Sep 27 2016
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Política

Se inició oficialmente el proceso de pacificación en Colombia

Con la firma del presidente Juan Manuel Santos por el gobierno y del comandante Timochenko por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), se puso fin al conflicto armado interno más antiguo de América latina que causó más de 220.000 muertos y al menos cinco millones de refugiados, y se dio comienzo al proceso de pacificación.

Ofrezco sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra, declaró ayer el máximo líder de las FARC-EP, Rodrigo Londoño, mejor conocido como Timochenko, tras la histórica firma de un acuerdo de paz con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, quien proclamó: “Cesó la horrible noche de la violencia… abramos nuestros corazones a un nuevo amanecer de la paz”.

Al filo de las 17:30 horas, tras un minuto de silencio, Santos y Timochenko firmaron el acuerdo de paz alcanzado en agosto pasado en La Habana, Cuba, en negociaciones iniciadas en noviembre de 2012, para poner fin a un conflicto de 52 años que dejó 220 mil muertos, 45 mil desaparecidos y 6.9 millones de desplazados.

El texto de 297 páginas que, resaltó Santos, busca esencialmente cambiar balas por votos, promoviendo el desarme de la guerrilla y su transición a la vida política legal, se firmó con un balígrafo, un bolígrafo elaborado con balas, una réplica del cual fue obsequiado a los 2 mil 500 invitados a la ceremonia efectuada en la Plaza de Banderas, en el Centro de Convenciones Julio César Turbay Ayala.

El primero en estampar su rúbrica fue Londoño, también conocido como Timoleón Jiménez; posteriormente firmó Santos, quien entregó la insignia de una paloma de la paz que llevaba puesta en el saco al máximo líder de las FARC, que la prendió en su guayabera.

Y se estrecharon por primera vez la mano en Colombia.col-firman-paz

Gracias a un diálogo laborioso y visionario, pueden mirar al futuro con optimismo. ¡Viva la Paz! ¡Viva Colombia! ¡Viva Colombia en Paz!, intervino el secretario de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, quien reconoció el esfuerzo de las dos partes y cuyo organismo supervisará la etapa del posconflicto.

Timochenko continuó con un discurso marcado por alusiones a la reconciliación nacional y a la justicia social, que terminó dando la bienvenida a esta segunda oportunidad sobre la tierra, al referirse al fallecido Nobel colombiano Gabriel García Márquez.

Que nadie dude que vamos hacia la política sin armas; preparémonos todos para desarmar las mentes y corazones. Lo escrito en el papel va a cobrar vida en la realidad y para que esto sea posible, además de la verificación internacional, el pueblo colombiano debe convertirse en el principal garante de lo pactado; nosotros vamos a cumplir y esperamos que el gobierno cumpla, aseveró Timochenko.

Vestido de blanco, como todos los asistentes a la ceremonia –entre ellos el presidente de Cuba, Raúl Castro, anfitrión de las negociaciones auspiciadas también por Noruega, Venezuela y Chile–, Timochenko agradeció a Santos “su probada voluntad por construir el acuerdo, que es una victoria de la sociedad colombiana en su conjunto y de la comunidad internacional.

Nuestro propósito de búsqueda de una salida política al desangre fratricida de la nación encontró en el presidente Juan Manuel Santos un valeroso interlocutor capaz de sortear con entereza las presiones y provocaciones de los sectores belicistas a él, dijo.

Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando Londoño pidió perdón: En nombre de las FARC-EP ofrezco sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra, aseveró entre vítores, aplausos y gritos de los asistentes a la ceremonia.

Entonces Timochenko se sorprendió ante el sobrevuelo de aviones de las fuerzas armadas sobre la Plaza de Banderas, que hicieron estallar municiones como un saludo por la paz. El máximo dirigente del hasta ahora grupo guerrillero, entre risas, comentó: Los aviones saludaron la paz y no descargan bombas.

En su turno, Santos dio la bienvenida a la democracia a los integrantes de las FARC. Miembros del grupo rebelde, hoy, cuando emprenden su camino de regreso a la sociedad, cuando comienzan su tránsito a convertirse en un movimiento político sin armas, siguiendo las reglas de justicia, verdad y reparación contenidas en el acuerdo, como jefe de Estado de la patria que todos amamos, les doy la bienvenida a la democracia, dijo Santos.

Lo que firmamos hoy es una declaración del pueblo colombiano ante el mundo de que nos cansamos de la guerra, de que no aceptamos la violencia como medio para defender las ideas, expuso Santos.

Cambiar las balas por los votos; las armas por las ideas, es la decisión más valiente y más inteligente que puede tomar cualquier grupo subversivo, y en buena hora ustedes entendieron el llamado de la historia, sostuvo.

“Cesó la horrible noche de la violencia… abramos nuestros corazones a un nuevo amanecer de la paz”, concluyó Santos con lágrimás.
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Durante la ceremonia estuvieron presentes los presidentes de México, Enrique Peña Nieto; Argentina, Mauricio Macri; Chile, Michelle Bachelet; Ecuador,Rafael Correa, y Venezuela, Nicolás Maduro, así como el jefe de la diplomacia estadunidense, John Kerry, y numerosos representantes de organismos internacionales.

Miles de colombianos en la Plaza de Bolívar de Bogotá y en otras ciudades del país aplaudieron, festejaron y ondearon banderas mientras veían la firma del acuerdo en pantallas gigantes de televisión. Las autoridades organizaron shows musicales para celebrar la ocasión, que guerrilleros festejaron con conciertos en sus campamentos de la selva en el Yarí.

La jornada se inició con un homenaje a la fuerza pública, a la que Santos agradeció su sacrificio y su valor.

En la iglesia de San Pedro Claver, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano y enviado del papa Francisco al acto, encabezó una oración por la reconciliación de los colombianos, que se repitió en todos los lugares de culto del país.

Ahora el pacto deberá ser avalado por los ciudadanos colombianos en un plebiscito el próximo 2 de octubre. Si lo refrendan, Mauricio Babilonia, uno de los personajes de la novela Cien años de soledad, tendrá que liberar a sus mariposas amarillas, citaron durante el acto tanto Santos como Londoño.

Los seis puntos del pacto

Los siguientes son los principales puntos del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera en Colombia entre el Gobierno y las FARC:

1. Reforma rural integral. Busca la transformación rural para cerrar las brechas entre el campo y la ciudad. El gobierno creará un fondo de tierras de distribución gratuita que dispondrá de 3 millones de hectáreas durante sus primeros 10 años. Se pondrá a disposición de los beneficiarios de dicho fondo planes de vivienda, asistencia técnica, capacitación, adecuación de tierras y recuperación de suelos, proyectos productivos, de comercialización y acceso a medios de producción. Incluye un programa de formalización masiva de la pequeña y mediana propiedad rural.col paz

2. Participación de los ex guerrilleros en política. Busca ampliar el sistema democrático para permitir que surjan nuevas fuerzas políticas con garantías para la oposición. Se pondrá en marcha un Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política. El gobierno creará en las zonas más afectadas por el conflicto 16 Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz para la elección de 16 miembros de la Cámara de Representantes, de manera temporal, y por dos periodos electorales. Tras la firma del acuerdo y luego de la deposición de las armas, las FARC podrán tener un mínimo de cinco escaños en el Senado y cinco en la Cámara de Representantes.

3. Ceses del fuego y de hostilidad bilateral y definitivos. Incluye el cese de las acciones ofensivas y el compromiso de las FARC de abandonar su lucha armada, así como garantías de seguridad para los ex guerrilleros y un compromiso del Estado para luchar contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores de los derechos humanos, movimientos sociales y políticos. Las FARC se comprometen a concentrarse en 27 sectores específicos y a entregar todas sus armas a la Organización de Naciones Unidas en un proceso por fases que terminará 180 días después de la firma del acuerdo. Cada uno de los miembros de las FARC recibirá durante 24 meses, 180 días después de la firma del acuerdo de paz, una renta básica mensual equivalente a 90 por ciento del salario mínimo legal (unos 213 dólares). Después de eso recibirán, por una sola vez, una asignación de dos millones de pesos (unos 684 dólares).

