May 3 2019
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Economía

Repartiendo el peak oil

Hace unos pocos d√≠as, un importante representante de la industria hizo una afirmaci√≥n bastante curiosa. Se estaba hablando sobre el futuro de la producci√≥n y suministro de gas natural en los EU, y √©l, comentando sobre las dudas y reparos que generaba esta cuesti√≥n, dijo: ¬ęEstas dudas parecen propias de cuando cre√≠amos en el peak gas¬ę.

Afirmaci√≥n curiosa por varios motivos. Primero, porque plantea que el pico del gas es una materia de opini√≥n o, peor a√ļn, de creencia, cuando en realidad la √ļnica cosa que es cuestionable es la fijaci√≥n de la fecha precisa en la cual se producir√° esa efem√©rides. Otra cuesti√≥n que plantea esa afirmaci√≥n es que en √ļltima instancia est√° presuponiendo que la cantidad de gas disponible para su uso industrial en la Tierra es virtualmente infinito, cuando eso es una aberraci√≥n l√≥gica que adem√°s ser√≠a indeseable por el problema ambiental que se generar√≠a. Pero en realidad lo que es interesante de esta afirmaci√≥n es el esfuerzo que se est√° haciendo en Occidente en negar una realidad que no es ya inminente, sino que ya estamos inmersos en ella.

Podr√≠a decirse que la afirmaci√≥n de que el gas natural es virtualmente infinito (algo completamente absurdo) est√° motivada por la necesidad. La necesidad es la que plantea la ya indisimulable llegada al peak oil, o m√°ximo de producci√≥n de petr√≥leo. Para entender mejor d√≥nde estamos, conviene aqu√≠ hacer un peque√Īo repaso de c√≥mo han evolucionado las previsiones sobre la producci√≥n de petr√≥leo que la Agencia Internacional de la Energ√≠a (AIE) – la cual, recordemos, siempre ha intentado ser muy optimista en sus proyecciones de futuro – ha formulado durante los √ļltimos a√Īos.

En 2010 la AIE reconoc√≠a por primera vez que la producci√≥n de petr√≥leo crudo hab√≠a tocado techo hacia 2005-2006. De acuerdo con la previsi√≥n de aquel a√Īo, se esperaba que la producci√≥n de petr√≥leo crudo se mantuviera estable, constante alrededor de los 70 millones de barriles diarios (Mb/d), hasta 2035 y que por tanto el crecimiento de la producci√≥n de petr√≥leo en los a√Īos ulteriores al 2010 depend√≠a de la capacidad de producir otros hidrocarburos l√≠quidos alternativos, lo que habitualmente se conoce como ¬ępetr√≥leos no convencionales¬Ľ.

En 2012 la AIE reconocía (con bastante discreción, eso sí) que la producción de petróleo crudo ya estaba bajando lentamente, asumiendo que para 2035 la producción de petróleo crudo sería 5 Mb menor que en 2005 (una caída de solo el 7%). Evitar el peak oil de todos los líquidos del petróleo quedaba por tanto fiado a la evolución de los hidrocarburos no convencionales.

En 2013 la AIE, en vista de los anuncios de la industria sobre la reducci√≥n de su inversi√≥n en la exploraci√≥n y desarrollo de nuevos yacimientos petrol√≠feros, mostraba una gr√°fica tremebunda, en la cual se observaba una ca√≠da muy r√°pida de la producci√≥n de todos los l√≠quidos del petr√≥leo si no llegaba una inversi√≥n suficiente a tiempo. A√ļn no era la previsi√≥n central de la AIE, simplemente un toque de atenci√≥n: todo un aviso a navegantes que sin embargo no hizo cambiar los planes de desinversi√≥n por parte la industria, la cual obviamente no quer√≠a inmolarse por un bien com√ļn mayor.

En 2016, por primera vez la AIE muestra una previsi√≥n en la que se ve decrecer la producci√≥n de todos los l√≠quidos del petr√≥leo. Para no hacer la cosa a√ļn m√°s alarmante la gr√°fica no muestra la previsi√≥n para los siguientes 25 a√Īos (que es el horizonte temporal que usa la AIE en sus previsiones) sino que lo dejaba en 9 a√Īos escasos, hasta 2025. Con todo, la gr√°fica era muy significativa.

