Ene 11 2016
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Opini贸nPol铆tica

Problema de etiqueta

En medio de una serie de reformas timidorras, minoradas, menguadas, atenuadas y finalmente abortadas, apareci贸 como una suerte de 鈥榤adre de las batallas鈥 el anuncio presidencial relativo a la adopci贸n de una nueva Constituci贸n. 鈥淣acida en democracia鈥, como lo puso Bachelet. Justamente: la democracia. Todo un programa.

Se cuenta que Richard Nixon, al encontrarse con Chou en Lai en Beijing (1972), le pregunt贸 qu茅 pensaba de la Revoluci贸n Francesa. Chou contest贸: 鈥淎煤n es demasiado pronto para tener una opini贸n definitiva鈥. Chas Freeman, diplom谩tico estadounidense que presenci贸 la escena cont贸 m谩s tarde que Chou hab铆a confundido la Revoluci贸n de 1789 con Mayo de 1968. Fue demasiado sabroso, dijo Freeman, como para corregir el error.

En efecto, se suele decir que los chinos piensan en el largo plazo 鈥 los milenios 鈥 sin acordarle una importancia desmesurada a las peripecias inmediatas. Como quiera que sea, si tomamos como punto de partida la Revoluci贸n Americana (1775) y la Revoluci贸n Francesa (1789), a la fecha disponemos de una experiencia de m谩s de dos siglos en materia de democracia representativa, o m谩s bien de 鈥渃apitalo-parlamentarismo鈥 como escribe Fr茅d茅ric Lordon para 鈥渞ecordar de qui茅n el parlamentarismo es el sirviente鈥.

La soberan铆a popular, consagrada por dos hechos hist贸ricos mayores, comenz贸 a diluirse no bien se disiparon los humos de los fusiles y los ca帽ones que la hab铆an logrado. La Convenci贸n de Filadelfia en los EEUU, el Consulado y luego el Imperio y la Restauraci贸n en Francia, lograron imponer una democracia representativa que favoreci贸 el poder de la naciente burgues铆a, y garantiz贸 la irrestricta protecci贸n de sus intereses.

El sorteo, modo de designaci贸n de los magistrados que caracteriz贸 la democracia desde la antig眉edad y hasta fines del siglo XIX , le cedi贸 el paso a la f贸rmula preferida de la aristocracia: la elecci贸n. A煤n as铆, pod铆a darse que las mayor铆as expresadas a trav茅s de una elecci贸n no le conviniesen al poder establecido. De ah铆 que ya en el a帽o 446 de nuestra era el Papa Le贸n I resolviese la cuesti贸n gracias un m茅todo expeditivo llamado a perdurar a lo largo de siglos: el dedazo.

En una carta dirigida al Obispo Anastasio de Tesal贸nica, Le贸n I le instruy贸 que si el s铆nodo metropolitano no lograba ponerse de acuerdo, era el metropolita 鈥 o sea 茅l mismo 鈥 qui茅n deb铆a elegir al candidato que a su juicio prevalec铆a por m茅rito y doctrina. El sorteo, considerado como la manifestaci贸n de la voluntad divina y utilizado por la Iglesia hasta el siglo XIII en algunas nominaciones eclesi谩sticas e incluso en las designaciones episcopales, fue definitivamente vetado por el Papa Honorio III mediante la decretal 鈥淓cclesia Vestra鈥.

Gradualmente, a lo largo de siglos, la democracia representativa desplaz贸 la democracia directa, aquella que era ejercida por la ciudadan铆a toda. Ahora bien, el resultado transform贸 a los Estados, como lucidamente se帽al贸 Adam Smith, en estructuras de dominaci贸n al servicio de la clase dominante:

鈥淓l gobierno civil, en cuanto tiene por objetivo la seguridad de la propiedad, es instituido en realidad para defender a los ricos contra los pobres, o bien aquellos que tienen alguna propiedad contra aquellos que no tienen ninguna.鈥

adam smithLa forma de tal dominaci贸n, es decir la forma que adquiere el Estado 鈥 o gobierno civil como lo llamaba Adam Smith 鈥, cambia seg煤n el lugar y la 茅poca hist贸rica. Formalmente, los ciudadanos le entregan el poder al Estado, y lo erigen en garante del inter茅s y la voluntad generales. Te贸ricamente, la ciudadan铆a debiese ser el 煤nico beneficiario de las pol铆ticas impulsadas y plasmadas en la realidad por el Estado. Sin embargo, como queda dicho, un sector de la ciudadan铆a, la oligarqu铆a, secuestra el Estado para hacer de 茅l un simple instrumento de su propia dominaci贸n.

En la presente modernidad, los Estados nacionales terminaron por abdicar de su propia soberan铆a mediante algunos expedientes tan sencillos como decretar la independencia de sus Bancos Centrales, la desregulaci贸n financiera y el monopolio de la financiaci贸n de la deuda p煤blica por los mercados financieros. Ya volveremos sobre el tema.

Fr茅d茅ric Lordon escribe: 鈥渆l poder es un asunto de arreglos institucionales鈥. En efecto, afirma, 鈥淓l poder no es como una sustancia o una 鈥榙otaci贸n鈥 a compartir; el poder es un efecto, y su 鈥榙istribuci贸n鈥 siempre es determinada por la configuraci贸n de las estructuras.鈥

Chile, pa铆s que ostenta el dudoso privilegio de mantener en vigor la Constituci贸n impuesta por una dictadura 25 a帽os despu茅s del regreso formal a la democracia, es un bello ejemplo que viene a confirmar la afirmaci贸n de Lordon.聽 Cronol贸gicamente, la soberan铆a popular fue confiscada por un sector minoritario, cuyos intereses prevalecen por sobre el inter茅s general. Es la llamada oligarqu铆a, sistema caracterizado por ser el gobierno de unos pocos 鈥済eneralmente pertenecientes a una misma clase social鈥.

En cuanto al m茅todo, Montesquieu, como muchos otros fil贸sofos, ya hab铆a comprendido 鈥 en el siglo XVIII 鈥 que 鈥淓l sufragio por sorteo es la naturaleza de la democracia; el sufragio por elecci贸n es la naturaleza de la aristocracia.鈥 El poder legislativo surgido del sufragio 鈥 censitario primero, universal m谩s tarde 鈥 es funcional a los intereses de la oligarqu铆a en el poder. Jean-Jacques Rousseau lo ten铆a claro cuando escribi贸 all谩 por el siglo XVIII: 鈥淟as leyes siempre son 煤tiles para los poseedores, y da帽inas para quienes nada tienen鈥.

M谩s tarde, Tocqueville lo puso a煤n m谩s claro cuando, refiri茅ndose a la masa de electores que va peri贸dicamente a las urnas a escoger a sus patronos, afirm贸: 鈥淪e consuelan de estar tutelados imaginando que eligieron a sus tutores鈥.

La novedad en los tiempos de nuestra tan cacareada modernidad reside en la muerte de la democracia formal, en la confiscaci贸n de hasta la semblanza de soberan铆a que supone ejercer el electorado, en el secuestro del poder por estructuras auto erigidas en dictador supremo y auto calificadas de omniscientes. Una verdadera revoluci贸n que no necesit贸 disparar ni un tiro, ni siquiera reprimir a nadie. Al respecto Fr茅d茅ric Lordon escribe:

Frederic Lordon economista y soici贸logo franc茅s

Frederic Lordon economista y soici贸logo franc茅s

鈥淓s a la sociolog铆a pol铆tica a la que habr铆a que pedirle rendir cuenta de este hecho probablemente inaudito en la historia pol铆tica reciente: Estados soberanos, por s铆 mismos, organizan libre y deliberadamente el ordenamiento institucional que los amputa de su propia soberan铆a. Porque se trata aqu铆 de la creaci贸n voluntaria, contingente, de una situaci贸n que organiza (su) dependencia de los mercados de capitales (al desregularlos, pero tambi茅n cerrando todos los otros medios de financiaci贸n de los d茅ficits) y que somete las pol铆ticas econ贸micas a su juicio director, puesto que los mercados son instituidos deliberadamente como instancia de vigilancia y de normalizaci贸n鈥 鈥

