Abr 5 2005
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Opinión

Periodismo independiente: lo que hay detrás de cada cierre

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Si el “periodismo de blog” es un fenómeno que conviene analizar con detención, puesto que es muchas veces tan admirable, serio y profundo como otras detestable, inexacto y superficial –lo que por otra parte no debe escandalizar si se lo compara con la banalidad mercantil de la “gran prensa” en general–, conviene no perder de vista la lucha por la supervivencia del periodismo gráfico independiente.

Grosso modo, prensa independiente es aquella que no cuenta detrás de sus páginas con un nudo de poder económico, político, social que las financie para utilizarla en la defensa de sus intereses, apetencias o expectativas.

En cierto modo a lo largo de los siglos XIX y la primera mitad del XX, gran parte de la prensa podía definirse como independiente y muchos emprendimientos lograron convertirse en sociedades comerciales sanas y prósperas.

No define la independencia de un medio la ideología que dicta su política editorial, sino sus ataduras con los grupos que controlan la vida económica y, por ello, la administración de los Estados. Independiente es aquella prensa que vive de la venta de sus ejemplares.

Deja de ser independiente en el momento en que cede a la presión de sus avisadores, porque en ese instante pacta, tácita o explícitamente, una relación subordinada y se convierte en portavoz de aquellos. No está de más recordar que los portavoces –también llamados voceros– tienen por misión decir algunas cosas y, quizá más importante, callar o desviar la atención de otras.

Acercándose al banquete

Tal vez porque la primeros diarios y revistas que se llamaron a sí mismos independientes fueron aquellos surgidos al calor de los conflictos políticos y sociales –tanto en el siglo XIX ,cuando las luchas por la organización de las nuevas repúblicas, como 80 o 100 años después los que difundieron “peligrosas” ideas anarquistas y socialistas, a los que se agregaron luego no pocos medios facistas–, el “stablishment” jamás los miró con simpatía. Los que manejan el poder nunca admiten a quienes enseñan otra forma de verlos –salvo cuando quieren comprarlos–.

La trama de los intereses tejidos en los ámbitos del poder económico y entre éstos y los secores políticos que suelen alternarse en el manejo del Estado es inmensa; conforma una madeja cuyas hebras se anudan, enredan, ocultan en una serie de afinidades, asociaciones, connubios y matrimonios por conveniencia y pasionales. Y, además, como es una de las leyes del capitalismo que el camarón dormido es comida de sapos –esto es que al capital hay que moverlo, “ponerlo a trabajar”, so pena que se volatilice– muchas sociedades periodísticas independientes y exitosas comenzaron a invertir en los distintos rubros de la economía.

Que el dueño –o los dueños– de un medio posean, por ejemplo, importantes extensiones de tierra, no los predispondrá precisamente para la defensa de la reforma agraria; si invierten en entidades financieras, en la construcción, en la industria de la pesca, en la minería, en la salud, en la educacion, etc…. bueno: imagínelo.

Comienza, promediando la segunda mitad del XX, a dejarse de hablar de periodismo: se abre paso la denominación empresa periodística y desde fines del siglo se habla incluso de la corporación del periodismo.

Consecuentemente, la imagen del periodista como animal gregario con los de su misma especie; solidario, pero desconfiado e incluso hosco frente a los dones del mundo; investigador solitario, un poco cínico ante la majestad del poder, en fin: gran lector y con una curiosidad “todo terreno”, en cierta forma autónomo, cede el paso a los estandartes de una nueva cultura periodística.

Comer a dos carrillos

La empresa periodística, concebida estrictamente como negocio, se autodefine independiente sólo cuando carece de vinculaciones con los poderes públicos y –algunos– partidos políticos (cuando esas vinculaciones existen y son descubiertas –adivinó, por la prensa independiente–, hablará de proteger las instituciones o algo similar, adecuado a las circunstancias; en el peor de los casos quien las denuncie es un subversivo; en el mejor un loco mal informado).

Las nuevas generaciones de periodistas son obligadas a mostrar el aspecto pucro y dinámico de los jóvenes ejecutivos del mundo del comercio y las finanzas, puesto que deben acudir a los despachos en procura de las gacetillas informativas de empresas y de gobierno –y naturalmente los aparatos de prensa y relaciones públicas no “ven” al periodista, miran al medio para el cual trabaja y se relamen pensando en los centímetros que le serán otorgados a la entidad, probablemente todo ya conversado “a otro nivel”–.

Obedeciendo el mandamiento espúreo de que hay que darle al público lo que el público quiere, tras “enseñarle” lo que quiere se procede a despedazar el idioma –y con fruición muchas veces la historia, la geografía y todo lo demás–.

La investigación periodística de la “prensa popular” se centra en una nueva categoría social: la farándula, extraña mezcla de mujeres jóvenes, jóvenes musculosos de oficios muy diversos, políticos que necesitan “construirse” una reputación, hombres maduros que quieren mantener la suya, damas que prefieren olvidar su edad, cirujanos dedicados a las –nunca mejor llamadas– artes plásticas sobre el cuerpo de todos los anteriores, algunos vejetes cuyo rol es el de “sponsor” de alguien o algo y otra fauna marginal.

La vieja crónica roja se mantiene, pero decae: ¿acaso podría igualar su encanto con el de la nueva “operación” en la cubierta superior de la figurilla tal? ¿Cómo puede un ladronzuelo, un carnicero celoso, un niño obligado a prostituirse competir con la nueva casa, ¡con dos piletas de natación y helipuerto!, del industrial fulano o la hazaña deportiva del hijo de mengano? ¿Qué es el mal paso de una modistilla frente al nuevo amante de?

La religión, dicen que dijo Marx el XIX, es el opio de los pueblos. Aseveración discutible. De cualquier modo la prensa “seria” de la actualidad es la heroína de la sociedad. Porque, cuando no se ocupa de la farándula, miente.

Como esos rebaños de rumiantes que abrevan en la poza donde los esperan cocodrilos, la empresas periodísticas abrevan –en los “temas serios”– de una sola fuente. La pluralidad es lo que resulta de la dosis del producto mencionado el párrafo anterior: un sueño inducido por el poder para que se diluya lo esencial del derecho a elegir: dos opciones distintas.

Convertida la ciudadanía en un estamento consumidor de productos que sirven para lo mismo y tienen calidad y duración y hasta diseño similar, ¿para qué perturbarla con “cuestiones complicadas”? Si de repente el tinglado cruje, amenaza desplomarse, un golpe de timón convierte lo execrable en asunto para discutir durante la sobremesa, y nuevas incontables (des)informaciones sobre lo mismo volverán las aguas a su cauce: una estrellita mostró una mama en público, aquella “se hizo” otra cirugía, se casa él, se divorcia ella…

Buques “condenados” a flotar

Este panorama –que bien podría ser mucho peor–  nos recuerda que la publicación digital independiente argentina 4 Semanas vuelve el 10 de abril de este año 2005 a imprimirse en la autónoma Ciudad de Buenos Aires. La misma contará con una versión en formato .pdf que será de acceso público en su página web www.4semanas.com.ar.

En Colombia –país donde además de verificarse una cruenta guerra civil y soportar la ingerencia estadounidense en sus asuntos internos produce una de las mejores literaturas del continente– se mantiene a flote Arquitrave (www.arquitrave.com), revista de literatura dirigida por el poeta Harold Alvarado Tenorio, que en mayo próximo recibirá un homenaje en el  El XIII Festival Internacional de Poesía de Bogotá, que oportunamente Piel de Leopardo reseñará.

También en la Argentina, contra la corriente muerde a las buenas conciencias Barcelona (www.revista barcelona.com.ar), hecha por un grupo de periodistas jóvenes poco temerosos del qué diran.

En Chile, desde hace 40 años, ayuda al buen pensar político y cultural –o al mal pensar político y cultural, elija usted– Punto Final (www.www.puntofinal.cl), a la que las tormentas no han logrado romper la arboladura.

No es la única, desde luego,www.granvalparaiso.cl, la edición local de Le Monde Diplomatique (www.lemondediplomatique.cl), y Radio Tierra, que se escucha por la internet (www.radiotierra.cl), El Periodista (www.elperiodista.cl), magazine dirigido por el periodista y escritor Francisco Martorell, y la revista de cultura Rocinante www.rocinante.cl son en ese país parte del abanico de la prensa independiente.

Hay muchas más en el continente: Agulha (www.revista.agulha.nom.br), para citar una de Brasil, marca el rumbo de la amplitud editorial en materia de cultura y poesía, codirigida por los escritores Claudio Willer y Floriano Martins, éste último además embebido en el proyecto Banda Hispánica.

Matérika (www.materika.com, en Costa Rica –donde se puede conseguir también Sin Fronteras, dirigida por Adriano Corrales y sólo en formato gráfico, son otros ejemplos. Como Logogrifo, que integra el portal venezolano de www.aladecuervo.net,

Pero Logogrifo pertenece exclusivamente al orden virtual, como muchas publicaciones independientes que encontraron en la internet la posibilidad de llegar con lo suyo a una audiencia, una lectoría, universal, cuyas características –como la de los “blogs”– cambia aceleradamente lo que suele llamarse “el panorama de los medios”.

Casi a diario surgen y se desmoronan estos esfuerzos, legítimo espejo de las culturas que conviven en América Latina, al margen del Estado, que no abandona sus armas o pierde los reflejos de defensa de las capas dominantes que lo manipulan. Es que, tal vez, el periodismo no siempre obedece al apotegma de que no hay nada más viejo que el diario de ayer.

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