Jun 6 2015
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Despacito por las piedras

Santos es un tigre de papel

Parafraseando la manida frase de Mao Zedong sobre el Imperialismo yanqui; podemos decir que J. M. Santos, es un tigre de papel: de lejos parece muy temible pero mir√°ndolo de cerca es un mu√Īeco manipulado, que el ingenio popular, el cual muy pocas veces se equivoca, ha apodado ‚ÄúChuki‚ÄĚ. Exhibe una gran fuerza pero en realidad no la tiene. Pol√≠ticamente es muy d√©bil, no agrada a nadie y su realidad como gobernante es un pa√≠s sumido en una profunda crisis de todo tipo. Ah√≠ est√°n las encuestas que sus aliados los medios de comunicaci√≥n contrainsurgentes, recientemente le han sacado en cara.

El 10 de mayo pasado, el ex mao√≠sta Guillermo Perry, alto funcionario del Banco Mundial para la Am√©rica Latina y el Caribe, escribi√≥ en el diario El Tiempo-Planeta, una columna titulada ‚ÄúCon pies de Plomo‚ÄĚ en donde a continuaci√≥n de un ‚Äúan√°lisis objetivo‚ÄĚ sobre la situaci√≥n de las Farc, le se√Īala a su amigo Juanma los errores que ha cometido:
(‚Ķ..) ‚ÄĚCualquier an√°lisis objetivo lleva a concluir que los cabecillas de las Farc no tienen opci√≥n distinta a firmar un acuerdo de paz aceptable para los colombianos y la comunidad internacional. ¬ŅQu√© har√≠an si se levanta la mesa? ¬ŅVolver a la selva hasta morir en combate, como ha sucedido con la mayor√≠a de sus compa√Īeros del secretariado? ¬ŅRegresar a Caracas hasta cuando dure Maduro, a pesar de que ahora all√≠ escasean el whisky y el papel higi√©nico? ¬ŅMorirse de viejos solitarios y escondidos en Ir√°n o qui√©n sabe d√≥nde? Da la impresi√≥n de que, al igual que algunos seguidores de Uribe, creen que Santos estar√° dispuesto a firmar un acuerdo en sus t√©rminos antes que a levantarse de la mesa.

Conociendo al Presidente y a los negociadores, sabemos que no es as√≠. Pero Santos ha cometido errores que pueden haberlos inducido a pensar de esa manera. El primero fue utilizar el lema de ‚Äėamigos y enemigos de la paz‚Äô para ganar la reelecci√≥n. Con ello pudieron creer que se convert√≠a en su reh√©n, pues ¬Ņc√≥mo se va a levantar de la mesa ‚Äėel amigo de la paz‚Äô dando la raz√≥n a ‚Äėlos enemigos de la paz‚Äô? Por ello, son muy positivos los acercamientos recientes entre Uribe y el Gobierno. Es mucho mejor estar unidos que polarizados para culminar con √©xito la negociaci√≥n e implementar los acuerdos, como deseamos que suceda. O para enfrentar las consecuencias de levantarse de la mesa, si ello resultara inevitable por la intransigencia de las Farc.

Jugarse todas las cartas al √©xito de la negociaci√≥n fue otro error. Mucho le insistimos que no cometiera esa equivocaci√≥n. Que tuviera al menos otra bandera, pues las Farc pueden estar pensando que Santos no se puede parar de la mesa porque se queda sin nada que mostrar. Esa otra bandera no fue ya la reforma de la justicia, refundida en un mediocre proyecto de ‚Äėbalance de poderes‚Äô que lo √ļnico bueno que tiene es acabar con la reelecci√≥n. Tampoco lo fueron las carreteras, cuya bandera se le entreg√≥ a Germ√°n Vargas. Pero puede ser todav√≠a ‚ÄėColombia, la m√°s educada‚Äô, si se le mete m√°s julepe y Santos se apersona.

También fue un error aparentar que el proceso estaba de un cacho, cuando no había acercamientos en el tema neurálgico de la negociación: el de la justicia transicional. Quizás Santos buscó crear con ello un clima de opinión que motivara a las Farc a concluir, pero creo que les dejó la impresión de que tenía afán. Y se pierde poder de negociación cuando el contrario cree que uno está afanado. La suspensión de los bombardeos acabó siendo un error por esa y otras razones. Santos quiso crear un clima de confianza en la mesa, al corresponder al cese unilateral inicialmente cumplido por las Farc. Pero el riesgo de que algo saliera mal, como en efecto sucedió, era muy grande y lo podía hacer perder credibilidad en la opinión, como ocurrió.

Y concluye Perry de la siguiente manera: ‚ÄúA Santos no le queda ahora m√°s que endurecerse para demostrarles a los dirigentes de las Farc que est√°n muy equivocados en esas apreciaciones. Y ojal√° le dijera al Fiscal ¬īpor qu√© no te callas y te dedicas a tu oficio¬ī, pues cada vez que se entromete en lo que no le corresponde endurece la posici√≥n de las Farc en la mesa‚ÄĚ.

