Ene 9 2019
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Opini贸nPol铆tica

Pueblos de Am茅rica: Con la paz no se juega

Este 10 de enero, el actual presidente de la Rep煤blica Bolivariana de Venezuela, Nicol谩s Maduro, asumir谩 de pleno derecho su segundo mandato. Derecho y mandato otorgado por m谩s de 6 millones de venezolanos en las 煤ltimas elecciones, en la que venci贸 por amplio margen al ex gobernador del Estado Lara Henri Falc贸n, al pastor Jorge Bertucci y a Reinaldo Quijada.

En esa elecci贸n votaron 9.389.000 personas, representando algo m谩s del 46% del total del padr贸n electoral. Una cifra relativamente baja para Venezuela, que suele ostentar porcentajes de participaci贸n mucho m谩s altos que la mayor parte de los pa铆ses de la regi贸n. Como par谩metro comparativo, en la anterior elecci贸n presidencial (2013), la participaci贸n fue cercana al 80% y, si bien no es dado comparar elecciones de distinto tipo, en la legislativa (2015), con un padr贸n ligeramente m谩s grande, vot贸 un 74%.

En 2018, los sectores de oposici贸n radical decidieron no presentarse denunciando irregularidades en el proceso como adelantamiento de la fecha electoral, cortedad de tiempos de campa帽a, conformaci贸n parcial del Consejo Nacional Electoral, no participaci贸n de 鈥渕isiones electorales independientes鈥 (sin duda en referencia a la OEA, organismo financiado en un 60% por EU), la existencia de inhabilitaciones formales y de acceso igualitario a los medios de comunicaci贸n p煤blicos y privados. Llamaron a la abstenci贸n y al boicot electoral.

De haber sido as铆, en realidad, nada hay en estas quejas que no suceda habitualmente en las democracias capitalistas, en las que la derecha y los partidos conservadores siempre llevan la ventaja. Cuentan con medios exclusivos y hegem贸nicos, requisitos electorales que benefician a los partidos que representan al poder establecido, autoridades electorales afines y un aparato de propaganda electorera millonario, junto a t茅cnicas clientelares y extorsivas que sofocan toda voluntad democr谩tica. As铆 que, 驴a qu茅 la queja?. O mejor dicho, 驴por qu茅 no se usa la misma vara para unos y otros?

Sin embargo, lo que la oposici贸n venezolana nunca dijo 鈥 entre sus denuncias de 鈥渇alta de democracia鈥- es que ella misma viene generando acciones golpistas desde el mismo 2 de Febrero de 1999, en la que Hugo Ch谩vez Fr铆as asumi贸 su primer mandato presidencial. Que esos mismos sectores impulsaron el paro petrolero y el golpe de 2002, que fueron los que no reconocieron el resultado electoral en 2013. Que motorizaron la campa帽a 鈥淟a Salida鈥 (2014), cuyo nombre indica a las claras su objetivo antidemocr谩tico.

Que con el mismo fin se propusieron bloquear medidas estrat茅gicas de gobierno a partir de su mayor铆a en la Asamblea Nacional y alentaron de manera c贸mplice las 鈥済uarimbas鈥 de 2017, las que fallaron en su prop贸sito 鈥 una vez m谩s golpista 鈥 de incitar una insurrecci贸n popular.

Lo que la oposici贸n nunca denunci贸 fueron los intentos golpistas de min煤sculos grupos armados contra instalaciones del Estado o las intrigas de militares sediciosos, ni tampoco rechaz贸 con la firmeza necesaria el magnicidio frustrado contra el primer mandatario leg铆timo de la naci贸n. Lejos de ello, pusieron en duda el hecho, llamaron a 鈥渋ntervenir Venezuela鈥, convocaron repetidamente a la agresi贸n abierta contra la propia naci贸n y su poblaci贸n.

Lo que la misma oposici贸n calla, en conjunto con los pa铆ses gobernados por la derecha y agrupados en el Grupo de Lima, es que la elecci贸n -como lo se帽al贸 horas despu茅s del evento la corresponsal de Pressenza Rosi Bar贸- se produjo en el contexto de 鈥渦na hiperinflaci贸n inducida por el d贸lar paralelo, con un escandaloso remarque diario de precios que vuelve sal y agua el salario, un bloqueo econ贸mico que impide el arribo de alimentos y medicinas y genera desabastecimiento y hambre en los m谩s vulnerables; Acaparamiento y contrabando de productos subsidiados con la intenci贸n de generar descontento y malestar cotidiano en la poblaci贸n; Contrabando de gasolina y dinero en efectivo hacia Colombia; Sabotaje descarado, apoyado y aupado por el gobierno vecino. Y como si todo eso no fuera suficiente, con un paro de transporte el d铆a de la votaci贸n鈥.