Y en 2018 la AIE parece arrojar definitivamente la toalla. De entrada, preve que de aqu√≠ a 2025 la producci√≥n de todos los l√≠quidos del petr√≥leo sea hasta un 34% inferior a la demanda esperada para aquel a√Īo, guarismo que se podr√≠a reducir a un a√ļn grave 14% si EU pudiera multiplicar su producci√≥n de petr√≥leo de fracking por 3 y se produjeran algunas otras mejores inveros√≠miles en el resto del mundo. En este contexto, la AIE alerta que una sucesi√≥n de picos de precios de aqu√≠ a 2025 es inevitable.

En el mismo informe de 2018 se muestra una gr√°fica, √©sta s√≠ sobre el horizonte de 25 a√Īos, que ense√Īa como evolucionar√≠a la producci√≥n de petr√≥leo si no se recupera la inversi√≥n. Creo que la gr√°fica se comenta sola.

Por tanto, hay una cosa que debe de quedar clara: la discusión ya no es cuándo se va a producir el peak oil. La fecha exacta puede todavía variar en algunos meses, pero de manera práctica ya se ha producido. Es algo que ya está aquí. Seguir discutiendo cuándo se va a producir es contraproducente. No solo eso: es una distracción. Una distracción que a algunos interesa, pero que en realidad no sirve a nadie. Porque en este momento la cuestión no es cuándo va a comenzar a bajar la producción de petróleo, sino cómo se va a repartir ese descenso de producción. O, dicho de otro modo, quienes tendrán que asumir una mayor reducción de su disponibilidad de petróleo mientras que otros mantienen la suya intacta o incluso crece.

El reparto del peak oil no solo no es una cuesti√≥n accesoria, sino que de hecho va a ser lo m√°s importante en la discusi√≥n. Los medios de comunicaci√≥n est√°n transmitiendo y continuar√°n haci√©ndolo una imagen confusa de la realidad, lo cual no solo es lo m√°s conveniente para los grandes poderes econ√≥micos, sino que por desgracia¬† acomoda bien con los intereses de las clases medias de Occidente, que van a preferir creer que no pasa nada hasta que la debacle petrolera les llegue de pleno. Como tantas veces me he encontrado, mucha gente en Espa√Īa asume que el problema del peak oil ni es tan importante ni es tan urgente porque simplemente no les est√° afectando a ellos, a pesar de que, como digo, no es algo que esperemos sino que ya ha pasado.

El reparto del peak oil se está haciendo, y se va a hacer, en dos frentes: uno externo y otro interno. O si lo prefieren, uno entre países y otro dentro de cada país.

Lo que le corresponde a cada país en el reparto internacional es bastante diferente, pero en absoluto tiene nada que ver con la suerte o la mala gestión, que son las excusas que se suelen utilizar para explicar por qué pasa lo que pasa. Analicemos primero la cuestión de los países productores de petróleo.

Hay pa√≠ses que esencialmente se consideran agotados y prescindibles. Es el caso de Yemen que, de ser productor significativo de petr√≥leo, ha pasado a ser abandonado, cuando no llevado al exterminio. No es ninguna coincidencia: la ca√≠da de producci√≥n en Yemen fue muy abrupta por razones geol√≥gicas (petr√≥leo somero y de f√°cil acceso, lo cual permiti√≥ llegar a altos niveles de producci√≥n pero que tambi√©n llev√≥ a una ca√≠da r√°pida de la producci√≥n una vez superado su peak oil). Yemen ya solo podr√≠a servir como consumidor y como consumidor no interesaba. √Čste es tambi√©n un destino cercano y¬† probable de Sud√°n y de Sud√°n del Sur, que explicar√≠a los movimientos que actualmente tienen lugar en ambos pa√≠ses. √Čste ser√≠a tambi√©n, con el tiempo, el destino probable de Argelia o de Nigeria.

