Nov 30 2004
828 lecturas

Cultura

Sabato aplaudido: mejor no hablar de ciertas cosas

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Existe una verdad a voces: el artista merece ser juzgado por lo mejor de s√≠, que es su obra. Definici√≥n que cobra real significado cuando se evidencia la contradicci√≥n entre el artista y su creaci√≥n, muchas veces reflejo de un talento que no tiene porqu√© llegar acompa√Īado de posiciones pol√≠ticas o humanas razonables. Los casos de este tipo nunca terminan, artistas de propuestas revolucionarias y, a la vez, voceros de las ideas m√°s reaccionarias de su tiempo. Cu√°ntas veces se ha repetido el debate, y cu√°ntas veces ha sido necesario diferenciar esos dos universos para valorar en su real medida la obra del artista cuestionado.

Lo curioso surge cuando lo que se alaba del artista en cuesti√≥n no es su obra, sino que se aplaude por sus concepciones pol√≠ticas. Y la paradoja extrema se sucede cuando el creador recibe elogios por una lucha que no es la suya, por un compromiso que jam√°s tuvo y por un presente que oculta un pasado repleto de miserias. ¬ŅC√≥mo entender este curioso conflicto? ¬ŅQui√©n, en definitiva, resulta ser el responsable de tama√Īo error hist√≥rico? ¬ŅEl creador aplaudido o sus fieles, conmovidos por un ejemplo de vida que no se sabe bien qui√©n invent√≥ ni de d√≥nde sali√≥?

¬ęUna de las grandes desdichas del creador es que lo admiren por sus defectos¬Ľ, afirm√≥ Sabato en 1963. La frase encaja de modo perfecto para referirse a su propia historia: la trayectoria de un intelectual erigido como referente irrefutable de los derechos humanos y de la participaci√≥n democr√°tica.

Recorrer un archivo es tambi√©n recorrer el pasado de un pa√≠s y de su pueblo. Para ello es necesario observar el comportamiento de una sociedad que hoy elige como pr√≥cer a un intelectual que no s√≥lo fue funcional a la pol√≠tica criminal de la dictadura m√°s sangrienta de la historia, sino que tambi√©n gener√≥ la teor√≠a pol√≠tica que result√≥ la coartada en plena retirada de los mismos asesinos que, a√Īos despu√©s, se ocup√≥ de criticar. Por suerte, existe el archivo. Vale la pena ejercitar la memoria y recorrer la tragedia de un escritor que refleja, en buena parte, la hipocres√≠a de toda nuestra sociedad.

Entrevista con el vampiro

fotoAlguien anunci√≥ que ya sal√≠an y los flashes ametrallaron a las personalidades que reci√©n terminaban de protagonizar un almuerzo con el dictador. Jorge Luis Borges eludi√≥ el cerco period√≠stico y se perdi√≥ en los pasillos de la Casa de Gobierno; el presidente de la SADE, Horacio Ratti, y el cura escritor Leonardo Castellani optaron por mantener un muy bajo perfil ante los micr√≥fonos. De modo que la responsabilidad de hablar fue del se√Īor Ernesto Sabato. ¬ęEs imposible sintetizar una conversaci√≥n de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el presidente de la Naci√≥n hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, hist√≥ricos y vinculados con los medios masivos de comunicaci√≥n¬Ľ, dijo. Luego afirm√≥: ¬ęHubo un alt√≠simo grado de comprensi√≥n y respeto mutuo. (…) Cada uno de nosotros verti√≥, sin vacilaciones, su concepci√≥n personal de los temas abordados¬Ľ. Ante la insistencia de los periodistas, explic√≥ que ¬ęfue una larga traves√≠a por la problem√°tica cultural del pa√≠s. Se habl√≥ de la transformaci√≥n de la Argentina, partiendo de una necesaria renovaci√≥n de su cultura¬Ľ.

Para el final, reserv√≥ su opini√≥n acerca de la entrevista con el dictador, publicada al d√≠a siguiente en los matutinos de todo el mundo: ¬ęEl general Videla me dio una excelente impresi√≥n. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresion√≥ la amplitud de criterio y la cultura del presidente¬Ľ (1). Esas elogiosas palabras resuenan en los laberintos de la historia argentina todav√≠a…

Toda reuni√≥n de importancia tiene un contexto. El 19 de mayo de 1976 fue la fecha elegida por la Junta Militar para convocar a destacados hombres de la cultura a un almuerzo con el general Videla. Dos semanas antes el escritor Haroldo Conti hab√≠a sido secuestrado de su casa por un grupo de tareas, y su situaci√≥n era una inc√≥gnita. Hab√≠a pasado a engrosar la abultada lista de ¬ędesaparecidos¬Ľ.

