Dic 16 2017
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Despacito por las piedras

OMC, G-20: China y EE.UU. chocan en Argentina

Desde hace tiempo se sabe que China y Estados Unidos andan peleando por el liderazgo de la economía mundial. Esa disputa se agudizó con la llegada de Donald Trump al gobierno norteamericano. La pelea no es solo por una cuestión de prestigio. Hay muchas otros temas en el medio. Una de ellos tiene que ver con el aspecto comercial y quién –en ese terreno- defiende con mayor eficacia sus intereses. Esto se pone muy interesante porque ambos cambiaron sus políticas y ahora proponen exactamente lo contrario a lo que planteaban hace poco tiempo atrás. En efecto, los norteamericanos estaban a la cabeza de las políticas globalistas que defendían a capa y espada el libre comercio. Mientras tanto, los chinos cultivaban un proteccionismo feroz que les permitió dar ese paso gigantesco que los llevó a la cúspide la economía mundial.

Ahora las cosas son al revés. Los chinos, con su economía consolidada, quieren libertad de comercio. Los EE.UU., tratan de salir de su estancamiento económico practicando el proteccionismo, a los argentinos nos consta que ello es así cuando cierran las puertas a nuestro bio-diesel. Eso les permite defender la producción y el trabajo norteamericano. En función de lo dicho China se identifica con los europeos y encabeza las políticas globalistas y choca con el proteccionismo que practican los norteamericanos. Esa contradicción aparece en los diferentes organismos y reuniones internacionales. Está en el FMI, en el Banco Mundial y se hizo patente en los últimos eventos de este tipo: Encuentro de Davos y las reuniones del G-20. En estos días, ese debate se está dando en nuestro país y está transcurriendo en tres escenarios distintos.

Uno fue la reunión Cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que se reunió en  Buenos Aires con la presencia de 3.500 funcionarios internacionales y los Ministros de Economía de 164 países. La OMC es, junto al FMI y al Banco Mundial, la tríada donde se elaboran las políticas de dominación para todo el mundo. En la reunión de Buenos Aires apenas lograron el mínimo de lo mínimo: que la OMC siguiera con vida. Se salvó del riesgo de romperse, pero no pudo evitar la falta de acuerdos. Para nosotros era solo una “vidriera” para mostrarnos al mundo. Los acontecimientos del Congreso dejan dudas sobre los efectos de esa “vidriera”. Nuestro aporte al comercio mundial es ínfimo, solo el 0,3%, hace 50 años era del 0,8%.

El otro escenario estuvo en Bariloche. Allí unos 50 funcionarios del G-20 procuraron fijar un temario para elaborar una agenda mundial para un futuro encuentro Cumbre del G-20 donde confluirán el año próximo –en Buenos Aires- los Jefes de Estado o Gobierno de todos los países que lo integran.

El tercer escenario fue el intento de firmar el acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. En el encuentro de Davos se había anunciado que se firmaría en el marco de la reunión de la OMC en Buenos Aires. Sobre este acuerdo se avanzó pero no se pudieron cerrar la totalidad de los temas por lo cual hubo que dejarlo para otro momento, del 2018.

Así pasaron estos tres eventos internacionales, con mucho ruido y pocas nueces. De inversiones, ni hablar. Los sucesos del Congreso y la represión desatada es probable que a poco ayuden a que se atropellen por llegar los inversionistas extranjeros.

Juan Guahán, Question

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