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Ago 10 2017
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Política

Primarias en Argentina: más que elecciones, un plebiscito

 

Este domingo 13 se disputan en Argentina elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. Bajo el pomposo nombre de “Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral”, la norma que las regula fue sancionada en 2009. Si bien en la teoría uno de los propósitos de esta pre-elección es la de ser una suerte de pre-selección democrática de candidatos dentro de las distintas agrupaciones, en la práctica esta premisa no se ha cumplido y la mayoría de las listas son únicas, sin competencia interna.

Otro motivo esgrimido en su momento para justificar la ley fue la de “ordenar” el espectro político y fortalecer el sistema partidario, previendo números de afiliaciones más altos para obtener o conservar personería jurídica, recolección de firmas para avalar candidaturas y por último, lograr un piso mínimo de votos (1.5% del padrón) para poder competir en la elección de fondo. Lejos de contribuir a una profundización democrática – como era de preverse – la nueva reglamentación conspiró contra las posibilidades de nuevas formaciones o partidos minoritarios, reduciendo la diversidad de opciones y dando continuidad al chantaje del electorado y a la concentración del voto.

Por último, el modelo partidario de representatividad no se fortaleció en absoluto. Por el contrario, los partidos fueron vaciándose paulatinamente quedando apenas como esqueletos anticuados o sellos de goma, incapaces de contener o atraer el impulso transformador de las militancias jóvenes. Esta decadencia de antiguas formas partidarias llegó al punto del vergonzante  ocultamiento de sus gloriosas siglas a fin de no espantar votantes potenciales.

En rigor de verdad, ese proceso no tiene su origen en esa ni en ninguna otra ley, sino que obedece a la sublevación social contra modalidades y poderes burocráticos incapaces de ceder al empuje de nuevos tiempos que exigen una democratización estructural.

De este modo, desde un punto de vista institucional, las PASO han quedado vaciadas de su contenido original y se convierten en una pulseada preelectoral, una encuesta sobre el humor ciudadano, una suerte de antesala de la elección real a llevarse a cabo en Octubre de este año. ¿Apenas eso? De ningún modo.

Dadas las circunstancias políticas en Argentina, en vista del retroceso social inesperado para algunos, absolutamente previsible para otros, la cita adquiere un alto voltaje simbólico. ¿Qué se juega en ellas? Y en términos más amplios, a escala regional o mundial, ¿cuáles son las implicancias de su resultado?

La facción gobernante encabezada por el empresario Macri, asumió el gobierno en 2015 con una clara inferioridad legislativa, debilidad a la que se sobrepuso de manera relativa, mediante acuerdos y presiones espurias que concluyeron en la traición de un grupo de diputados y senadores al mandato político opositor conferido por un número muy significativo de la población en la elección precedente.

Sin embargo, no contar con mayorías propias o permanentes en las Cámaras atemperó – aunque parezca inverosímil dadas las características antipopulares de las medidas tomadas en los últimos dieciocho meses – la vocación de capitalismo salvaje que anima al gobierno actual. De este modo, el objetivo del gobierno es perfectamente escrutable: lograr en la elección de Octubre acuñar una mayoría legislativa – propia o alquilada – con legitimidad suficiente para profundizar el (des)ajuste social. Si consigue eso, los argentinos se verán con un panorama similar al que actualmente transita el Brasil. En pocas líneas: aumento de la edad jubilatoria y descenso relativo de sus montos, reducción salarial y de derechos laborales, congelamiento o eliminación de subsidios sociales, desinversión pública en salud, educación, vivienda, cultura, ciencia, fuerte desgravación impositiva para las grandes empresas. Todo ello con el fin de abrir a la banca y al empresariado corporativo local e internacional la mercantilización total de la vida colectiva y generar la maximización de beneficios de esa porción minoritaria.

