Jul 21 2012
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Sociedad

¿Se habrán extinguido los portugueses en 2204?

Portugal se queda sin habitantes. El envejecimiento es cada vez más acusado, el índice de natalidad desciende y la inmigración está retrocediendo. A estos factores se añade la presión de la crisis, que lleva a los jóvenes con educación universitaria a buscar un mejor futuro fuera de su país.

El título es deliberadamente provocador. También es exagerado. Pero su intención es llamar la atención sobre una amenaza seria para Portugal. Porque la población portuguesa disminuyó en 2010, volvió a hacerlo en 2011 y todo indica que esta tendencia continuará. En los dos últimos años, con un crecimiento vegetativo (diferencia entre la natalidad y la mortalidad) y un saldo migratorio (diferencia entre emigración e inmigración) negativos en ambos casos, Portugal ha perdido 85.000 habitantes.

La población no había disminuido desde principios de los años noventa. El crecimiento vegetativo sólo había sido negativo una vez, en 2007, pero se compensó con la inmigración. A partir de 2010 se observa un cambio hacia una tendencia que se mantiene. En el ámbito demográfico se suceden las malas noticias, ya sea en términos de natalidad o de movimientos migratorios.

Según las últimas estimaciones disponibles (basadas en el número de tests de Guthrie realizados a los recién nacidos), este año se espera una nueva disminución de los nacimientos. En 2011, el país registró 97.000 nacimientos, es decir, la cifra más baja desde hacía decenios y podría volver a disminuir en 2012, hasta llegar a los 89.000.

Un ritmo emigratorio inédito

Al mismo tiempo, las defunciones se siguen manteniendo por encima del límite de los 100.000 al año: desde 2007 se registra una media de 104.000. Estas cifras han influido en el crecimiento vegetativo que era de -6.000 en 2011 y podría llegar a los -12.000 este año si se confirma la tendencia.

A esto se añade un saldo migratorio que ya no resulta favorable para la demografía portuguesa. Muchos extranjeros instalados en Portugal han empezado a regresar a sus países, mientras que los mismos portugueses, impulsados por la crisis y el desempleo, emigran a un ritmo que no se había visto desde hacía varias decenas de años. La tasa de desempleo constituye el mejor indicador del poder de atracción de una economía. Durante cerca de 20 años, hasta 2010, la economía portuguesa registraba un saldo migratorio positivo. Esto corresponde a un periodo en el que el paro descendió hasta llegar a la cifra mínima del 4 % en 2000. No se había registrado un saldo negativo desde los años ochenta, coincidiendo con la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) y con un índice de paro superior al 10 % (en 1984).

La huída de los portugueses al extranjero tiene consecuencias directas en la demografía en general y no sólo en el saldo migratorio. Los que se marchan son de media más jóvenes que los que se quedan: por ello, su marcha también hace que la natalidad tienda a bajar. Por no hablar del hecho de que muchos de estos emigrantes portugueses, tras haber obtenido sus titulaciones (son numerosos los ingenieros, por ejemplo) en las mejores facultades de su país, se van a “ofrecer” sus talentos a Alemania o Bélgica.

Un país sin habitantes es un desierto

Una crisis demográfica es una mala noticia para todas las economías. En primer lugar, porque una tendencia continua a la baja al final acaba, si no se hace nada para impedirlo, en la desaparición de la población. La fecha de 2204 es una proyección sencilla basada en el mantenimiento del crecimiento vegetativo negativo que se espera para este año, teniendo en cuenta las estimaciones de nacimientos, un número de fallecimientos estable y el mantenimiento del saldo migratorio medio de estos dos últimos años. Es decir, será el año de la extinción de la población portuguesa si el país continúa como actualmente, perdiendo cada año 55.000 personas (en esta proyección no se incluye a los portugueses del extranjero).

Es una mala noticia también porque el descenso de la natalidad y el incremento de la emigración se traducen en el envejecimiento de una población ya envejecida, con todas las consecuencias que implica en términos de seguridad social, cuentas públicas, productividad y crecimiento económico.

Por desgracia, esta amenaza, si bien es muy seria para Portugal, no ha captado toda la atención que merece por parte de los responsables políticos. Y no es un problema que se deba al programa [de austeridad] de la troika [integrada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI]. Es una tendencia que tiende a empeorar y a autoalimentarse. Un país sin habitantes es un desierto: y salvo excepciones, nadie sueña con vivir en un desierto.

*Publicado en Expresso Lisboa

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