Oct 12 2015
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Econom铆aSociedad

Podemos frente al decrecimiento

 

El colapso
Nos encontramos en un momento hist贸rico sin precedentes. La revoluci贸n industrial y la expansi贸n de la industria provocada por un acceso barato al petr贸leo y otros recursos llegan a su fin. Los cient铆ficos calculan que hemos consumido alrededor de la mitad de las reservas mundiales de petr贸leo; no obstante el verdadero problema no es que se vayan a agotar de un d铆a para otro, sino que el coste energ茅tico de la extracci贸n aumenta, hasta el punto de que la relaci贸n entre la energ铆a que se produce y la que se consume para producirla -lo que los expertos denominan Tasa de Retorno Energ茅tico (TRE)- est谩 bajando de forma alarmante y no est谩 tan lejos el d铆a en que se llegar谩 a consumir m谩s energ铆a de la que se produce.
Esto sucede con la mayor parte de los recursos, que cada vez son m谩s escasos, y extraerlos y procesarlos se convierte paulatinamente en una tarea m谩s costosa econ贸mica y energ茅ticamente. Las consecuencias son obvias: en Septiembre de 2014, uno de los grupos inversores m谩s conocidos como los 鈥減adres鈥 de la industria petrol铆fera, los Rockefeller, abandonaron sus inversiones en esta industria para llevarse el capital al mercado de las energ铆as renovables. Y esta maniobra no se debi贸 a que de la noche a la ma帽ana se despertaran con conciencia ecol贸gica, sino que simplemente pensaron en la rentabilidad. Estos oligarcas saben que el petr贸leo barato tiene los d铆as contados, que la producci贸n cada vez requiere de mayor inversi贸n para obtener cada vez menos beneficios, y son conscientes de que el pr贸ximo nicho de mercado son las energ铆as renovables. Conviene decir que las energ铆as renovables no son todo lo milagrosas que se nos dice. Los materiales, la fabricaci贸n, el transporte y la instalaci贸n de estas energ铆as requiere de unos costes energ茅ticos y de ciertos recursos finitos que son muy importantes. Por eso es importante que ante la escasez cada vez mayor de estos recursos, aceleremos la implementaci贸n de las renovables, antes de que los costes se disparen m谩s y provoquen que la conversi贸n sea inviable, y un desastre econ贸mico.
Si todos los habitantes del planeta vivieran como lo hacemos los europeos necesitar铆amos tener a nuestra disposici贸n los recursos de casi cuatro planetas como este. Nuestra huella ecol贸gica recae sobre las espaldas de las pr贸ximas generaciones, y tambi茅n -ahora y antes- sobre los habitantes de los pa铆ses del Sur; algo parad贸jico teniendo en cuenta la riqueza de recursos naturales que tienen bajo sus pies, que desde el Norte estamos expoliando sistem谩ticamente, exportando impactos ambientales y destruyendo la naturaleza m谩s all谩 de nuestras fronteras, para mantener el sistema productivo y de consumo actual.
En el Estado espa帽ol, el 25% de la poblaci贸n vive bajo el umbral de la pobreza y el 40% tiene problemas para llegar a fin de mes. Al mismo tiempo ocupamos el puesto n煤mero 6 en uso de agua, el 16 en uso de materiales, el 21 en uso de suelo y el 24 en emisiones de carbono a la atm贸sfera. Estos datos ponen sobre la mesa una precarizaci贸n de la sociedad may煤scula y creciente, frente a un sistema productivo p茅simo, que s贸lo favorece a las grandes empresas, las principales beneficiarias de esta crisis. Es necesario un reparto de las riquezas, un cambio de las reglas del juego en favor de la mayor铆a social, un cambio integral del modelo productivo, plantearnos que no necesitamos tantas mercanc铆as, acercar la producci贸n y el consumo al 谩mbito local, democratizar la econom铆a, y reducir dr谩sticamente nuestro impacto medioambiental y el consumo de recursos.
El objetivo actual de cualquier gobernante o aspirante a gobernar es que el Producto Interior Bruto (PIB) de su pa铆s crezca un 2% al a帽o para garantizar -dicen- el bienestar. Parecen olvidar que esa tasa de crecimiento implicar铆a duplicar el PIB en 35 a帽os, con el consiguiente aumento en el consumo de recursos naturales, energ铆a y contaminaci贸n.