En la vereda de enfrente, los movimientos populares y sus expresiones más progresistas, conscientes de este panorama, apuntarán todas sus fuerzas a frenar este proceso involutivo de exclusión y desintegración social. Al tiempo de recomponer líneas y alianzas luego de la derrota electoral última – que en estas latitudes se traduce en fuga de organizaciones e individuos dependientes en su militancia del grifo gubernamental – la oposición real, encarnada en el kirchnerismo y algunas pocas opciones menores, aspira a impedir en primer término “mayorías automáticas” en el parlamento que habiliten, una vez más, el desguace estatal y la hecatombe social.

De este modo, la clave política de esta elección primaria no está puesta en las candidaturas a escoger, ya que los nombres y los perfiles están ya definidos por ambas estrategias. El resultado, aunque muy posiblemente favorable a la intención opositora de mostrar una fuerte crítica popular a la política en curso, no bastará para hacer fracasar por completo el modelo.

El gobierno, apoyado, aconsejado, protegido y hasta digitado por el hegemón mediático principal, tratará incluso de vender la derrota relativa como un avance, escondiendo a la opinión pública la faceta que menos le convenga y dando mayor relevancia a lo que pueda resultarle favorable a sus designios. Por otro lado, proseguirá impertérrito en su intención de forzar a la sociedad a seguir por el mismo camino, triunfe o no en la elección, con legitimidad o sin ella.

Pero ésta no es tan sólo una lucha local. El propósito de apropiación final del todo social no es un invento del gobierno sino de las corporaciones globales, que lo incluyen pero exceden largamente. Para éstas, el Estado no sólo es un enemigo porque redistribuye parte de los dividendos sociales a los sectores más postergados, como sucedió en la década progresista en Bolivia, Venezuela, Ecuador, Argentina, o Brasil. O bastante antes en Cuba o Nicaragua. En esos lugares y tiempos, millones de personas salieron de la pobreza extrema, del hambre, lograron ampliar derechos, cultivaron su dignidad y construyeron colectivamente cierto grado de autonomía y soberanía en medio de un mundo en decadencia. Malos ejemplos a erradicar so pena cunda la pandemia inclusivista, según los cánones del poder.

Para desgracia de la élite, éste no era el único problema para el desarrollo de “buenos negocios”. El Estado, por entonces, no solamente dejó de ser una herramienta en manos de los poderosos, sino que pasó a ser su principal competidor. Un fuerte competidor que comenzó a gestionar los principales recursos aumentando la disponibilidad de ingresos para invertirlos en el bienestar de las mayorías. Un competidor que amplió el acceso a los servicios y productos para todos a bajo o nulo costo. Imperdonable! Competencia desleal! ¿Pero desleal a quién?

Así es que, en el plano económico, las grandes corporaciones multinacionales decidieron apoderarse del Estado, para que vuelva a servirles como siempre. Para que sea apenas un departamento corporativo más, un anexo. Por la razón o la fuerza, con elecciones o golpes, duros o blandos, como sea. Colocando a sus propios gerentes al frente o a lacayos entrenados en las arduas lides de la banca mundial, toda gente de su confianza, con sus códigos y su cruel frialdad ejecutiva. Insensibles que sólo piensan en que la curva de beneficio de su “company” y las bonificaciones personales que obtienen por ello vayan para arriba, sin importar la tragedia humana y medioambiental generada en su estela. Para los custodios del capital, todo derecho es dádiva injusta y toda tendencia equitativa, populismo o peores e impronunciables “ismos”.

Pero como se supone que los buenos “ismos” ya son historia antigua, que la aspiración de igualdad de oportunidades pertenece a la era pre-muro de Berlín y no a la post-muro de Trump (o de Ceuta, Hungría, Gaza y tantos otros), entonces la vulgaridad se personaliza como “castrismo”, “chavismo” o tantas otras.

Y esta personalización cumple también con una parte esencial del plan, ya que la única defensa posible de los pueblos frente a estos “monstruos grandes que pisan fuerte” es su capacidad de organización, de movilización y la enorme fe que depositan en sus liderazgos. Y esa línea estratégica es la que en definitiva los grupos de poder económicos quieren quebrar. La única trama posible que augura la “sustentabilidad” de su esquema. De ese modo, proscribir, encarcelar, difamar a los líderes sociales se corresponde con diluir la fuerza de la resistencia organizada de los pueblos. Matar la rebeldía es descabezarla y desanimarla.