El poeta Miguel Angel Bustos, y el cineasta Raymundo Gleyzer corrieron la misma suerte que Conti algunas semanas despu√©s, al igual que otros cientos de intelectuales, artistas, estudiantes, trabajadores y militantes. Una cacer√≠a organizada sistem√°ticamente por el Poder Ejecutivo. Nada se dijo en aquella conferencia de prensa en Casa de Gobierno de la desaparici√≥n de Conti, ni de ning√ļn otro.

Con el tiempo se supo que en la reuni√≥n la suerte de algunos artistas secuestrados fue un tema que se desliz√≥ apenas a partir de la iniciativa de Ratti -que entreg√≥ en mano a Videla una lista de una decena de escritores que se encontraban ¬ęa disposici√≥n del Poder Ejecutivo¬Ľ-, y del cura Castellani, quien pregunt√≥ por la situaci√≥n del ex seminarista Haroldo Conti: ¬ęAnot√© su nombre en un papel y se lo entregu√© a Videla, quien lo recogi√≥ respetuosamente y asegur√≥ que la paz iba a volver muy pronto al pa√≠s¬Ľ, se√Īal√≥ tiempo despu√©s. Nadie m√°s se interes√≥ por los artistas desaparecidos.

Semanas despu√©s, la revista Crisis, d√≥nde trabajaba Haroldo Conti hasta ser secuestrado, consult√≥ a los protagonistas sobre los temas abordados. Ernesto Sabato fue tajante y muy democr√°tico: ¬ęYo no hago declaraciones para la revista Crisis¬Ľ. Borges adujo falta de tiempo y no respondi√≥, aunque d√≠as antes hab√≠a reconocido sin rubores el motivo de su visita a Casa de Gobierno: ¬ęLe agradec√≠ personalmente (a Videla) el golpe de Estado del 24 de marzo que salv√≥ al pa√≠s de la ignominia, y le manifest√© mi simpat√≠a por haber enfrentado la responsabilidad del gobierno. Yo, que nunca he sabido gobernar mi vida, menos podr√≠a gobernar el pa√≠s¬Ľ.

De modo que los √ļnicos que realmente comentaron detalles de la reuni√≥n fueron el cura Castellani y Ratti. El padre jesuita explic√≥ que ¬ęquienes m√°s hablaron fueron Sabato y Ratti, que llevaban varios proyectos. (…) Videla se limit√≥ a escuchar. Creo que lo que sucedi√≥ es que quienes m√°s hablaron, en vez de preguntar, hicieron demasiadas propuestas. ¬ęSabato habl√≥ mucho, y propuso el nombramiento de un consejo de notables que supervisara los programas de televisi√≥n. (…) Borges dijo que √©l no integrar√≠a jam√°s ese consejo de prohombres. Sabato, entonces, agreg√≥ que √©l tampoco. Yo pens√© en ese momento para qu√© lo propon√≠a entonces. O sea que ellos embarcaban a la gente pero se quedaban en tierra¬Ľ.

Por su parte, el presidente de la SADE, despu√©s de explicar que se toc√≥ el tema de la censura y de los derechos de autor, destac√≥ que cuando le entreg√≥ la lista de escritores ¬ęque estaban pasando por una situaci√≥n muy lamentable¬Ľ la respuesta del militar fue darle garant√≠as: ¬ęNos asegur√≥ terminantemente que cada una de estas situaciones iba a ser analizada y aclarada de acuerdo con la ley, lo que nos tranquiliz√≥ bastante¬Ľ(2).

Algo m√°s que un error

Con el tiempo, muchos intentaron justificar la actitud de Sabato. El propio escritor explic√≥, ya en democracia, las razones de su asistencia. Lo cierto es que los que consideran la presencia del intelectual esa tarde en Casa de Gobierno como ¬ęun error¬Ľ, muchas veces aducen que ese ¬ętraspi√©¬Ľ es el √ļnico que puede reproch√°rsele. Nada m√°s alejado de la realidad.