Uno de los graves problemas que hay que resolver es el modelo alimentario industrial, en el que gran parte de nuestros alimentos recorren miles de kil贸metros hasta llegar a nuestra despensa. Adem谩s producimos alimentos para 12.000 millones de personas, somos 7.400 millones, y sin embargo 1.200 millones de personas pasan hambre, de las cuales el 75% es poblaci贸n campesina, y a su vez el 75% son mujeres y ni帽as. El 60% de la producci贸n de cereales se destina a la alimentaci贸n de la ganader铆a industrial, y recorre 12.000 Km. de media hasta las granjas europeas o norteamericanas. Otra buena parte de los monocultivos son destinados a agrocombustibles y el 25% de la pesca para la acuicultura.
El sistema monetario es uno de los grandes enga帽os en los que estamos inmersos. Cada euro, d贸lar u otras monedas que ingresamos en un banco, sirve para que 茅stos puedan multiplicar por diez la cantidad de dinero ingresado, para a su vez prest谩rselo a un tercero, con la 煤nica garant铆a de la confianza en que este dinero ser谩 devuelto con un inter茅s a帽adido. El problema es que hay una parte de esa deuda que nunca se va a poder devolver, ya que ese dinero no est谩 respaldado por nada, no tiene ning煤n valor intr铆nseco y es por tanto una estafa que ahora mucha gente est谩 empezando a comprender. Debemos prestar atenci贸n a esta cuesti贸n, ya que la deuda perpetua es lo que provoca el crecimiento perpetuo de forma desmedida: a mayor capacidad de endeudamiento, mayor capacidad de consumo de recursos naturales y por tanto, mayor aceleraci贸n de los problemas que nos aproximan al colapso. La mayor parte de los pol铆ticos y economistas nos hablan de un crecimiento que se recupera, un cr茅dito que fluye y un aumento del consumo como algo positivo. En realidad habr铆a que leer entre l铆neas:鈥溌縱en ustedes ese precipicio? Pues aceleremos para llegar antes a 茅l鈥.
La idea de que el trabajo asalariado libera a las personas y les ofrece autonom铆a econ贸mica es un relato construido por el sistema capitalista que actualmente es, cuando menos, cuestionable. La alienaci贸n de muchos trabajos, la sumisi贸n que arrastran las jerarqu铆as, la cantidad de horas de trabajo en detrimento de la vida social y de la autogesti贸n, y por tanto de la emancipaci贸n y liberaci贸n, han convertido al trabajo asalariado en un modelo que muchas personas llamamos 鈥渆sclavitud asalariada鈥. La aceptaci贸n de estas reglas del juego viene motivada por el elemento que resulta ser el denominador com煤n de nuestra sociedad: el consumo. Si a d铆a de hoy nos podemos imaginar una revoluci贸n social que saque a la calle a millones de personas bajo un problema com煤n, este ser铆a la limitaci贸n del consumo por la carest铆a de las mercanc铆as que aparecer谩 ante la escasez de recursos naturales.
En un escenario de recursos limitados, el crecimiento asienta sus cimientos sobre las desigualdades. Siete de cada diez personas pobres en el mundo son mujeres. La economista experta en cooperaci贸n y desarrollo, Bibiana Medialdea, dec铆a en la charla organizada por la Coordinadora de ONGDs de Euskadi鈥淐r铆ticas y alternativas feministas a un modelo agotado鈥en Mayo de 2014:

 

鈥淎hora inmersos en esta crisis, podemos caer en la tentaci贸n de pensar que el sistema funcionaba bien antes de esta crisis financiera. Por eso es conveniente recordar algunos datos del bar贸metro social para 1999-2007, en el estado espa帽ol, periodo de auge de nuestra econom铆a, y donde el salario en t茅rminos reales, es decir la capacidad adquisitiva promedio de los trabajadores y las trabajadoras creci贸 un 1%, el subsidio de desempleo un 4%, los beneficios empresariales un 60%, el valor de los activos financieros un 75%, y el patrimonio inmobiliario un 125%. En aquellos buenos tiempos, se dieron desde un 1% hasta un 125% de diferencia en el crecimiento. La desigualdad, enemigo n煤mero uno del desarrollo, es end茅mica y un rasgo de nuestro modelo econ贸mico. Por eso los problemas que la crisis saca a la luz debemos interpretarlos como s铆ntoma, y no como 煤nico problema, ya que es el modelo en s铆 quien est谩 agotado. Nos encontramos ante un modelo que tiene l铆mites evidentes y no ante un modelo con ciertos problemas.
