Abr 16 2015
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Opini贸nPol铆tica

Retrato de las Am茅ricas en la Cumbre

Los grandes medios de comunicaci贸n presentaron la Cumbre de Panam谩 como el inicio de una nueva era de convivencia. Ponderaron el fin de la guerra fr铆a y atribuyeron a Obama una postura de distenci贸n opuesta a la belicosidad de Maduro. Tambi茅n contrastaron la reintegraci贸n de Cuba a la regi贸n con el aislamiento de Venezuela y evaluaron al encuentro como un 茅xito de la diplomacia estadounidense. Este diagn贸stico fue expuesto antes y despu茅s del c贸nclave, como si la reuni贸n no hubiera aportado nada relevante.

Pero este relato omiti贸 que 33 de los 35 mandatarios presentes rechazaron la imputaci贸n de Venezuela como una 鈥渁menaza a la seguridad estadounidense鈥. Todos reclamaron la derogaci贸n de la orden ejecutiva, que dispone bloqueos de bienes y restricciones a los visados de ciudadanos de ese pa铆s. Esta exigencia fue expuesta en enf谩ticos discursos que ning煤n socio del imperio contradijo. El propio Obama prefiri贸 retirarse del plenario para eludir esos cuestionamientos. En un marco adverso Estados Unidos debi贸 posponer su agenda.

El libreto y la realidad

Obama necesitaba ganar la pulseada desatada por el decreto contra Venezuela para retomar las iniciativas de hegemon铆a imperial. El afianzamiento de esa dominaci贸n fue el objetivo inicial de la primera Cumbre (Miami-1994) y del lanzamiento posterior del ALCA (Quebec-2001). El naufragio de este proyecto en Mar del Plata (2005) determin贸 el aislamiento del gigante del norte en el 煤ltimo c贸nclave (Cartagena-2012). La creaci贸n de nuevos organismos sin presencia estadounidense ( UNASUR-2008 y CELAC-2011) acentu贸 ese retroceso e incentiv贸 el reconocimiento de Cuba.

Despu茅s de 53 a帽os David le gan贸 al Goliath. El imperio no pudo quebrar la revoluci贸n cubana y Obama debi贸 liberar a los cinco luchadores que manten铆a cautivos. Ra煤l Castro inaugur贸 el retorno del pa铆s a los encuentros presidenciales, con un categ贸rico reclamo de inmediata derogaci贸n de la orden contra Venezuela.

Todas las teor铆as que han contrapuesto el 鈥渘uevo realismo diplom谩tico鈥 de Castro con el 鈥渧etusto radicalismo discursivo鈥 de Maduro, ignoran el concertado liderazgo que asumieron ambos gobiernos, en la batalla contra el decreto yanqui. Esta unanimidad fue acompa帽ada con fuertes discursos de otros mandatarios.

Ninguno de los presidentes derechistas (Colombia, Per煤, Paraguay) sostuvo el ataque a Venezuela. Incluso los peque帽os pa铆ses del Caribe que Obama visit贸 antes de la reuni贸n rechazaron el atropello del Departamento de Estado. Lo mismo ocurri贸 con Chile, Costa Rica y Uruguay que mantienen grandes distancias con el proceso bolivariano.cumbre de las americas 7, panama1

La decepci贸n de los funcionarios estadounidenses fue may煤scula y los voceros de 26 ex presidentes derechistas s贸lo atinaron a objetar una 鈥渃ompra de voluntades鈥 por parte de Maduro. Como es habitual no aportaron ning煤n indicio de ese tr谩fico.

A Panam谩 arribaron todas las figuras del golpismo antichavista. Hicieron mucho ruido pero tuvieron poco impacto sobre la Cumbre. Han quedado muy debilitados por el fracaso de la 煤ltima asonada y no pudieron responder con guarimbas, a la detenci贸n de los conspiradores Leopoldo L贸pez y Antonio Ledezma.

