Feb 24 2013
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Econom铆aPol铆tica

Otra econom铆a, otra pol铆tica, otra izquierda

En cierto sentido, Am茅rica Latina experimenta una suerte de primavera econ贸mica, con t茅rminos del intercambio favorables para las econom铆as nacionales, que vuelven a re-colocarse en la divisi贸n internacional del trabajo como productoras de materias primas con posibilidad de captar significativas cantidades de renta internacional.

De hecho, se da un proceso de industrializaci贸n interno a las actividades primarias, aplicando tecnolog铆as basadas en innovaciones espectaculares, pero en general con expulsi贸n o precarizaci贸n del trabajo e irreversible destrucci贸n de los ecosistemas. Es decir que la denominada nueva cuesti贸n social no se resuelve por s铆 sola con estos cambios en la inserci贸n econ贸mica. La captaci贸n de renta a nivel mundial no debe verse sino como un remanso dentro de la crisis epocal que enfrenta el mundo y particularmente esta regi贸n.

Esa crisis incluye, pero no se agota en ella, la de la institucionalidad del capitalismo y su capacidad de integraci贸n de las sociedades nacional y ahora global. Su estrategia de globalizaci贸n con predominio absoluto del capital financiero, especulativo, expoliador y cortoplacista se muestra destructora de los lazos sociales, polarizadora a nivel internacional y militarizadora de las relaciones econ贸micas. Avanzar en la resoluci贸n de esa crisis supone transformaciones fuertes, particularmente en lo relativo a la econom铆a, pero no menos importante en lo que hace a la pol铆tica.

Porque, 驴de d贸nde sino va a surgir la fuerza capaz de contrarrestar la fuerza del capital global y los Estados dedicados a impulsarlo siguiendo los dictados del Consenso de Washington? Pues el capitalismo, lejos de tener a la democracia como correlato pol铆tico, la usa como fachada del principal sistema de dominaci贸n vigente hoy en el mundo. Como dec铆a Polanyi, la econom铆a que corresponde a una democracia es una econom铆a socialista, s贸lo que a煤n estamos buscando el modo de definirla y las v铆as para construirla.

El programa neoliberal de expansi贸n y profundizaci贸n del mecanismo de mercado, dando al Estado la funci贸n de facilitar, si es que no de imponer, ese proceso de mercantilizaci贸n de la vida, no ha cejado y sigue siendo hegem贸nico, al punto que los mismos procesos pol铆ticos de orientaci贸n popular que han marcado la 煤ltima d茅cada no logran escapar al sentido com煤n legitimador del sistema.

El crecimiento, la eficiencia y el productivismo en t茅rminos del valor de las mercanc铆as producidas a帽o a a帽o con relaci贸n al trabajo invertido, sigue siendo un criterio central con que se autoeval煤an esos procesos. Sin duda que se agrega el criterio de equidad o de mayor igualdad, pero esto no se aleja demasiado de la idea del derrame, no dejado ya al mercado sino impulsado por el Estado y sus pol铆ticas sociales focalizadas o, en algunos casos, con tendencia a generalizarse.

La justificaci贸n del primer criterio es que constituye la condici贸n de posibilidad del segundo, evitando un recrudecimiento de las luchas internas por la redistribuci贸n no ya de los ingresos sino de las riquezas y los activos productivos. En cambio, la mayor captaci贸n de renta tiene como componente pol铆tico principal la redefinici贸n de las relaciones con el capital extranjero que ven铆a monopolizando esas actividades. Si bien se amengua la presi贸n a la baja del costo directo del trabajo, caracter铆stica de la competitividad espuria (CEPAL), no se supera el modelo extractivista, desde la miner铆a hasta las fuentes de fertilidad de la tierra.

Este segundo componente de la cuesti贸n que enfrentan las sociedades en un mundo irreversiblemente global, no reducible a la denominada cuesti贸n social (Mora), es el de la irracionalidad capitalista que amenaza con agravar las consecuencias de su desprecio por los l铆mites a la acumulaci贸n pero tambi茅n a la reproducci贸n de la vida. Esto no est谩 desligado del modo social de consumo, tanto en lo material como en lo simb贸lico, y constituye un componente cr铆tico de la construcci贸n de hegemon铆a en estos procesos, como mostr贸 la experiencia de la Nicaragua Sandinista. En todo caso, est谩 en discusi贸n si esas estrategias suponen una reforma al estilo del desarrollismo nacional precedente al neoliberalismo, o un desaf铆o mayor al sistema capitalista.

Las propuestas que se vienen sistematizando de Econom铆a Social y Solidaria, tanto en el sentido de la Constituci贸n del Ecuador (鈥渆l sistema econ贸mico es social y solidario鈥) como del sentido de pr谩cticas de promoci贸n o surgimiento, consolidaci贸n y desarrollo de formas no capitalistas de organizaci贸n econ贸mica, dan al sistema que institucionaliza el proceso econ贸mico otro significado.

A diferencia de una econom铆a que ubica al mercado como instituci贸n total, conducente a una sociedad de mercado, necesariamente injusta y fr谩gil en su cohesi贸n, se trata de definir combinaciones sin茅rgicas de una diversidad de principios de organizaci贸n econ贸mica, relativos a la organizaci贸n del trabajo, la relaci贸n entre trabajo y propiedad de medios de producci贸n, la calidad del metabolismo socio-natural (intercambio restitutivo o extractivismo), el peso de la complementariedad/solidaridad/cooperaci贸n respecto al de competencia ca贸tica, la distribuci贸n primaria (muy ligada a la propiedad colectiva o privada individual de los medios de producci贸n y a los mecanismos de determinaci贸n de los precios relativos, especialmente de la fuerza de trabajo, la tierra, el dinero y ahora el conocimiento privatizado), la redistribuci贸n (progresiva o regresiva) a partir de autoridades centrales, los intercambios seg煤n reglas de reciprocidad (desde la minga(1) hasta los sistemas p煤blicos de seguridad social) o de comercio (justo o no) y mercado (para el cual los criterios de justicia son una irracionalidad), de consumo (responsable o ilimitado), y finalmente de coordinaci贸n (combinaciones de planificaci贸n estatal, social, comunitaria y mercado).

Tal combinaci贸n no puede ser el resultado de cierta evoluci贸n natural sino de una construcci贸n pol铆tica de las sociedades (como lo fue la construcci贸n de las actuales econom铆as por el proyecto neoliberal iniciado en 1973 en Chile).

Considero que para las concepciones de econom铆a alternativa que puede asumir una izquierda renovada, lo pol铆tico y lo econ贸mico no pueden separarse, ni ya limitarse a 谩mbitos nacionales. En ese sentido es promisorio el desaf铆o de construir la Uni贸n de Naciones Suramericanas -UNASUR-, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Am茅rica -ALBA- o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribe帽os -CELAC-, impulsados desde esos procesos en confrontaci贸n con la estrategia de globalizaci贸n capitalista y sus organizaciones pol铆ticas (Mora, Rauber).

En tanto la concepci贸n sustantiva de econom铆a pone como sentido de la institucionalizaci贸n del proceso de producci贸n, distribuci贸n, circulaci贸n y consumo el resolver la reproducci贸n de la vida digna de todas y todos, al partir de una situaci贸n de extrema desigualdad, de pobreza y concentraci贸n de la riqueza in茅ditas, lo pol铆tico se vuelve central. Es importante, por ejemplo, definir el papel de los sectores medios en estos procesos. Lo que tiene mucho que ver con las posibilidades de consumo que permita el proceso de transformaci贸n. Y que las mayor铆as puedan expresarse y ser la base de nuevos sujetos sociales y pol铆ticos que impulsen otra sociedad y otra econom铆a requiere m谩s y mejor democracia.

En la mayor铆a de los procesos con sentido popular antes mencionados se avanza de manera significativa en el cumplimiento de las normas de la democracia electoral, pero poco en el desarrollo de formas de democracia participativa, sosteniendo en cambio modelos presidencialistas que se pretende justificar por la necesidad de lograr unidad bajo una estrategia que define el poder pol铆tico concentrado.

Todo esto est谩 sujeto a variaciones no despreciables, pues no es lo mismo Argentina que Brasil, ni Uruguay que Bolivia o Ecuador, ni ninguno de ellos que Venezuela (Vargas-Arenas) o que Cuba en su actual proceso de transici贸n (Rauber).

Si la econom铆a debe proveer las bases materiales para cualquier transformaci贸n social y pol铆tica progresista en este momento de transici贸n epocal, es preciso preguntar cu谩l es la utop铆a realista de esa otra econom铆a, base de otra sociedad y otro modo de institucionalizar lo pol铆tico. Y en particular qu茅 proyecto econ贸mico tiene o puede tener la izquierda. Esto nos lleva a re-preguntarnos qu茅 es la izquierda en este momento y cu谩les son sus desarrollos posibles.

Compartimos la idea de que la modernidad tuvo su propia izquierda, finalmente institucionalizada. Y que el socialismo del siglo XX propuso un modelo de otra econom铆a, centralmente planificada, y/o fuertemente reguladora de la propiedad privada y de la libertad de mercado, pero que comparti贸 con el capitalismo el mismo modelo de industrializaci贸n, de eficiencia, de extractivismo.

Que, por otro lado, no super贸 el economicismo en sentido limitado (bienestar=acceso creciente al consumo, racionalidad=oportunismo individualista, lazo social=intercambio competitivo) ni las formas de discriminaci贸n o el sistema patriarcal (Quiroga D铆az y L贸pez Correa) que hoy constituyen reivindicaciones particulares con pretensi贸n de universalidad de diversos movimientos sociales.