Otro aspecto que pasa m谩s desapercibido ahora con la crisis, es que est谩n perdiendo importancia, desde el punto de vista anal铆tico y pol铆tico, los impactos espec铆ficos de la crisis sobre los colectivos econ贸micamente m谩s vulnerables. En sociedades desarrolladas, incluso, los niveles de renta, accesos a derechos, a recursos, etc., est谩n determinados a煤n por el sexo de las personas. Existe una discriminaci贸n sistem谩tica que afecta al 50% de la poblaci贸n. Si ignoramos esta discriminaci贸n fundamental, obviando esta fractura de g茅nero, es imposible hacer un diagn贸stico de los problemas que tenemos y concebir y formular alternativas que vayan a resolver estos problemas econ贸micos. Para tener ese diagn贸stico debemos adoptar la perspectiva feminista, entender qu茅 nos est谩 pasando y ser capaces de pensar c贸mo podemos organizarnos de otra manera.鈥
La ideolog铆a del crecimiento econ贸micodesarrollo_sostenible01
El relato predominante de nuestra sociedad es el que nos cuenta que nuestro modelo de vida se encuentra en un estatus superior y describe la historia de la humanidad como una secuencia que avanza del salvajismo a la civilizaci贸n, y por lo tanto al progreso. Estamos convencidos de este relato etnoc茅ntrico, en el cual nos vemos como 鈥渓a civilizaci贸n por excelencia鈥. Este es el incre铆ble argumento para expoliar los recursos de los pa铆ses 鈥渘o civilizados鈥, por medio del neo-colonialismo y la globalizaci贸n econ贸mica capitalista, mientras en esta sociedad de la opulencia, la precariedad crece exponencialmente.
El colapso de una civilizaci贸n fundamentada en el crecimiento y en la destrucci贸n de la biosfera es la preocupante realidad de nuestra existencia. Nada se menciona de esto en los grandes medios de comunicaci贸n, esos que viven de la publicidad de grandes empresas que buscan aumentar el consumo de sus mercanc铆as. Es como si estuvi茅ramos viviendo dentro deEl Show de Truman, esa pel铆cula en la que Jim Carrey viv铆a toda su vida dentro de un plat贸 de televisi贸n gigante sin saberlo, llevando una vida que le sirvieron en bandeja desde peque帽o. Hoy parece que muchas personas hemos descubierto que estamos en un plat贸 y queremos salir de 茅l, no para dirigir la pel铆cula, sino para vivir la vida.
Las personas que vivimos en la ciudad recibimos cerca de tres mil impactos publicitarios diarios, lo que al a帽o es cerca de un mill贸n. Esto refleja que vivimos en la sociedad del consumo, de las marcas, los patrocinios, los logotipos, los escaparates llenos de ofertas, rebajas yrecontrarrebajas, descuentos por doquier, carteles publicitarios en el espacio p煤blico, estaciones y l铆neas de metro que cambian su nombre por el de una multinacional, autobuses, trenes, tranv铆as, metros y taxis cubiertos de publicidad en movimiento. Vemos la televisi贸n 240 minutos al d铆a, durante los cuales visualizamos 90 anuncios publicitarios. Internet tambi茅n es un espacio plagado de publicidad constante, en las redes sociales, los buscadores, las plataformas multimedia y de ocio, todo est谩 sometido a la publicidad y a la mercantilizaci贸n.