Tambi茅n los l铆deres de la contrarrevoluci贸n cubana llegaron en masa desde Miami, portando su nuevo disfraz de 鈥渞epresentantes de la sociedad civil鈥. Con ese maquillaje retomaron su proyecto de restaurar el viejo status de la isla como casino, prost铆bulo o eslab贸n del narco-tr谩fico.

La delegaci贸n de los gusanos incluy贸 al propio asesino del Che y ensay贸 todo tipo de provocaciones. Promovieron cacerolazos, griter铆as frente a las embajadas, interrupciones en las conferencias de prensa y conflictos con los custodios. Pero no lograron alterar el clima pol铆tico de la Cumbre.

Obama recurri贸 a las sonrisas para lidiar con la generalizada oposici贸n a su decreto. Opt贸 por la discreci贸n y no pudo impedir la ausencia de una declaraci贸n final del encuentro. Un borrador plagado de criterios neoliberales -en materia de salud, cambio clim谩tico y transferencias de tecnolog铆a- termin贸 en el archivo.

Los grandes medios omitieron estos datos. S贸lo vieron lo que previamente hab铆an imaginado. Invirtieron la realidad y presentaron como un logro estadounidense la derrota que sufri贸 Obama. Mantuvieron la distorsi贸n informativa que caracteriza su labor y nuevamente abandonaron cualquier vestigio de profesionalidad period铆stica.

聽Actitudes y argumentos

El contraste de proyectos que aflor贸 en la Cumbre fue anticipado por un contrapunto de actitudes. Obama desembarc贸 en Panam谩 con un gran despliegue de aviones, helic贸pteros y autos blindados. Esa demostraci贸n no guard贸 ninguna proporci贸n con las necesidades de seguridad del mandatario. S贸lo apunt贸 a recordar que el potencial destructivo del imperio no es una ficci贸n de Hollywood.

En cambio Maduro se dirigi贸 de inmediato al barrio popular de Chorrillos, para homenajear a las v铆ctimas de la 煤ltima invasi贸n de los marines (1989). Record贸 el derrocamiento de un dictador designado por los propios estadounidenses y onde贸 la bandera paname帽a en un lugar olvidado por todos los funcionarios.

Esta misma conducta adopt贸 Evo durante su estancia. Proclam贸 que 鈥渆stamos mejor sin la embajada norteamericana鈥 y refut贸 el mito de una pr贸xima 鈥渁yuda鈥 estadounidense a Cuba. Destac贸 que el imperio deber铆a indemnizar a la isla por el acoso que impuso durante medio siglo.

El cuestionamiento de la orden ejecutiva contra Venezuela domin贸 la Cumbre. El propio Obama descalific贸 la presentaci贸n de ese pa铆s como una 鈥渁menaza鈥 y justific贸 el decreto como una formalidad burocr谩tica. Pero no pudo explicar por qu茅 raz贸n manten铆a esa disposici贸n.

La peligrosidad de Venezuela es una fantas铆a insostenible. El pa铆s no invadi贸 territorios ajenos, no mantiene guerras con sus vecinos y ha sido un activo promotor de las negociaciones de paz en Colombia. Por el contrario Estados Unidos gestiona enormes bases militares en Per煤, Paraguay, Colombia y las Antillas, maneja los mares desde Comando Sur de Miami, controla los cielos con radares de 煤ltima generaci贸n y convalida el arsenal que instalaron los brit谩nicos en Malvinas.

cumbre americas maduro obama1Adem谩s, el Pent谩gono esp铆a en forma descarada a los diplom谩ticos, funcionarios y presidentes de la regi贸n, intercepta los correos electr贸nicos de todos los individuos y supervisa los servidores estrat茅gicos de Internet. Venezuela no desestabiliz贸 a ning煤n gobierno, pero el imperialismo es el principal art铆fice de los golpes parlamentarios, judiciales, destituyentes y policiales de los 煤ltimos a帽os.

