Ene 4 2015
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Opinión

Robert F. Kennedy: Tenemos tanto que aprender de Cuba

El 17 de diciembre, el presidente estadunidense, Barack Obama, anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, después de más de cinco décadas de una política equivocada que mi tío, John F. Kennedy, y mi padre, Robert F. Kennedy, fueron responsables de aplicar después de que el gobierno de Dwight D. Eisenhower (1953-1961) implementara el embargo contra la isla por primera vez en octubre de 1960.

La medida generó la esperanza en muchos sectores, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo, de que ahora el propio embargo estaría destinado a desaparecer.

Esto no quita el hecho de que Cuba sigue siendo una dictadura. El gobierno cubano restringe libertades básicas, como las de expresión y reunión, y es propietario de los medios de comunicación.

Las elecciones, como en la mayoría de los países comunistas de la vieja guardia, ofrecen opciones limitadas y, en redadas periódicas, el gobierno cubano llena las cárceles con presos políticos.

Sin embargo, hay auténticos tiranos en el mundo que se convirtieron en aliados cercanos de Estados Unidos y muchos gobiernos con peores historiales de derechos humanos que el de Cuba.

Un ejemplo es Azerbaiyán, cuyo presidente, Ilham Aliyev, hierve a sus rivales en aceite, pero también Arabia Saudita, Jordania, China, Bahrein, Tayikistán, Uzbekistán y muchos más, donde entre las prácticas gubernamentales se encuentran la tortura, las desapariciones forzadas, la intolerancia religiosa, la represión de la expresión y la reunión, la opresión medieval de la mujer, la elecciones fraudulentas y las ejecuciones extrajudiciales.

A pesar de su pobreza, Cuba consiguió algunos logros impresionantes. El gobierno se jacta de que su población tiene el índice de alfabetización más alto de cualquier país del hemisferio, que sus ciudadanos gozan de acceso universal a la atención sanitaria y que posee más médicos por habitante que los demás países del continente americano. Los médicos cubanos tendrían una formación médica de alta calidad.

A diferencia de otras islas del Caribe, donde la pobreza significa pasar hambre, cada cubano recibe una libreta mensual de racionamiento de alimentos que cubre sus necesidades b√°sicas.

Incluso los funcionarios cubanos admiten que la econom√≠a est√° asfixiada por las ineficiencias del marxismo, aunque tambi√©n argumentan que la principal causa de los problemas econ√≥micos de la isla es el estrangulamiento que provocaron los 60 a√Īos de embargo comercial.

Es claro para todos que el embargo aplicado por primera vez durante la administraci√≥n de Eisenhower en octubre de 1960 castiga injustamente a los cubanos de a pie. √Čste impide el desarrollo econ√≥mico al hacer que pr√°cticamente todos los productos b√°sicos y toda clase de equipos sean astron√≥micamente caros y dif√≠ciles de obtener.EEUU Robert F. Kennedy Jr.

Lo peor de todo es que, en lugar de castigar al régimen por sus restricciones a los derechos humanos, el embargo fortaleció a la dictadura al justificar la opresión. Brinda a los cubanos la evidencia visible del cuco que todo dictador necesita: un enemigo externo para justificar un estado de seguridad nacional autoritario.

El embargo también brindó a los líderes cubanos un monstruo plausible a quien culpar por la pobreza de Cuba. Otorgó credibilidad al argumento de La Habana de que Estados Unidos, no el marxismo, causó el malestar económico de la isla.

Es casi seguro que el embargo ayud√≥ a mantener a los hermanos (Fidel y Ra√ļl) Castro en el poder durante las √ļltimas cinco d√©cadas.

Justific√≥ las medidas opresivas del gobierno cubano contra la disidencia pol√≠tica de la misma forma en que las inquietudes de seguridad nacional de Estados Unidos fueron utilizadas por algunos pol√≠ticos estadunidenses para justificar incursiones contra nuestra carta de derechos, incluyendo los derechos constitucionales a tener un juicio con jurado, al h√°beas corpus, a una defensa eficaz, a viajar y a no sufrir la b√ļsqueda y la incautaci√≥n injustificada, las escuchas secretas, el castigo cruel e inusitado, la tortura de los prisioneros o la entrega extraordinaria, por nombrar s√≥lo algunos.

Es más que paradójico que los mismos políticos que argumentaron que deberíamos castigar a Castro por limitar los derechos humanos y maltratar a los presos en las cárceles cubanas sostienen que el maltrato que Estados Unidos proporciona a nuestros prisioneros en las cárceles cubanas está justificado.

Imagine que un presidente estadunidense se enfrentara, como sucedi√≥ a Castro, a m√°s de 400 intentos de asesinato, miles de episodios de sabotaje apoyados desde el extranjero y dirigidos a la poblaci√≥n, las f√°bricas y los puentes de nuestra naci√≥n, a una invasi√≥n patrocinada desde el exterior y a 50 a√Īos de guerra econ√≥mica que, en los hechos, privara a nuestra ciudadan√≠a de art√≠culos de primera necesidad y estrangulara nuestra econom√≠a.

Los líderes cubanos apuntaron al embargo, con abundante justificación, como la razón de la privación económica en Cuba.