En junio de 1966, el general Juan Carlos Ongan√≠a derrocaba al presidente Arturo Illia, con el consentimiento t√°cito de gran parte de la sociedad argentina, y tambi√©n con el respaldo exultante de parte de la intelectualidad. Entre los m√°s entusiastas por la llegada del gobierno militar se encontraba el autor de la siguiente cita: ¬ęCreo que es el fin de una era. Lleg√≥ el momento de barrer con prejuicios y valores ap√≥crifos que no responden m√°s a la realidad. Debemos tener el coraje para comprender (y decir) que han acabado, que hab√≠an acabado instituciones en las que nadie cre√≠a seriamente. ¬ŅVos cre√©s en la C√°mara de Diputados? ¬ŅConoc√©s mucha gente que crea en esa clase de farsas? Por eso la gente com√ļn de la calle ha sentido un profundo sentimiento de liberaci√≥n. Hay en el pueblo (como en los chicos) una necesidad de verdad hond√≠sima. (…) Se trata de que estamos hartos de mistificaciones, hartos de politiquer√≠as, de comit√©s, de combinaciones astutas para ganar tal o cual elecci√≥n. Estamos avergonzados de lo que hemos llegado a ser, no ya en el mundo, sino en Am√©rica Latina, al lado de potencias como Brasil y M√©xico. Qu√©, queremos seguir siendo una especie de burocracia cansada y decadente, en nombre de no s√© qu√© palabras que no son nada m√°s que eso, palabras. No se hace una gran naci√≥n con palabras, y mucho menos con palabras ap√≥crifas y altisonantes¬Ľ.

Llama la atenci√≥n en este p√°rrafo la menci√≥n de ciertas ¬ępalabras¬Ľ, que el autor define como ¬ęap√≥crifas y altisonantes¬Ľ. ¬ŅSe referir√°, justo en tiempos de dictadura, de palabras tales como ¬ędemocracia¬Ľ?

La cita sigue y sorprende: ¬ęFalta ver, ahora, si los hombres que han tomado el gobierno est√°n a la altura de la desesperaci√≥n hist√≥rica del pueblo argentino. Si no responden como es debido, estar√≠amos ante la m√°s grande cat√°strofe, quiz√° ya irremediable. S√© que hay personas que est√°n en puestos claves y que piensan l√ļcidamente¬Ľ. Para terminar, el defensor de los golpistas se referir√° particularmente al que ser√≠a el instigador de ¬ęla noche de los bastones largos¬Ľ, entre otras aberraciones de ese tipo, el general Ongan√≠a: ¬ęOjal√° la serenidad, la discreci√≥n, la fuerza sin alarde, la firmeza sin prepotencia que ha manifestado Ongan√≠a en sus primeros actos sea lo que prevalezca, y que podamos, al fin, levantar una gran naci√≥n¬Ľ(3). El responsable de firmar semejante cheque en blanco al gobierno militar fue Ernesto Sabato, en julio de 1966.

En 1955 un golpe de Estado de la casta militar derroca a Juan Per√≥n Y otra vez Ernesto Sabato, otra vez su simpat√≠a por los uniformados golpistas, por la autodenominada ¬ęRevoluci√≥n Libertadora¬Ľ: ¬ęEn toda revoluci√≥n hay vencidos. En √©sta los vencidos son la tiran√≠a, la corrupci√≥n, la degradaci√≥n del hombre, el servilismo. Son vencidos los delincuentes, los demagogos, los torturadores. Personalmente, creo que los torturadores deber√≠an ser sometidos a la pena de muerte¬Ľ(4). Como reconocimiento al apoyo recibido, el presidente de facto Pedro Aramburu designar√° a Sabato al frente de la revista Mundo Argentino.

No le importaba demasiado al autor de estas citas el perfil ideológico de los gobiernos constitucionales derrocados, lo que realmente importaba era manifestar, rápidamente y sin vacilaciones, sus simpatías por los uniformados que, como de costumbre, llegaban para salvar a la patria.