De ahora en adelante, 鈥渓as pol铆ticas econ贸micas se hacen bajo la direcci贸n de los mercados financieros 鈥. Desde luego hay que agregar, 鈥測 en su favor鈥. Los mercados financieros ejercen adem谩s el papel de cancerbero, de fiscalizador de las pol铆ticas econ贸micas y financieras puestas en pr谩ctica por gobiernos d贸ciles. Una de sus armas m谩s visibles, a la vez voluble instrumento de medici贸n y cruel herramienta de castigo, es el 铆ndice de riesgo pa铆s, sometido al juicio exclusivo de las agencias de calificaci贸n de deuda.

Obtener o conservar una Triple A constituye, en vez del bienestar ciudadano, el objetivo principal de las decisiones gubernamentales.
Cotidianamente la prensa nos dispensa noticias en las cuales es cuesti贸n de la reacci贸n de los mercados a la nominaci贸n de tal o cual ministro de Finanzas o a tal o cual medida adoptada por ellos y, ya sea la confianza que le genera a los mercados financieros, ya sea la 鈥渋ncertidumbre鈥 que supuestamente traen consigo, determinan la vida o la muerte del ministro y/o de la medida en cuesti贸n .

ch represion 1973Retomemos ahora la iniciativa presidencial relativa al cambio constitucional en Chile. 驴C贸mo, cu谩ndo y d贸nde recupera el pueblo de Chile la soberan铆a perdida el 11 de septiembre de 1973? 驴C贸mo es posible imaginar que estructuras surgidas y representantes elegidos conformemente a procedimientos, reglas y leyes que son el producto de la mente enfermizamente autoritaria y dogm谩tica de un pu帽ado de neofascistas pudiesen servir de cuna y parteros al nacimiento de una democracia verdadera?

Por otra parte, si los pa铆ses de la Uni贸n Europea sucumbieron por propia iniciativa a la autoridad 鈥 o m谩s bien al autoritarismo 鈥 de los mercados financieros, Chile no les fue a la zaga. Comenzando por las disposiciones constitucionales que definen un Estado subsidiario, o sea in煤til como no sea para transferirle recursos al sector privado, las m谩s de las veces sin contrapartida visible.

Sucesivas reformas al mercado de capitales (los conocidos MK), am茅n de la consagrada independencia del Banco Central y la gesti贸n de los dineros p煤blicos entregada a la banca privada, amputaron al Estado de toda autonom铆a y de toda soberan铆a en materia financiera.

El Consenso de Washington ya hab铆a impuesto el dogma de la independencia del Banco Central para sustraerlo a la influencia de las decisiones pol铆ticas. Joseph Stiglitz comenta: 鈥淐reer posible la separaci贸n de la econom铆a de la pol铆tica y, en un sentido m谩s general, de la sociedad, es, en s铆, una prueba de estrechez de miras鈥.

La independencia del Banco Central, asociada a la imposibilidad del Estado de recurrir a una financiaci贸n directa por parte de su Banco Central, le obliga a pasar por los llamados mercados financieros 鈥 la banca privada 鈥 que se financia, ella, ante el Banco Central. Ese circuito no parece tener otro objetivo que el de generarle un negocio a los mercados financieros, negocio financiado por un Banco Central que hasta no hace mucho era una instituci贸n dependiente del鈥 Estado.

驴Qu茅 fue de la soberan铆a ejercida por el Estado en nombre de la ciudadan铆a? Como queda dicho, fue cedida a los mercados financieros.
Ante los reclamos ciudadanos que exig铆an instaurar algunos impuestos, tasas y/o royalties a la gran miner铆a del cobre, Ricardo Lagos lleg贸 a proferir una enormidad cuyos alcances fueron silenciados por la prensa: 鈥淣o se pueden cambiar las reglas del juego鈥, afirm贸.

