Dic 24 2017
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Política

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¡Qué semana! En Argentina pasó lo que tenía que pasar

Argentina acaba de transitar una de las semanas más importantes del año. Hubo de todo. La aprobación de algunas leyes entre las que se destacan aquellas vinculadas a modificaciones en los cálculos de haberes previsionales, cambios en materia tributaria y la ratificación de los pactos fiscales con los gobernadores, fueron grandes triunfos del gobierno. Las tensas movilizaciones populares, en Plaza del Congreso y otros varios puntos del país, los cacerolazos de los sectores medios, las broncas en las barriadas, incluidos algunos saqueos, son la contracara –casi natural- de las leyes que el gobierno logró aprobar.

Nada de lo ocurrido es gratuito, todo ello dejará secuelas. Da la impresión que ellas opacan el triunfo electoral. Seguramente en la mesa navideña se hablará más de estos hechos y sus consecuencias que de la resonancia de lo ocurrido en octubre y las perspectivas del oficialismo para el 2019.

Trataremos de penetrar al interior de algunos de estos sucesos para ayudarnos a entender, un poco más, lo que está pasando. Ahí veremos desfilar el tema de los acuerdos del gobierno con los gobernadores; el comportamiento del peronismo; las propias contradicciones del gobierno y la relación existentes entre la situación social, las movilizaciones, junto a la violencia callejera, su impacto en los reclamos y las diferentes modalidades de la respuesta oficial.

Acuerdo gobierno y gobernadores

El gobierno, para aprobar las leyes que necesitaba, jugó –como carta principal- el aval de los gobernadores. Están las fotos y el Pacto Fiscal, como testigos de ese acuerdo. Luego de la votación y cuando revisaron los números de la votación se encontraron con que no todos habían cumplido del modo que el gobierno esperaba. En eso, que para el gobierno fueron defecciones, se encuentran las razones del fracaso de la sesión del jueves 14 y la escasa diferencia (10 votos) de la sesión del lunes 18. Las mayores críticas apuntan a los gobernadores de: La Rioja, San Juan, Santa Fe y Santiago del Estero. En cambio el gobierno se sintió satisfecho con la respuesta que tuvo por parte de los legisladores cuyos votos habían comprometido los gobernadores de Catamarca, Córdoba, Entre Ríos, Misiones, Salta y Tucumán.

En el gobierno había un tema que provocaba pánico. Era el temor que la represión provocara alguna víctima fatal. Ello podría haber echado por tierra toda la ingeniería arduamente construida por el oficialismo. Algunos legisladores comentaban que ése era su límite para seguir apoyando a la propuesta oficial.

El comportamiento del peronismo

El comportamiento del peronismo, demanda algunas aclaraciones. Una cosa es el de sus legisladores y otro el de la calle, aunque –obviamente- ambos se cruzan. Pero, desde ambas perspectivas, hay un par de cuestiones compartidas.

Lo principal es que el debate de estas leyes, particularmente la vinculada al tema de los jubilados, encontró a la mayor parte del peronismo en la oposición. Eso se manifestó de un modo generalizado y allí confluyeron figuras bastante diferenciadas del amplio espectro que abarca esa fuerza política. Eso llega al punto que el propio Presidente puso la mirada de sus críticas políticas en algunas afirmaciones de figuras como las formuladas por la diputada Graciela Camaño, quien escudándose en Nelson Mandela justificó las rebeldías populares. En la misma dirección el gobierno imaginó, de un modo cercano a teorías conspirativas más que análisis político, que Sergio Massa tuvo una fuerte incidencia en la dirección opositora de la mayoría de las expresiones peronistas. Ambos dirigentes poco y nada tienen que ver con el kirchnerismo.

La otra consideración que dejaron los hechos de esta semana fue el débil protagonismo de la ex Presidenta, aunque debe suponerse que tuvo un fuerte nivel de decisión en el comportamiento legislativo de sus huestes. Esta vez el peronismo se unió al masivo grito callejero de “Unidad de los trabajadores y al que no le gusta…se jode…jode”. El silencio de Cristina ayudó a este despliegue y su ausencia de las consignas masivas facilitó esa unidad. ¿Esto será expresión de una  nueva estrategia o fue un hecho meramente coyuntural? Tal vez la grave situación judicial por la que atraviesa la familia no haya contribuido a una participación más significativa.