Pese al respaldo al gobierno golpista, un a√Īo m√°s tarde el propio Sabato denunciar√≠a torturas en los s√≥tanos del Congreso, aunque se apurar√≠a en calificar como ¬ęun hombre honesto¬Ľ(5) al dictador Aramburu. Por tal motivo, se enemistar√≠a con Jorge Luis Borges, quien -siempre a favor de los militares- critic√≥ su doble discurso. Borges despu√©s reconocer√≠a su error, y la opini√≥n de Sabato sobre aquel mea culpa borgeano no tiene desperdicio: ¬ęS√≠, s√≠. Pero eso fue demasiado tarde. Mientras tanto ¬°se estaba torturando gente!¬Ľ(6). Lo extra√Īo es que la an√©cdota sali√≥ a la luz en 1996, cuando el propio Sabato ya hab√≠a asistido al almuerzo con Videla mientras se estaban vejando de indecibles maneras a cientos de desaparecidos. Demasiada hipocres√≠a.

La fama de Sabato fue creciendo al comp√°s del √©xito editorial de su novela El t√ļnel; aumentaba el inter√©s de la prensa por reflejar las opiniones pol√≠ticas del intelectual que defini√≥ siempre como su ideal el ¬ęsocialismo con libertad¬Ľ, que admir√≥ a Sartre y fue militante del Partido Comunista durante su juventud. ¬ęQu√© es un intelectual para m√≠? Un hombre de ideas y de libros. ¬ŅPara qu√© sirve? Entre otras cosas, como se ha visto, para convulsionar al mundo (como lo prueban dos libros: el Evangelio y el Manifiesto Comunista) y para levantar a las masas con alpargatas ¬ŅQu√© papel debe desempe√Īar el d√≠a que se arme? Luchar por las ideas que defendi√≥ antes en el papel. Luchar, si es necesario, con el fusil en la mano¬Ľ, dijo en 1961, despu√©s de haber renunciado como funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores del presidente Arturo Frondizi. El mismo hombre que practicaba el ejercicio de la simpat√≠a hacia los uniformes, manifestaba en 1962 que ¬ęel mundo necesita una revoluci√≥n y que es necesario echar abajo esa sociedad caduca que tiene a Norteam√©rica como modelo, aunque tengamos grandes dudas de la del otro lado¬Ľ(8).

La coherencia parec√≠a una asignatura pendiente para el escritor que ya gozaba del benepl√°cito de gran parte del ¬ęestablishment¬Ľ. ¬ŅSorprend√≠a a alguien, en los a√Īos setenta, que se desesperara por dar a conocer su satisfacci√≥n por el resultado electoral que llev√≥ a H√©ctor C√°mpora al gobierno en marzo de 1973? ¬ęAdecuada y necesaria¬Ľ calific√≥ Sabato la plataforma pol√≠tica del triunfador Frejuli, aunque no se priv√≥ de castigar con furia ciertas ¬ęideolog√≠as for√°neas¬Ľ con un evidente toque macartista, muy de moda por esos tiempos: ¬ęUn gobierno que se proponga la gran transformaci√≥n debe tener la convicci√≥n filos√≥fica y la fuerza suficiente como para sacar a puntapi√©s a organizaciones extranjerizantes. La libertad absoluta no existe, no ha existido nunca ni existir√° jam√°s. Si alguien entra en mi casa e intenta humillar o destruir o vejar a mi gente, yo no tengo el ‘derecho’ de impedirlo hasta con la fuerza, creo que tengo el ‘deber’ de hacerlo¬Ľ(9).

fotoDictadura y democracia, ida y vuelta

Uno se pregunta c√≥mo es posible que Sabato sea considerado un referente de coherencia y compromiso por la libertad y la democracia. C√≥mo es posible que el hombre que en 1981 -cuando la dictadura ya entraba en su pat√©tica par√°bola descendente y era necesario acomodarse a los tiempos que llegaban- lleg√≥ a decir que ¬ęen ciertos casos la rebeli√≥n armada ha sido necesaria, y seguramente seguir√° siendo necesaria, si se tiene en cuenta la ferocidad con que los ego√≠stas se aferran a sus privilegios¬Ľ(10), defendiera con furia militante a la dictadura que tom√≥ el poder en 1976. C√≥mo entender que el intelectual que sobre el fin del poder militar en 1982, habl√≥ de ¬ęla necesidad de pedir cuentas de todo lo que ha sucedido en estos seis a√Īos de desastre que parad√≥jicamente llevan el nombre de Proceso de Reorganizaci√≥n Nacional. Un per√≠odo en el que se produjeron horribles violaciones de derechos humanos¬Ľ, para despu√©s agregar que ¬ęlo √ļnico que han demostrado (los militares) es que son capaces de ejercer el terrorismo m√°s atroz, de haber secuestrado y muerto a una enorme cantidad de la juventud m√°s idealista del pa√≠s¬Ľ(11).

