Ago 24 2012
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Propietarios y gestores del capital

Entre las muchas situaciones que enmara√Īan el escenario pol√≠tico y crean dificultades en el trazado de estrategias emancipatorias destacan los cambios en las formas de dominaci√≥n y en la estructura de las clases dominantes. El neoliberalismo, asentado en el dominio del capital financiero, representa un salto cualitativo en la opacidad de los modos de opresi√≥n y dominaci√≥n y en las formas de extracci√≥n de plusvalor.

En América Latina no abundan los trabajos que busquen comprender las nuevas complejidades del capitalismo. Sin embargo, el ascenso de la conflictividad social y de las luchas de clases en la región ha acelerado procesos que en otras partes del mundo se habían registrado con varias décadas de antelación. Me referiré apenas a uno de ellos: la aparición, al costado de la burguesía, o sea de los propietarios de los medios de producción, de una creciente camada de administradores o gestores del capital.

Casi 70 por ciento del capital financiero global est√° constituido por fondos de pensiones. Se trata de millones de trabajadores que vuelcan sus ahorros en dichos fondos pero que, aun siendo sus propietarios, no son ellos quienes los administran sino peque√Īos grupos de gestores que, en los hechos, toman las decisiones sobre d√≥nde invertir y reciben por ello cifras millonarias. Esta camada juega un papel relevante en el mundo de hoy, aun sin ser los due√Īos del capital.

La separaci√≥n entre propietarios y gestores no es nueva. En las fases iniciales del capitalismo la clase de los gestores se encontraba fragmentada seg√ļn campos y, en el interior de cada uno, por instituciones y unidades econ√≥micas distintas, sin que los grupos as√≠ formados se relacionaran rec√≠procamente, escribe Jo√£o Bernardo en Economia dos conflitos sociais (Express√£o Popular, 2009, p. 283).

Esa dispersión de los gestores incrustados en cada unidad productiva fue mutando a lo largo del siglo XX hasta convertirse en una fracción decisiva con el modelo neoliberal. Las luchas de clases jugaron un papel relevante en ese cambio a través de revoluciones como la rusa y la china, pero también impulsando el ascenso de los demás países emergentes convertidos en potencias globales agrupadas en la sigla BRICS.

La característica distintiva de los emergentes es el predominio de un capitalismo de Estado en el cual los administradores toman las grandes decisiones, incluyendo al más capitalista de ellos, Brasil. Los nuevos y los viejos gestores representan hoy al capital mundial colectivo que funciona de manera global e integrada. A diferencia de los patrones individuales, representan la globalidad del capital.

En paralelo, las luchas sociales han debilitado a la burguesía de los propietarios del capital, que se han visto forzados a delegar en sus administradores. El plusvalor global generado por los trabajadores se reparte ahora entre esas dos fracciones. La virtud de la crisis abierta en 2008 es que sacó de la sombra las gigantescas retribuciones que perciben los gestores.

Esta bifurcación tiene resultados inesperados para el conflicto social. Quisiera detallar algunos de ellos, sin la esperanza de agotarlos.

La primera es la que advierte el historiador chileno Gabriel Salazar, cuando se√Īala que el capitalismo neoliberal y posfordista no tiene a√ļn la teor√≠a que lo explique, y menos la que pronostique su evoluci√≥n posterior (Latinoamericamente, Quimant√ļ, 2011, p. 73). No s√≥lo vamos detr√°s de las volteretas del capitalismo para entenderlas y actuar, sino que en esta etapa nos est√° ganando la incertidumbre porque seguimos pensando con base en paradigmas que se han evaporado.

La segunda es que una porción de la conflictividad social en el continente es, en realidad, una serie de combates entre los propietarios y los gestores, aunque las líneas de demarcación no siempre son nítidas. Una parte sustancial de los burgueses tradicionales pretenden retomar el control del aparato estatal, gobernado ahora por los gestores a los que habitualmente llamamos progresismo.

La tercera, es que los gestores suelen apelar a los sectores populares para conseguir la fuerza suficiente como para acotar a los propietarios, y esa fuerza la encuentran sobre todo entre los sindicatos, que han sido importantes proveedores de administradores del capital.

La cuarta es que el posfordismo ha producido cambios en las estructuras de los de abajo. Todo lo orgánico fue desarticulado, dice Salazar, en alusión a los sindicatos y los partidos de izquierda, pero también la sociabilidad popular, al punto que hoy las sociedades son zonas de penumbras y contornos porosos, donde las fronteras, e identidades, son resbaladizas o no existen.

Mientras el presidente de Chile, Sebasti√°n Pi√Īera, es un claro exponente de la burgues√≠a de los propietarios de los medios de producci√≥n, el peruano Ollanta Humala gestiona los intereses de las multinacionales aunque no tiene ninguna participaci√≥n en ellas. Sin embargo, son casos extremos. Lo com√ļn son las situaciones intermedias.

Casos extra√Īos se producen cuando los sectores populares tienen la suficiente fuerza como para derrotar a los burgueses y someter a los gestores a su proyecto pol√≠tico. A nivel del Estado-naci√≥n esto ha sucedido durante breves periodos, hasta que los gestores recuperan el tim√≥n de mando.

Quiz√° el caso m√°s paradigm√°tico sea el de Brasil, donde una potente camada de sindicalistas, sobre todo bancarios, se han convertido en gestores de los fondos de pensiones que ya controlan buena parte de las multinacionales brasile√Īas y el principal banco de fomento del mundo, el BNDES. Los tres gobiernos del Partido de los Trabajadores est√°n modelados por la alianza entre gestores, propietarios y burocracia estatal.

Probablemente las m√°s importantes luchas populares actuales, desde la resistencia al proyecto minero Conga en Per√ļ hasta la hidroel√©ctrica Belo Monte en Brasil, se registran en contra de los gestores del capital. Es un nuevo periodo, en el que vamos a tientas, abriendo brecha en la espesura in√©dita.

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