May 16 2008
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Noticias

Países del ALBA deben recordarles a Merkel y sus colegas lo que hicieron en Chile

 Ingo Niebel*
 

Una vez más los medios alemanes están enojados con el presidente Hugo Chávez. Esta vez les sirve de pretexto que el mandatario ha puesto en su sitio a la jefa del Gobierno alemán, la canciller Angela Merkel. Lo interesante es que la prensa germana acusa al comandante del la Revolución Bolivariana de haber comparado a la cristianodemócrata con el líder nazi Adolfo Hitler, lo cual no es verdad.

Para apoyar tal acusación, los medios se basan en el "Aló presidente" del 11 de mayo de 2008 en el cual Chávez ubicó a la Unión Demócrata Cristiana (CDU, por sus siglas en alemán) al lado de la derecha diciendo "que apoyó a Hitler y al fascismo". El máximo representante de la República Bolivariana reaccionó de esta forma, según los medios alemanes, a las declaraciones que Merkel hizo en contra de Venezuela durante un debate sobre las relaciones entre la Unión Europea (UE) y América Latina que se celebró en Berlín con motivo de la cumbre que los estados de ambas regiones celebrarán los días 16 y 17 de mayo en Lima.

Los medios alemanes salieron a la defensa de Merkel primero porque para ellos se ha convertido ya en un rito el permanente ataque a Chávez. Incluso llegarían a acusarle de preparar la guerra biológica contra dicha Cumbre si asistiera a ella estando enfermo de gripe. Recientemente se han hecho eco de los "documentos" que salen con cierta frecuencia del "ordenador mágico" del asesinado comandante de las FARC Raúl Reyes. Las declaraciones de Chávez respecto a Merkel les han servido para dar cuerda a su campaña mediática contra la Revolución bolivariana. Además han tenido que dramatizar el asunto porque el comandante de la Revolución Bolivariana no ha dicho otra cosa que consta en los libros de Historia: La CDU de Merkel se ha puesto en la tradición de un partido católico y conservador que en su día apoyó realmente al fascismo alemán y a Hitler. Pero con su afirmación Chávez se ha quedado corto porque esta misma derecha no sólo ha "reciclado" a muchos nazis después de la Segunda Guerra Mundial sino también ayudó a los militares chilenos en su golpe de Estado contra Salvador Allende en 1973. Pero vamos por partes.

Los cristianodemócratas viven con la leyenda de que en tiempos de Hitler (1933-45) han sido "anti-nazis". De hecho, el partido católico conservador de aquella época, el "Zentrumspartei" (el partido del centro) mantenía una postura ambigua hacia el movimiento fascista liderado por Adolf Hitler. Sin embargo al final los católicos conservadores se unieron con los nazis para acabar con comunistas y socialistas. En 1933 aprobaron la ley que habilitó Hitler con plenos poderes y que se convirtió en la base legal de su dictadura. A continuación, miles y miles "centristas" se afiliaron al partido nazi e hicieron sus paces con los seguidores de la Cruz Gamada. Después de la derrota del nazismo en 1945, los conservadores encontraron en el ex alcalde mayor de Colonia, Konrad Adenauer, el mejor testigo para presentarse como "víctimas" de Hitler. El político católico fue derrocado por los nazis en 1933 y en 1944 incluso fue encarcelado por la temida policía secreta del régimen, la Gestapo. No obstante, uno de sus hijos, comandante del Ejército, logró su puesta en libertad. Sigue siendo un misterio cómo lo consiguió. Adenauer fue el primer presidente de la CDU y en 1949 el primer canciller (así se denomina en Alemania al jefe de Gobierno) de la República Federal de Alemania (RFA). La supuesta "víctima" del nazismo no tenía los más mínimos problemas de fichar como su asesor a Hans Globke. Este jurista, que por cierto perteneció al Zentrumspartei antes de 1933, redactó junto con otros abogados las leyes racistas de los nazis. No fue el único ex nazi que encontró un nuevo futuro político en la CDU. Otro era Kurt Georg Kiesinger que en 1933 se afilió al partido nazi y que luego hizo de enlace entre las secciones de propaganda del Ministerio de Asuntos Exteriores y del Ministerio de Propaganda del siniestro Joseph Goebbels. De 1966 a 1969 era canciller de la RFA. La CDU "recicló" antiguos nazis integrándolos en su partido o empleándolos en las estructuras del Estado. Muchos verdugos de las SS y de la Gestapo encontraron nuevos puestos de trabajo en la policía y en los servicios secretos, creados por el gobierno de Adenauer. Esta ignorancia ante la Historia hizo que hasta finales de los años 60 era casi imposible hablar y debatir sobre el pasado y la responsabilidad de la nueva élite política en los crímenes cometidos entre 1933 y 1945.

Pero la CDU se dedicó también a ayudar a instalar los nuevos fascistas. Uno de ellos era el general chileno Augusto Pinochet. Es sabido que fue la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés) la que preparó el golpe de Estado contra el presidente electo de Chile, el socialista Salvador Allende. Bastante desconocido es que fueron políticos de la República Federal de Alemania – tanto cristianodemócratas como socialdemócratas – los que desde la segunda fila secundaron el siniestro plan de Washington que aquel otro 11 de septiembre de 1973 desembocaría en un baño de sangre. Los fieles vasallos germanos del Tío Sam actuaban en dos frentes. El canciller socialdemócrata Willy Brandt mandó congelar la ayuda al desarrollo que su gobierno pasaba a Chile. Como excusa esgrimió el argumento de que Allende había reconocido oficialmente al otro estado alemán, la socialista República Democrática Alemania (RDA). De un momento a otro a Allende faltaban varios millones de dólares de ayuda alemana que tanto necesitaba para ayudar a la población humilde. Paralelamente la justicia de Bonn mandó confiscar barcos chilenos que transportaban el cobre a Europa dando paso a denuncias de empresas yanquis en tribunales alemanes. Aquel metal era la mayor fuente de ingresos del Estado chileno. La industria de la RFA optó por cancelar la compra del cobre chileno para contribuir, junto con las compañías estadounidenses, a la caída del precio de ese metal. Aparte de esa participación en la guerra económica contra el socialista Allende, el Estado alemán permitió que diputados de la CDU, entre ellos Heinrich Gewandt, llevara dinero en metálico a Chile para financiar a la oposición anti-Allende. Poco antes de la fecha clave, el servicio secreto exterior de la RFA, el BND, informó a Brandt del proyectado golpe militar. Pero el canciller rehusó a alertar a homólogo chileno a pesar de que ambos formaban parte de la Internacional Socialista. Cuando los militares golpistas, dirigidos por Pinochet, empezaron su gigantesca masacre, la CDU y su hermana regional, la Unión Social Cristiana (CSU por sus siglas en alemán) hicieron todo lo posible para justificar las matanzas de los fascistas chilenos. Sus medios justificaron la masacre y Gewandt instó al canciller Brandt a que levantara las sanciones económicas contra Chile. El socialdemócrata le hizo caso. Los políticos de Bonn se sometieron tanto a las directrices de Washington que incluso sus cónsules rehusaron a ayudar a aquellos ciudadanos alemanes que por un error habían sido detenidos por los verdugos de Pinochet. El hijo de uno de ellos, Ulli Simon, publicó en 1998 el relato de como él y sus hermanos lucharon por sacar al padre de un barco prisión. El cónsul de la RFA no quiso ayudarles, negando que el padre estuviera registrado como ciudadano alemán en su distrito consular.

Merkel no recordará todo eso porque en aquella época vívía en la RDA, donde era secretaria regional de las Libre Juventud Socialista. Después de la caída del Socialismo europeo en 1990, dio un giro ideológico de 180 grados afiliándose a la CDU.

Desde el golpe contra Allende ha pasado un cuarto de siglo, pero la CDU no ha cambiado en nada. El 2 de mayo de 2004 el diario neoconservador Washington Times citó al entonces diputado cristianodemócrata Klaus-Jürgen Hedrich diciendo: "Tarde o temprano Vds [los yanquís, IN] no pueden seguir con Chávez, tal y como se ha comportado. Si la cuestión es hacerlo más tarde o más temprano, entonces háganlo antes. Más tarde la sorpresa será menor". Merkel, entonces líder del partido y de la oposición, se calló, por lo tanto consintió las palabras de su correligionario.

Ante este fondo es imprescindible tener en cuenta también que a principios de abril de 2008 el Ministerio de Ayuda al Desarrollo, dirigido por la socialdemócrata Heidemarie Wieczorek-Zeul canceló los ya prometidos siete millones de euros a Nicaragua. Merkel argumentó su decisión con que la corrupción había aumentado después de la victoria sandinista. Esta actitud demuestra que Berlín sigue por los mismos senderos que en 1973. A los gobiernos progresistas de América Latina les queda como mejor arma de defensa unirse tal y como lo han hecho en el ALBA – y recordándole a la élite política alemana su pasado.

* Historiador y periodista alemán, autor del libro "Venezuela not for sale" (Berlin 2006)
 

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