Hace falta recordar el papel funcional de Sabato a favor de la dictadura iniciada en 1976 para asombrarse de sus cr√≠ticas posteriores al r√©gimen asesino de Videla y compa√Ī√≠a. Si no, cualquiera podr√≠a preguntarle porqu√©, durante la ceremonia donde fue condecorado como ¬ęCaballero de la Legi√≥n de Honor¬Ľ en febrero de 1979, en la embajada francesa en Buenos Aires, transmitida por el canal oficial de la dictadura y con amplia repercusi√≥n en los medios europeos, el escritor guard√≥ el silencio m√°s miserable mientras en Argentina continuaba la cacer√≠a criminal de hombre, mujeres y ni√Īos, a metros de la misma embajada. Pero fue en 1978 cuando Sabato asumi√≥ su lugar de alfil de la dictadura para criticar las denuncias de los exiliados en el exterior: la pat√©tica ¬ęCampa√Īa antiargentina¬Ľ, orquestada en sinton√≠a con la organizaci√≥n del Mundial de f√ļtbol.

El rol de Sabato en este hecho resulta pat√©tico: ¬ęBoicotear el mundial no s√≥lo hubiera sido boicotear al gobierno, sino tambi√©n al pueblo de la Argentina, que de veras, no se lo merece¬Ľ(12), dijo. Despu√©s fue el invitado de lujo a la fiesta de los campeones del mundo, y tuvo el privilegio de cerrar el emotivo acto transmitido en cadena a todo el pa√≠s entreg√°ndole una menci√≥n al t√©cnico C√©sar Luis Menotti con palabras repletas de felicidad: ¬ęEl f√ļtbol no es un mero pasatiempo f√≠sico. Invoca grandes cualidades del hombre, como el desarrollo de la inteligencia, capacidad de improvisaci√≥n, coraje, decisi√≥n, tenacidad, todo eso le inyect√≥ este hombre excepcional al conjunto de muchachos. Yo quise aceptar esta invitaci√≥n porque las penas de mi pueblo son mis penas. Y tambi√©n las alegr√≠as¬Ľ(13). El estruendo de la ovaci√≥n de genocidas y c√≥mplices casi rebas√≥ los l√≠mites del Hotel Sheraton.

Tres a√Īos m√°s tarde Sabato criticar√≠a el Mundial con una impunidad vergonzante: ¬ęDesaprobaba el despilfarro, el gigantesco aparato de publicidad, el nacionalismo barato que suscitaba y el olvido de los problemas grav√≠simos de la Naci√≥n. Para colmo lo ganamos. Si lo hubi√©ramos perdido, habr√≠a servido al menos para que dej√°ramos de creernos los mejores del mundo, ese viejo patrioterismo de los argentinos que tanto da√Īo nos ha hecho. Nos hizo olvidar -y todav√≠a dura ese olvido- de los angustiosos, de los tr√°gicos acontecimientos que hemos vividos en estos √ļltimos tiempos¬Ľ(14). Incre√≠ble. Despu√©s, repetir√≠a el mismo absurdo con la guerra de Malvinas, aunque eso ser√≠a adelantarse en la cr√≥nica.

La participaci√≥n activa de Sabato contra la campa√Īa antiargentina no se reducir√≠a a aprovechar los generosos espacios cedidos por la revista Gente; su compromiso llegar√≠a m√°s lejos, como lo relata el poeta Juan Gelman: ¬ęDaniel Moyano, ese gran escritor argentino exiliado en Madrid, me mostr√≥ en 1978 una carta que le dirigiera Sabato en que √©ste le dec√≠a que su sola presencia en el exterior alimentaba la campa√Īa antiargentina (…). Sabato invitaba a Moyano a regresar y -en plena dictadura militar- le ofrec√≠a trabajo y seguridad personal, algo dif√≠cil de prometer sin alguna anuencia o cauci√≥n militar previamente conversada. Moyano ha muerto, pero hay escritores argentinos vivos que pueden dar fe de lo que digo: recibieron una carta parecida¬Ľ(15).

