Abr 30 2012
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AmbienteEconomíaSociedad

Raúl Krauser: Producir enfrentando al agronegocio es posible


El campesinado brasileño siempre ha formado parte de la “estrategia de otros”, desde los señores feudales hasta el capital industrial y el agronegocio. El Plan Campesino que se propone como una construcción dinámica tanto en el campo como en la ciudad es un intento por generar, una estrategia propia como aporte a los cambios estructurales en Brasil.

Así lo entiende el Movimiento de Pequeños Agricultores de Brasil (MPA), organización integrante de Vía Campesina con presencia en 17 estados del país y cuyo perfil es la producción, aunque con un claro proyecto político como orientación, dijo en entrevista con Radio Mundo Real Raúl Krauser, del estado de Espíritu Santo e integrante de la conducción del movimiento.

En el marco de la 5ta. Fiesta Nacional de las Semillas Criollas que organizara el MPA en la región extremo oeste del estado de Santa Catarina en el mes de abril, una veintena de delegadas y delegados internacionales recorrieron algunas familias guardianas y multiplicadoras de semillas cuya producción es remitida a la Unidad de Beneficiamiento de Semillas (UBS) que construyera y gestiona el Movimiento.

Con capacidad de procesar unas 10 mil toneladas al año, esa UBS y la red de campesinos, técnicos y demás integrantes del Movimiento que le dan sostén representa una clara muestra de que enfrentar la avalancha de transgénicos y semillas industriales, e incluso exportar semillas de la producción campesina a otros estados como fue el caso de Venezuela en 2011, estando en pleno ojo del huracán del agronegocio, es posible siempre y cuando, exista un proyecto político vigente.

La maldición de la estrategia

“Debemos saber lo que se conoce como la ‘maldición de la estrategia’, es decir que si tú no tienes una estrategia política, no te preocupes, serás parte de la estrategia de otro” y los pequeños agricultores familiares campesinos quieren ser los constructores de esa estrategia, explicó Krauser.

El Plan Campesino representa precisamente eso: un proyecto político que implica al mismo tiempo que se denuncian los efectos del capitalismo salvaje en la agricultura, lograr una propuesta construida colectivamente y actualizada al calor de la lucha política.

“Nuestro Plan Campesino es nuestro referente de dónde estamos, dónde queremos llegar y qué camino vamos a seguir”, explica Krauser. “Es la propuesta del campo para una nueva sociedad, que es por lo que luchamos”.

El papel histórico que para las élites brasileñas ha cumplido el campesinado es brindar mano de obra barata para la producción industrial urbana, al mismo tiempo que producir comida a bajo precio –autoexplotándose- para mantener reducidas las tasas de inflación. “Esto ha sido así históricamente y no ha cambiado con los gobiernos que hemos tenido recientemente en el país. Los programas que existen hoy para el campesinado sólo buscan que los campesinos sobrevivan en esas condiciones mientras las ciudades se preparan para recibir esa mano de obra”, bajo el concepto de que hay lugar para 60 mil familias en el campo y no para ocho millones como actualmente existen, analiza el MPA. Sin embargo, Krauser señala que la realidad es otra: aquellos municipios donde existen mejores condiciones de vida son precisamente los que tienen mayor peso en su periferia de campesinos viviendo y produciendo.

“Si tenemos un campesinado fuerte, tendremos posibilidad de producir alimentos en cantidad y calidad para todos, manejando el carbono, enfriando el planeta y generando empleo y desarrollo económico genuino también en las ciudades”, insiste.

Para ello la medida estructural indispensable es la reforma agraria, incluida en ella la planificación de la producción y su comercialización y la movilización para que no más campesinos sean desplazados de sus tierras para la concreción de megaproyectos.

“Cuando el campesino no logra establecer una relación directa con quien consume sus productos, allí se produce una explotación, tanto del campesino como del habitante de la ciudad, que paga mucho por el alimento mientras el campesino recibe muy poco”.

Asimismo, Krauser señala que aquellos logro a nivel de incidencia en el Estado requieren para funcionar correctamente la presencia fuerte de las organizaciones de base, dado que el Estado en sí mismo ha sido construido para garantizar la ganancia del agronegocio, no de los campesinos. Las organizaciones se encuentran en muchos casos cubriendo los vacíos del propio Estado.

Ética y Plan Campesino

El Plan Campesino es teórico, entonces, pero también práctico. Es político, por cierto, pero también ético. “¿Queremos consumir algo que viajó 7000 kilómetros hasta mi mesa, que está plagado de agroquímicos o acaso algo sano y producido a nivel local?”. A preguntas como esa pretende dar respuesta el Plan Campesino.

“Cuando un campesino siembra una semilla de maíz criollo es una lucha contra la trasnacional, concreta. En Rio Grande del Sur, 300 mil kilos de alimentos al mes producidos por nosotros van a los barrios pobres de la ciudad, otro tanto en Espiritu Santo, en Bahía beneficiando miel, etc. Es decir no podemos esperar a cambiar la sociedad para hacer nuestras propuestas, tenemos que demostrar que es posible ir construyendo lo nuevo mientras intentamos superar lo viejo”, indica finalmente el dirigente del MPA.

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