Las propias contradicciones del gobierno

Lo ocurrido con Elisa “Lilita” Carrió, el día jueves de la otra semana, dejó profundas huellas al interior del gobierno. Ese día hubo -no uno sino tres- planteos de Carrió que dejaron mal parado al Presidente Mauricio Macri. Uno fue el pedido de levantar aquella sesión, lo que finalmente sucedió. Otro fue comunicar la existencia de un Bono, cuando tal decisión no se había publicitado y por último el aviso que su fuerza política no convalidaría resolver esa situación mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU).

Todo ello era demasiado. Es posible que ese corto circuito no se discuta ahora. Pero la sensación amarga que esa contradicción deja en el gobierno tardará en disiparse. En el gobierno tuvieron que volver a tomar nota de la autonomía con la que esta señora se maneja. Por ahora Macri ha comprendido que su calculado estoicismo permite absorber esos desajustes, que pueden servir para mostrar la diversidad al interior del propio gobierno, pero hay una pregunta que flota en el ambiente del oficialismo ¿cuántas veces más se podrá reproducir esa imagen contradictoria, públicamente planteada… la unidad de la alianza de Cambiemos cuánto aguanta?

Movilización y represión: sus variantes y efectos

Distintos actores sociales y políticos fueron protagonistas esta semana de reclamos realizados de diferentes modos y con distintas respuestas represivas. Es posible que el impacto de estos hechos, junto a los recuerdos que los mismos, trajeran -a la memoria colectiva- los transformara en el hecho más trascendente de los últimos días.

El Martes 12 un par de miles de manifestante, contrarios a la reunión de la OMC, se dieron cita en el centro porteño. Se trataba mayoritariamente de jóvenes de sectores medios, activistas políticos de grupos de izquierda. Al final se produjeron algunos hechos de violencia con varios detenidos.

El miércoles 13, varias decenas de miles de trabajadores de la economía popular, agrupados en la CTEP se reunieron en una marcha multitudinaria en la Avda. 9 de Julio. Al final, cuando algunos intentaron acampar en la Plaza del Congreso, para repudiar la Ley que se discutiría al día siguiente, fueron desalojados.

El jueves 14, decenas de miles de personas ocuparon la Plaza del Congreso. Allí estaban las organizaciones sociales y políticas. Sectores medios y jóvenes de las barriadas soportaron una durísima represión de la Gendarmería. Ello motivó la suspensión de la sesión parlamentaria y una generalizada condena al accionar represivo.

El lunes 18, otra vez la Plaza del Congreso fue centro de una importante movilización. Al revés de lo ocurrido el pasado jueves 14, ahora fue puesta en la primera línea la Policía de la Ciudad. Ésta soportaría que algunos manifestantes respondieran a sus avances con una lluvia de proyectiles arrancados de una Plaza rota. Durante una hora las fuerzas policiales debieron soportar esa situación, que terminó con varios policías heridos. El gobierno dejó a la vista de todo el mundo, TV mediante, a los policías sobrepasados por los manifestantes.

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Era una forma de victimizarlos para justificar y darle legitimidad a la dura represión posterior. Muchos militantes populares la padecieron en sus cuerpos. En algunos casos con secuelas permanente, como la pérdida de algún ojo. Esa misma noche en avenidas porteñas y centros del Gran Buenos Aires, miles y miles de personas de clase media, salieron con sus cacerolas. A las 3 de la mañana del día martes había varios miles en la Plaza del Congreso y sus alrededores reeditando aquel 19 y 20 de diciembre del 2001, que puso fin al gobierno de Fernando de la Rua. Como las condiciones no son las mismas ello no sucedió. Pero quedó instalada, en la conciencia colectiva,  una perspectiva de la fuerza que había confluido y de sus perspectivas. Ese es un piso sobre el que se montaran luchas futuras. En las barriadas pobres, la situación que se vive hizo que nadie se molestara por algunas virulentas y reacciones de los grupos movilizados.

El gobierno está respondiendo de dos modos complementarios. Por un lado, fortaleciendo y ampliando la entrega de comidas y el pago de un bono a los trabajadores de la economía popular. Por el otro amenazando con mayores penalidades para sancionar a quienes protagonicen esas forma de resistencia popular. Pedir que se les aplique la figura de sedición, como han hecho algunos fiscales, es un dato a tener presente.

Por ahora pasó lo que tenía que pasar. Si siembras vientos, cosecharás tempestades. Pero nadie sabe la evolución y el destino final de esta situación.

 

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