1978 fue el a√Īo clave para el afianzamiento de la dictadura y el momento en que comenz√≥ a ser cuestionada en el exterior por organismos de derechos humanos. En tal sentido, la revista alemana GEO Magazin invit√≥ a Sabato a participar de una entrevista con gran inter√©s para los lectores europeos: el presente del gobierno militar en Argentina. ¬ęLa inmensa mayor√≠a de los argentinos rogaba casi por favor que las fuerzas armadas tomaran el poder. Todos nosotros dese√°bamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos¬Ľ, explicaba Sabato, para despu√©s comenzar a perfilar su teor√≠a de los dos demonios, la coartada preferida por la Junta para evitar dar explicaciones:

¬ęDesgraciadamente ocurri√≥ que el desorden general, el crimen y el desastre econ√≥mico eran tan grandes que los nuevos mandatarios no alcanzaban a superarlos con los medios de un estado de derecho. Porque entre tanto, los cr√≠menes de la extrema izquierda eran respondidos con salvajes atentados de represalia de la extrema derecha. Los extremistas de izquierda hab√≠an llevado a cabo los m√°s infames secuestros y los cr√≠menes monstruosos m√°s repugnantes¬Ľ. La concepci√≥n que intentaba definir el escritor, aquella que situaba al gobierno militar como ¬ęneutral¬Ľ o ¬ęmediador¬Ľ entre las violencias de ambos ¬ęextremos¬Ľ, quedaba expuesta en sus respuestas.

Despu√©s afirmar√≠a: ¬ę(…) en nuestro pa√≠s, muchas cosas han mejorado: las bandas terroristas armadas han sido puestas en gran parte bajo control¬Ľ. Para terminar Sabato no perdi√≥ la oportunidad de cerrar su panfleto en favor de la dictadura: ¬ęLa democracia tiene que aprender su lecci√≥n de la historia y debe saber que con los viejos m√©todos liberales heredados de tiempos menos problem√°ticos, no se pueden dominar los delirios del presente¬Ľ(16). Es v√°lido preguntarse si el responsable de estas opiniones es la misma persona que en 1984 expres√≥ con dureza lo siguiente: ¬ęEl pueblo ha experimentado por primera vez la atroz vivencia de una dictadura mortal, putrefacta, corrupta… No hay ninguna persona con dos dedos de frente, con sensibilidad en la Argentina que vaya a mover un d√≠a un solo dedo en favor de los militares¬Ľ(17).

Los de ¬ęafuera¬Ľ

La visita de la Comisi√≥n de Derechos Humanos de la OEA fue el acontecimiento clave de 1979. La dictadura estaba consolidada desde lo econ√≥mico por el plan de Mart√≠nez de Hoz, gozaba de los √©xitos deportivos -ese a√Īo se gan√≥ el Mundial Juvenil en Jap√≥n- y se prepar√≥ para recibir a la comitiva internacional sin inmutarse, contando incluso con un ej√©rcito de c√≥mplices que se ocupaba de resguardar el otro flanco que presentaba riesgos: el exilio y la opini√≥n p√ļblica europea.

En esa zona se ocup√≥ de presentar batalla el se√Īor Sabato, amparado en el supuesto ¬ępluralismo¬Ľ de la dictadura que le dejaba manifestar alguna cr√≠tica -como cuando se censur√≥ la obra del fil√≥sofo Henri Lefebvre-. En ese momento de quiebre Julio Cort√°zar escribi√≥ su famoso art√≠culo Am√©rica Latina: exilio y literatura, instando a los intelectuales a asumir ¬ęla respuesta m√°s activa y eficaz posible al genocidio cultural que crece d√≠a a d√≠a en tantos pa√≠ses latinoamericanos¬Ľ.
Sabato responder√° indignado: ¬ęLa inmensa mayor√≠a de sus escritores, de sus pintores, de sus m√ļsicos, de sus hombres de ciencia, de sus pensadores, est√°n en el pa√≠s y trabajan¬Ľ, para despu√©s afirmar que ¬ęcometen una grave injusticia los que est√°n fuera del pa√≠s pensando que aqu√≠ no pasa nada y que todo es un tremendo cementerio¬Ľ(18). Decir eso cuando cientos de artistas hab√≠an sido desparecidos, estaban perseguidos o exiliados parec√≠a un argumento escrito por los propios genocidas. Otros siguieron sus pasos: ¬ęLos escritores m√°s destacados no se han ido¬Ľ, dijo Manuel Mujica La√≠nez. Silvina Bullrich sosten√≠a que ¬ęni Borges, ni Mallea, ni Sabato se fueron¬Ľ, y Luis Gregorich se preguntar√° desde Clar√≠n: ¬ęDespu√©s de todo, ¬Ņcu√°les son los escritores importantes exiliados?¬Ľ. La escritora Liliana Heker aprovechar√≠a la volada para polemizar con Cort√°zar: ¬ęYa que no se le puede atribuir mala fe, al menos puede supon√©rsele (…) una necesidad a ultranza de hacer causa com√ļn con los exiliados, aun a riesgo de dar una imagen maniquea de la realidad, vali√©ndose de recursos m√°s pasionales que cient√≠ficos¬Ľ. El escritor Abelardo Castillo tambi√©n se debat√≠a por ganar un espacio debajo del manto de c√≥mplices e hip√≥critas que intentaron posicionarse ante los ojos de los genocidas con opiniones lamentables: ¬ęEspero no herir a alg√ļn compatriota que viva en el extranjero si afirmo que desconf√≠o de algunos h√©roes intelectuales que postulan sus convicciones desde Calcuta o Afganist√°n¬Ľ, para despu√©s calificar como ¬ęfalsa, corrompida e injuriosa¬Ľ la imagen que del pa√≠s intentaban transmitir los argentinos en el exterior¬Ľ(19).