En este escenario, resulta complicado combatir el discurso del crecimiento como 煤nica posibilidad: el principal objetivo que percibimos es el del consumo, y para poder mantener el ritmo de consumo o incluso consumir mercanc铆as fuera de nuestro alcance, necesitamos crecer hasta el infinito. El consumo es proyectado como paradigma del bienestar. El capitalismo no est谩 solamente representado por las grandes multinacionales; el capitalismo es cognitivo, lo llevamos dentro de nuestras mentes, en la cotidianidad de nuestra vida diaria recibimos un aut茅ntico bombardeo de mensajes que se instalan en el imaginario colectivo. En las tertulias pol铆ticas invitan a tertulianos, pol铆ticos, periodistas, abogados y economistas, todos ellos de posiciones pol铆ticas aparentemente diferentes, pero todos est谩n de acuerdo en lo esencial: el crecimiento econ贸mico, el aumento del consumo, y por tanto del Producto Interior Bruto son la meta a perseguir, son la fuente del bienestar y del progreso; nadie lo discute, ya puede hablar alguien de izquierdas, de derechas, o de extremo centro, en esto coinciden siempre. 驴Por qu茅 los medios de comunicaci贸n no dan espacio al discurso del decrecimiento? Es sencillo: la televisi贸n y en general, los medios de comunicaci贸n, viven de la publicidad; publicidad de empresas que nos tratan de vender sus mercanc铆as. Por tanto, que alguien hable de decrecimiento en los medios de comunicaci贸n del sistema es contraproducente para los intereses de las marcas que financian estos medios.
La inmensa mayor铆a de los pol铆ticos tambi茅n tienen este discurso sobre el crecimiento, defienden una visi贸n tremendamente cortoplacista ya que su objetivo primordial es ganar las pr贸ximas elecciones, y parece mucho m谩s f谩cil hacerlo sin llevar la contraria al dogma productivista, necesario para que el sistema capitalista siga su rumbo. Y este es esencialmente el problema, no podemos seguir creciendo porque no tenemos recursos para poder hacerlo. Ya no es una reclamaci贸n exclusivamente ecologista, es una cuesti贸n de l铆mites f铆sicos del planeta. Debemos volcar nuestros esfuerzos en tumbar el discurso predominante del crecimiento en nuestro entorno, en los medios de comunicaci贸n, en las organizaciones y movimientos pol铆ticos y sociales, haciendo ver que otra forma de vivir es posible, que el decrecimiento no es ninguna amenaza al bienestar, muy al contrario, es la garant铆a del bienestar y de la supervivencia si queremos que las pr贸ximas generaciones y buena parte de la humanidad hoy puedan subsistir en este planeta. Estamos en un punto en el que el capitalismo se va desvaneciendo como 芦promesa禄 de progreso en nuestra sociedad, por eso es momento de construir realidades paralelas para, paulatinamente y sin descanso, establecer un orden totalmente distinto.
esp desempleo驴Qu茅 es eso del decrecimiento?
El t茅rmino 鈥渄ecrecimiento鈥 es interpretado por muchas personas pertenecientes a diferentes posturas ideol贸gicas como una enmienda a la totalidad y el destierro del t茅rmino 鈥渃recimiento鈥. Conviene aclarar que las personas que defendemos la postura del decrecimiento, defendemos decrecer en el consumo de recursos naturales finitos y en las actividades que perjudican a la biosfera y, en definitiva, a todos los seres vivos. Sin embargo, defendemos el crecimiento en muchos otros aspectos como el cultural y las labores de cuidado de las personas y la biosfera. Tambi茅n creemos que es necesario un crecimiento 茅tico, de la conciencia, del apoyo mutuo, de la soberan铆a alimentaria, del consumo de productos ecol贸gicos y biol贸gicos, y de toda actividad que no incida en el consumo de recursos finitos y en da帽ar el medio natural, que nos pueda aportar una vida mejor para todos los seres que cohabitamos este planeta.
Hay sociedades -como las de muchos pa铆ses africanos- que no tienen que decrecer, deben crecer hasta recuperar la dignidad que nuestro crecimiento les rob贸, sin imitar nuestro modelo devastador y sabiendo administrar bien los recursos a su alcance. La 鈥淓uropa ilustrada鈥 suele combatir el discurso del decrecimiento se帽al谩ndolo como 鈥渆l que nos quiere situar en la pobreza de los de ah铆 abajo鈥, en una visi贸n clasista y euroc茅ntrica bastante despreciable, dado que la pobreza del Sur no es m谩s que la consecuencia de la opulencia del Norte.