Los pueblos conquistados deben ser inermes, no tener capacidad alguna de respuesta, regresar a la impotencia absoluta, ser esclavos conscientes de su incapacidad de respuesta.

Para ello el arma imprescindible son los medios masivos de difusión, de convencimiento, de manipulación en conjunto con las deformadas “redes sociales”. No hay mejor esclavo que el que cree elegir su esclavitud, el que se conforma con ella, el que no ve ninguna otra alternativa a su prisión in- y subhumana.

Sin embargo, en esta película de terror cuyo papel protagónico es de los tiranos de traje, hay un último y gran escollo: la raíz cultural de los pueblos latinoamericanos. Pese a todo el esfuerzo publicitario por promover el individualismo y la competencia, las culturas lugareñas conservan fuertes rasgos gregarios, de pertenencia colectiva. La esencial cuota identitaria que hace que el latinoamericano medio adhiera al fenómeno comunitario dificulta la permeabilidad de los conjuntos al engañoso ideal de felicidad que promueve el mundo capitalista. Las cúspides solitarias pueden atraer fugazmente, pero no llegan a la profundidad arraigada en esta región cultural, más proclive en su base social a la solidaridad y la cooperación, aunque no siempre lo parezca.

Por tanto, para imponer la crueldad como máxima virtud y eje de un modelo social depredador y esclavizante, se somete a los pueblos a una colonización cultural, a la imposición de modelos de vida no elegidos, ni coincidentes con la acumulación de memoria histórica. Dividir, diferenciar, y a la vez odiar al diferente. Esquizofrenia social y personal. ¿Cómo asombrarse luego de que crezcan los actos de violencia y la locura?

Ése es el sentido simbólico de esta elección primaria, donde nada pero todo se elige. Es una elección entre la posibilidad de liberación colectiva en lo social, cultural, económico y de estilo de vida frente al sometimiento a las falsas promesas de la libertad egocéntrica.

Es un plebiscito existencial. En contra del gobierno de las corporaciones y la dictadura del capital.


Plebiscitando el  neoliberalismo

Javier Calderón y Bárbara Ester-CELAG

El 13 de agosto se realizarán en Argentina las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) previstas por la Cámara nacional Electoral (CNE) para elegir a los candidatos de cada partido, previo a las elecciones del 22 de octubre. Los comicios de medio término no sólo implican la elección de senadores y diputados nacionales sino que, desde el principio, han sido planteados como una forma de referéndum social del “cambio”  que en 2015 consagró la asunción de Mauricio Macri. El Presidente, por su parte, se ha pronunciado en contra de lo que considera una pérdida de tiempo y de recursos públicos -la realización de las PASO- y a la vez, tal como afirmó en una entrevista en Radio Mitre, considera innecesario que los gobernantes “tengan que interrumpir cada dos años varios meses haciendo campaña”. Por lo antedicho, si bien el oficialismo no espera una reafirmación estridente del cambio, tampoco puede decirse que imagine una derrota contundente.

Si algo caracterizó al oficialismo es la abierta confrontación con la ex mandataria, Cristina Fernández de Kirchner. En los casi dos años de mandato, el gobierno construyó su legitimidad en las antípodas de un enemigo encarnado en CFK, al que se le atribuyeron todo tipo de males aglutinados bajo el rótulo de “pesada herencia”, de modo de esquivar el bulto a la responsabilidad por el cambio de rumbo económico  y político. Cambiemos inició de este modo una agresiva política revanchista, y con el poder mediático y cierto apoyo del Poder Judicial, no dejó pasar un día de su mandato sin invocar la imagen de CFK como la encarnación de la corrupción. Mediante denuncias, procesamientos e imputaciones, todo tipo de artillería –legal o comunicacional- ha sido proferida. A su vez, la coalición oficialista liderada por el Pro inició un fuerte proceso de des-kirchnerización de la sociedad, erosionando los programas sociales de distribución del ingreso, el apoyo a la ciencia y la tecnología, los incentivos para el consumo y la producción, e incluso desde lo simbólico –borrando murales o cambiando el nombre de museos y centros culturales-.