Lo que el cartel de medios privados mundiales nunca declar贸, es su absoluta responsabilidad en la demonizaci贸n de gobierno de Nicol谩s Maduro, con miles de notas insidiosas y concertadas en las que no se mencionaron las conquistas sociales, las mejoras en la salud, la educaci贸n o la vivienda. Titulares que nunca comentaron la propuesta chavista de desconcentrar el poder, empoderando la organizaci贸n popular en miles de comunas. Informaci贸n parcial, que jam谩s incluy贸 como variable de an谩lisis la dignidad adquirida por el pueblo llano en tiempos de revoluci贸n, pueblo que fue vejado durante m谩s 40 a帽os por un pacto entre partidos de la 茅lite, que les permitieron gobernar alternativamente sin visos de democracia alguna.

Lo que la oposici贸n no dice, ni dir谩, es que m谩s all谩 de las contradicciones evidentes y hasta l贸gicas que produce toda revoluci贸n, su accionar ha sido monitoreado y maniobrado por agencias extranjeras, por intereses injerencistas, que no tienen que ver con los intereses de la poblaci贸n venezolana, que comenz贸 a tomar conciencia de su propia fuerza y sus derechos inalienables gracias al empuje del chavismo.

La democracia venezolana ha atravesado en 20 a帽os 23 procesos electorales, incluyendo revocatorias de mandato, elecciones de Asamblea Constituyente, municipales, regionales, legislativas y presidenciales. Con errores y aciertos ha demostrado ser fiel a la voluntad popular. Para erigirse en fiscal o juez de sus bondades o carencias, habr铆a que contar con credenciales con las que el sistema democr谩tico hoy, como puede verse, no cuenta.

Lo que s铆 nos compete y con urgencia, es alertar sobre el riesgo que corre la paz en nuestra regi贸n y la responsabilidad de cada uno de salvaguardarla.

Los peligros que corremos

Es innegable el avance de la derecha pol铆tica, del macartismo y los discursos de intolerancia y odio. No se puede ocultar que, entre los principales cr铆ticos del gobierno de Venezuela se encuentran exponentes de la violencia descarnada como el militarismo al acecho en el gobierno electo de Brasil o el paramilitarismo latente en la real gobernanza de la administraci贸n Duque en Colombia.

Se encuentran entre 茅stos, gobiernos en crisis como el de Guyana, cuyo primer ministro ha sido recientemente removido por la p茅rdida de confianza de su parlamento o gobiernos con pron贸stico de inestabilidad como el de Vizcarra en Per煤, inmerso en una estructural podredumbre institucional. Gobiernos en bancarrota como el de Macri en Argentina. Gobiernos como el de Honduras o el de Guatemala, cuya legitimidad es cuestionada abiertamente por amplios sectores del pueblo e incluso por instancias internacionales. Gobiernos notoriamente ligados a tradiciones autoritarias y represivas como los de Chile y de Paraguay. Dif铆cilmente cabr铆a a cualquiera de ellos el t铆tulo de 鈥減aladines de la democracia鈥. Mucho menos, el derecho a sumarse a la inquisici贸n de otros gobernantes antes de limpiar las toneladas de paja en el ojo propio.

Pero sobre todo ello, el sello que lleva esta ofensiva contra los gobiernos de izquierda de la regi贸n, es el inter茅s estadounidense de desterrar a la competencia china de Am茅rica Latina y el Caribe, de barrer con todo bloque de integraci贸n regional e internacional que se oponga a su irracional apetencia imperial, adem谩s de disponer a sus anchas de una enorme riqueza de recursos, que le permita recuperar terreno en la esfera econ贸mica y geopol铆tica.

La Revoluci贸n Bolivariana en Venezuela ha sido precursora de la soberan铆a y la cooperaci贸n intraregional. Ha desafiado junto a otros gobiernos de izquierda y progresistas al colonialismo de la OEA. Eso ha desatado una virulenta reacci贸n destructiva por parte del Occidente neocolonial de EU y Europa.

