Jun 6 2014
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Opini贸nPol铆tica

Portugal, un pa铆s sin abrigo

En el per铆odo posterior al 25 abril de 1974, la mistificaci贸n pol铆tica nunca alcanz贸 los niveles actuales. La mistificaci贸n consiste en hacer creer a alguien una mentira como si fuera verdad. La mentira es que el proceso de la troika termin贸 con 茅xito, que Portugal goza hoy de mejores condiciones para desarrollarse como pa铆s europeo y que la reforma del Estado propuesta garantiza la creaci贸n de una sociedad m谩s equitativa.
Que el 茅xito de la troika sea la otra cara de la hecatombe social que abate a los portugueses empobrecidos; que las nuevas condiciones de desarrollo sean las t铆picas de un pa铆s subdesarrollado (emigraci贸n, trabajo y vejez sin derechos), que hab铆amos dejado de ser; que la reforma del Estado propuesta sea aquella que los pa铆ses latinoamericanos rechazaron durante los 煤ltimos quince a帽os precisamente para construir sociedades m谩s equitativas 鈥搉ada de esto es relevante para los medios de comunicaci贸n o entra en el discurso pol铆tico.

Cuando el pa铆s vive un momento pol铆tico id茅ntico al del verano caliente de 1975, s贸lo que en la direcci贸n pol铆tica opuesta, el Partido Socialista (PS), sin el coraje de entonces, exige que se haga p煤blico el contenido de la declaraci贸n de intenciones con la que se concluyen los trabajos de la troika. No se trata de enfrentar la mentira con la verdad, sino m谩s bien de certificar que la mentira es verdadera. Con raz贸n, el primer ministro, Passos Coelho responde que la declaraci贸n no contiene nada nuevo ni extraordinario. Basta consultar la letter of intent de Irlanda del 29 de noviembre de 2013. La carta es la expresi贸n del compromiso del pa铆s de aceptar como verdades las mentiras mencionadas y de actuar en conformidad a lo largo de las pr贸ximas d茅cadas.

Para entender la fuerza de la mistificaci贸n en curso es necesario situar el momento actual en un contexto hist贸rico m谩s amplio. Tal vez por ser durante siglos una entidad fr谩gil frente el Imperio Otomano, Europa siempre fue muy celosa de sus centros, que idolatr贸, y desde帽osa de las periferias, que demoniz贸. A principios del siglo XIX, el canciller de Austria, Metternich, pronunci贸 una famosa frase: 鈥淎sien beginnt an der Landstrasse鈥 (鈥淎sia comienza en la Landstrasse鈥), que entonces era una calle de los suburbios de Viena. All铆 viv铆an los emigrantes de los Balcanes que, obviamente para los austr铆acos, no eran europeos.

Para entender esto conviene retroceder unos siglos m谩s y observar la relativa rigidez hist贸rica de las relaciones entre centros y periferias en Europa. Un centro mediterr谩neo que no dur贸 m谩s de un siglo y medio (siglo XVI y mitad del siglo XVII) fue suplantado por otro que dur贸 mucho m谩s tiempo y tuvo un mayor impacto estructural. Este 煤ltimo fue un centro con ra铆ces en la Liga Hanse谩tica de los siglos XII y XIII, un centro orientado hacia el Atl谩ntico norte, hacia el mar del Norte y el B谩ltico, abarcando las ciudades del norte de Italia, Francia, Pa铆ses Bajos y, en el siglo XIX, Alemania. Un centro siempre rodeado de periferias: en el norte, los pa铆ses n贸rdicos; en el sur, la Pen铆nsula Ib茅rica; en el sureste, los Balcanes; en oriente, los territorios considerados feudales (el Imperio Otomano y la Rusia semieuropeizada desde Pedro, El Grande). Tras cinco siglos, 煤nicamente las periferias del norte tuvieron acceso al centro, el mismo centro que hoy es el coraz贸n de la Uni贸n Europea.

Este dualismo est谩 m谩s arraigado en la cultura europea de lo que se podr铆a pensar y puede explicar bien algunas de las dificultades sobre la manera en que la actual crisis est谩 siendo abordada. Lo que parece ser s贸lo un problema econ贸mico y financiero tambi茅n es un problema cultural y sociopsicol贸gico. Un ejemplo puede ayudar. Entre los siglos XV y XIX hubo muchos relatos de viajeros y comerciantes del norte de Europa sobre los portugueses y los espa帽oles, as铆 como sobre las condiciones de vida predominantes en el sur de Europa. port claveles otelo

Lo m谩s sorprendente es que estos relatos atribuyen a portugueses y espa帽oles las mismas caracter铆sticas que, en la misma 茅poca, los colonizadores portugueses y espa帽oles atribu铆an a los pueblos 鈥減rimitivos鈥 y 鈥渟alvajes鈥 de sus colonias. He aqu铆 algunas citas ilustrativas del siglo XVIII: 鈥淓l portugu茅s es perezoso, nada industrioso, no aprovecha las riquezas de su tierra, ni tampoco sabe vender las de sus colonias鈥; 鈥渓os portugueses son altos, agraciados y robustos, en su mayor parte muy morenos, lo que resulta del clima y m谩s a煤n del cruce con negros鈥. Es decir, el mestizaje, que los portugueses consideraban la marca benevolente de su colonizaci贸n, se volvi贸 en su contra mediante el prejuicio colonial y racista. Cuando hoy leemos en la prensa alemana noticias y comentarios acerca de los pa铆ses del sur de Europa, es f谩cil comprobar que el prejuicio colonial y racista todav铆a est谩 muy presente.

En el caso espec铆fico de Portugal, su condici贸n de pa铆s perif茅rico en Europa ha tenido hasta ahora tres fases. El momento europeo de rechazo (1890-1930) fue concomitante a la divisi贸n de Africa al final del siglo XIX (Conferencia de Berl铆n, 1884-1885, el ultimatum brit谩nico de 1890), con la intenci贸n de dejar claro que Portugal era un pa铆s sin ning煤n poder para influir en el momento imperialista de Europa, a pesar de ser el detentor del mayor y m谩s antiguo imperio colonial. Portugal era el centro de un imperio integrado en otro mucho m谩s grande, del que el imperio portugu茅s era s贸lo una periferia.

El segundo momento parec铆a de signo opuesto. Ocurri贸 a finales del siglo XX, teniendo como precedente de la Revoluci贸n del 25 de abril 1974 y, como inicio, la adhesi贸n a la entonces Comunidad Econ贸mica Europa en 1986, hoy la Uni贸n Europea (1974/1986-2011). Fue un momento exultante tanto para las 茅lites portuguesas como para los portugueses que confiaron en ellas. Portugal hab铆a sido finalmente aceptada por Europa tras siglos de rechazo y ahora, en pleno fin de la historia, s贸lo cab铆a esperar la plena convergencia con el centro desarrollado de Europa. Y el movimiento de convergencia pareci贸 ser real hasta el a帽o 2000. Digo 鈥減areci贸鈥 porque datos fiables del Deutsche Bank (Discussion Paper N潞 28/2013) muestran que en los 煤ltimos cuarenta a帽os no hubo ninguna convergencia significativa de rendimientos dentro de la UE, a pesar de que puedan identificarse algunas variaciones.

Despu茅s del a帽o 2000, la ignorancia militante de nuestros gobernantes y la insidiosa penetraci贸n del neoliberalismo en el coraz贸n de las instituciones europeas hicieron que las corrientes subterr谩neas de la historia volviesen a la superficie. El tercer momento europeo, iniciado con la llegada de la troika y concluido con su salida (2011-mayo de 2013), parec铆a ser desde el comienzo un nuevo momento europeo de rechazo disfrazado de aceptaci贸n, pero acab贸 siendo el momento de rendici贸n con prisi贸n preventiva y salidas precarias.

Del Deutsche Bank al FMI, los informes son un谩nimes en mostrar que Portugal, lejos de converger, seguir谩 divergiendo de la Europa desarrollada. Es decir, el objetivo de integraci贸n en la UE ha fracasado, un fracaso que, con dosis brutales de mistificaci贸n, se presenta como 茅xito. Despu茅s de la guerra de Vietnam, nunca una derrota se disfraz贸 tan bien de victoria. Dada su nueva condici贸n, Portugal, para no estorbar, debe ser mantenido dentro, aunque desde las afueras, y vigilado.
port crisis
Portugal sale seguro de Europa sujeto por la cuerda del euro y del tratado presupuestario. No puede ir muy lejos. Ocupar谩 un peque帽o lugar en el umbral de las puertas de Europa, un pa铆s sin abrigo por donde pasar谩n regularmente las furgonetas de la sopa humanitaria. 驴Es digno de nosotros, como portugueses y europeos, que no haya alternativas a este estado de cosas? Por supuesto que no. 驴Est谩 el actual sistema pol铆tico-partidario en condiciones de explorar estas alternativas? Claro que no.

Como en democracia siempre hay alternativas, 驴el actual r茅gimen es democr谩tico? No. 驴Hay alternativas democr谩ticas, ya sea a escala nacional o europea, a este r茅gimen autoritario? Claro que s铆. Para ello, es necesario que la 鈥淏alsa de piedra鈥 de Saramago, tan premonitoria, se desv铆e lo suficiente para romper la cuerda o forzarla a dar m谩s margen de libertad al movimiento de la balsa. No hay que olvidar que los perros son los mejores amigos del hombre. El perro de Saramago, Constante, en el momento crucial de decidir, opt贸 por la Pen铆nsula Ib茅rica.

*Profesor portugu茅s. Doctor en sociolog铆a, catedr谩tico de la Facultad de Econom铆a y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Co铆mbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos acad茅micos del mundo

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