Muchas de las recetas propuestas ante la crisis clim谩tica y energ茅tica se basan en implementar las energ铆as renovables en sustituci贸n de los modelos predominantes de producci贸n el茅ctrica m谩s contaminantes y que precisan de m谩s recursos finitos. Es importante se帽alar que el consumo el茅ctrico global supone el 15% del total de la energ铆a que consumimos, con lo que si cambiamos el 100% de la producci贸n el茅ctrica por las renovables, estar铆amos solucionando el 15% del problema energ茅tico. El mayor reto y m谩s dif铆cil es la dependencia de los combustibles f贸siles utilizados para la agricultura industrial y sus pesticidas, el transporte, la construcci贸n y la industria petroqu铆mica (pl谩sticos) son las que acumulan la mayor parte del consumo energ茅tico.
El decrecimiento por tanto, propone un cambio integral del sistema, en el que el consumo pase a ser el necesario para el sostenimiento de la vida, y no un elemento creador de felicidad y bienestar. Es un llamamiento a buscar el buen vivir mediante el apoyo mutuo, los cuidados, el consumo y producci贸n local, la autogesti贸n y la reconfiguraci贸n del 谩mbito laboral, repartiendo los trabajos en igualdad, reduciendo las horas dedicadas a la producci贸n, en favor de los trabajos para recuperar la vida social, y el cuidado de los seres vivos.
Seg煤n el 煤ltimo informe de la Organizaci贸n Internacional del Trabajo, en el 煤ltimo lustro, en el Estado espa帽ol se ha aumentado un 8% la producci贸n, al tiempo que se ha perdido un 6% en salarios. Esto alude a otro problema: el reparto de la riqueza, algo absolutamente necesario, ya que las veinte personas con mayor capital en Espa帽a poseen el mismo capital que los nueve millones m谩s pobres. Llevando a cabo un reparto justo de la riqueza, y sustituyendo el objetivo de crecer por el del buen vivir, el crecimiento econ贸mico perder铆a sentido, al estar satisfechas las necesidades al margen del consumo y del endeudamiento.
Rescato unas palabras de una entrevista a Yayo Herrero, antrop贸loga, educadora social, ingeniera t茅cnica agr铆cola y activista desde la ecolog铆a social, para el libro -cuya lectura recomiendo-‘Euskal Herria. Decrecimiento y Buen Vivir. Alternativas al modelo actual’(Sua 2014, Mugarik Gabe):
鈥淣osotros hablamos del decrecimiento de la esfera material de la econom铆a porque nuestras sociedades van a tener que aprender a vivir con menos materiales y energ铆a, con menos cobre, menos platino, menos litio, menos petr贸leo… Si a esto le sumamos el calentamiento global, que b谩sicamente significa un cambio en las reglas que organizan lo vivo, te encuentras en un momento en que ese decrecimiento es una obligaci贸n鈥.
鈥淪i sabemos que estamos en un planeta con recursos naturales finitos, que tiene una cantidad predeterminada y escasa de estos recursos, su regeneraci贸n no es tan veloz como nuestra capacidad de extracci贸n y consumo, deber铆amos plantearnos seriamente qu茅 producir, para qui茅n, cu谩nto y c贸mo.鈥
驴Hacemos lo que Podemos?europa zyriza y podemos
鈥淓l problema no es que la peque帽a y mediana empresa no pueda pagar los costes laborales de sus trabajadores, el problema es que la gente no consume鈥.Una frase que Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, ha repetido en muchas de sus intervenciones en los medios de comunicaci贸n aludiendo a Keynes.
鈥溌縑osotros cre茅is que Podemos puede presentarse a unas elecciones planteando el decrecimiento cuando los dem谩s van a ofrecer lo contrario? Nosotros creemos que no鈥.Juan Carlos Monedero, portavoz y fundador de Podemos, durante las jornadas鈥淓l reto del empleo en tiempos de crisis 鈥 Trabajo, empleo y l铆mites del planeta鈥, Noviembre de 2014.
El modelo econ贸mico de Podemos tiene claras referencias al keynesianismo. Vicen莽 Navarro y Juan Torres, acad茅micos reconocidos internacionalmente, no esconden su apuesta por ese modelo, que en su d铆a tuvo su validez para salvarle la cara al sistema capitalista. El keynesianismo consiste en incrementar considerablemente la inversi贸n p煤blica para aumentar la demanda agregada, esto es, el consumo de las familias y las peque帽as y medianas empresas, de cara a crear empleos, aumentar el poder adquisitivo de las personas y que la rueda del consumo y del crecimiento siga girando de forma perpetua. Vicen莽 Navarro en varios art铆culos ha mostrado su oposici贸n frontal al decrecimiento y en una intervenci贸n en La Tuerka (programa de P煤blicoTV) sobre el decrecimiento, asever贸:鈥渓os que est谩n proponiendo el decrecimiento son unos reaccionarios鈥.
