«Quién controla al agua, controla la vida… Controla el poder»

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Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Pregunta: Cada vez más el Planeta ¿enfrenta una polarización creciente, casi sin retorno?

Leonardo Boff: Da la impresión que las fuerzas dominantes nos llevan a un caos sistémico. Lo grave es que el sistema ha desarrollado el principio de la auto destrucción. Eso no existía antes en la humanidad.

¿Lo dice por las guerras? ¿O es algo más amplio?

LB Hay quienes bajo la hegemonía de la potencia militarista dominante, quieren desarrollar una guerra infinita y para ello han montado una máquina de la muerte. Pero son cobardes, porque lo hacen contra los débiles como Iraq o Afganistán. No lo pueden hacer contra China o Rusia porque eso sí sería el fin de la humanidad.

De continuar el terror económico, que es la explotación mundial de los recursos de la tierra de los países periféricos, que son la mayoría, vamos irremediablemente hacia una gran crisis del sistema. Que no logra hoy su hegemonía por medio de la persuasión y de los argumentos. Y por eso tiene que usar la violencia, militar, política, religiosa, ideológica, de los medios de comunicación, del cine, de la cultura, imponiendo su visión.

Nos confrontamos a una especie de “hamburguerización” de la cultura mundial, impulsada desde los Estados Unidos y desde Occidente. Espero que no sigamos el destino de los dinosaurios, es decir que la especie humana pueda ser eliminada.

Las fuerzas de abajo

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P: A pesar de ese panorama preocupante, ¿hay esfuerzos diferentes, de amplios sectores de la humanidad que buscan alternativas?

LB Claro, ¡por suerte! Las fuerzas que vienen de abajo, que encuentran su caja de resonancia por ejemplo en el Foro Social Mundial de Porto Alegre. Es la sociedad civil mundial con sus movimientos y organizaciones, sectores importantes de partidos, iglesias, ONG, que piensan en otro mundo. Que afirman que no estamos condenados a esa monocultura de la dominación impuesta por el sistema vigente.

¿Cómo interpretar todo esto?

LB Como un proceso. Es muy probable que nazca otro tipo de conciencia, primero, y que se fortalezca con prácticas y redes de articulación de los que sueñan y apuestan a utopías, hasta plantear alternativas. Y este es el sentido de esta gran ola en movimiento. Nosotros no tenemos la hegemonía. Pero el sistema dominante tampoco la tiene. Hay una real crisis de hegemonía. Eso hace que este momento histórico sea de crisis pero no de tragedia. Depende de nosotros convertirlo en un salto cualitativo. Si no lo logramos, entonces sí será una tragedia muy peligrosa.

Retomo algo del pensamiento de Hegel en su filosofía de la historia. El ser humano aprende de la historia que no aprende nada de la historia. Aprende todo del sufrimiento. Todos estamos sufriendo mucho y ojalá que este padecimiento no sea en vano. Que sea el dolor del parto de una nueva forma de vida social planetaria.

La consigna de otro mundo posible identifica desde hace cinco años al Foro Social Mundial. En tanto espacio altermundialista por excelencia, ¿cuáles son las dinámicas o iniciativas a mejorar?

LB A mi juicio, el tiempo de sembrar y de soñar está transitando su camino. En estos años hemos acumulado visiones, fortalecido redes. Y ahora pienso que hay que comenzar a dar pasos en lo concreto.

Sería importante llegar a dos o tres puntos de convergencia mundial, y ponerse a presionar, y actuar y vivir ya una alternativa.

Si no lo hacemos corremos el riesgo de que los foros sean encuentros muy interesantes, muy alegres, pero patinaremos sobre nosotros mismos. El riesgo de contentarse con esto que es muy bello pero insuficiente.

Nos puede pasar como al Vaticano cuando el papa ve la plaza de San Pedro totalmente llena y piensa que todos son católicos. Cuando en realidad una gran parte son turistas que llegan con programas de agencias de viaje para ver al papa, no por fe sino por turismo. No se debe caer en ilusiones.

Consensos mínimos, luchas contundentes

¿En qué y cómo «ser más concretos»?

LB Pienso en dos puntos donde se puede llegar a consensos. El primero, el agua. Es uno de los aspectos clave de la humanidad. Sólo el tres por ciento de todo el agua es potable y de ese porcentaje sólo el 0,7 es accesible al consumo humano. Y de ese mínimo, un 80 por ciento va a la agroindustria y queda un escaso 20 por ciento destinado a la conservación de la vida, las plantas, los animales.

Vamos hacia una gran crisis del agua que va a ser peor que la de los alimentos. Porque sin agua una persona en cinco días se deshidrata y muere…

Alrededor del agua hay que promover un pacto social mundial que no existe. Luchar de forma estrechamente articulada contra la privatización. Hay una corrida frenética de las transnacionales hacia la privatización, porque saben que quien controla el agua controla la vida y quien controla la vida tiene el poder.

Debemos impedir que el agua entre en el mercado como un producto más. Debemos confrontar al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional, quienes piden la privatización de ese vital elemento como condición para asignar créditos a los países más débiles.

Tenemos que imitar a los indígenas bolivianos que hicieron correr a las transnacionales francesas.

¿El segundo punto?
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LB Una enorme alianza contra la guerra. Atención, contra la guerra, no por la paz. A su manera Bush y Pinochet también quieren un tipo de paz.

Hay que pronunciarse contra la violencia de la guerra como instrumento de “solución” de conflictos y de “orden”. Imponer el diálogo diplomático a todo nivel; impulsarlo en la familia, en las comunidades, entre Estados. Evitar la violencia que es uno de los peores productos del patriarcado. Y entonces, promover el diálogo incansable, el intercambio, todo eso que favorezca a la cooperación y a la solidaridad, contra la competencia que es la lógica del sistema.