Si hay una competencia irrenunciable en materia de ejercicio de la soberan铆a del Estado es precisamente la que toca el r茅gimen impositivo y, en un sentido m谩s general, la determinaci贸n de los presupuestos del Estado. El Estado somete cada a帽o a la aprobaci贸n del Parlamento 鈥 depositario de la representaci贸n ciudadana 鈥 la Ley de Presupuestos. En ella se define por una parte el gasto p煤blico, y por la otra los recursos que lo financian.

Afirmar que el Estado no puede 鈥渃ambiar las reglas del juego鈥 equivale a decir que el Estado y el Parlamento son impotentes. Que tal impotencia se haya transformado en una caracter铆stica de no pocos Estados modernos por dimisi贸n voluntaria, no es una raz贸n que legitime el despojo de su soberan铆a.

El aumento del gasto p煤blico es mal visto por los mercados financieros: el fiscalizador 鈥 o sea el mercado 鈥 arruga el entrecejo y mandatarios d贸ciles y obedientes como Ricardo Lagos obtemperan.

El aumento de los recursos del Estado v铆a r茅gimen impositivo tambi茅n es mal visto por los mercados financieros. La reacci贸n del mercado es la misma: no conviene potenciar la capacidad financiera p煤blica, eso genera 鈥渋ncertidumbre鈥, y por consiguiente los mandatarios d贸ciles y obedientes acatan.

Justo despu茅s se decreta que como no hay plata hay que concesionarle los servicios p煤blicos al sector privado. Hay que 鈥渃oncesionar todo lo concesionable鈥, expector贸 el hombre que parece haberle encontrado una nueva funci贸n a su famoso dedo acusador.

鈥淣o hay plata鈥 es el mantra de quienes, como Ricardo Lagos y Enrique Correa buscan ampliar el 谩mbito posible de los negocios privados. La afirmaci贸n 鈥淣o hay plata鈥 no explica porqu茅 no la hay en un pa铆s que por lo dem谩s se complacen en presentar como un ejemplo de 茅xito planetario.

鈥淣o hay plata鈥 es una afirmaci贸n que hay que discutir a la luz de los astron贸micos beneficios de la gran miner铆a que durante d茅cadas partieron al extranjero sin pagar un d贸lar de impuestos. Andr茅s Velasco se alegra, y exclama orgulloso que Chile es un pa铆s exportador de capitales鈥 (sic).

鈥淣o hay plata鈥 es una excusa, un pretexto para no modificar un r茅gimen impositivo que hace de Chile un verdadero para铆so fiscal para las multinacionales y las grandes fortunas. Es sabido que el promedio de la carga impositiva en los pa铆ses de la OCDE oscila entre 33% y 50% de los respectivos PIB, mientras en Chile llega apenas a un 20%. 驴No hay plata?

Ser铆a oportuno inquietarse del destino de m谩s de 250 mil millones de d贸lares acumulados por los trabajadores asalariados en sus planes de pensi贸n mal administrados por las AFP. 驴No hay plata?

ch afp2Recientemente la prensa de Santiago, obediente y d贸cil como ninguna y poco sospechosa de desear contrariar los intereses de sus propietarios, anunciaba que la deuda global de las empresas chilenas alcanza el 121% del PIB, esto es una suma superior a 365 mil millones de d贸lares. 驴No hay plata?

驴De d贸nde sale tal generosidad para financiar un pu帽ado de multinacionales? Lo digo porque esa masa de cr茅dito no ha sido ofrecida ni a la peque帽a ni a la mediana empresa. 驴No hay plata? Sabemos qui茅n pagar谩 la cuenta en caso de morosidad: los mismos que pagaron la quiebra del sistema financiero chileno en el a帽o 1982, o sea el pueblo de Chile.

La misma fuente (el Banco central en su Informe de Estabilidad Financiera) se帽ala que el endeudamiento de los hogares supera el 61% de su ingreso disponible anual. El endeudamiento de los hogares creci贸, en el curso del a帽o 2015, a una tasa del 7%. Deuda que se suma a la deuda, deuda que se interrelaciona con la otra deuda 鈥 la de las empresas 鈥 y que constituye un peligro latente.