Vicen莽 Navarro asegura que los que defendemos el decrecimiento olvidamos que hay diferentes tipos de crecimiento, y pone el ejemplo de que podemos crecer en la fabricaci贸n de veh铆culos el茅ctricos en detrimento de los veh铆culos que utilizan combustibles f贸siles, y que ese tipo de crecimiento es recomendable. Parece ser que olvida ciertas cosas, como que el litio disponible da para fabricar s贸lo un mill贸n de estos veh铆culos al a帽o a nivel mundial (frente a los mil millones de coches que ya hay en el planeta), y que las reservas de ese material son limitadas, por no hablar del consumo de materias primas y energ铆a que requiere la industria del autom贸vil particular, independientemente del combustible que estos utilicen para circular. La respuesta del decrecimiento a ese modelo de crecimiento propuesto por Navarro es el crecimiento -aqu铆 s铆- de los medios de transporte colectivos, al mismo tiempo fomentando la econom铆a local y reduciendo la necesidad de movilidad a largas distancias en la vida cotidiana de las personas y en los transportes de mercanc铆as.
Pablo Iglesias ha repetido en multitud de ocasiones:鈥渄e la crisis se sale con pol铆ticas econ贸micas expansivas, aumentando la demanda agregada鈥. Esas pol铆ticas expansivas enmarcadas en el panorama del colapso de los recursos naturales, recaer铆an sobre los pa铆ses del Sur y sobre las pr贸ximas generaciones. La econom铆a basada en el consumo ha de terminar adem谩s, porque es f铆sicamente imposible mantenerla a pocos a帽os vista, lo que deber铆amos de discutir es c贸mo sustituimos el modelo.
Llama la atenci贸n c贸mo Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Alberto Garz贸n y otras figuras p煤blicas que defienden una postura a favor del crecimiento econ贸mico, firman p煤blicamente el 聽鈥淢anifiesto 脷ltima Llamada鈥que aboga exactamente por lo contrario. Este manifiesto pretend铆a ser una llamada de atenci贸n a la sociedad, para advertir de que estamos en una situaci贸n l铆mite en la que la escasez de los recursos y los problemas ecol贸gicos se est谩n multiplicando exponencialmente, y que tenemos la responsabilidad de cambiar todo el modelo capitalista que provoca esta situaci贸n. Si no se trata de salir en la foto, que no lo hagan de perfil y de puntillas, y que se mojen.
El que una organizaci贸n pol铆tica se haga llamar 鈥淧odemos鈥, podr铆a dar a entender que podemos cambiarlo todo, pero parece que pretende ser鈥渉acemos lo que Podemos鈥, dando por hecho que muchas cosas esenciales no pueden cambiarse. Podemos, no es el 15M, ni pretende serlo, y en ese camino hacia el 茅xito electoral, se han olvidado de las reclamaciones de los movimientos sociales implicados en el cambio de la sociedad desde abajo. A cambio ha conquistado al gran p煤blico que sigue sus intervenciones televisivas, y a otras muchas personas que de buena fe creen que es su 煤ltima esperanza. Es ah铆 donde Podemos ha ganado, ha creado expectativas, esperanza en mucha gente, veremos en qu茅 se convierte bajo la l贸gica de la b煤squeda de las mayor铆as sociales. Creo que son conscientes de la escasez de recursos naturales y el problema ecol贸gico y social al que nos enfrentamos, aunque no s茅 hasta qu茅 punto, porque por encima de esto, impera en ellos la l贸gica de la conquista del poder, y creo que ven el problema como lo ven muchos dirigentes pol铆ticos de otros pa铆ses que acuden a cumbres internacionales sobre el clima: buenas palabras que nunca acaban de materializar en sus pol铆ticas de gobierno.