Despu√©s llegar√≠a el fracaso del plan econ√≥mico, el cambio de mando como recurso rid√≠culo, la m√°scara de un r√©gimen que comenzaba a descascararse. Muchos eligieron acomodarse a los nuevos vientos. Pero justo en ese proceso hacia ideas m√°s democr√°ticas, estalla la guerra en las islas Malvinas. ¬ŅHabr√° le√≠do Galtieri la siguiente frase de Sabato sobre la guerra?: ¬ę√Čste es un pa√≠s que no pas√≥ grandes sufrimientos. No tuvo terremotos, no padeci√≥ hambre… ac√° las cosas nunca estuvieron demasiado mal. (…) Y no tuvimos ni siquiera, a partir de 1870, una buena guerra. Las guerras unifican a una naci√≥n. Y, en cierto sentido, producen vitalidad. Sobre todo, las guerras de defensa nacional unifican y hacen que la agresividad que todos tenemos no se ejerza para la autodestrucci√≥n sino por una causa noble y positiva. (…) Yo no soy pacifista, yo creo en las guerras. Hay guerras que defienden cosas sagradas, muy importantes, y creo que hay que hacerlas¬Ľ(20).

¬ŅHabr√° le√≠do Galtieri, durante los primeros d√≠as de ocupaci√≥n en las islas, las loas del intelectual sobre la decisi√≥n de enviar a la muerte en una guerra absurda a muchachitos de 19 a√Īos, desarmados y sin preparaci√≥n?: ¬ęMucha gente ha muerto detr√°s de dos metros cuadrados de tela. Pero es un error creer que dos metros cuadrados de tela son nada m√°s que eso. Transformados en banderas, son un s√≠mbolo de una ideolog√≠a, de una naci√≥n, de una causa sagrada. De manera que yo estoy convencido de que en este caso s√≠ vale la pena. Hubiera sido un acto indigno de la Argentina, que es una peque√Īa potencia frente a las amenazas, a la soberbia, al desprecio de Inglaterra, agachar la cabeza una vez m√°s. Eso no lo hemos hecho, y si los chicos de 19 y 20 a√Īos est√°n muriendo all√≠, est√°n muriendo por ese motivo¬Ľ(21)(22). Las cr√≠ticas las dijo cuando la dictadura ten√≠a los d√≠as contados. Hab√≠a que cambiar el discurso, borrar el pasado, aniquilar la memoria…