Esos son dos puntos donde todos podríamos estar a favor. Y ahí hay que militar. Hacer grandes manifestaciones. Presionar a los Estados, a las empresas, a los cuarteles. Denunciar todo lo que es militarismo. Abuchear a los militares donde aparecen.

Crear una nueva conciencia práctica de una humanidad que ensaya ya, en concreto, pasos en dirección de un paradigma nuevo de civilización.

Teología de la Liberación y altermundialismo

En tanto, uno de los padres fundadores de la Teología de la Liberación (TdL), Leonardo Boff analiza en este diálogo el presente de la misma, “su estado de salud” y los desafíos comunes con el pensamiento altermundialista.

En la última semana de enero y dos días antes que comenzara la quinta edición del FSM en Porto Alegre, se realizó en esa misma ciudad, un foro mundial de teólogos de la liberación. ¿Qué dejó de nuevo este hecho, de cara al futuro?

LB Este encuentro mostró el pulso, el ritmo de la Teología de la Liberación. Hay que subrayar, porque no es evidente para muchos, que ésta sigue existiendo, está muy viva y es mundial. No son hoy muchas las teologías que tienen presencia en todos los continentes, tanto en el sur como en el norte. Comprobamos en Porto Alegre que ha conocido un desarrollo interno, porque todo lo que está vivo, activa un diálogo permanente con la realidad. No trabaja con certezas sino con juicios prudenciales, pastorales, como se dice en el dialecto teológico.

Cuando menciona ese desarrollo interno, esos cambios ¿se refiere a diferentes etapas o momentos en la historia de la Teología de la liberación?

LB A más de 30 años de distancia observamos como tres etapas. La primera generación, la de Gustavo Gutiérrez, Juan Luis Segundo, Ronaldo Muñoz, la mía, enfatizó mucho en el pobre económico. Incorporamos una lectura crítica de la realidad con elementos del marxismo, por ejemplo, que nos ayudaron a comprender la estructura y funcionamiento de las clases.

En el fondo, para comprender que el pobre no es un pobre, sino un empobrecido. Su pobreza es el resultado de mecanismos económicos.

La segunda generación, ha descubierto los diferentes rostros de la pobreza: el indígena, con un gran peso cultural sobre su espalda; el negro, con el trasfondo de siglos de esclavitud; las mujeres que sufren una cultura patriarcal desde hace casi 20 mil años. A partir de los 90, con la creciente alarma ecológica planetaria, muchos desarrollaron una eco-teología de la liberación.

Yo, particularmente, me empeñé mucho en esto y publiqué un libro programático, que se tradujo en varios idiomas, que se tituló: Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres. Ahí se presenta un teología que ayuda a superar la agresión y opresión contra el ecosistema. No se trata de una nueva dimensión sino especialmente de una nueva mirada sobre la totalidad, desde la tierra, desde la humanidad… Ver como la teología puede colaborar junto con otras fuerzas para que la humanidad sea más libre.

Porque tenemos sólo esta casa. No se puede mandar a los pobres a vivir a la Luna o a Marte. Tenemos que resolver aquí los problemas que son nuestros.

Entonces, en cierta forma, el foro de teólogos, permitió encontrar esas diferentes expresiones…

LB Sí. Hay grupos que luchan contra la pobreza concreta; otros están más en lo cultural y así diversos acentos. Esto muestra la vitalidad de la Teología de la Liberación. Otro punto a subrayar, la tercera generación es mucho menos teórica que las anteriores, pero tal vez está más insertada en la pastoral. Diría que hacen la teología de la pequeña liberación, en lo cotidiano, desde las comunidades.

Viendo los valores de la Teología de la Liberación, ¿no sería el momento de imaginar una nueva “Teología del Altermundialismo”?

LB Desde el principio nuestra apuesta fue que una nueva sociedad es posible. Y que se trata de liberarnos de esta sociedad capitalista, neoliberal, que explota, en sus distintas variantes, desde hace siglos. Buscando una sociedad más integrada y humana. Algunos lo formulaban en el marco del socialismo. Nosotros, en Brasil, más en el marco de una democracia participativa, más radical, no solamente representativa. Estos parámetros siempre estuvieron presentes.

Lo que resolvimos en enero en Porto Alegre es que nuestros encuentros seguirán al Foro Social Mundial.

Queremos pensar juntos con los demás sobre el futuro de la humanidad y también aportar elementos sobre nuestras tradiciones espirituales, éticas, que pueden completar la visión más global. No tenemos ninguna arrogancia ni pretensión de hegemonía.

¿Eso quiere decir, una teología modesta, de servicio, de acompañamiento?

LB Sí. Se puede decir que los cristianos en general tenemos el discurso de la liberación muy articulado, pero la práctica de la liberación son otros los que la hacen. Y nosotros queremos hacerla juntos. Hay que ser humildes, cooperativos, no apartarse de un movimiento global.

Finalmente y esencialmente, que sirva al pueblo. El pueblo es humilde, no tiene arrogancias ni tiene una visión imperial del mundo.

Quiere que se creen las condiciones mínimas para que cada uno pueda comer dos veces por día; tener su casita; mandar a sus hijos a la escuela; poder hacerlos atender cuando están enfermos.

La pequeña utopía de la dignidad mínima de los seres humanos de la cual hay que estar bien cerca.

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* Periodista, colaborador de UNITE, plataforma ONG de voluntariado solidario Norte-Sur-Norte

Gentileza de: ALTERCOM.

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