Estados Unidos no renunci贸 a las invasiones del pasado. Tampoco se encuentra 鈥渕谩s preocupado鈥 por Medio Oriente, China y Ucrania que por Am茅rica Latina. La orden ejecutiva contra Venezuela es un primer tanteo de escaladas de mayor alcance.

Los funcionarios estadounidenses justifican su agresi贸n con denuncias de violaciones a los derechos humanos. Pero no aportan pruebas de ninguna 铆ndole. Dictan lecciones de democracia ocultando los recientes informes de torturas de la CIA, la continuidad de Guant谩namo y la vigencia de la pena de muerte en su propio territorio.

El Departamento de Estado evita , adem谩s, cualquier comparaci贸n de Venezuela con las administraciones derechistas de la regi贸n. Ninguna acusaci贸n contra el gobierno bolivariano tiene el alcance de los asesinatos en Honduras, los cr铆menes en M茅xico o las persecuciones en Colombia y Per煤.

La delegaci贸n econ贸mica estadounidense intent贸 alumbrar en Panam谩 un peque帽o Davos tropical. Propici贸 la presencia de multimillonarios y estrellas de Wall Street en los foros empresariales y present贸 el lema de la Cumbre ( 鈥淧rosperidad con equidad鈥), como una realizaci贸n en curso. Tampoco faltaron los elogios a las empresas transnacionales que esquilman a la poblaci贸n.

Los expertos yanquis exaltaron al capitalismo silenciando los sufrimientos que impone ese sistema a todos los despose铆dos. Contrapusieron las desventuras de los gobiernos 鈥減opulistas鈥 con los logros de las administraciones guiadas por el mercado, sin hablar de la precarizaci贸n laboral en Per煤, del desastre de la jubilaci贸n en Chile o de la tragedia de los emigrantes en Centroam茅rica.

Los neoliberales exhibieron a Panam谩 como un modelo exitoso. Resaltaron las torres que brotan por toda la ciudad, omitiendo su financiaci贸n con dinero lavado del narcotr谩fico. Alabaron el crecimiento del istmo, sin mencionar la segmentaci贸n social y el trabajo informal de una poblaci贸n condenada a duros trabajos en la construcci贸n y los servicios de hoteler铆a.

Todo el establishment ensalz贸 la convocatoria de Obama a olvidar el pasado y hablar del futuro. Los medios contrastaron ese pragmatismo con las 鈥渓ecciones de historia鈥 que ensayaron sus oponentes. Descalificaron la reivindicaci贸n de Panam谩 en la gesta de Bol铆var que hizo Maduro y el legado de intervenciones imperiales que record贸 Ra煤l Castro.

Pero este desprecio medi谩tico del pasado qued贸 naturalmente acotado a Latinoam茅rica. Los escribas del Norte nunca extienden esa mirada a la trayectoria de Estados Unidos. Jam谩s se burlan de los Padres Fundadores o de la guerra librada contra el hitlerismo. Su hostilidad hacia la historia s贸lo irrumpe cuando esa revisi贸n ilustra la continuidad de la opresi贸n imperial.

Los l铆mites de una contraofensiva

Estados Unidos arremete contra Venezuela para controlar la mayor reserva petrolera del planeta. La primera cumbre de las americas 7, panamapotencia utiliza actualmente su provisi贸n de crudo por medio del shale para desestabilizar el proceso bolivariano, acentuando la depreciaci贸n internacional del combustible.

Estados Unidos no tolera las alianzas extra-regionales que concertaron Ch谩vez y Maduro. Tampoco digiere la voluntad de resistir una confiscaci贸n petrolera semejante a la perpetrada en Irak o Libia.

La confrontaci贸n en curso es frivolizada por los analistas que presentan el conflicto entre Obama y Maduro como un 鈥渃hoque de vanidades鈥. Acusan al mandatario venezolano de exagerar la disputa, para distraer a la poblaci贸n de sus necesidades inmediatas.

Con ese tipo de tonter铆as intentan enmascarar el proyecto estadounidense de manejo de los recursos naturales de Am茅rica Latina. La apropiaci贸n de la renta petrolera venezolana es el primer paso de una recaptura general de tierras, aguas y minerales del continente.