Por otra parte, la moda regional de la lucha contra la corrupción no fue aplicada con rigor cuando se trata del propio Gobierno, y los escándalos de negociados de personajes claves como el propio presidente, la vice presidenta o la incompatibilidad de funciones entre ministros clave –exs CEOS de empresas a las que en funciones beneficiaron alevosamente- no pasaron desapercibidos a pesar del fuerte intento de blindaje mediático. Sin embargo, el punto central para explicar un creciente descontento en buena parte de la sociedad con el actual oficialismo se debe a factores más pragmáticos que ideológicos: la inflación no sólo no bajó sino que ha aumentado exponencialmente el pasado año, el incremento del desempleo, el tarifazo -que supuso un aumento de hasta el 500% de los servicios básicos-, el grotesco endeudamiento y la subida del dólar, hicieron mella en la población.

El mayor error del oficialismo de cara a los comicios ha sido extremar la confrontación y poner en el epicentro de la polarización a la provincia de Buenos Aires, la cual alberga nada menos que el 40% del padrón electoral. CFK tardó en anunciar su candidatura, prácticamente no ha dado entrevistas, no se presenta con su anterior coalición –Frente para la Victoria (FPV)- ni tampoco por el partido de su juventud -el Partido Justicialista (PJ)-. Sin embargo, en todas las mediciones se encuentra encabezando en primer lugar con el frente Unidad Ciudadana -recientemente creado por ella para estas elecciones- con un porcentaje que oscila de 34% a 40%[1]. Esto demuestra que la demonización no ha sido efectiva, al menos para un grueso sector de la sociedad. Mientras tanto, al oficialismo no le ha sido fácil escoger un candidato, y si bien en un principio se habló de la posibilidad de postular a Facundo Manes -un neurólogo con gran capacidad de oratoria en temas de actualidad- éste no aceptó.

Tuvieron que conformarse con el poco carismático Esteban Bullrich, actual Ministro de Educación, quien empezó el año con una fuerte confrontación por la largamente disputada paritaria docente. Si bien se espera que quien pueda mantener a flote la imagen de Cambiemos sea la gobernadora María Eugenia Vidal, lo cierto es que todo parece anunciar una eventual victoria de su mayor adversaria política e ideológica, y que un triunfo ventajoso podría augurar una candidatura en las presidenciales del 2019, complicando los planes de re-elección del oficialismo.

Si bien, según la mayoría de las encuestas, la intención de voto en Buenos Aires estuvo dividida en un principio en tres tercios –CFK, Bullrich y Massa- lo cierto es que el nada virtuoso papel que desempeñó el ex intendente de Tigre -una oposición demasiado complaciente- y la inclusión en el Frente Renovador de personajes como Margarita Stobitzer –vinculada al progresismo, pero también de extracción No peronista- no han traccionado demasiados votos. Además, una pequeña fracción de sus posibles votantes estaría optando por apoyar a Florencio Randazzo, ex ministro de Transportes de CFK muy vinculado al kirchnerismo pero que ha tomado distancia en el último tiempo.

El Pro se encuentra al frente del Ejecutivo Nacional, pero también gobierna dos grandes distritos: la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, mientras que en el resto de las provincias su presencia es aún relativa o debe compartir cartel con su principal aliado: la Unión Cívica Radical. En este aspecto, el politólogo Sergio De Piero sugiere que algunas de las rispideces ocasionadas por el cierre de listas advierten que “Cambiemos continúa una etapa de construcción como coalición política y que los resultados de estas PASO, definirán mucho sobre el futuro de la alianza”[2].

Las PASO en las provincias:

Un eventual triunfo en las PASO de Cristina Fernández en provincia de Buenos Aires, obliga al macrismo a hacer unas buenas elecciones primarias en las demás provincias, para argumentar ante la opinión pública que el proyecto nacional y popular del kirchnerismo está naufragando y que la alianza Cambiemos mantiene su vigor tras dos años de gobierno, apelando a la estrategia del voto útil de cara a las elecciones parlamentarias de octubre. De esta forma, las Paso se convierten en un nada desdeñable  indicador del comienzo de la disputa presidencial, en el cual el papel del  electorado bonaerense es un bastión clave por su peso electoral. Otros distritos de gran relevancia son la provincia de Córdoba, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Rosario y Mendoza, fundamentales por ser los que le siguen en densidad electoral a la provincia de Buenos Aires.

En   Córdoba el macrismo y el peronismo anti-kirchnerista lideran las encuestas: la lista oficialista arroja una proyección electoral del 30,4% y el peronismo provincial del 29,2 %, relegando a Córdoba Ciudadana -la formación del kirchnerismo- a un escueto 9,1%[3]. Lo que evidencia que aún se mantiene la tendencia mayoritaria del electorado cordobés por una opción de derechas, tal como ocurrió en las elecciones presidenciales, donde un poco más del 70% votaron por Macri. En CABA, la situación es favorable al macrismo. Elisa Carrió, quien encabeza la lista de Cambiemos, cuenta con una proyección de entre 38% y 44% de los votantes, siendo la representante con el discurso más beligerante de toda la coalición de gobierno. En Unidad Porteña, donde participan tres listas en las PASO -una liderada por Daniel Filmus, otra por Itaí Hagman, y la de Guillermo Moreno- se proyecta un claro triunfo de la lista de Filmus, obteniendo un total de entre 20,7% y 24 %[4], consolidándose como la segunda fuerza en la ciudad. Por último, Martín Lousteau–ex embajador del oficialismo en EE.UU.- ha intentado participar como candidato aliado de la coalición Cambiemos, sin embargo ante la negativa del frente ha desempolvado Energía Ciudadana Organizada (ECO) -la lista con la que salió segundo en 2015- la cual se ubica en tercer lugar con un 13,7%[5].

En la provincia de Mendoza las encuestadoras dan como ganador en las PASO a Claudia Najul y Luis Petri de Cambiemos con una estimación de entre 38% y  40% de los votos, con una ventaja de 10 puntos por sobre el peronismo. En la interna del PJ se perfila Omar Félix como el virtual candidato, a muy poca distancia de Juani Jofré y relegando ampliamente a Jorge Tanús. La otra formación que aparece en las encuestas con alguna posibilidad es la del Frente de Izquierda, el cual estaría en condiciones de pelear en octubre al menos una banca de diputados[6].

En las demás provincias aún no existen datos demoscópicos confiables para exponer en éste informe, sin embargo,  se encuentra en vilo todo el arco político, pues el próximo 13 se definirán las listas que disputarán en octubre las 127 bancas para diputados nacionales y las 24 para senadores, y sobre todo se proyectará una consulta sobre el respaldo o desaprobación a las políticas del gobierno nacional, dado que según los sondeos de opinión, el 44,2% de los votantes participará en las PASO acompañando a algún partido opositor y el 36,5% al oficialismo, aún faltando por conocer la decisión de la franja de indecisos que es cercana al 19,3%[7]. Las elecciones de medio término se proyectan como el  puntapié inicial de una oposición emergente que busca conquistar al electorado inconforme con las medidas neoliberales del oficialismo macrista, quien necesita reafirmar su rumbo político para lograr implementar el paquete de medidas antipopulares que aún falta por venir.

Notas
[1] https://www.pagina12.com.ar/54827-numeros-sobre-la-mesa
[2] http://www.elpaisdigital.com.ar/contenido/la-pregunta-persistente-son-tiles-las-paso/10083
[3] http://www.infobae.com/politica/2017/08/01/que-vaticina-la-encuesta-electoral-que-analizan-los-empresarios-mas-importantes-del-pais/
[4] https://www.pagina12.com.ar/47639-una-sorpresa-peronista
[5] https://www.pagina12.com.ar/42011-los-numeros-de-la-eleccion-portena
[6] http://www.sitioandino.com.ar/n/239313/
[7] http://www.infobae.com/politica/2017/08/01/que-vaticina-la-encuesta-electoral-que-analizan-los-empresarios-mas-importantes-del-pais/

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