Nov 13 2007
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Econom铆a

Patentes que matan. – LA PRIVATIZACI脫N DE LA VIDA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En un principio reg铆a la regla de que la naturaleza no ha sido inventada por nadie, por lo que 煤nicamente puede ser descubierta, tanto en sus formas de vida como en sus propiedades 煤tiles para el ser humano. As铆 incluso lo dictamin贸 la Oficina de Patentes de los Estados Unidos en 1971, cuando el microbi贸logo hind煤 Ananda Chakrabarty present贸, siendo empleado de General Electric, una solicitud de patente sobre un microorganismo gen茅ticamente modificado, el cual, afirmaba, pod铆a fagocitar petr贸leo derramado en la superficie del mar.

Chakrabarty no acept贸 la resoluci贸n y apel贸 en todas las instancias posibles, hasta llegar a la misma Suprema Corte de los EE. UU., la que en 1980, y por un voto de diferencia, resolvi贸 que la vida si es patentable.

Con esta decisi贸n, la corte judicial de un pa铆s hegem贸nico en la econom铆a y la pol铆tica mundiales, y con una mayor铆a de apenas un voto, cambi贸 el curso de la historia, que como hecho simb贸lico, marcaba el paso del capitalismo industrial a lo que Jeremy Rifkin ha denominad el hipercapitalismo: la naturaleza entera y el propio ser humano 鈥搒u alma, su cuerpo y su cultura鈥, son ahora otros tantos medios para el fin de la acumulaci贸n de capital.

Despu茅s de ese hecho inaudito, r谩pidamente se impusieron otros 芦avances禄:

鈥 En 1985 se concedi贸 en los EE. UU. la primera patente sobre una planta;

鈥 en 1987 sobre el primer animal, el denominado rat贸n del c谩ncer.

En 1990, la Suprema Corte de California fall贸 en contra de un ciudadano, John Moore, cuya prote铆na de sangre especial hab铆a sido patentada sin su conocimiento por m茅dicos de la Universidad de California, que estaban a cargo de su tratamiento, y conferida en licencia a la Sandoz Corporation.

En la Uni贸n Europea, la Comisi贸n siempre ha estado a favor de la nueva industria (la de las 芦ciencias de la vida禄), y el parlamento por alg煤n tiempo, defendi贸 la no patentabilidad de la vida, hasta que en 1998 transigi贸 en la llamada Norma de Biotecnolog铆a.

Desde entonces, tambi茅n en Europa se pueden patentar c茅lulas y genes humanos, adem谩s de plantas y animales gen茅ticamente modificados; aunque aun se mantienen intensas controversias al respecto.

La privatizaci贸n de la naturaleza y de la vida en sus elementos fundamentales es el punto culminante (por ahora) de este desarrollo. Algunos pocos ejemplos:

鈥 se est谩 privatizando de manera creciente el suministro b谩sico de agua a la poblaci贸n, el protocolo de Kyoto convierte la contaminaci贸n del aire en un bien comercial,

鈥 un pu帽ado de multinacionales de las semillas se roban las variantes de semillas de los pa铆ses pobres para luego patentarlas y venderlas a precios de monopolio, los llamados genes terminadores (芦terminator禄) impiden a los campesinos guardar semillas de su propia cosecha,

鈥 la privatizaci贸n del genoma humano expone 茅ste a una manipulaci贸n ilimitada con consecuencias totalmente imprevisibles.

Sin embargo, todo esto no se est谩 imponiendo simplemente por la fuerza 鈥揳unque la competencia compulsiva del sistema cumple un papel central鈥, sino que cuenta de manera muy especial la seducci贸n que el nuevo capitalismo provoca sobre tantos seres humanos. Lo que antes fue dise帽ado y desarrollado en relaciones humanas directas y creativas en la respectiva comunidad cultural de los pueblos o grupos humanos, hoy es comercializado de forma global.

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Ya no se trata solo de la cl谩sica cultura del consumo (consumismo) y del estilo de vida (lifestyle), sino que hasta la 茅tica, los derechos humanos y la religi贸n sirven para estos prop贸sitos de comercializaci贸n y acumulaci贸n. El mismo humanismo ha sido invertido en un anti-humanismo 芦al servicio del ser humano禄 鈥揳 trav茅s, claro est谩, del mercado.

Los tratados de libre comercio sirven claramente a estos prop贸sitos (convertir todo en mercanc铆a), y las obligaciones que impone, como el Tratado de Budapest, son filosos instrumentos que pretenden anular milenios de historia humana de respeto a la vida en todas sus formas y manifestaciones. Su aprobaci贸n ser铆a el derrumbe del 煤ltimo muro de contenci贸n que como pueblo hemos mantenido frente a los mercaderes de la vida.

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* Economista y analista social costarricense.

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