El embargo permite que el régimen cubano exhiba a Estados Unidos como un matón y se muestre como la personificación del coraje, de pie ante las amenazas, la intimidación y la guerra económica por la mayor superpotencia militar de la historia.

Le recuerda constantemente al orgulloso pueblo cubano que nuestra poderosa naci√≥n, que ha orquestado la invasi√≥n de su isla, sabote√≥ sus industrias y confabul√≥ durante d√©cadas para asesinar a sus l√≠deres, mantiene una agresiva campa√Īa para llevar su econom√≠a a la ruina.

Quiz√°s el mejor argumento en favor de levantar el embargo sea que no funciona. Nuestro embargo de m√°s de 60 a√Īos contra Cuba es el m√°s longevo en la historia y, sin embargo, el r√©gimen de los Castro se mantiene en el poder.

En lugar de levantar el embargo, las diferentes administraciones estadunidenses, incluida la de Kennedy, lo han fortalecido, sin ning√ļn resultado.

Parece una tontería que Estados Unidos mantenga una política exterior mediante la repetición de una estrategia que demostró ser un fracaso monumental durante seis décadas. La definición de la locura es la repetición de una misma acción una y otra vez a la espera de resultados diferentes. En este sentido, el embargo es una locura.

kennedyEl embargo desacredita claramente la política exterior estadunidense, no sólo en América Latina, sino también en Europa y otras regiones.

Durante m√°s de 20 a√Īos, la Asamblea General de la Organizaci√≥n de Naciones Unidas solicit√≥ el levantamiento del embargo. Este a√Īo, al igual que en 2013, el pedido tuvo 188 votos en favor y dos en contra, estos √ļltimos de Estados Unidos e Israel. La Comisi√≥n Interamericana de Derechos Humanos, el principal √≥rgano de derechos humanos de las Am√©ricas, tambi√©n reclam√≥ lo mismo, al igual que la Uni√≥n Africana.

Una de las razones por las que disminuye nuestro prestigio mundial y autoridad moral es que el embargo sólo hace hincapié en nuestra relación distorsionada con Cuba, cargada históricamente de fuertes paradojas que hacen que el resto del mundo vea a Estados Unidos como un país hipócrita.

M√°s recientemente, mientras culpamos a Cuba de encarcelar y maltratar a los presos pol√≠ticos, sometimos simult√°neamente a prisioneros, muchos de ellos inocentes seg√ļn la propia admisi√≥n del Pent√°gono, a la tortura, incluido el submarino, la detenci√≥n ilegal y el encarcelamiento sin juicio en la prisi√≥n cubana de la bah√≠a de Guant√°namo.

Culpamos a Cuba porque no permite que sus ciudadanos viajen libremente a Estados Unidos, pero restringimos los viajes de nuestros ciudadanos a Cuba. En ese sentido, el embargo parece particularmente antiestadunidense. ¬ŅPor qu√© mi pasaporte dice que no puedo visitar Cuba? ¬ŅPor qu√© no puedo ir a donde quiera?

Yo he sido un estadunidense afortunado. Pude visitar Cuba y esa fue una educaci√≥n maravillosa, porque me dio la oportunidad de ver de cerca el comunismo con todos sus defectos y fallas. ¬ŅPor qu√© nuestro gobierno no conf√≠a en que los estadunidenses puedan ver por s√≠ mismos los estragos de la dictadura?

Si el presidente Kennedy hubiera sobrevivido para cumplir una segunda administración, el embargo se habría levantado hace medio siglo.

El presidente Kennedy le dijo a Castro, por conducto de intermediarios, que Estados Unidos pondría fin al embargo cuando Cuba dejara de exportar revolucionarios violentos a los países de la Alianza para el Progreso en América Latina, política que terminó principalmente con la muerte del Che Guevara en 1967 y cuando Castro dejó de permitir que la Unión Soviética utilizara la isla como base para la expansión del poderío soviético en el hemisferio.

Bueno, la Uni√≥n Sovi√©tica ya no existe desde 1991, hace m√°s de 20 a√Īos, pero el embargo liderado por Estados Unidos contin√ļa ahogando a la econom√≠a cubana. Si el objetivo de nuestra pol√≠tica exterior en Cuba es promover la libertad de sus ciudadanos sometidos, deber√≠amos abrirles las puertas y no cerr√°rselas.

Tenemos tanto que aprender de Cuba, de sus éxitos en algunos ámbitos y de sus fracasos en otros.

Mientras caminaba por las calles de La Habana, los viejos Ford T resoplaban al pasar junto a la efigie en hierro forjado del Che colgada en las alturas y el bronce de una estatua de Abraham Lincoln se erguía en un jardín de una arbolada avenida.

Sent√≠a el peso de 60 a√Īos de la historia cubana, una historia profundamente entrelazada con la de mi propio pa√≠s.

*Anogado del National Resources Defense Council y de Hudson Riverkeeper y presidente de Waterkeeper Alliance. Tambi√©n es profesor y abogado supervisor de la Cl√≠nica Procesal Ambiental de la Facultad de Derecho de la Universidad Pace y coanfitri√≥n de Ring of Fire en Air America Radio. En el pasado se desempe√Ī√≥ como fiscal general adjunto de la ciudad de Nueva York.

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