¬† !…¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† !…¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ba!…¬†¬†¬†¬† jo!…

 

* * *

Resultado de imagen para oliverio girondoNO SE ME IMPORTA UN PITO
No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ning√ļn pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¬°pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
√Čsta fue -y no otra- la raz√≥n de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¬ŅQu√© me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¬ŅQu√© me importaban sus extremidades de palm√≠pedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el ba√Īo, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de alg√ļn paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
¬ę¬°Mar√≠a Luisa! ¬°Mar√≠a Luisa!¬Ľ… y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anid√°bamos en una nube,
como dos √°ngeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¬°Qu√© delicia la de tener una mujer tan ligera…,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¬°Que voluptuosidad la de pasarse los d√≠as entre las nubes…
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¬Ņpuede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¬ŅVerdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por m√°s empe√Īo que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor m√°s que volando.

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