Jun 25 2007
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Cultura

Otra cara de las cosas. – EL FIN DEL MUNDO YA OCURRIO CUATRO VECES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Nadie se r√≠a, porque el asunto es serio. Esta misma semana se anunci√≥ en Israel que, para el a√Īo 2060, el planeta que tenemos bajo los pies seis mil millones de terr√≠colas habr√° desaparecido, seg√ļn unos estudios secretos del f√≠sico Isaac Newton, expuestos por primera vez en p√ļblico por la Universidad Hebrea de Jerusal√©n.

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El insigne matem√°tico ingl√©s, que formul√≥ hace tres siglos la ley de gravitaci√≥n universal y sent√≥ las bases de la mec√°nica moderna, calcul√≥ a partir de ciertas claves num√©ricas en la Biblia, cu√°l ser√≠a la fecha del fin del mundo. Su conclusi√≥n es que ocurrir√° 1.260 a√Īos despu√©s de la refundaci√≥n del Sacro Imperio Romano, llevada a cabo por Carlomagno en el a√Īo 800. Es decir: 1.260 + 800 = 2.060. ¬°Cincuenta y tres a√Īos m√°s y todo habr√° terminado!

An√≥telo en la agenda, pero no se alborote. Tenemos pruebas documentales de que los antiguos aztecas, a la llegada del conquistador Hern√°n Cort√©s en 1519, ya hab√≠an registrado ¬°cuatro! fines del mundo, lo mismo que sosten√≠an los egipcios tres mil a√Īos antes, sin que los aztecas ni los espa√Īoles lo supieran.

Isaac Newton tampoco lo sab√≠a, y se pas√≥ los √ļltimos a√Īos de su vida haciendo c√°lculos y anotaciones sobre el Libro de Daniel, en el Antiguo Testamento, para lo cual hasta aprendi√≥ hebreo, tratando de descifrar la fecha exacta en que se acabar√≠a el mundo. Lo malo es que otros insignes pensadores, h√©roes y santos, entre ellos Crist√≥bal Col√≥n, Mart√≠n Lutero, San Bernab√©, San Irineo de Lyon y hasta el propio San Agust√≠n, uno de los cuatro primeros Doctores de la Iglesia, tambi√©n basados en la Biblia, anunciaron hace varios siglos que estaban a punto de cumplirse en su tiempo los seis mil a√Īos que durar√≠a la vida terrestre, ¬°pero no pas√≥ nada!

El cálculo que hacían era el siguiente:

‚ÄúCada d√≠a de la creaci√≥n equivale a mil a√Īos‚Ä̂Ķ (Lo puede leer cualquiera en los textos b√≠blicos: en 2¬™ de San Pedro 3:8, y en Salmos 90:4)‚Ķ ‚ÄúPor lo cual, de la misma forma en que se han creado en seis d√≠as todas las cosas, en seis mil a√Īos se consumar√°n‚ÄĚ.

Los m√°s precisos agregaron mil a√Īos adicionales por el d√≠a de descanso original, el s√°bado. Crist√≥bal Col√≥n, entre ellos, que se apoya en ‚ÄúSanto Agost√≠n‚ÄĚ, seg√ļn escribe de pu√Īo y letra en su Libro de las Revelaciones escasamente conocido. Con lo cual la duraci√≥n exacta del h√°bitat que nos cobija llegar√≠a a los siete mil a√Īos.

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La teor√≠a ‚Äúmilenarista‚ÄĚ ‚Äďpasando por Newton‚Äď lleg√≥ hasta nuestros d√≠as, considerada por otros cient√≠ficos y fil√≥sofos, creyentes o no, entre ellos Sir Betrand Russell. Pero la ‚Äúbiblia‚ÄĚ del asunto la ten√≠an los aztecas antiguos, que se la transmitieron literalmente a los conquistadores hispanos de M√©xico, seg√ļn la siguiente versi√≥n, de fuente insospechable. Su autor es el Rey de los Cronistas de todos los tiempo, el erudito y ameno como ninguno, Michel Eyquem de Montaigne, o Montaigne a secas, autor de los c√©lebres Ensayos, escritos en 1580, que han servido de inspiraci√≥n desde entonces a numerosos intelectuales y personalidades mundiales.

‚ÄúLos mexicanos eran algo m√°s civilizados y artistas que los otros pueblos de los nuevos reinos ‚Äďescribe Montaigne‚Äď. Cre√≠an, como nosotros, que el fin del universo estaba pr√≥ximo, y tomaron por signo de ello la desolaci√≥n que los europeos llevaron a sus tierras. Opinaban que la existencia del mundo se divid√≠a en cinco Eras, correspondientes a las vidas de cinco soles consecutivos, cuatro de los cuales se hab√≠an extinguido ya, siendo el √ļltimo el que a la saz√≥n nos alumbra.

‚ÄúEl primero sucumbi√≥ con todos los seres por universal inundaci√≥n de las aguas; el segundo, por haber ca√≠do el cielo sobre la tierra, destrozando toda cosa viviente. A esta Edad asignaban ellos la generaci√≥n de los gigantes, de los cuales ense√Īaron a los espa√Īoles huesos tales que, en proporci√≥n, debi√≥ aquella raza medir veinte palmos de altura.

‚ÄúLa tercera Era concluyose con un fuego que lo deshizo y consumi√≥ todo; y la cuarta con una conmoci√≥n de aire y viento que lleg√≥ a derribar algunas monta√Īas. Esta vez los hombres no murieron, pero fueron transformados en monos‚Ä̂Ķ

‚ÄúDespu√©s de la muerte de este cuarto sol, el mundo paso veinticinco a√Īos en perpetuas tinieblas, y en el a√Īo decimoquinto fueron creados un hombre y una mujer, que rehicieron nuestra especie. Diez a√Īos m√°s tarde reapareci√≥ un sol otra vez creado, y desde entonces hacen ellos el c√≥mputo de su Era‚ÄĚ.
(Montaigne, Ensayos completos, p√°gs. 778‚ÄĒ779).

fotoTres en uno, los secretos aztecas recogidos por Montaigne:

1) ‚ÄúLos hombres se transformaron en monos‚ÄĚ ‚ÄĒescrito en 1580, cuando faltaban tres siglos para que surgiera en Inglaterra la teor√≠a de Darwin.

2)‚ÄúUna pareja que rehizo nuestra especie‚ÄĚ. ‚ÄĒ¬ŅAd√°n y Eva?. Y

3) El Diluvio Universal, tradición que reproducen distintas culturas y religiones y, desde luego, la propia Biblia.

En resumen, ¡México 3 РNewton 0! Por lo menos, al concluir el primer tiempo…

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* Periodista.

Artículo publicado originalmente en el diario La Nación de Santago de Chile. Se reproduce aquí por gentileza del autor.

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