La guerra de 15 a√Īos de Uribe&Santos

Pero un an√°lisis objetivo real, no como el de Perry, indica como lo han escrito nuestros columnistas; que la premura de los 15 a√Īos del ‚Äúsantouribismo‚ÄĚ por derrotar militarmente a las Farc (Santos I es Uribe III y Santos II es Uribe IV, seg√ļn lo ha venido desenmascarando valiente y consecuentemente el senador Robledo, con quien coincidimos en este aspecto, sin dejarse enga√Īar de los remilgos electoreros e hip√≥critas del tigre de papel para hacerse reelegir).

Un análisis objetivo, decimos que obedece a causas geoestratégicas más poderosas. Es una pinza político-militar que ha montado el Imperialismo yanqui. Por un lado directa y abiertamente contra el gobierno bolivariano de Venezuela y por el otro, contra las Farc para lograr su rendición exprés y su retiro de toda la frontera Colombo Venezolana, dejando desarmada la inmensidad de los llanos orientales y las selvas del Catatumbo, ricas en petróleo, para que sus mercenarios y paramilitares oficiales puedan operar a sus anchas.

Santos no est√° en manos de las Farc. Eso es inconcebible desde cualquier punto de vista. El T√≠tere diab√≥lico est√° en manos de la aviaci√≥n colombiana dirigida por los gringos con su tecnolog√≠a de √ļltimo nivel, desde las nueve bases que poseen ilegalmente en territorio colombiano.

Recu√©rdese lo que dijo el suboficial sobreviviente del combate del 15 de abril pasado, porque fue un combate, en Farc, combate Buenos Aires/Cauca: ‚ÄúEn tierra y sin aviaci√≥n no somos nada‚ÄĚ.

‚ÄúPara controlar a Venezuela es necesario ocupar militarmente a Colombia‚ÄĚ

Y eso es lo que precisamente el militarismo colombo yanqui desea corregir. Debe suprimir el obstáculo a su infantería que representan las guerrillas revolucionarias colombianas, para poder cerrar el alicate sobre la franja petrolera de la frontera Colombo Venezolana.

Recu√©rdese tambi√©n las palabras del senador Republicano de los Estados Unidos, Paul Coverdale, primer ponente del Plan Colombia en el Senado de los Estados Unidos, 1998: ‚ÄúPara controlar a Venezuela es necesario ocupar militarmente a Colombia‚ÄĚ.

Como no lo ha podido conseguir militarmente en estos 15 a√Īos de ‚Äúsantouribismo‚ÄĚ, ha pensado err√≥neamente que puede desarmar a la Insurgencia guerrillera en una mesa, sin dar nada a cambio.

Manuel Marulanda y sus 48 compa√Īeros, enfrentaron con escopetas a 16 mil soldados totalmente armados y dirigidos por oficiales ‚Äúcoreanos‚ÄĚ, con apoyo de la aviaci√≥n gringa que con la misma ‚Äúdesproporci√≥n‚ÄĚ tambi√©n les tiraron bombas de 250 kilos y adem√°s √°ntrax que los campesinos llamaron ‚Äúviruela negra‚ÄĚ. Pero no los pudieron derrotar porque sus reclamaciones pol√≠ticas eran concretas y salidas de la realidad real y no de an√°lisis objetivos como los de Perry.

¬ŅQu√© hubiera cambiado en Colombia, si el sector de la izquierda no hubiera apoyado al tigre de papel diab√≥lico y en cambio hubiera subido a la presidencia Zuluaga?
Aunque es una imaginaci√≥n, ANNCOL se atreve a decir que nada, absolutamente nada, hubiera cambiado. El mismo TLC, la misma venta de propiedades p√ļblicas, la misma parapol√≠tica, los mismos paramilitares oficiales, la misma pol√≠tica trasnacional agraria o agro-minera y energ√©tica, o educativa etc. Tal vez lo √ļnico hubiera sido la pol√≠tica de paz, que en lugar de los enga√Īos e hipocres√≠as de Santos, el pueblo colombiano hubiera sabido a qu√© atenerse con el t√≠tere Zuluaga y no estar√≠amos rumiando el fracaso que hoy avistamos como si fuese una tragedia griega irreversible: La continuaci√≥n de otro ciclo largo de guerra contrainsurgente y los bolsillos llenos de los mercaderes de la guerra.

Sin embargo ANNCOL desea recordar a sus lectores aquella frase famosa de Ho Chi Ming, cuando Nixon inici√≥ los terribles bombardeos sobre Han√≥i, y que vino a cumplirse 11 a√Īos despu√©s: ‚Äú‚ĶA la derrota pol√≠tica del imperialismo, sigue irremediablemente la derrota militar‚ÄĚ.

El ‚ÄúSantouribismo‚ÄĚ no tiene nada que ofrecer al pueblo colombiano, salvo sangre, sudor y l√°grimas y eso, es una derrota pol√≠tica de incalculables proporciones. Y como conoce el profundo anhelo por la paz con justicia social y democracia, que tienen los colombianos, por eso juega como cualquier tah√ļr acostumbrado a esconder sus emociones, la carta de la paz. Porque no tiene nada m√°s. A eso llamamos derrota pol√≠tica y por esto tambi√©n decimos que Santos es un tigre de papel que de lejos parece terrible pero de cerca es un mu√Īeco diab√≥lico y sanguinario al que el pueblo colombiano en su infinita sabidur√≠a ha apodado como ‚ÄúChuki‚ÄĚ.

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