Ellos tienen mucha capacidad de convocatoria en los medios de comunicaci贸n, tienen ese poder de divulgar ideasrupturistas, que modifiquen el debate establecido. De hecho, han introducido en el debate asuntos de inter茅s de los que ning煤n partido hablaba, como la renta b谩sica universal o la auditor铆a de la deuda; es arriesgado tratar estos temas, pero a la vez es necesario poner encima de la mesa este otro debate, que es de vital importancia para cambiar las reglas del juego. Por eso creo que el decrecimiento es una de las asignaturas pendientes m谩s importantes en el discurso de Podemos, ya que es la mayor garant铆a de progreso social, cultural, laboral, del cuidado de la naturaleza y de nuestras vidas. Muy al contrario, el crecimiento nos aboca a la escasez, a la alienaci贸n, a la desigualdad, a la precariedad laboral y a la destrucci贸n de la biosfera.
Promover el decrecimiento obliga a apostar por la econom铆a local, las monedas sociales con car谩cter 茅tico, la soberan铆a alimentaria, los espacios de autogesti贸n, abandonar el productivismo y el extractivismo, y es antag贸nico al proyecto que propone Podemos, en el que el Estado es el principal garante del bienestar, y en el que se asume el discurso del crecimiento como fuente de bienestar y progreso, para conseguir el apoyo electoral. Creo que cometen un error muy grave al adoptar como propia la postura del crecimiento y por tanto del capitalismo. El keynesianismo es pan para hoy, hambre para ma帽ana, y lo que es peor, ya es hambre hoy para una parte importante de la humanidad y para la naturaleza. Hoy deber铆amos hablar de dos posturas antag贸nicas: una es el productivismo, defendido por los neoliberales en forma dedarwinismosocial y por los socialdem贸cratas en forma de reparto de los beneficios dentro del marco de las democracias liberales capitalistas, y por otro lado, la postura de la reconciliaci贸n con la naturaleza y con el buen vivir defendida desde el 鈥渆cologismo libertario鈥, de los que hay muchos ejemplos que no necesariamente se reconocer谩n todos con esta etiqueta.
Es necesario disputar la hegemon铆a cultural en lugar de la electoral, necesitamos una sociedad consciente del problema al que nos enfrentamos, y que en los pr贸ximos a帽os vamos a padecer como no tomemos el camino adecuado para que nuestra existencia sea posible en igualdad y sostenibilidad. Se acercan tiempos dif铆ciles, debemos ser osadas y no esconder la realidad; no se trata de que seamos catastrofistas y nos encerremos en el discurso de que no hay nada que hacer, ya que eso nos conduce al inmovilismo y al fracaso; se trata de irrumpir con un discurso optimista que muestre que existen alternativas que nos pueden llevar a vivir mejor con menos, al tiempo que se hace un llamamiento a la responsabilidad colectiva como habitantes de un lugar com煤n que debemos conservar para poder seguir viviendo en 茅l.
Las leyes de la f铆sica y la escasez nos obligan a decrecer y a cambiar el sistema econ贸mico, laboral, social y cultural, y para ello necesitamos desear el cambio, antes de que el cambio nos atropelle.
Antonio Turiel, f铆sico del CSIC, experto en elpeak oily autor del blog鈥淭he Oil Crash鈥 dice en un art铆culo titulado‘Lo que no podemos’:
鈥淟os decrecentistas, en realidad, tienen que entender que hay que seguir haciendo pedagog铆a con la sociedad. Hay que seguir explicando que el ecosistema planetario est谩 gravemente enfermo, y que esta frase no es un lugar com煤n sino un hecho constatado y doloroso; hay que seguir diciendo que esta crisis no va a acabar nunca y explicar el porqu茅; hay que decir en voz cada vez m谩s alta que ni el fracking ni las renovables ni ninguna otra tecnolog铆a-milagro van a resolver nuestros problemas; hay que advertir que a pesar de los sue帽os de recuperaci贸n estamos a las puertas de una gran recesi贸n que puede traer consecuencias peligrosas e imprevisibles; hay que gritar, a pleno pulm贸n, la verdad a la cara. S贸lo cuando sepamos podremos comprender mejor lo que sucede, cambiando tambi茅n lo que somos. S贸lo cuando cambiemos lo que somos cambiaremos lo que podemos. Y s贸lo entonces podremos.鈥

 

La socialdemocracia es el salvoconducto del sistema totalitario mercantil. Decir que se puede 芦salir de la crisis禄, 芦acabar con la corrupci贸n禄 o 芦recuperar el crecimiento econ贸mico禄 -mediante dinero deuda o devaluaci贸n, y explotaci贸n de recursos finitos-, es asumir que este sistema tiene remedio -eso a lo que los socialdem贸cratas llaman 芦realismo禄-, frente a las personas que nos oponemos a esta aceptaci贸n servil del orden establecido. El neoliberalismo y la socialdemocracia son las dos caras de la misma moneda: cuando una de las dos caras se desgasta, aparece la otra como soluci贸n 煤nica a nuestros problemas. El Estado y la delegaci贸n del poder en unas minor铆as que se erigen como los 芦sabios gestores禄 o como los 芦gestores honrados y generosos禄, nos impiden avanzar por el camino de la democracia directa, la autogesti贸n, la emancipaci贸n y del cuidado de la naturaleza y la vida.