Hay otros países productores de petróleo que muestran graves síntomas de agotamiento, pero que por diversas razones no conviene o no se pueden hundir en guerras de exterminio. Es el caso de Venezuela o de México. En el caso de Venezuela, la estrepitosa caída de la producción de petróleo (que de ser más de 2,5 Mb/d a principios de siglo se encuentra ya por debajo de 1,3 Mb/d actualmente) está llevando a una gravísima crisis económica, crisis que se agudiza por el hecho de que la mayoría del petróleo que actualmente producen procede de los petróleos extrapesados de la Franja del Orinoco (petróleo de bajísima calidad y con escaso rendimiento energético y económico).

A√ļn as√≠, las inmensas reservas venezolanas de ese mal subproducto del petr√≥leo y la cercan√≠a geogr√°fica parecen seguramente tentadoras a los EU, que necesita petr√≥leo pesado para combinar con su petr√≥leo extremadamente ligero proveniente del fracking. As√≠ pues, en vez de dejar a Venezuela sumirse en el inevitable caos de su bancarrota petrol√≠fera, hay un cierto inter√©s internacional, y particularmente de los EU, en meter las narices en los asuntos venezolanos.
Una situación diferente es la de México: con una producción petrolífera también en caída libre desde hace más de una década (sobre todo por la agonía del campo supergigante de Cantarell), pero que por su proximidad a los EU no interesa que se suma en el caos en el que están los países del primer grupo (so pena de desencadenar un flujo migratorio hacia el norte muchas veces mayor que el actual).

El caso de México es interesante, porque las diferentes reformas energéticas (ahora en signo contrario con la llegada de un nuevo presidente de mayor sensibilidad hacia los temas sociales) están evidentemente fracasando en su objetivo de evitar el inescapable descenso energético, a pesar de que casi nadie dentro de México se dé cuenta de que ésa es la causa principal de sus problemas, más allá de gasolinazos y huachicoleo. Este grupo de países van camino de convertirse en Estados fallidos, donde restos de estructuras de poder mantendrán un cierto orden pero en los que las condiciones de vida de la mayoría van a degradarse (como ya lo están haciendo).

Est√°n tambi√©n los pa√≠ses que a√ļn exportan o pueden producir cantidades significativas de petr√≥leo. Estos pa√≠ses gozan a√ļn de cierto respeto, pero su futuro en los pr√≥ximos a√Īos es muy incierto, y en general es m√°s probable que acaben como pa√≠ses del primer tipo que como del segundo. Tenemos en este grupo a Libia, donde las recientes ofensivas militares despiertan ahora mayor inter√©s de los medios que toda la guerra civil que se desarrolla desde 2011, quiz√° porque se ve que Libia a√ļn tiene un gran potencial para producir petr√≥leo de calidad en un momento en que nos comienza a faltar.

Tenemos también en este grupo a los países de Oriente Medio en general (con la ostensible excepción de Yemen, comentado arriba), principalmente Irak, Irán y la propia Arabia Saudita. Son países que van a ser respetados durante un tiempo, pero cuyo futuro es más bien negro (y no por el color del petróleo precisamente).

Tenemos, por √ļltimo, los pa√≠ses productores pero que necesitan importar grandes cantidades de petr√≥leo para mantener su pujante industria. En este grupo se encuentran b√°sicamente los EU y China, las dos grandes potencias que se van a disputar la hegemon√≠a del mundo, con Rusia (que a√ļn exporta petr√≥leo y tiene su propia potencia industrial y militar) como fiel de balanza.

Recuerden: la disminuci√≥n de la producci√≥n de petr√≥leo de todos estos pa√≠ses poco o nada tiene que ver con la buena o mala gesti√≥n que realizan de ella. Es un fen√≥meno de naturaleza geol√≥gica, que se ha verificado en decenas de pa√≠ses en todo el mundo, de todo tipo, y de la que no escapa ni Arabia Saudita. El √ļnico pa√≠s que ha conseguido invertir esa tendencia es EU, y eso a costa de arruinarse econ√≥micamente, porque en realidad est√°n explotando un petr√≥leo que no sale ni nunca podr√° salir a cuenta. No se dejen enga√Īar por los economistas engolados que salen por la televisi√≥n. Aqu√≠ quien manda es la ciencia, y la Econom√≠a no es una ciencia.

