Jun 28 2011
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Cultura

Rodolfo J. Novakovic / La desconocida historia del gobernador de La Luz, Guill y Gonzaga

Presumiblemente nacido en la zona de Murcia, España, alrededor del año 1715, en el seno de una noble familia de origen italiano, don Antonio Guill y Gonzaga ingresó al Ejército de España donde se destacó hasta llegar al grado de coronel del Regimiento de Infantería de Guadalajara. Posteriormente, en el año 1758 fue nombrado Gobernador de Panamá, cargo del cual tomó posesión con fecha 25 de Junio de 1759 sirviendo en él hasta 1761. No obstante, y mientras estaba a cargo de Panamá es nombrado —con fecha 26 de Julio de 1760— como Presidente Interino y Gobernador del Reino de Chile, tomando posesión de dicho cargo el 13 de Octubre de 1760.

Una vez en Lima, durante su trayecto desde Panamá hacia el puerto de Valparaíso, don Antonio Guill manifestó al virrey la conveniencia de efectuar un reconocimiento de toda la ciudad de Valdivia y levantar un plano de todo aquel territorio, lo que no gustó al Virrey del Perú dado los costos implicados en tales operaciones. Abandonó el puerto de Callao el 21 de agosto de 1762, trayendo consigo un ingeniero desde Panamá, llegando al puerto de Valparaíso la tarde del 18 de septiembre de dicho año.

El 25 de septiembre hizo un alto en Casablanca donde escribió una carta al Rey de España dándole cuenta del proyecto que en su oportunidad le expuso al virrey. Así, con fecha 3 de octubre de 1762 don Antonio llega a la ciudad de Santiago y toma posesión de su cargo como gobernador. Dado que era un gran admirador de la obra de la Compañía de Jesús así como el desarrollo económico y técnico impulsado por los jesuitas alemanes, el Gobernador Guill nombra, como su confesor personal, al padre Carlos von Haimbhausen, en aquel entonces procurador jesuita y rector del Colegio Máximo de San Miguel.

En efecto, de todas las curiosidades que en esta Basílica podemos hallar, resalta aquella extraña y sombría lápida que data del año 1768 sobre la cual se encuentra esculpido un Escudo de Armas (del tipo español de Castilla) pero, esta vez, surmonada con la característica calavera y dos huesos cruzados, todo rematado al pie de esta estructura con crípticas palabras que parecen decir algo así como:

"A LA SOMBRA DE ESTA LUZ
EL MUY ILUSTRE SEÑOR
GUILL DE LA LUZ PRECURSOR
PUSO EN SU ESCUDO EL NON PLUS"

La leyenda cuenta que Hércules había situado sus dos columnas, una a cada lado del Estrecho de Gibraltar, anunciando con ello el Fin del Mundo con la consabida frase "Non Plus Ultra", que significa "No más allá"; proveniente de la original frase "Non terra plus ultra" (no existe tierra más allá). Empero, con el apoyo de los alemanes y la llegada al trono de Carlos V, dicho gobernante puso en el escudo Real de España la frase "Plus Ultra", dando a entender la actual extensión del Imperio Español, ampliada bajo sus dominios.

Por otra parte, durante la Edad Media la "y" (i griega) se utilizaba para indicar el número 150 (en romanos, CL). Fue ya en 1726 cuando la RAE separa la i de la y, en su uso, si bien con posterioridad se utilizaron indistintamente al escribir palabras tales como yglesia, en lugar de iglesia Similarmente, durante el siglo XVIII tanto alemanes como otros reinos de Europa se referían —curiosament—- a Santiago de Chile como “la ciudad de la Luz”, o simplemente, la Luz.

De este modo, tras releer el epitafio de esta lápida vemos que el único Ilustre Señor Guill, fallecido “a la sombra de” Santiago (“la Luz”) en el año 1768, sería el mismísimo don Antonio Guill y Gonzaga, amigo y protector de la Compañía de Jesús, y Gobernador de Santiago de Chile entre los años 1762 y 1768. La corroboración de que esta lápida correspondería a dicho Gobernador de Chile queda patente al observar la parte superior derecha del Escudo de Armas, caracterizado por las franjas o columnas verticales y por el dragón rampante, símbolos inequívocos y únicos del apellido de la familia Guill.

Comentarios

Un elemento distintivo de la lápida del Gobernador Guill, que es fácil notar, es que alguien habría sustraído de ella una especie de cetro en relieve que atravesaba (en forma cruzada) la figura de la Cabeza y los huesos cruzados; a tal punto que cuando fue arrancado dejaron la marca y huella de dicha acción claramente delictual. Es probable que sobre aquel cetro o elemento de piedra, hoy extraviado, hubiese existido alguna leyenda en latín o griego, u otros caracteres, que pudiesen ayudar a definir la "orden" o "cofradía" a la que claramente Antonio Guill y Gonzaga perteneció (y quizá, también el padre Haimbhausen, dado que era su confesor personal).
 
Por otra parte, parece ser, al ampliar los detalles de los bordes del tallado, que la pieza o herramienta con la cual se grabó el año de defunción (1768), así como el borde del área donde descansan la cabeza y los huesos cruzados, fueron distintos, así como también distintos los orfebres, lo cual demostraría que tanto la piedra donde están grabados el escudo y la leyenda inferior son anteriores a la mano que grabó la frase "DE MI 1768" (que además talló parte del borde de la figura que rodea la figura de Cabeza y Huesos). La frase al pie de la lápida sería, por tanto, anterior traduciéndose de la manera siguiente:
 
A LA SOMBRA DE ESTA "LUZ", EL MUY ILUSTRE SEÑOR GUILL,
DE ESTA "LUZ" PRECURSOR, PUSO EN SU ESCUDO EL "NON PLUS" (ULTRA)
 
Así también, la cabeza tallada no parece, en realidad, la figura propia de una Calavera, sino más bien la perteneciente a una máscara de caballero (¿un templario?). De este modo, la figura en su totalidad, más que ser un símil que recuerda a la de los piratas, es una impresión inicial (que obviamente deberá ser estudiada en forma más acabada) que se trataría de una especie de advertencia del tipo Templario; de una señal de "No pasarás más allá", impidiendo el acceso al curioso, a aquel que no tenga la preparación mística ni del conocimiento de dicha Orden.
 
Finalmente, el hecho de que esta lápida esté actualmente sin un recordatorio de quién es el dignatario sepultado, es una señal de insolencia, de desdén, de falta de respeto hacia todo el pueblo chileno; muy similar al desdén que he encontrado entre los actuales Jesuitas en torno al padre Haimbhausen; aunque esta vez de parte de los Mercedarios. Mantienen con grandes letras y con destacados grabados a quienes yacen con anterioridad al 1750 así como con posterioridad al 1830, pero mantienen olvidado el nombre de don Antonio Guill y Gonzaga, quien fuera un insigne personaje de fines del Siglo de las Luces, pilar de la historia de nuestra patria, y defensor de la Compañía de Jesús de aquel entonces.

Addendum
El descabezamientio cultural de la ciudad de la luz

Ya fue mencionado que durante el siglo XVIII en naciones como Alemania, la ciudad de Santiago de Chile era conocida como la “ciudad de la Luz”. ¿Por qué esta denominación? Analicemos algunos hechos concretos:

La historia oficial nos dice que la primera vacuna usada mundialmente contra la viruela fue inventada y desarrollada en el año 1796 por el médico británico Edward Jenner. No obstante la primera vacuna usada oficialmente en contra la viruela fue desarrollada y administrada, a miles de ciudadanos chilenos en 1765, a instancias del gobernador de Chile, don Antonio Guill y Gonzaga, con la ayuda del sacerdote jesuita Joseph Zeitler a cargo de la Botica de los Jesuitas, supervisada por el médico irlandés Domingo Nevin McHugh, y administrada por el sacerdote y médico chileno Manuel Chaparro, este último discípulo del Dr. Nevin y segundo médico titulado en Chile (pues el primer médico chileno fue el sacerdote de la orden de San Juan de Dios, don Matías del Carmen Verdugo).

En efecto, y tal como nos lo describe el médico don Ricardo Cruz-Coke en su libro “Historia de la Medicina Chilena”, fue el Dr. Manuel Chaparro quien en el año 1765 inoculó en la dermis, a miles de personas, pus de pústulas de variolosos para prevenir la enfermedad de la viruela. Este procedimiento de variolización fue la primera prueba exitosa de prevención de enfermedades infecciosas, puesto que las personas variolizadas no fallecieron ni tampoco desarrollaron posteriormente la enfermedad.

En dicho libro el Dr. Cruz-Coke, reconoce que la etapa final del gran auge médico y sanitario se desarrolló bajo el gobierno de don Antonio Guill y Gonzaga. Así, entre 1763 y 1766 ordenó finalizar el famoso acueducto desde la Quebrada de Ramón hasta la Plaza de Armas de Santiago, solucionando así el problema secular del agua potable. De igual forma, el gobernador Guill consiguió trasladar, en el año 1764, la ciudad de Concepción, desde su antiguo emplazamiento en Penco, hasta su actual ubicación en el denominado Llano de Mocha. De esta forma, junto con la construcción de los principales edificios públicos don Antonio Guill se preocupó de edificar, en 1765, el nuevo hospital de Concepción.

Desde distintas partes del mundo, y durante el esplendor de la Compañía de Jesús y bajo el mando de Guill, se produjo una gran migración de connotados médicos extranjeros hacia diversas ciudades de Chile. El Dr. Ignacio Zúñiga se trasladó en 1762 a La Serena; el cirujano Juan Leal a Valparaíso; el francés Dr. Juan Roche en 1765 a la ciudad de Concepción; aquel mismo año el Dr. Reinaldo Cortés a la ciudad de Talca; en 1767 el cirujano Mauricio Gutiérrez a la Isla de Juan Fernández; así como vinieron a la ciudad de Santiago los sacerdotes y médicos don Juan Álvarez y Francisco Calaf.