El sentido declarado de la pol铆tica de izquierda sigue siendo la igualdad, pero est谩 claro que no puede avanzarse hacia ella sin transformar profundamente las estructuras econ贸micas, sin mucha m谩s y mejor democracia, sin atacar los sistemas de dominaci贸n, sin transformaciones culturales contra-hegem贸nicas. Varios de esos procesos se autodenominan revoluciones (Bolivia, Ecuador, Venezuela), pero aquella idea de una vanguardia revolucionaria que tome el poder centralizado para desde all铆 dirigir las transformaciones econ贸micas que conducir谩n a otras relaciones sociales ya ha demostrado ser un camino no conducente.

Por otro lado, el desarrollismo enmarcado en una concepci贸n cr铆tica de la relaci贸n centro periferia puede ser reflotado y aggiornado (Rend贸n, Cordera) y en convivencia con 茅l (驴aquel proyecto social-dem贸crata?) habr谩 que armar alianzas, pero el vector que abren los nuevos movimientos sociales traer谩 inevitablemente tensiones pues el mismo concepto de desarrollo est谩 en cuesti贸n (Rauber).

Tensiones que se manifiestan como conflictos entre los movimientos sociales que lideraron las transformaciones institucionales para orientar la sociedad hacia otro futuro, por un lado, y las tendencias al pragmatismo inmediatista de la izquierda gobernante por el otro. Tensiones y conflictos que no son caprichosos, pues reflejan contradicciones objetivas de estos procesos en este contexto mundial.

Sin embargo, es preciso superar el falso dilema mercado-Estado o pretender substituirlo por la igualmente falsa opci贸n Estado-sociedad. La sociedad civil es parte del Estado en el sentido gramsciano de Estado ampliado, y lugar de confrontaci贸n hegemon铆a-contrahegemon铆a. Una de las fuerzas culturales m谩s potentes del sistema capitalista es la de los valores mercantiles introyectados en todas las pr谩cticas sociales, la privatizaci贸n/mercantilizaci贸n de la vida en todos sus aspectos (educaci贸n, salud, seguridad, artes, deportes, y todas las condiciones esenciales de la vida). Luchar contra esa fuerza no implica pretender abolir el mercado. Recuperar la soberan铆a monetaria reduciendo la capacidad de emisi贸n de dinero-deuda por el sistema financiero privado es otra acci贸n urgente. Para avanzar en la construcci贸n de otro sistema econ贸mico, todas estas acciones requieren construir su legitimidad social y, para ello, mostrar la viabilidad y conveniencia de sus resultados en nombre del bien com煤n. Nada de esto se da sin conflicto, incluso 鈥搒i es que no principalmente- entre las diversas versiones de la izquierda.

Una v铆a para resolver estos conflictos paralizantes es enfrentar un desaf铆o mayor: constituir el pueblo como convergencia de las reivindicaciones de los nuevos movimientos sociales plenamente reconocidos como sujetos pol铆ticos, y hacerlo buscando una articulaci贸n con un sistema pol铆tico representativo que no se reduzca a la necesaria lucha electoral o a las tentaciones clientelistas. Esto, por ejemplo, pone a la izquierda gobernante l铆mites estrictos a los modos de implementar los imprescindibles procesos de redistribuci贸n, restableciendo y superando el sistema de derechos sociales que el neoliberalismo destruy贸 tan eficazmente.

Y realzando que uno de esos derechos es el de acceder a medios de producci贸n bajo formas asociativas, comunitarias, a cogestionar los p煤blicos con el Estado, a participar real y no vicariamente en las decisiones econ贸micas cr铆ticas en el mediano y largo plazo.

Otra econom铆a requiere cambios institucionales en la normatividad jur铆dica (como las nuevas constituciones o la restituci贸n del derecho a nacionalizar actividades y recursos cr铆ticos) pero tambi茅n culturales, que hoy podr铆an ser ilustrados por la posible hegemon铆a de las propuestas del Buen Vivir o el Vivir Bien. Pero adoptar esta nueva filosof铆a (Elizalde) requiere concretarla, encontrar las mediaciones con el accionar concreto de gobierno y sociedad civil, y con la transformaci贸n de las pr谩cticas econ贸micas cotidianas de los actores econ贸micos. Puede adelantarse que, al menos durante una larga transici贸n, no se trata de so帽ar una econom铆a del ocio, sino del trabajo emancipador, contrapuesta a la econom铆a del capital.

Que debe admitir la diversidad (Mora) y no pretender imponer modelos 煤nicos de organizaci贸n econ贸mica (econom铆a dom茅stica, familiar, comunitaria, cooperativista, p煤blica, privada, gesti贸n de los bienes comunes鈥), m谩xime admitiendo que lo econ贸mico es pluridimensional y no meramente cremat铆stico. Y que estamos iniciando un proceso de exploraci贸n y aprendizaje y no implementando soluciones con pretensi贸n de verdad universal.

(1) Minga: t茅rmino andino para el trabajo colectivo comunitario
* Director Acad茅mico de la Maestr铆a en Econom铆a Social (MAES), ICO/UNGS, Argentina. Es coeditor de la entrega No. 482 de Am茅rica Latina en Movimiento.

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