May 21 2008
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CulturaSociedad

Pastoral Indígena rescata textilería milenaria guatemalteca

José Carlos Bonino, Noticias Aliadas

A 20 minutos de viaje por la carretera que va de Ciudad de Guatemala al departamento de Sacatepequez se encuentra Santo Domingo de Xenacoj, famoso por sus tejidos. Es un pequeño pueblo de 1,200 habitantes, de los cuales 97% son indígenas cakchiquel, unas de las 21 etnias de este país centroamericano.

Al borde de la carretera se levanta un enorme edificio gris que resalta por su forma cuadrada y que parece una cárcel. El sacerdote Mario Tubac párroco de Santo Domingo de Xenacoj, explica que se trata de Fibro S.A., fábrica de ensamblaje textil de prendas de vestir de la marca Daisy Fuentes —una famosa modelo y actriz de origen cubano— que son exportadas a EEUU, mientras paga a los trabajadores alrededor de US$0.20 por hora.

En esta localidad, la Comisión Nacional de la Pastoral Indígena de Guatemala (CONAPI), perteneciente a la Iglesia Católica, desarrolla un proyecto de 150 mujeres tejedoras que están luchando para huir del futuro incierto que les reserva la maquila y, al mismo tiempo, intentan rescatar la tradición milenaria de la textilería local, que con la llegada de la globalización y la importación de tejidos industriales a bajo precio, está siendo abandonada.

Tubac, junto con las tejedoras, han decidido revertir este proceso, no solo en el ámbito de la textilería local, sino que también en la valorización del trabajo colectivo y de la ayuda mutua. No es una empresa fácil, ya que hay discriminación en relación a la cultura popular guatemalteca: la textilería tradicional es vista como artesanía, la música de la marimba como folklore y las lenguas nativas, como dialectos.

Última opción antes de migrar


Teresa Chocoyo, líder de este proyecto, viste un huipil —blusa tradicional bordada a mano— negro con flores de muchos colores. Mientras teje cuenta que "la idea partió de la búsqueda de canales de comercialización de nuestros tejidos y para mantener en vida la tradición de nuestro pueblo cakchiquel".

"Esta tradición se estaba perdiendo porque la mayoría de nosotras nos veíamos obligadas a salir a buscar trabajo en la maquila, porque no lográbamos vender nuestros tejidos tradicionales. A la salida de los pueblos más pobres —como el nuestro— las maquilas están siempre allí como la última opción antes de emigrar, nos ofrecen trabajo pero en condiciones inhumanas. Nosotras, cuando entramos a trabajar en la maquila, nos olvidamos de nuestra tradición milenaria de la textilería, es como una prisión para nuestras tradiciones", explica.

Las maquilas surgieron en México en los años 60 y posteriormente se difundieron por toda América Central, y contando con la complicidad de los gobiernos, lograron eliminar sindicatos locales junto con los derechos de los trabajadores. Ante la posibilidad de que se perdiera la tradición textilera en Santo Domingo de Xenacoj, Chocoyo dice que "la textilería como forma de sustento, si no es organizada, no da de comer. Es aquí donde hemos dicho juntas ¡organicémonos! Y junto al padre Tubac y la Pastoral Indígena, hemos organizado una pequeña feria en la plaza central del pueblo, aprovechando la ocasión ofrecida por el III Encuentro Latinoamericano de Teología Indígena, que se llevó a cabo en Guatemala el año pasado y del cual el padre Mario [Tubac] fue uno de los organizadores".

"En ese momento nos preguntamos: ¿Cómo hacemos para saber si tenemos la capacidad de producción como pueblo? El día de la feria, las 150 mujeres tejedoras trajeron los tejidos que habían trabajado por todo el mes anterior y con ellos llenamos más de 10 quioscos que habíamos montado en el parque central", relata. "Ese día nos dimos cuenta que teníamos la capacidad de producir lo suficenciente como para tratar de exportar".

"El problema hoy es de buscar un intermediario, como el comercio justo, este es nuestro próximo objetivo. Las mujeres que trabajamos en este proyecto a tiempo completo somos 18, nosotras le compramos a las demás sus productos a precios justos y así todas participamos en el proyecto", agrega.

Valoración de la cosmovisión maya
 

La CONAPI se fundó en Guatemala en 1978, coincidiendo con la masacre de Panzós, en la que murieron 160 personas a manos de fuerzas del Ejército, y en vísperas de la Asamblea Episcopal Latinoamericana de Puebla, México (1978-79).

Su línea quedó plasmada en el documento de la asamblea anual de la Conferencia Episcopal de Guatemala de marzo de 1979, dirigida a potenciar el conocimiento y la valoración de las riquezas culturales, para que el Evangelio y la fe se vivan, se celebren y se expresen desde las raíces de cada pueblo.

La Pastoral Indígena nace para promover la Nueva Evangelización con el conocimiento y la valoración de la cosmovisión maya, lograr la Encarnación del Evangelio en la cultura tradicional y favorecer la promoción humana integral y liberadora de los pueblos indígenas.

Desarrolla programas referidos a la educación popular, la traducción de la Biblia a las lenguas autóctonas locales y la celebración litúrgica híbrida que permita vivir la fe con expresiones propias en comunión con la Iglesia Universal. Es el proceso llamado "de inculturación", que tiene el objetivo de crear comunidades cristianas y al mismo tiempo mayas,


 

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