May 28 2008
302 lecturas

EconomíaPolítica

Paraguay, la soja y el imperio

 Luis Agüero Wagner*, Adital

Campesinos paraguayos invadieron más plantaciones de soya de colonos brasileños en la región central del país y anunciaron que profundizarán sus acciones para recuperar la soberanía de las tierras. El líder de la Mesa Coordinadora de Organizaciones Campesinas (MCNOC), Luis Aguayo, declaró el sábado que en el transcurso del año han ocupado 20 terrenos y que antes de concluya mayo invadirán otras cuatro plantaciones.
 
El dirigente justifica las invasiones con el deseo de recuperar la soberanía, anhelo que la prensa paraguaya sólo acepta como argumento cuando se trata de las aguas que pasan bajo la represa hidroeléctrica de Itaipú. Ese nacionalismo le permite a la derecha paraguaya crear disturbios en el MERCOSUR, objetivo en el cual es funcional a los intereses de la embajada norteamericana de Asunción, eterna conspiradora contra la integración regional y benefactora de la mayoría de los propietarios de medios y periodistas influyentes en Paraguay.
 
Dijo que la invasión del sábado fue realizada por unos 60 campesinos en el establecimiento agrícola de la empresa Korea, de 3.000 hectáreas, en gran parte utilizadas para cultivos de soja transgénica. Aguayo informó que las otras cuatro plantaciones que serán ocupadas antes del 31 de mayo están situadas en el departamento de Concepción, a unos 400 kilómetros al norte de Asunción.
 
La tensión entre los campesinos paraguayos y los sojeros brasileños radicados en Paraguay ha subido tanto de tono que el jueves pasado se produjo un enfrentamiento con armas de fuego entre ambos bandos en Itapúa, a unos 500 kilómetros al sur de la capital paraguaya. En el incidente, los labriegos respondieron a los agresores con disparos de revólveres y escopetas inutilizando un tractor y un camión con casi una tonelada de semillas de trigo que quedaron esparcidas por el suelo.
 
El boom de la soja coincidió en Paraguay con la masiva venta de tierras que los jerarcas de la dictadura de Stroessner hicieron en Brasil hace ya varias décadas, rematando a extranjeros grandes extensiones de territorio cultivable paraguayo que deberían haberse destinado a la reforma agraria y a proveer de tierra a los campesinos desheredados. Vastas áreas quedaron así en manos de propietarios ausentes por ínfimas partes de su valor, hasta que se decidieron a convertirlos en sojales transgénicos.
 
El "milagro de la soja" es un subproducto del insaciable apetito norteamericano por más carne y aves de corral, dado que hasta la década de 1920 se desconocía en Estados Unidos. Los ganaderos descubrieron que el poroto amarillento de la soja era una especie de fuente inagotable de proteínas, que duplicaba a la carne, triplicaba a los huevos y superaba once veces a la leche.
 
Dios había bendecido a Norteamérica, dado que tenía las tierras fértiles propicias y la longitud del día ideal para cultivar soja. Mezclada con maíz en la dietas de vacas, cerdos y aves, la soja molida aceleraba el engorde de animales de forma milagrosa.
 
La solución al excedente de producción de la agricultura norteamericana, eterno dilema, consistió en que el resto del mundo comiera como lo hacen los estadounidenses, convertir a los millones de asiáticos comedores de arroz en consumidores de trigo era la solución perfecta para los alimentos sobrantes en Estados Unidos. Para exportar la dieta estadounidense, la buena alimentación resultaba siempre la excusa perfecta.
 
El único trigo que había alimentado siempre a los japoneses era el contenido en los fideos, pero a partir de 1946 el general Douglas MacArthur ordenó convertirlo en panificados para alimentar a escolares y civiles. Los pollos se exportaron a Alemania con tanto éxito que los alemanes se volvieron adictos a los pollos, y pronto comenzaron a desarrollar su propia industria de pollos barrilleros. A comienzos de la década de 1960 el cambio dietético teutón derivó en la "guerra de las gallinas", dado que Estados Unidos protestó por el proteccionismo alemán para su industria de pollos. Los norteamericanos perdieron la batalla pero ganaron la guerra, dado que su maíz se utilizó desde entonces para alimentar a los pollos alemanes.
 
En Taiwán, el presidente Chiang Kai Shek prestó su colaboración a los estadounidenses ordenando a sus propagandistas que anunciaran a través de la publicidad oficial que comer trigo era patriótico. Un admirador sudamericano de Chiang que hasta confirió su nombre a importantes avenidas, el dictador neo nazi Alfredo Stroessner, incluso permitió a los norteamericanos rediseñar las universidades paraguayas de tal suerte a que enseñaran lo que le viniera en gana al imperio.
 
Poco tardaron los "expertos" asignados a la tarea en convertir a ingenieros agrónomos y a profesionales médicos paraguayos en agentes de venta de Monsanto, Cargill, Continental o los grandes laboratorios de la industria farmacéutica.
 
Con un enfoque benévolo a los intereses de la embajada norteamericana y excesivamente reduccionista, la prensa paraguaya intenta convencer a la población de que su espíritu nacionalista debe concentrarse en temas como las represas hidroeléctricas que comparte con Argentina y Brasil, aunque en realidad éstos países sólo hayan sido en los últimos doscientos años los gerentes en la región del imperio de turno.
 
El imperio británico fue quien instrumentó a los gobiernos de Buenos Aires y Rio de Janeiro para devastar al Paraguay en la segunda mitad del siglo XIX, de acuerdo a las mismas confesiones del general en Jefe de la Triple Alianza Bartolomé Mitre. En las primeras décadas del siglo XX Brasil (área de experimentos industriales para el Pentágono) desplazó los intereses anglo-argentinos en beneficio de los norteamericanos, a los cuales siempre resultaron funcionales Paraguay y Uruguay (creación de Lord Ponsoby y la diplomacia británica) en su calidad de estados tapones.
 
Los cronistas del Tercer Reich nos recuerdan que al instalarse Hitler en el poder, fue extraído de los polvorientos archivos el mapa del ideólogo pangermanista Otto Richard Tannenberg, a quien durante la primera guerra mundial el político y escritor André Chéradame había denunciado.
 
Sobre la base de ese documento, Berlín elaboró durante la Segunda Guerra Mundial unas cuantas variantes para la conquista de América Latina. En una de ellas, denominada ‘Alemania Antártica’, se planeaba crear un protectorado títere, que incluyera territorios de Brasil (Santa Catarina, Río Grande do Sul, Paraná, Mato Groso), de Argentina (Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Buenos Aires), de Paraguay y la parte oriental de Bolivia.
 
Un territorio parecido hoy abarca el "Soya Land" que el imperio norteamericano y Monsanto han trazado como destino ineludible para el Cono Sur.
 
*Escritor paraguayo, autor de "Las Banderas de Mitre" y "Fuego y Cenizas de la Memoria".

 

X

Envíe a un amigo

Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario