Nov 18 2007
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Opinión

Otra mirada. – CUMBRE BIOLÓGICA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Igual ocurrió con Colombia, Madrid se ha perdido en intrascendencias y nada logró aclarar, tanto que hoy el mismísimo presidente Uribe y la inteligencia colombiana ven en las gestiones del presidente Chávez una salida posible a un canje humanitario, lo que pudiera revelar claves, incipientes, pero claves al fin, a un proceso sostenible de paz en el sufrido país hermano y vecino. Desespera a la política exterior española que una posible solución al canje pase por Caracas y París en detrimento de Madrid, ello genera inquietudes mayores y no menores sofocos. En ello coinciden el PSOE y el PP. He allí una clave del mal talante cumbrero.

A la Zarzuela le ha pasado por encima, si algo faltara, un enredón inesperado con el conflicto de la Pastera. Impacientes esperábamos los latinoamericanos que tal situación se solventara, favoreciendo marchar con más celeridad a la integración, pero la realidad es la realidad, y hoy pareciera que somos nosotros los latinoamericanos quienes tenemos que elaborar respuestas a este tipo de desencuentros.

Por si faltaran argumentos para un nerviosismo intemperante, fresca está aún en la memoria de los venezolanos el tremendo error histórico hispánico de voltear a un lado cuando EEUU hacía y deshacía con el puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Madrid se entorpeció a sí mismo haciendo mutis y dejando campo libre a Washington cuando era ese un asunto a resolver entre latinoamericanos.

Verdes, muy verdes aún los recuerdos de actos bárbaros de vejación a la joven ecuatoriana en un tren, el intento de asesinato de un ciudadano colombiano y la actitud vejatoria de la prensa franquista contra el presidente Evo Morales; todos actos del más atrasado espíritu racista y xenofóbico y de un acusador silencio oficial. Pues bien, los “sudacas” nos calzamos los guantes o nos enfrascamos en un diálogo enriquecedor, que lo digan Moncloa y la Zarzuela, pero definitivamente no es “por la gracia de Dios”, ni en la desfachatez del Grupo Prisa y sus adláteres derechistas, ni en la “loquetera” del FAES por donde nos encontrarán.

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El presidente Rodríguez Zapatero y el Rey vinieron a Santiago ahogados en temores de un posible reclamo colectivo. Pifiaron nuevamente, y estruendosamente Moratinos y equipo. Tal grado de imprevisión y de superficial lectura del nuevo carácter que anima a nuestros pueblos ha propinado una derrota que incomprensiblemente, a no ser por los nervios, se ha autoinfrigido el estamento del poder español. Digo incompresiblemente porque tal enfrentamiento no estaba en los planes ni fue impulsado por los mandatarios de izquierda presentes, vivos, y sí, actuantes.

Pero no fue por el prontuario antes descrito por donde surgieron los tiros y sofocones. Pretender el poder español que el presidente Chávez haga silencio ante la ruin y tarifada campaña de Aznar es de una inocencia enternecedora. Rodríguez Zapatero, azuzado desde el asiento trasero en la Cumbre trató de justificar lo injustificable: que el inefable Aznar vaya a Caracas y se pasee por los más diversos escenarios internacionales hablando “pistoladas” sobre el proceso revolucionario venezolano y reciba por ello el apoyo iracundo del presidente español, es una elección, pero que el presidente Chávez lo enfrente y Corona y Moncloa pretendan censurarlo es el colmo del extravío del sentido común y de la sensatez en la política exterior hispana.

Después de todo, por qué no a Aznar lo que a Milosevic. Acordaron allá que Europa, según mandato divino, es la cuna y madre de todas las igualdades, en qué quedamos entonces.