La estabilidad exigida por los mercados financieros tiene que ver con la posibilidad de recuperar esos cr茅ditos, prioridad primera y absoluta. Prioridad que determina las pol铆ticas econ贸micas desde fuera del gobierno y del Estado. 驴Soberan铆a?

Hagamos una vez m谩s la pregunta que molesta: 驴C贸mo, cu谩ndo y d贸nde recupera el pueblo de Chile la soberan铆a perdida el 11 de septiembre de 1973? Y agregu茅mosle una cuesti贸n suplementaria: 驴Qu茅 soberan铆a?

En el microcosmos que se agita exigiendo una nueva Constituci贸n, por v铆a de una Asamblea Constituyente en el caso de los m谩s l煤cidos, no se advierte una reflexi贸n de fondo en torno a estas cuestiones.

Hace ya alg煤n tiempo tuve la ocasi贸n de escribir que, una vez determinada la estructura institucional que elimina hasta las m谩s m铆nimas expresiones de la soberan铆a ciudadana, da igual qui茅n sea el presidente de lo que no me atrevo a calificar de Rep煤blica.

Lo mismo ocurre con un Parlamento de opereta, constituido por parlamentarios demasiado frecuentemente venales, que aceptaron d贸cilmente las reglas del juego impuestas en la Constituci贸n que les permite ser cooptados (en este caso no conviene hablar de elecci贸n) mediante el sistema binominal.

Como sostiene Fr茅d茅ric Lordon, las decisiones que importan, 鈥 aquellas que tocan a la econom铆a, a la distribuci贸n (m谩s bien a la concentraci贸n) de la riqueza creada y a la (in)existencia de controles y regulaciones financieras 鈥, son tomadas fuera de los circuitos gubernamentales y a menudo fuera del 谩mbito nacional.

No en vano Samuel Huntington, el aburrido ide贸logo de un imaginario choque de civilizaciones, refiri茅ndose a las elites que manejan las finanzas, o sea el poder a escala planetaria, asimil谩ndoles a quienes frecuentan Davos, afirm贸 que 鈥渘o se preocupa(n) de lealtad nacional, ve(n) las fronteras nacionales como obst谩culos que afortunadamente est谩n desapareciendo, y los gobiernos nacionales como residuos del pasado cuya 煤nica funci贸n consiste en facilitar las operaciones de la elite global鈥.

Huntington, en este caso, sabe de qu茅 habla: de los gobiernos impotentes y serviles que he descrito en estas p谩ginas.

驴C贸mo podr铆a un gobierno asimilado a un residuo del pasado cuya 煤nica funci贸n consiste en facilitar las operaciones de la elite global, 鈥 gobierno que dimiti贸 de sus prerrogativas m谩s elementales 鈥, organizar el (re)ordenamiento institucional que le devolviese la soberan铆a al pueblo ciudadano?

Es lo que me llev贸 a titular esta nota 鈥淧roblema de etiqueta鈥. La formulaci贸n de la iniciativa presidencial no corresponde ni a la intenci贸n ni a las posibilidades de un gobierno que mal aglomera fuerzas pol铆ticas dis铆miles, cuya 煤nica fuerza centr铆peta es la conservaci贸n del poder y los privilegios que lo acompa帽an.

Una vez m谩s el Ejecutivo, con su presidente a la cabeza, intenta vender un contenido que no corresponde a lo que declara la etiqueta del contenedor.

La permanente y vana agitaci贸n de este y otros gobiernos pasablemente in煤tiles, su incesante cacareo que no es el preg贸n de ning煤n huevo, me hacen recordar una frase de una escritora polaca, Barbara Skarga, que en su texto 鈥淧enser apr猫s le Goulag鈥, hac铆a la siguiente reflexi贸n: 鈥…porque mientras m谩s d茅bil es una autoridad, m谩s le hace falta manifestarse para afirmarse.鈥

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