Ago 12 2012
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Ambiente

Qu茅 reclamar al capitalismo neoliberal en crisis

El gran desaf铆o es c贸mo procesar la transici贸n rumbo a un mundo postcapitalista liberal, entendido como un sistema social que est茅 orientado por el Bien Com煤n de la Humanidad y de la Tierra, que sustente toda la vida y que exprese una relaci贸n nueva de pertenencia y de sinergia con la naturaleza y con la Tierra.

La crisis del neoliberalismo ha alcanzado el coraz贸n de los pa铆ses centrales que se arrogaban el derecho de conducir no solo los procesos econ贸mico-financieros sino tambi茅n el propio curso de la historia humana. Es la crisis de la ideolog铆a pol铆tica del estado m铆nimo y de las privatizaciones de los bienes p煤blicos, pero tambi茅n del modo de producci贸n capitalista exacerbado en extremo por una concentraci贸n de poder como nunca antes se hab铆a visto en la historia. Estimamos que esta crisis tiene car谩cter sist茅mico y terminal.

El genio del capitalismo siempre ha encontrado salidas para su prop贸sito de acumulaci贸n ilimitada. Para eso ha usado todos los medios, inclusive la guerra. Ganaba destruyendo y ganaba reconstruyendo. La crisis de 1929 se resolvi贸 no por la v铆a de la econom铆a sino por la v铆a de la Segunda Guerra Mundial. Ese recurso parece ahora impracticable, pues las guerras son tan destructivas que podr铆an exterminar la vida humana y gran parte de la biosfera. Pero no estamos seguros de que, en su insania, el capitalismo no use este medio.

Esta vez surgen dos l铆mites insuperables, lo que justifica decir que el capitalismo est谩 concluyendo su papel hist贸rico. El primero es el mundo lleno, es decir que el capitalismo ha ocupado todos los espacios para su expansi贸n a nivel planetario. El otro, verdaderamente insuperable son los l铆mites del planeta Tierra. Sus bienes y servicios son limitados y muchos no renovables. En la 煤ltima generaci贸n quemamos m谩s recursos energ茅ticos que en todas las generaciones anteriores, nos asegura el analista italiano Luigi Soja. 驴Qu茅 haremos cuando estos alcancen un punto cr铆tico o simplemente se agoten? La escasez de agua potable puede poner a la humanidad frente a la destrucci贸n de millones de vidas.

Las regulaciones y los controles propuestos hasta ahora han sido simplemente ignorados. La Comisi贸n de la Naciones Unidas para la Crisis Financiera y Monetaria Internacional, cuyo coordinador era el premio Nobel de Econom铆a Joseph Stiglitz (llamada Comisi贸n Stiglitz) realiz贸 un gran esfuerzo desde enero de 2009 para presentar reformas intrasist茅micas de cu帽o keynesiano.

En ella se propon铆a una reforma de los organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial) y de la OMC (Organizaci贸n Mundial del Comercio). Se preve铆a la creaci贸n de un Consejo de Coordinaci贸n Econ贸mica global del mismo nivel que el Consejo de Seguridad, la constituci贸n de un sistema de reservas globales para contrapesar la hegemon铆a del d贸lar como moneda de referencia, la instituci贸n de una fiscalizaci贸n internacional, la abolici贸n de los para铆sos fiscales y del secreto bancario y, por 煤ltimo, una reforma de las agencias de certificaci贸n. Todo fue rechazado. La ONU acept贸 solamente la constituci贸n permanente de un Grupo de Expertos de Prevenci贸n de las Crisis, al que nadie da importancia, porque lo que realmente cuenta son las bolsas y la especulaci贸n financiera.

Esta constataci贸n decepcionante nos convence de que la l贸gica de este sistema hegem贸nico puede hacer que el planeta no sea ya amigable para nosotros, y llevarnos a cat谩strofes socio-ecol贸gicas muy graves, hasta el punto de amenazar nuestra civilizaci贸n y la especie humana. Lo cierto es que este tipo de capitalismo, que en la R铆o+20 se revisti贸 de verde con el objetivo de poner precio a todos los bienes y servicios naturales y comunes de la humanidad, no tiene condiciones a medio ni a largo plazo para garantizar su hegemon铆a. Otra forma de habitar el planeta Tierra y de utilizar sus bienes y servicios deber谩 surgir.

El gran desaf铆o es c贸mo procesar la transici贸n rumbo a un mundo postcapitalista liberal, entendido como un sistema social que est茅 orientado por el Bien Com煤n de la Humanidad y de la Tierra, que sustente toda la vida y que exprese una relaci贸n nueva de pertenencia y de sinergia con la naturaleza y con la Tierra.

Es necesario producir, pero respetando el alcance y los l铆mites de cada ecosistema, no meramente para acumular sino para atender, de forma suficiente y decente, las demandas humanas. Es importante tambi茅n cuidar de todas las formas de vida y buscar el equilibrio social, sin dejar de pensar en las futuras generaciones que tienen derecho a una Tierra preservada y habitable.
No cabe en este espacio lanzar alternativas en curso. Nos atenemos a lo que es posible intrasist茅micamente, ya que no hay como salir de 茅l a corto plazo.

Asistimos al hecho de que Am茅rica Latina y Brasil, en la divisi贸n internacional del trabajo, est谩n condenados a exportar lo que se extrae de sus minas y commodities, bienes naturales como alimentos, granos y carnes. Para hacer frente a este tipo de imposici贸n deber铆amos seguir los pasos ya sugeridos por varios analistas, especialmente por un gran amigo de Brasil, Fran莽ois Houtart, en su reciente libro con otros colaboradores: Un paradigma poscapitalista: el Bien Com煤n de la Humanidad (Panam谩 2012).

En primer lugar, dentro del sistema luchar por normas ecol贸gicas y regulaciones internacionales que cuiden lo m谩s posible los bienes y servicios naturales importados de nuestros pa铆ses; que traten de su utilizaci贸n de forma socialmente responsable y ecol贸gicamente correcta. La soya es para alimentar primero a la gente, y solo despu茅s a los animales.

En segundo lugar, cuidar nuestra autonom铆a, rechazando el neocolonialismo de los pa铆ses del Centro que nos mantienen, como anta帽o, en la Periferia, subalternos, agregados y meros suplentes de lo que les falta en bienes naturales. Antes, debemos cuidar de incorporar tecnolog铆as que den valor a帽adido a nuestros productos, crear innovaciones tecnol贸gicas y orientar la econom铆a, primero, hacia el mercado interno y, luego, al externo.

En tercer lugar, exigir a los pa铆ses importadores que contaminen lo menos posible sus ambientes y que contribuyan financieramente al cuidado y a la regeneraci贸n ecol贸gica de los ecosistemas de donde importan los bienes naturales, especialmente de la regi贸n amaz贸nica y del cerrado.

Se trata de reformas y todav铆a no de revoluciones. Pero ayudan a crear las bases para proponer un paradigma distinto que no sea la prolongaci贸n del actual, perverso y decadente.

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