Habiendo impulsado los propios jesuitas la creación de una universidad laica, conocida como la Universidad de San Felipe, los religiosos y el Dr. Domingo Nevin establecieron que quienes practicaran la medicina debían primeramente seguir estudios formales en dicha universidad, o convalidad sus estudios en esta institución.

Dice el Dr. Cruz-Coke que, contrastando con estas obras benéficas y progresistas en la vida de Chile, el devoto Gobernador Guill y Gonzaga, amigo de los religiosos y sacerdotes de la Compañía de Jesús, se vio obligado como caballero a obedecer la real orden emanada por el Rey Carlos III de detener y expulsar a los Jesuitas de todo el Reino de Chile. Del total de 380 religiosos jesuitas que habitaban el país, 27 estaban enfermos, los que fueron también detenidos y enviados a las enfermerías de otros conventos y al Hospital San Juan de Dios, donde fueron atendidos, por orden del Gobernador Guill, por los médicos Domingo Nevin, Ignacio Zambrano y Juan Álvarez.

El Dr. Ricardo Cruz-Coke termina el Capítulo 26 de su libro Historia de la Medicina Chilena con algunas de las siguientes frases —que se resumen aquí— y que son totalmente compartidas por el autor de este artículo:

“La Expulsión de la Compañía de Jesús fue un acontecimiento trágico para la historia de Chile, por la injusticia del procedimiento violatoria de los derechos de tantos inocentes, y por destruir la cabeza de la comunidad cultural de toda una nación. Las consecuencias sociales, políticas, económicas y culturales fueron enormes y afectaron gravemente, más que en otros países iberoamericanos, el proceso civilizador del país, y por ende, el impuso y progreso de la medicina hispánica del Reino de Chile, entonces en pleno apogeo de su desarrollo”.

“Además del despojo de los bienes (de los jesuitas), Carlos III (en realidad el Conde de Aranda) llevó a cabo una persecución ideológica contra la Compañía de Jesús. En efecto, en su pragmática contra la Orden, de fecha 5 de marzo de 1768, prohibió hablar en contra de la Orden de Expulsión, expurgó las bibliotecas de los autores jesuitas, y prohibió enseñar materias filosóficas y teológicas sobre autores jesuitas. Fue así como en agosto de 1769 el claustro de la Universidad de San Felipe (creada e impulsada por la Compañía) fue obligada a acatar esta Real Orden. Sin embargo, contrariando la voluntad del Rey, esta decisión no fue acatada por el Obispo de Santiago, monseñor Manuel Alday y Aspee (1712 – 1788), quien fuera el mas destacado religioso diocesano del siglo XVIII".

Las consecuencias a mediano y largo plazo de la expulsión de los jesuitas, así como el desencadenamiento de ciertos hechos, que fueron —entre otros— los siguientes: bajo extrañas circunstancias fallece, víctima de la enfermedad de la Gota, en abril de 1767, el rector del Colegio Máximo de San Miguel y Procurador Jesuita, el padre Karl von Haimbhausen; un año después de cumplirse el Decreto de Expulsión de la Compañía de Chile, fallece el 24 de agosto de 1768 —por causa no precisada— el gobernador Antonio Guill y Gonzaga; al año siguiente, el 19 de Septiembre de 1769, fallece el médico, también amigo de los jesuitas y del gobernador, don Matías Verdugo, primer médico titulado chileno; meses más tarde, en diciembre de 1769, se produce un misterioso incendio en la Catedral de Santiago, a una cuadra del intervenido Colegio Máximo de San Miguel; luego, al año siguiente, el 6 de Julio de 1770, muere el Dr. Domingo Nevin, ante la consternación de todos los vecinos de Santiago quienes veían desaparecer al mejor médico de Chile y a la vez profesor de Prima Medicina y Protomédico del Reino de Chile; finalizando con la expulsión definitiva del sacerdote jesuita Joseph Zeitler, a cargo de la farmacia (botica) que benefició a todo el Reino de Chile así como a otras naciones.

El Dr. Cruz-Coke finaliza su capítulo con estas tristes palabras: “sin embargo, más allá de estas muertes simbólicas, la consecuencia más grave de la expulsión fue el desmantelamiento de la Botica de los Jesuitas, que era el establecimiento médico y farmacéutico científico más importante del país, donde tanto médicos como autoridades iban a buscar alivio para sus enfermedades y donde la cultura colonial tenía su biblioteca ilustrada más completa. La historia del proceso de auge y caída del núcleo cultural más importante de la vida colonial chilena, en la época de la Ilustración, es un capítulo dramático que merecería un detenido estudio”.   

* Escritor, físico, consultor.

http://haimbhausenveas01.blogspot.com

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