Dic 6 2018
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Despacito por las piedras

Por qué los chilenos somos como somos

¿Por qué los chilenos somos como somos? La pregunta parece sin sentido, pero no lo es. Nuestro carácter tiene genealogía…

Mucha tinta se ha gastado en los dos últimos siglos intentando construir una explicación que satisfaga al respetable público que se interesa en el tema. No ha sido fácil, ni consensual: aún no logran siquiera acercar posiciones los antropólogos, sociólogos, psicólogos, psiquiatras, periodistas, historiadores, escritores y toda la amplia gama de profesionales y no profesionales que han dedicado sus esfuerzos a esa búsqueda. Tal vez los poetas estén más próximos a la verdad. Tal vez.Resultado de imagen para roto chileno

El distinguido ensayista Benjamín Subercaseaux Zañartu –de ancestros franceses y castellano-vascos y Premio Nacional de Literatura 1963– hizo excelentes referencias en algunas de sus obras con relación al carácter de los habitantes del centro del país, especialmente en su libro “Chile, una loca geografía” (Editorial Ercilla, 1940).

Llama la atención del lector insinuando que los nacidos y criados en los territorios comprendidos entre los ríos Aconcagua y Bueno presentaban características negativas que diferían notoriamente de aquellas que destacaban en los habitantes de los extremos del país, especialmente de quienes vivían en la zona norte:

Imagen relacionada“Nuestro ‘roto’ norteño, tan superior al sureño, puede que sea un remanente mezclado de la vieja civilización atacameña y de los pescadores neolíticos del litoral”.

Luego, añade Subercaseaux: “todo lo más fuerte y altivo que ha tenido Chile viene desde ese próximo norte y se va a la capital a interrumpir el sueño dorado del centralismo estéril. Los Recabarren, los León Gallo salen rugiendo de estas serranías para poner en jaque los problemas sociales del Chile medieval (….) por esto la enseñanza y la intelectualidad chilenas han recibido un sólido aporte de estas regiones (…) la región minera es de aquellas que colman de alegría a los que sabemos (muy calladamente, y casi con temor) hasta dónde llegan la entereza y la resistencia orgullosa del chileno nórtico”.

¿Cuál es el origen de las opiniones de Subercaseaux? Lo que ocurrió a partir de la invasión española en América en el siglo XVI.

En un primer momento –digamos una década– a muy pocos españoles les interesó el descubrimiento de lo que aun no se llamaba América. La atención general estaba centrada en la lucha final contra los árabes y en obtener una vía marítima exitosa para el comercio con Oriente. ¿Colón había dado de narices con un territorio lleno de indígenas herejes que comían pescado a medio sancochar y bananas? ¡Pues, a joder a otro sitio con ese asunto… que no daba siquiera para tres patacones!

Mas, no bien esos mismos peninsulares –hambreados y explotados por un sistema social asentado en la procedencia divina del poder político– escucharon la palabra “oro”, se lanzaron en cuerpo y alma a tomar posesión del nuevo mundo para convertir herejes en “sublime obediencia a la Santa Madre Iglesia Católica y mejor estatura de sus magníficas majestades, los reyes de España”. Sin plata y sin oro, muy otra habría sido la Historia del continente americano.

Chile no escapó a la saga de sangre y saqueos. Al no encontrar reservas auríferas importantes, luego de la fracasada expedición de Almagro y la debacle bélica de Valdivia al sur del río Maule, la corona hispana se vio forzada al envío de funcionarios y militares de carrera para cautelar el ingreso oceánico del Estrecho de Magallanes, amenazado por las incursiones piratas estimuladas por su graciosa majestad británica Isabel I.

A diferencia dImagen relacionadae lo ocurrido en otras tierras americanas, sin el arribo de vagabundos aventureros y colonos ansiosos de tierra y oro, fueron el ejército español y la Iglesia quienes le dieron estructura al país. Proliferaron pues las órdenes militares y apostólicas, la obediencia al mando vertical, el respeto irrestricto a la autoridad.

Las primeras ‘ciudades’ fueron ‘plazas militares’, con casas pegadas unas a otras y alzadas en cuadras o ‘manzanas’, así dispuestas a objeto de facilitar su defensa ante los ataques mapuche, la nación originaria más brava e indomable de todo el continente.

No fueron pues civiles aventureros la argamasa de lo que podríamos llamar el ‘país’ que se llamaría Chile. En otros lugares los civiles –comerciantes, agricultores, mineros, etc.– impusieron sus propias leyes y costumbres, y organizaron sus mercados lejos de la estrecha vigilancia de los ejércitos de su majestad el rey de España.

Acá, durante la Conquista y la Colonia, la población estuvo constituida por ‘chilenos’ habituados a obedecer, a ir a misa, a escuchar proclamas y edictos reales, y a respetar una clara diferenciación de clases impuesta desde una España monárquica y beata, Inquisición incluida.post-image

Los conquistadores españoles, mayoritariamente soldados, casi no traían mujeres con ellos. Se amancebaron con las amerindias, asegura Lucía Cifuentes, genetista de la Universidad de Chile. La misma genética confirma que en los primeros 60 años de la Conquista Chile fue un crisol que generó una población mestiza, mezcla de españoles y mujeres indígenas.

Colonos y aventureros civiles en cantidades significativas no hubo sino hasta un siglo más tarde, cuando la idiosincrasia de los habitantes del centro y centro sur del país ya estaba estructurada.

De esa época proviene la mansa obediencia y el pusilánime respeto que los chilenos despliegan ante cualquier “autoridad”, independientemente de cómo esta logró encaramarse en el poder. Quien osaba levantarse contra una autoridad basada en la Biblia y la espada sufría mutilaciones variadas, empalamientos, o simplemente la muerte. La Historia cuenta que, prisionero de Lautaro, Pedro de Valdivia fue objeto del mismo tratamiento antes del mazazo final.

Quienes desembarcaron posteriormente en Chile –vascos, ingleses, italianos, franceses, alemanes– fueron incapaces de modificar significativamente los trazos originales del carácter nacional. Mejor aun, los recién llegados se impregnaron con una sorprendente facilidad de la sumisa paciencia vernácula y la hicieron suya.

Resultado de imagen para mapuchesDe la descripción que Alonso de Ercilla hiciera de los mapuche, una parece corresponder al pueblo originario:

ágiles, desenvueltos, alentados,
animosos, valientes, atrevidos…

cualidades que aun hoy provocan asesinatos alevosos inspirados y protegidos por el Estado.

La otra parte ilustra más bien a la mestiza nación chilena:

duros en el trabajo, y sufridores
de fríos mortales, hambres y calores…

y aguantadores de humillaciones, injusticias y dolores.

La condición de eternos dependientes ha marcado nuestro (sub)desarrollo social, lo que explica las facilidades que encuentran ciertos Imagen relacionadaasuntos “importados” para hacerse fuertes en la mente del pueblo y transformarnos en eternos dependientes de ideas, intereses y normas foráneas.

Primero nos dominaron los incas, luego los españoles, después los ingleses (dueños del salitre, la banca y los puertos), más tarde fue el turno de Hollywood, el rock’n roll, los Kissinger, los Nixon, y ultimamente el de los capitales transnacionales provenientes de EU y Europa, y del pensamiento único originario de Chicago.

Tal entreguismo –plagado de malinchismo racista– ha sido alimentado por quienes dirigen los destinos de la nación, asentados en la quietud servil de los habitantes del país.

Estas son, eso me parece, algunas características que definen, al menos parcialmente, el carácter pusilánime, ‘leguleyo’, cómodo y servil de lo que hoy somos.

Arturo Alejandro Muñoz-Politika

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