Sabato aclar√≥, mucho despu√©s, que aquellos que recordaban algunas de sus expresiones nada democr√°ticas pertenec√≠an a una ¬ęextrema izquierda¬Ľ culpable de lanzar una y otra vez ¬ęfrases calumniosas¬Ľ contra su persona. En la misma nota extiendi√≥ sus ataque: ¬ęSer√≠a aleccionador averiguar desde qu√© lugar del mundo esos infamantes hicieron cr√≠ticas contra la dictadura militar. Que yo sepa proced√≠an desde el extranjero, desde el Caf√© de Flore, desde M√©xico, siempre bien lejos de la polic√≠a y de las fuerzas armadas. Aqu√≠ nos jugamos la vida, con las amenazas m√°s terribles¬Ľ, se√Īalar√≠a. En ese mismo sentido, dir√≠a en 1994: ¬ęEs muy f√°cil acusar a alguien desde el exterior. Yo, en cambio, enfrent√© a la dictadura sin moverme de mi casa de Santos Lugares¬Ľ. Curiosa forma de ¬ęenfrentarse¬Ľ la de Sabato, cuando fue vox populi su papel como el intelectual de mayor presencia en los medios de comunicaci√≥n durante los a√Īos del Proceso, incluyendo apariciones en televisi√≥n y en actos oficiales del gobierno de facto. El final es toda una sentencia: ¬ęTodav√≠a quiero agregar algo que me indigna: esos detractores, la mayor parte estalinistas, incluyendo grandes escritores, jam√°s denunciaron los horrores de aquella dictadura en la Uni√≥n Sovi√©tica¬Ľ(23).
Despu√©s, llegar√≠a la democracia, el juicio a la Junta, los dos demonios, los aplausos, el papel de sabio o maestro que est√° m√°s all√° del bien y del mal, un pa√≠s que se muere y otro que bosteza…

Sabato ¬Ņy Argentina?

Osvaldo Bayer dice que Sabato es el intelectual que mejor refleja a la clase media argentina, esa clase que mir√≥ con simpat√≠a el advenimiento de los dictadores, que sali√≥ a festejar el triunfo del mundial o el desembarco en Malvinas mientras en la esquina de su casa torturaban a sus vecinos y se apropiaban de sus hijos. La misma clase media que, ya en democracia, aplaudi√≥ de pie las privatizaciones, ignor√≥ los indultos a los genocidas, defendi√≥ la convertibilidad, se indign√≥ con la famosa ¬ęcorrupci√≥n¬Ľ y pidi√≥ a gritos el regreso de cierto ministro de Econom√≠a que despu√©s se fue echado a patadas por los mismos que lo ve√≠an como el √ļltimo recurso. La misma clase media que s√≥lo reaccion√≥ cuando le tocaron el bolsillo, y despu√©s volvi√≥ en silencio a sus hogares, a sus autos, a insultar a todos aquellos que molestaran su tranquilo tr√°nsito hacia lo m√°s pat√©tico de nuestra historia.

Hablar de Sabato es hablar de una parte del pa√≠s y de su gente. Y la realidad, lo que vemos y leemos, es pat√©tico Muchos siguen ovacionando a sus propios verdugos, perdonando ¬ęerrores¬Ľ -que tanto se parecen a los ¬ęexcesos¬Ľ de otros tiempos- y olvidando impunidades. Algo malo debe estar pasando.

Notas
(1) La Nación, 19-6-76.
(2) Los testimonios de Castellani y Ratti fueron publicados en la revista Crisis de julio de 1976.
(3) Jos√© Eliaschev, revista Gente, ¬ęSabato: el fin de una era¬Ľ, 28-7-66.
(4) La entrevista, publicada en el diario El Líder de 1955, integra la recopilación de entrevistas al escritor llamada Medio siglo con Sabato, de Julia Constenla.
(5) Ana Larraín, Cosas de Chile, 1966.

(6) Ibídem.
(7) Franco Mogni, revista Che, 1961.
(8) Entrevista con la revista El escarabajo de oro, 1962.
(9) Entrevista con la revista Siete Días, 1973.
(10) Mona Moncalvillo, Humor, 1981.
(11) Germ√°n Sope√Īa, Siete D√≠as, 1983.
(12) Bernard Pivot, Le Monde, 1978.
(13) Osvaldo Bayer, Rebeldía y esperanza, 1993.
(14) Ibídem 10.
(15) Juan Gelman, Lesbianos, P√°gina/12, 8-5-96.
(16) Ibídem 13.
(17) Roberto Mero, Caras y caretas, 1984.
(18) Clarín, 5-7-80.
(19) Todas las citas de los escritores pertenecen al libro Rebeldía y esperanza.
(20) Emilio Giménez, Gente, 1971.
(21) Ibídem 13.
(22) Sergio Ciancaglini, Gente, 1982.
(23) Carlos Ares, La Maga, 1995.

——————————————

* Periodista. El artículo fue nota de tapa de la revista argentina Sudestada en abril de 2004 (www.revistasudestada.com.ar).

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario