Ago 18 2010
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Economía

Pobreza y concentración económica

José Luis Pizarro T.

¿Era necesario que un distinguido economista chileno se refiriera a la concentración de la riqueza en nuestro país, para que una situación evidente a los ojos de muchos hiciera noticia? Esto aconteció el pasado 9 de agosto en la Fundación Chile 21 donde fue presentado el libro Hacia un crecimiento inclusivo: Propuestas de política económica, editado por el economista Luis Eduardo Escobar con artículos de varios otros importantes expertos.

El volumen, fue presentado “ante una concurrida asistencia” como dicen las notas de prensa. El Mercurio publicó la noticia bajo el epígrafe: Cuatro familias controlan el 47% de los activos que cotizan en la bolsa chilena. Y sin embargo, 31 años atrás, el mismo diario en la rúbrica Temas Económicos —según cita el economista Fernando Dahse en su libro de 1983 El poder de los grupos económicos nacionales—, escribía: “… Se dice que el actual proceso de liberalización tiende a concentrar la riqueza, el ingreso y el poder. ¿Pruebas? Ninguna…” […] “La propiedad, por supuesto, también se estaría concentrando. ¿Pruebas?…” [1].

Así resulta que hoy se sorprende y se proclama a los cuatro vientos, algo que 31 años atrás se negaba abiertamente.

El libro de Fernando Dahse nos permite concluir que este tipo de análisis no es nada nuevo. Este autor denunció a inicio de la década de los ochentas, cifras en la mano, la creciente concentración de la riqueza en el Chile de la dictadura. En el trabajo que citamos analizaba los seis mayores grupos económicos de la época: Cruzat-Larraín, Vial, Matte, Luksic, Angelini y Edwards, los cuales controlaban el 68% de la capitalización bursátil en 1980, excluidas las empresas financieras.

Lo primero que cabe destacar es que los apellidos se repiten, demostrando como los patrimonios familiares se reproducen y se concentran. Tres de las seis familias de esos años figuran en el "ránking" de hoy: Luksic, Angelini y Matte, aunque posiblemente no se trata de las mismas personas puesto que han pasado más de 30 años y superado varias crisis.

Sólo figura como “nouveau venu” en la lista actual, el presidente Sebastián Piñera, aunque se debe notar que, tratándose de cifras de 2008, su situación es hoy probablemente diferente, aún considerando, como asevera Escobar, que el mandatario es “dueño de Colo Colo, [de] Chilevisión y no sabemos en que está invertida la plata que resultó de (la venta de) LAN”.

La concentración del poder de hoy es el resultado de decisiones económicas y políticas impuestas por el gobierno militar. Dahse en su trabajo menciona entre otras, las siguientes:

– la contracción del ingreso real de los trabajadores, incluyendo rebajas de salarios en ciertos períodos;
– el traspaso subsidiado de recursos económicos del Estado a los mayores sectores empresariales través de la "privatización " de los activos del Estado;
– la venta de los bancos en poder del Estado que permitió a los grandes grupos económicos manejar el mercado de capitales;
– las normas que concentraron la captación de recursos externos en esas mismas instituciones, permitiendo así controlar indirectamente, empresas pequeñas, medianas o grandes sin acceso a estos mercados, etc.

En pleno auge de los ajustes estructurales, un economista brasilero sostenía que tratar de ser antiliberal hoy se ha hecho una tarea “difícil y hasta peligrosa, en condición de poner en riesgo las mas sólidas reputaciones” [2]. ¿A quién se le ocurriría entonces mencionar a Marx ante esta situación? y sin embargo el Marx economista postuló casi un siglo y medio atrás que la concentración capitalista era un proceso natural e irreversible, mientras un liberal de primera hora como Adan Smith, afirmaba, cien años antes que Marx, que el fin de los monopolios es mantener escaso y mal surtido el mercado para conservar altos los precios y por ende aumentar las ganancias.

Las propuestas de los expertos de Chile 21 proponen cambios en cuatro áreas tendientes a modificar lo que voluntariamente se indujo durante la dictadura. Aunque las informaciones no son precisas, podemos interpretar estas medidas como:

– promover la competencia con leyes regulatorias que reduzcan la concentración económica y la fuerza de los monopolios;
– una política de ‘clusters’ que aglutine e integre actividades económicas relacionadas entre sí, mejorando la competencia y permitiendo indirectamente economías de escala;
– un mayor apoyo a las pequeñas y medianas empresas;
– políticas sociales que limiten la extrema dicotomía del mercado, destacando como no basta con la educación, sino que se debe garantizar también salud y empleo con remuneraciones mas justas para disminuir las inequidades.

Citando textualmente a Escobar, éste habría dicho que: “La política neoliberal clásica dice que la educación es la base de todo, pero nosotros decimos: educación, salud, y empleo. Si uno no integra estos tres aspecto es muy difícil obtener resultados reales".

Treinta años atrás, Dahse señalaba que el origen de la concentración estaba en el modelo de política económica impuesta por la dictadura. Veinte años después que volvió la democracia y asumieran el poder los gobiernos reformistas, en realidad poco o nada ha cambiado intrínsecamente en ese modelo, como vemos de las cifras que hoy causan sorpresa, y de las propuestas del grupo de trabajo de Chile 21.

La concentración de la riqueza que se proclama como novedad no es sino una herencia del pasado, como también lo puso en evidencia la última encuesta CASEN. La línea de pobreza fijada, en 64 mil pesos por persona, se debe contrastar con el ingreso medio nacional estimado en 340 mil pesos por habitante.

Este promedio implica que mientras unos pocos tienen un ingreso muy alto, otros muchos, seguramente demasiados, están ganando muy poco. Como resulta además que ⅔ de quienes se encuentran por debajo de la línea de la pobreza son trabajadores dependientes —es decir que reciben regularmente un salario—, fuerza es constatar que en la economía chilena existe un mercado “para ricos” y un mercado “para pobres”.

Ahora que Chile es miembro de la OCDE, debiera usar los parámetros de esta Organización para medir la pobreza, establecidos en un 60% del ingreso medio, lo que daría unos 200 mil pesos por persona.

¿Que sucedería en ese caso? que nuestros niveles de pobreza alcanzarían niveles estadísticamente impresentables ante la comunidad mundial. Y sin embargo llama la atención las dificultades y las discusiones de cada año para ponerse de acuerdo sobre los aumentos en el salario mínimo, y la oposición de algunos connotados economistas cuando se trata de aumentarlo más allá de mínimos porcentajes. Se sostiene que “el país perdería competitividad”, o que así se excluiría del mercado laboral a un grupo importante de trabajadores.

Es obvio que esto sea así, porque es parte de un modelo de acumulación que se fijó definitivamente hace ya más de tres décadas y que nadie se atreve a modificar.

[1] Dahse, Fernando (1983). El poder de los grandes grupos económicos nacionales. Contribuciones al Programa Flacso-Chile, N° 18, Junio 1983.

[2] Martins, Carlos Estevam. 2003. Liberalismo: O Direito e o Avesso. DADOS, Revista de Ciências Sociais, Vol. 46(4):619-660. Rio de Janeiro, Brasil.

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