El prop贸sito de esta reacci贸n no ha sido en absoluto respetuoso de procedimientos democr谩ticos, salvo cuando 茅stos los beneficiaban. Por el contrario, la regla ha sido infringir la legalidad, manipulando medi谩ticamente la opini贸n p煤blica, persiguiendo y marginando opositores, financiando actores afines, convalidando elecciones fraudulentas, promoviendo activamente cambios de gobierno e invadiendo naciones independientes, como ha quedado demostrado a lo largo de toda la historia regional y mundial.

Desde esa perspectiva se ha ido asfixiando al pueblo venezolano, creando un cerco diplom谩tico, medi谩tico, econ贸mico y militar, para debilitar el apoyo popular y de las fuerzas armadas al gobierno bolivariano.

Pese a que todo esto ha alcanzado proporciones muy serias, no ha logrado desestabilizar a un amplio n煤cleo revolucionario, que reclama transformaciones y autocr铆tica, pero sigue apostando por un camino que permita profundizar las conquistas alcanzadas y retomar la senda de un mayor empoderamiento popular y la consiguiente descentralizaci贸n del poder.

Sin embargo, la actual configuraci贸n de fuerzas pol铆ticas en la regi贸n, la desesperaci贸n opositora, la avidez estadounidense y cierto cansancio en parte de la poblaci贸n por las circunstancias econ贸micas adversas, podr铆an derivar en el peor escenario: escaramuzas de bandera falsa o acci贸n mercenaria en zonas fronterizas que encendieran la chispa de un incendio dif铆cil de apagar.

Prevenir la guerra en Am茅rica Latina y el Caribe

Cualquier conflicto armado en Venezuela devendr铆a en guerra civil con incontables muertos, heridos, mutilados, la paralizaci贸n econ贸mica y la destrucci贸n extendida de infraestructura.

Cualquier escenario armado en Venezuela desplazar铆a a millones de personas, generando una correntada enorme de refugiados hacia otros pa铆ses de la regi贸n. Cualquier enfrentamiento de esta clase provocar铆a la cat谩strofe humanitaria que tanto invocan los irresponsables, que a salvo se saben en tierras extranjeras, si lo peor se desatara.

Una confrontaci贸n b茅lica en Am茅rica Latina fortalecer铆a en todos los pa铆ses el nacionalismo y la intolerancia, producir铆a un aumento autom谩tico en los presupuestos y en el protagonismo militar, reduciendo a煤n m谩s las posibilidades de desarrollo y de democracia. Los beneficiarios ser铆a los mercaderes de la muerte, los fabricantes de armas y de ning煤n modo los pueblos.

La guerra oscurecer铆a los conflictos sociales, dirigiendo la mirada a una confrontaci贸n ficticia entre hermanos, beneficiando as铆 al poder establecido.

La explosi贸n de un evento armado desatar铆a una peligrosa polarizaci贸n, con la sumatoria en bandos de fuerzas aliadas, lo cual desembocar铆a en un conflicto internacional cuya extensi贸n es dif铆cil de calcular. Cada estallido, en la situaci贸n actual de intemperancia y competencia en el tablero mundial, puede escalar y producir un domin贸 de dimensiones globales.

La derivaci贸n de un acontecimiento tan fat铆dico ser铆a el inmediato recorte de toda libertad personal y el ejercicio brutal de la violencia. Eso es lo que se est谩 fomentando al promover la agresi贸n, m谩s all谩 de toda ret贸rica argumental y toda declaraci贸n hip贸crita.

Cualquiera que fuese el supuesto vencedor de tan mort铆fera contienda, el resultado ser铆a un aumento del resentimiento, la desuni贸n y la imposibilidad de construir bienestar social. Las guerras no traen ganadores ni democracia, s贸lo pobreza, hambre, dependencia y deseos de venganza.

驴Hace falta abundar m谩s? S铆, pero en el di谩logo, en el esclarecimiento, en la concertaci贸n, en la resoluci贸n pac铆fica de conflictos, en la convergencia de la diversidad, en propuestas que conlleven creaci贸n y no destrucci贸n. Es necesario abundar en la superaci贸n de la injusticia, la desigualdad, la discriminaci贸n y toda forma de violencia. Hace falta abundar desde todos los pueblos de Am茅rica, latina, caribe帽a y tambi茅n desde los pueblos del Norte, en la irrestricta defensa de la Paz. A eso estamos llamados. De eso somos responsables.

*Investigador del Centro de Estudios Humanistas de C贸rdoba y comunicador en la agencia internacional de noticias Pressenza.

 

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