Ago 7 2007
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Opinión

Otra cara de las cosas. – UN WHISKY DE ALTURAS EN EL BAR DE LA ESQUINA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Pocas veces la entrevista dominical a políticos en los diarios chilenos alcanza el nivel logrado con las declaraciones de Carlos Altamirano el cinco de agosto, donde el inveterado extremista de 85 años, hoy sosegado, hace gala de una precisión conceptual a la francesa, un estilo en el decir y una profundidad de visión, que le hacen recordar a este avezado reportero pasadas conversaciones sostenidas en otras épocas con Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende, Radomiro Tomic, el diplomático Ramón Huidobro, y hasta con Ricardo Lagos Escobar, antes de que fuera candidato y cuando tenía más tiempo.

Leer las respuestas del ex líder del PS a las inteligentes preguntas formuladas es, en verdad, como tomarse un Glenfiddish, el whisky de las tierras altas de Escocia, de pura cebada malteada (distinta a la que se arrastra en los valles y se reproduce en los supermercados), en un rincón silencioso del bar del barrio, en cuyas mesas centrales parlotean junto a su chicha y la chimuchina cotidianas, los piñeras, los moreiras, los arancibias, los zaldívares, los larraínes, los navarros, los velascos y los longueiras.

¡Otra clase de política; otros tiempos, indudablemente! Pero magistralmente revividos por Altamirano, que hoy arroja luces nunca vistas sobre las turbulencias internas de la Unidad Popular, en el periodo 1970-1973. Ahora… ¡una cosa es el estilo y otra el contenido! El añoso socialista explica de manera tan seductora su papel en la tragedia, que hasta dan ganas de perdonarlo y no seguirle diciendo “Mayoneso” en los corrillos citadinos, como yo lo hago desde hace 35 años, y no por mera frivolidad. Dejaremos ese punto para otra ocasión. Pero son impagables sus precisiones sobre el verdadero carácter de Allende, a quien Altamirano conoció tan de cerca, al igual que merece un destaque especial su actual interpretación del rol del Partido Comunista en aquellos años y la influencia de la Revolución Cubana en nuestro proceso político.

¿Allende era un hombre influenciable? –le preguntan. Y responde Altamirano–: “Era un hombre muy decidido, valiente, resuelto y tenaz. El sólo hecho de que haya sido cuatro veces candidato a la Presidencia revela la fuerza interior que lo motivaba. Lo mas equivocado que se ha dicho de Salvador es que fue un presidente débil.

“Allende aprobó expropiar las 70 u 80 más grandes industrias de este país. ¿Eso lo hace un personaje débil? Decidió expropiar tres mil latifundios, donde descansaba el poder de la vieja oligarquía chilena. ¿Eso lo hace una persona débil? La determinación de no pagarles un centavo a los estadounidenses como indemnización por la nacionalización del cobre, también la tomó resueltamente Allende, lo que motivó que el gobierno norteamericano le hiciera la cruz”.

Francamente discutibles, sin embargo, son las afirmaciones de Altamirano sobre la responsabilidad del Partido Comunista en el fracaso del gobierno de Allende. Hace esta asombrosa afirmación: “El PC –sin quererlo y en parte injustamente– tuvo una participación extraordinariamente negativa en el gobierno de la UP, por su nombre, su historia y su incondicionalidad con la Unión Soviética. Es verdad que el PC tenía una política más moderada que el PS –recalca–, pero fue el partido que creo una imagen externa nefasta para el proceso chileno. Para el gobierno estadounidense lo grave era que en Latinoamérica se iba a crear una nueva Cuba, y esa nueva Cuba no la construiría el PS, sino el PC”.

Es decir, interpretando sus palabras, el Partido Comunista tendría la culpa por el sólo hecho de existir. Contradigo en esto al ex senador. En mi modesta opinión, y descontando su alusión a la dependencia de la URSS, que comparto, sin el abnegado trabajo de los 100 mil militantes y cercanos al Partido Comunista, no habría existido la coalición llamada Unidad Popular, jamás Allende habría llegado al gobierno ni existido ninguno de los mil días del gobierno popular.

Y si alguien quería construir una “nueva Cuba” en Chile, era el socialismo altamiranista y el MIR, y no el PC, aunque admito que los yanquis no distinguían los caquis de los tomates en la revuelta canasta de la UP de aquellos años, y dentro del marco de hierro de la Guerra Fría.

Fue Luis Corvalán, secretario general del PC, el que desarrolló los conceptos básicos de la Vía Pacífica para que la izquierda chilena llegara al gobierno, desarrollados y profundizados teóricamente mas adelante por Joan Garcés, y encarnados desde siempre por Salvador Allende. Muchas veces, a contrapelo de las posiciones de Carlos Altamirano.

En cuanto al castrismo, sostiene el brillante entrevistado, que “de no haber existido la revolución cubana, todo habría sido muy distinto en Chile”. De acuerdo. De no haber existido el imperialismo yanqui, Brezhnev y Mao, tampoco habría aparecido Pinochet. Todo, absolutamente todo, habría sido diferente, y por ese camino de política-ficción podríamos hasta habernos liberado de toda culpa y justificarnos para siempre ante nuestros muertos y torturados.

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*Periodista.

La entrevista a que hace alusión Taufic se publicó en el matutino de Santiago La Tercera (www.latercera.cl).

Este artículo fue publicado en www.lanacion.cl el martes siete de agosto de 2007.

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