Obama impulsa este plan con una nueva combinaci贸n de zanahorias y garrotes. Por eso negocia con Cuba sin abandonar la beligerancia. Reabrir铆a la embajada en la isla, pero mantiene fuertes exigencias para levantar el bloqueo.

El presidente estadounidense se fotografi贸 con Ra煤l Castro, pero tambi茅n se reuni贸 con los gusanos de Miami. Complement贸 su amigable ret贸rica con la protecci贸n de los golpistas que adiestra Washington.

Esta pol铆tica repite la estrategia de negociar con Ir谩n sin cerrar las puertas al bombardeo. La misma pulseada que Obama mantiene con los lobbies de Israel y Arabia Saudita se extiende a los ultra-derechistas cubano-americanos. Su estrategia es avalada por Hilary Clinton y cuestionada por los candidatos republicanos a la presidencia.

Ambas formaciones juegan el mismo partido de la plutocracia estadounidense, adaptando sus pol铆ticas a las necesidades de ese sistema. Pero cualquiera sea el mandatario que suceda a Obama deber谩 lidiar con las mismas dificultades, para recuperar el terreno perdido en el patio trasero.

La primera potencia no logr贸 revertir en Panam谩 el golpe sufrido en Mar del Plata y Cartagena. Esta vez no se cay贸 el ALCA, pero el afianzamiento de la Alianza del Pac铆fico ser谩 inviable sin una recomposici贸n del poder geopol铆tico estadounidense. La OEA ha perdido funcionalidad y la Cumbre no gener贸 ning煤n esbozo de la estructura requerida por el imperio para restaurar su primac铆a.

Tampoco la derecha latinoamericana sali贸 airosa de la reuni贸n presidencial. Actualmente muchos conservadores ensayan una reinvenci贸n con discursos sociales, compromisos de asistencialismo y perfiles juveniles. Proclaman la disoluci贸n de las ideolog铆as, despolitizan las campa帽as electorales y enfatizan la centralidad de la gesti贸n.

Esta estrategia convive con acciones m谩s directas. En Argentina promovieron recientemente un golpe judicial con el estandarte de un fiscal que trabaj贸 para Israel. En Brasil impulsan marchas callejeras para realinear la pol铆tica exterior del pa铆s en sinton铆a con Estados Unidos. En M茅xico buscan perpetuar un estado de guerra social.

Pero ninguna de estas acciones ha modificado el escenario legado por rebeliones sociales que modificaron las relaciones de fuerza, forzaron concesiones de los capitalistas y reavivaron la s demandas nacionales y democr谩ticas. Este proceso contin煤a abierto e incluye un piso ideol贸gico de avances en la conciencia popular, que limita la contraofensiva derechista.

Las obsfrucciones internas

La Cumbre corrobor贸 el significativo nivel de autonom铆a pol铆tica que ha logrado Am茅rica Latina. Pero esa mayor independencia coexiste con el estancamiento de todos los proyectos de integraci贸n econ贸mica.

Mientras se inauguran nuevas sedes de organismos regionales y se despliega una gran ret贸rica a favor de la acci贸n com煤n, las principales iniciativas de complementaci贸n econ贸mica languidecen. El anillo energ茅tico, la infraestructura compartida, el manejo conjunto de las reservas, los sistemas cambiarios coordinados y los fondos de estabilizaci贸n monetaria permanecen como simples propuestas.

La perpetuaci贸n de la inserci贸n internacional de Am茅rica Latina como proveedora de materias primas, no es responsabilidad exclusiva de los gobiernos derechistas. El mismo esquema de especializaci贸n exportadora, agricultura intensiva, miner铆a de cielo abierto y maquilas industriales se verifica en las administraciones de signo opuesto.

La suscripci贸n de tratados de libre comercio tampoco es patrimonio de los presidentes neoliberales. El gobierno de Ecuador negocia un convenio del mismo tipo con Europa y Uruguay discute la implementaci贸n de tratados semejantes (TISA).

