Jun 16 2006
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Cultura

Poesía. – ALGUNOS TEXTOS DE JORGE DEBRAVO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Jorge Debravo muere en 1967 cuando acababa de matricularse en la universidad, víctima de un accidente: fue atropellado por un conductor ebrio.

El estudio de Adriano Corrales sobre el poeta puede leerse aquí.

En vida, Debravo alcanzó a publicar siete libros:

Milagro abierto,1959; Bestiecillas plásticas,1960; Consejos para Cristo al comenzar el año, 1960; Devocionario del amor sexual, 1963;
Poemas terrenales, 1964; Digo 1965; y Nosotros los hombres, 1966.

Tras su deceso se publicaron: Canciones cotidianas, Los Despiertos,Vórtices.

Su producción suma, además, los siguientes títulos:

Madrigalejos y madrigaloides
Romancero Amargo
Nueve poemas a un pobre amor muy humano
Algunas muertes y otras cosas recogidas en la tierra
El grito más humano
Letras en tinta negra
Poemas de Amor para leerlos en la noche
Aquí también se sufre
El canto absurdo
Tierra Nuestra
Canciones de amor y pan
Los nuevos Ojos

POEMAS

Apunte interior

Hoy mi vida no tiene peso alguno:
es un viento, menos que un viento, menos
que una raya de luz.

Ahora ninguno
puede serme oneroso.
No hay terrenos resquemores debajo de mi alma.

Mi sangre es una roja armonía viva.
Estoy en armonía con la brasa y la calma,
con la voz amorosa y la voz vengativa.

Parece que mis manos no existieran, parece
que mi cuerpo nadara en un agua inocente.
Como un viento desnudo de mi corazón se mece
y hace sonar campanadas dulcemente.

Desvestido

La noche, deseosa, apenumbrada,
te quitó sin pensar las zapatillas…
y –por sentirse blanca y alumbrada–
desnudó blancamente tus rodillas.

Luego –por diversión, sin decir nada–
la noche se llevó tu blusa larga
y te arrancó la falda ensimismada
como una cosa tímida y amarga.

Después te colocaste travesura:
desnudaste tus pechos por ternura
y –hablando de un amor vago, inconexo–

Porque sí y porque no, a medio reproche,
desnudaste también, entre la noche,
la noche pequeñita de tu sexo.

Dioses

Los dioses son estatuas de humo y viento
que se tuercen, alargan,
y se cambian de ser
como cambian de blusa las muchachas.

Alguna vez usaron cuernos, luego
se envolvieron en carne de montaña,
aprendieron a usar huesos de hombre
y se vistieron una barba blanca.

Una noche compraron zapatillas
y perdieron sus prístinas sandalias.
Y un día cualquiera rodearán la tierra
charlando amables con los cosmonautas.

Eternidad

Antepasado mío, hoy te he visto
gozoso, reencarnado en mis dos hijos.

La tarde olía a madurez y a mango.

Por las mejillas de mis niños
–dulce y amadamente– resbalabas.

Este sitio de angustia

Uno quisiera siempre tener su mano amiga,
su buen pan compañero, su dulce café, su
amigo inseparable para cada momento.
Quisiera no encontrar un solo fruto amargo,
una casa sangrando, un niño abandonado,
un anciano caído debajo del fracaso.

Pero a veces los días se ponen grises,
nos miran con miradas enemigas,
y se ríen de nosotros,
se burlan de nosotros,
nos enseñan cadáveres de jornaleros tristes,
de muchachas vencidas, de niños sin tinero.
Se mira uno las uñas, como haciéndose viejo,
encoge las rodillas para no perecer,
y nada, nada bueno agita las campanas,
nada bueno florece en los hombros del mundo.

Entonces es que uno llama al apio y le dice,
llama al rábano amargo y le dice también
que esta corteza de hombre debe ser un castigo,
un paisaje maldito donde el hombre no quiere,
no soporta vivir porque le sorben sangre,
porque le chupan sangre hasta dejarlo ciego.

Milagro Abierto

Esta vida en silencio
en la sombra desnuda.
cayendo, meditando,
de machacada y ebria se hace pura.
Flotas tú restregada
en el tronco y el nervio.
Blancos se abren tu voz, el viento,
el alma…
Porque esta vida es un milagro abierto…

Salmo de las maderas

Hay maderas oscuras y profundas
como tus ojos y tus cabellos.
Porque tus ojos y tus cabellos son
como maderas profundas y charoladas.

Hay maderas suaves y livianas
como tu piel y tu alegría.
Porque tu piel y tu alegría son
como maderas suaves y livianas.

Hay maderas recias y macizas
como tus piernas y tus espaldas.
Porque tus piernas y tus espaldas son
como maderas recias y macizas.

Hay maderas húmedas y rojas
como la piel de tus labios y de tu lengua.
Porque la piel de tus labios y de tu lengua es
como una madera roja y empapada de savia.

Hay maderas olorosas y vivas
como el olor de tu cuerpo.
Porque el olor de tu cuerpo es
como el olor de las maderas
cortadas en los tiempos de lluvias.

Hay maderas que al ser trabajadas
dan notas musicales y perfectas.
Tu amor es una nota musical y perfecta
como el sonido que dan ciertas maderas
cuando son trabajadas.

Hay maderas que se quejan en las noches de lluvia
y en las tardes de tormenta.
Porque eres triste, y esto te embellece y purifica,
te pareces a esas maderas que se quejan
en las noches de lluvia y en las tardes de tormenta.

Hay maderas que tienen un sabor y perfume
tan propios que, cuando se las huele o se las besa,
ya no son olvidadas nunca más en la vida.
Porque eres fatalmente inolvidable,

te pareces a esas maderas que se recuerdan
hasta la muerte cuando se las huele o se las besa.

Prevalecer

Cuando el cielo os absorba las entrañas
y quiera avergonzaros comparándose
con el cielo animal de la mirada,
volved los ojos hacia la infinitud
que lleváis escondida debajo de los párpados.
Volved los ojos hacia los ojos mismos.
Con eso basta.

Y cuando el viento os quiera avergonzar
comparando sus manos infinitas
con vuestras dos sencillas, tiernas manos,
hundid las manos en el amor, echadlas
a madurar en pura sangre humana.
Echad las manos entre las manos mismas.
Con eso basta.

Más que cualquier ciudad es poderosa

Más que cualquier ciudad, es poderosa
la ternura del hombre.

Más que cualquier camino, es caminante
la pisada del hombre.

Más que cualquier silencio, tranquiliza
lo piadoso del hombre.

Más que cualquier olor, es delicioso
el perfume del hombre.

Y más que cualquier dios, es creadora
la esperanza del hombre.

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