Por el lado de los pa√≠ses importadores de petr√≥leo, la clasificaci√≥n es mucho m√°s simple. Est√°n los pa√≠ses que van a ser arrinconados o lo est√°n ya, y est√°n los pa√≠ses que, por su potencial industrial y militar conseguir√°n estar alg√ļn tiempo m√°s en el candelero. De estos √ļltimos los pa√≠ses de Europa son los mejores representantes. Europa, sin embargo, est√° condenada a sufrir grandes cambios en las pr√≥ximas d√©cadas e incluso se arriesga a acabar sojuzgada por un poder superior. Y es que todo aquello que permiti√≥ a Europa dominar el mundo en el siglo XIX no solo hace tiempo que se ha desvanecido, sino que en el siglo XXI Europa es probablemente, debido a sus niveles de consumo, un lujo suntuario que el mundo ya no se puede permitir. Cuando m√°s tiempo se tarde en comprender que la actual stravaganza europea no tiene futuro en un mundo agobiado por los l√≠mites biof√≠sicos peor le ir√° a Europa.

Es precisamente en Europa, y en general en Occidente, donde tendrá mayor importancia el frente interno de la repartición del peak oil. Porque la mejor manera de conducir a las masas dócilmente por el camino del descenso inevitable de su consumo es adormecerla con quimeras imposibles y mentiras mientras se va consumando el declive de las clases medias y por ende el de su nivel de consumo.

Por eso, se vende la idea absolutamente quim√©rica e irrealizable de que todo el mundo tendr√° un coche el√©ctrico cuando, al mismo tiempo, se prev√© encarecer y mucho los coches en general, las empresas automovil√≠sticas anuncian nuevas rondas de despidos y los gobiernos preparan nuevos impuestos al di√©sel y dem√°s carburantes (como hace poco ha anunciado el gobierno socialista en Espa√Īa).

No se va a explicar que realmente ya falta diésel (primera consecuencia del peak oil) y que no hay planes adecuados de alternativas energéticas porque, simplemente, el saco de los milagros está vacío. En vez de explicarle la verdad a la ciudadanía, se prefiere ir tomando medidas aparentemente no conectadas pero que todas ellas redundan en un descenso del consumo, a veces justificándose en la necesaria lucha contra el cambio climático. Cualquier cosa antes que reconocer que nuestro descenso es inevitable y que sería imprescindible debatir cómo vamos a repartir lo que queda.

Estamos en el umbral de la gran crisis. Una crisis que, los que abordamos los problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad, llevamos a√Īos explicando. Algunas personas que nos han acompa√Īado en estos largos a√Īos han comenzado a abandonar o como m√≠nimo cuestionar la causa justo en este momento. Es normal: todos somos humanos, y, al cansancio de mantenerse en esta lucha, se une el l√≥gico y normal deseo de encontrar salidas menos onerosas en lo personal, aunque ese deseo no tenga sustento racional.

Dadas las circunstancias, es un momento poco oportuno para la defecci√≥n, justo cuando los problemas de los que hemos hablado durante tantos a√Īos est√°n a punto de mostrarnos su peor cara. Pero, como digo, es algo humano; en realidad, es otra consecuencia del desigual reparto del peak oil. Los que estamos mejor situados en esta sociedad decadente tenemos todos los incentivos para negarnos a creer aquello que puede echar a perder nuestras c√≥modas vidas.
En cambio, quienes se han adentrado sin remedio en la senda del descenso energético, y los jóvenes, a los que ya no se les va a dar ninguna otra opción más que el descenso, comprenden que ésta es la lucha necesaria. A aquéllos que ahora marchan solo me resta decirles que les estaremos esperando aquí, con los brazos abiertos, cuando la realidad y la cordura se impongan.
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