Adem谩s, todos acuerdan en forma individual convenios con China que agravan la primarizaci贸n. Aceptan compromisos de exportaciones b谩sicas e importaciones de manufacturas, que no incluyen obligaciones de inversi贸n productiva o transferencia de tecnolog铆a. Esta postura preserva las viejas fracturas entre pa铆ses que privilegian los intereses de sus burgues铆as locales en las negociaciones externas.

Esta adaptaci贸n al orden neoliberal global puede desembocar en traum谩ticas consecuencias, si se confirma un giro econ贸mico adverso en el escenario internacional. Las materias primas ya no aumentan, el crecimiento se ha frenado y la valorizaci贸n del d贸lar estimula la salida de capitales. Ciertos gobiernos comienzan a implementar devaluaciones, que anticipan agresiones al nivel de vida popular.

M谩s peligroso es el giro econ贸mico de varios gobiernos centroizquierdistas. En Brasil ya aceptaron la agenda impuesta por la Bolsa, designaron ministros seleccionados por las grandes empresas y preparan programas de ajuste fiscal dise帽ados por los bancos.

Este curso de adaptaci贸n al establishment desmoraliza a la poblaci贸n y facilita la canalizaci贸n derechista del descontento. En algunos pa铆ses ya se insin煤an estas tendencias, como respuesta a las frustraciones generadas por las vacilaciones del progresismo. Tambi茅n se vislumbra una tentaci贸n coercitiva de presidentes que confunden las demandas populares con la desestabilizaci贸n derechista.

El punto cr铆tico de Am茅rica Latina no se ubica actualmente en la resistencia a Estados Unidos. El mayor problema radica en la estabilizaci贸n de modelos capitalistas adversos a las aspiraciones de las mayor铆as populares.

La significativa soberan铆a pol铆tica que ha logrado Am茅rica Latina en los 煤ltimos a帽os no es sostenible con orientaciones econ贸micas regresivas. La experiencia demuestra que las aspiraciones de autonom铆a decaen con el afianzamiento del poder burgu茅s. S贸lo un camino de ruptura total con el neoliberalismo, protagonismo popular, radicalizaci贸n pol铆tica y confrontaci贸n con la clase capitalista puede pavimentar el camino hacia Segunda Independencia.

聽Alegr铆a en la otra Cumbre

Los grandes medios tampoco registraron en Panam谩 la realizaci贸n de una importante Cumbre de los Pueblos. En esa actividad confluyeron movimientos sociales que durante tres d铆as compartieron un intenso programa de debate antiimperialista.

En la inauguraci贸n de ese evento fue muy visible por qu茅 raz贸n Panam谩 no es Miami. Hubo m煤ltiples exigencias al imperio para que pida disculpas por la invasi贸n de 1989 e indemnice a las v铆ctimas. En las mesas de trabajo se analizaron demandas de larga data, como el levantamiento del bloqueo a Cuba, la devoluci贸n de Guant谩namo, la independencia de Puerto Rico y el fin de la ocupaci贸n inglesa de Malvinas.

El encuentro reforz贸 la campa帽a mundial que reuni贸 millones de firmas para exigir la derogaci贸n del decreto contra Venezuela. En numerosas ciudades del continente ese reclamo fue acompa帽ado por movilizaciones y apuntalado por la adhesi贸n de reconocidos intelectuales.

La Cumbre de los Pueblos consolid贸 una tradici贸n de reuniones paralelas a los c贸nclaves presidenciales. A diferencia del encuentro oficial el evento popular fue coronado con una importante declaraci贸n final. En ese cierre hubo un estallido de entusiasmo cuando se percibi贸 el triunfo logrado contra el decreto de Obama.

Ese clima aport贸 el mejor bar贸metro para evaluar lo sucedido en Panam谩. Se obtuvo un 茅xito diplom谩tico que afianza las esperanzas populares en Am茅rica Latina.

*Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del Economistas De Izquierda (EDI)

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