El decrecimiento y la autogesti贸n para el buen vivirdecrecimiento crash
鈥淐ualquier contestaci贸n al capitalismo tiene que ser decrecentista, autogestionaria, antipatrialcal e internacionalista鈥.Carlos Taibo, escritor y profesor de pol铆tica en la UAM.
Es necesario que construyamos un modelo paralelo a este sistema de consumo, en el cual primen el apoyo mutuo y la autogesti贸n y que nos libere de la dependencia del sistema en temas primordiales como la energ铆a, el agua y la soberan铆a alimentaria.
Tenemos mucho que desaprender y comenzar a construir realidades que aumenten nuestro bienestar y el de todos los seres vivos con los que compartimos este lugar. El decrecimiento como f贸rmula de aumento del bienestar nos invita a trabajar menos horas de forma asalariada, y en cambio, a aumentar el n煤mero de horas que dedicamos a la vida social, a proyectos comunes que nos liberen 聽del capitalismo, creando una econom铆a cada vez m谩s local, solidaria y que respete los l铆mites de la naturaleza, por el camino de la econom铆a de los bienes comunes, el reparto de los trabajos productivos y reproductivos, y una renta b谩sica de transici贸n, cediendo el protagonismo a las monedas sociales. Son ampl铆simos los caminos del decrecimiento y el buen vivir que nos conducen por las v铆as de la autogesti贸n: los grupos de consumo, las ecoaldeas, las cooperativas integrales, de cr茅dito, y de usufructo de viviendas, la ocupaci贸n y autogesti贸n de centros de trabajo en quiebra por parte de las trabajadoras, y cualquier espacio que emerja de las necesidades reales de la sociedad y de la naturaleza. Asimismo implica luchar contra la obsolescencia programada y contra la colonizaci贸n de la publicidad en nuestras vidas, fomentar el acercamiento entre productores y consumidores, 鈥渞uralizar鈥 la sociedad repensando el modelo urban铆stico de las ciudades y sus cinturones industriales, luchar contra gentrificaci贸n, sustituir espacios destinados a veh铆culos privados por espacios para el esparcimiento, para huertos urbanos y para transportes colectivos, alcanzar la soberan铆a energ茅tica y alimentaria, y tantas cosas que se pueden hacer para crear una econom铆a diferente, decrecentista, anticapitalista y del buen vivir, abogando por la abolici贸n del patriarcado y de cualquier forma de discriminaci贸n por cuestiones de sexo, etnia, creencia o pensamiento.
El buen vivir es aquel que procura unos est谩ndares de vida suficientes a cambio de destinar m谩s tiempo a satisfacer las necesidades no materiales: la familia, las amistades, el aprendizaje, proyectos art铆sticos o intelectuales, autoproducci贸n, compromisos sociales, participaci贸n pol铆tica, relajaci贸n, exploraci贸n espiritual, b煤squeda de placeres y otras actividades que se relacionan poco o nada con el dinero.
No debemos olvidar lo m谩s importante, la labor que individualmente debemos hacer para construir un sujeto con otros valores distintos, en los que primen el altruismo, frente al ego铆smo; la cooperaci贸n, frente a la competici贸n; la vida social, frente al consumismo; el actuar localmente y pensar globalmente, frente a la globalizaci贸n capitalista; la calidad, frente a la cantidad y la productividad; la solidaridad y la responsabilidad, frente al individualismo; el amor, frente al odio…
Cambiemos el ruido y la materia, por el amor y la poes铆a.
S贸lo la utop铆a puede evitar la distop铆a.
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