Que el presidente Rodríguez Zapatero se tome ligeramente la molestia de regañar a presidentes de países democráticos y soberanos, pero que no pueda reclamar a la degenerada prensa franquista española las miserables campañas racistas contra nosotros, por ejemplo, es una actitud que hace suponer horribles presiones. No es Rodríguez Zapatero dado a este tipo de confrontación, pero es en España donde debe demostrar temperamento para “desfacer entuertos”. En Santiago le correspondió ejercer diplomacia y no lo hizo, ¿no supo, no quiso o no lo dejaron? Desconoce España nuestro talante soberano y se colocan ambas instancias de la política exterior hispana en el mismo plano histórico de Washington, esto no nos gusta, pero es una decisión borbónica, si a ellos les parece adecuado, pues adelante, ¡qué nos den hostias!

Entendemos que el presidente Rodríguez Zapatero en plena campaña haga una extraña e insólita defensa de Aznar tratando de arrimarse a las huestes del Partido Popular que obedecen a Ruíz Gallardón, pero justificar las posturas del héroe de las Azores, resaltando su condición de expresidente elegido –sólo por eso–, y pretender además aleccionarnos con la conseja de que no son los factores externos (léase, empresas españolas) responsables, en buena parte, de nuestro atraso, es ubicarse en la mejor desubicación política posible. El próximo año seguramente el presidente español leerá nuestros historiadores, tanto como para atreverse a abordar temas que definitivamente no le van a resolver ni Repsol ni los bancos.

Por su parte, el presidente Chávez tocó una tecla a la que el rey, por supuesto no dará respuesta, para eso es Rey, pero el aldabonazo quedó en cabeza dura, ¿Viturro fue a celebrar a Carmona el 12 de abril aleccionado por el jefe de Gobierno o por el jefe de Estado?, porque si la respuesta se inclinara por Aznar, no nos sorprendería, pero habremos de preguntarnos entonces en Venezuela, ¿con quién nos entenderemos en los asuntos que competen exclusivamente a los Estados?

Nos hubiese gustado a los venezolanos que el rey hubiera actuado de la misma forma entusiasta como lo hizo con Tejero, pero su silencio ante Carmona nos llama a la reflexión, que no, que no señor rey, que no hay democracias de primera y otras de segunda, alguien tendrá que explicárselo.

La ira con los presidentes Chávez y Ortega los descuadernó, se acabó aquella imagen de ponderación, está claro ahora que carne, sangre, hueso, ira y súbitos despeinados son elementos esenciales en el cuerpo de todos los seres, también de los seres superiores. He allí un aporte de la Cumbre a las ciencias biológicas. Las futuras relaciones de nuestro país con España no tienen por que ser malas, pero seguimos en dudas, ¿quien las definirá en la península?

Desde González, España empeñada en ir a la Unión Europea y tratando de hacerse parte indispensable en los conflictos de Oriente Medio planteó un reto para el Palacio de Santa Cruz ¿y entonces qué hacer con Latinoamérica? La respuesta “felipista” fue propia del ingenio neoliberal, ¡entregad Iberoamérica a los súbditos empresarios, que ellos se encarguen! Por lógica razón también los empresarios han fallado, pues han ido a lo suyo, a las ganancias, ¡a por ellas, majos!, cuanto mas abultadas, mejor. ¿Pero a quién se le ocurre poner a empresarios como embajadores en el continente de la desigualdad?

Latinoamérica ha dejado de ser el continente con el cual España trataba de justificar parte de su política exterior ante el mundo. Somos una realidad consciente y peligrosa para los poderes fácticos de siempre, pero se nos toma de trofeo de caza o moneda de cambio; que cambie España, ya nosotros lo hicimos; Fidel, Chávez, Correa, Ortega, Morales, Lage y los que sin duda vendrán, son apenas punta del iceberg.

Que regrese el establecimiento hispano al redil de la ponderación, al respeto, al reconocimiento de la igualdad en las relaciones internacionales y que tome debida nota de que ayer no es hoy, es a eso a lo que aspiramos. Para decepción de nuestra Latinoamérica, en España no hubo un Churchil, un De Gaulle o un Brant, solo un Felipe, y para terciar por bulerías, un Aznar.

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* Ex embajador de Venezuela en España.
En ARGENPRESS, agencia de noticias independiente argentina.

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