4. Solución al problema de las drogas ilícitas. Busca una nueva visión que dé un tratamiento distinto al fenómeno del consumo, al problema de los cultivos de uso ilícito y a la criminalidad asociada al narcotráfico, con enfoques de salud pública y de derechos humanos. Incluye programas de sustitución de cultivos ilícitos, planes integrales de desarrollo con participación de las comunidades en el diseño, ejecución y evaluación de los programas de sustitución y recuperación ambiental de las áreas afectadas.

5. Víctimas. Busca el resarcimiento de las personas afectadas por el conflicto armado. Este punto crea el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que contribuye a la lucha contra la impunidad combinando mecanismos judiciales que permiten la investigación y sanción de las violaciones a los derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario, con mecanismos extrajudiciales complementarios que contribuyan al esclarecimiento de la verdad de lo ocurrido, la búsqueda de los desaparecidos y la reparación del daño causado.

Formarán parte de este sistema la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición; la Unidad Especial para la Búsqueda de Personas dadas por desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto armado y la Jurisdicción Especial para la Paz.

Esta última instancia estará constituida por una serie de salas, entre ellas una de Amnistía e Indulto y un Tribunal para la Paz.

En esta jurisdicción tendrán cabida los agentes del Estado que hayan cometido delitos en el conflicto armado y quienes hayan financiado grupos armados.

No serán objeto de amnistía ni indulto los autores de delitos de lesa humanidad, genocidio, crímenes de guerra, toma de rehenes u otra privación grave de la libertad, tortura, ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada, acceso carnal violento, sustracción de menores, desplazamiento forzado, además del reclutamiento de menores conforme a lo establecido en el Estatuto de Roma. Las sanciones alternativas para infracciones que se impondrán a quienes reconozcan su responsabilidad en el juicio tendrán una pena privativa de la libertad de cinco a ocho años. Quienes no reconozcan su culpabilidad cumplirán las sanciones de las normas penales ordinarias, con sanciones no inferiores a 15 años ni superiores a 20.

6. Mecanismos de implementación y verificación. En este punto se crea una comisión de implementación, seguimiento y verificación del acuerdo de paz paz y de resolución de diferencias, integrada por representantes del gobierno y de las FARC.

También crea un mecanismo de acompañamiento para que la comunidad internacional ayude a garantizar la implementación del acuerdo y en materia de verificación se pone en marcha un modelo con un componente internacional integrado por los países que durante el proceso tuvieron el papel de garantes y acompañantes (Cuba, Noruega, Chile y Venezuela) y dos vocerías internacionales.

Anexo 1
Bienvenida la paz

col-paz-siEditorial de La Jornada| Después de cuatro años de un proceso de negociación arduo, difícil y por momentos sumamente frágil, el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) concretaron ayer un acuerdo de paz de aliento histórico para poner fin al conflicto armado más antiguo del continente. El documento fue firmado en Cartagena de Indias, en presencia de mandatarios y personalidades destacadas de la comunidad internacional, por el presidente Juan Manuel Santos y el máximo dirigente de la organización guerrillera, Rodrigo Londoño, alias Timochenko.

El suceso es sin duda saludable y reconfortante, en la medida en que abre la perspectiva de superar la guerra y su cauda de pérdida de vidas, crear las condiciones para el retorno de miles de desplazados a sus tierras, hacer justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos por ambos bandos durante el conflicto, consolidar la vida democrática del país y alentar el desarrollo económico de Colombia.

No debe perderse de vista, sin embargo, que la terminación formal de la guerra es apenas el inicio para la construcción de la paz, un proceso que debe empezar por la aprobación ciudadana de los acuerdos, en un referendo programado para el próximo 2 de octubre, así como en la ratificación, en el Legislativo, de diversas modificaciones legales previstas en los acuerdos firmados ayer. Aunque de acuerdo con los sondeos de opinión el sí a los acuerdos tiene grandes probabilidades de triunfar en la consulta, hay sectores políticos y corporativos interesados en torpedear el proceso de pacificación, dirigidos en su parte visible por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, quien ayer mismo encabezó en Cartagena una manifestación contra la paz con olor de provocación.

Pero incluso en el escenario de que el acuerdo de paz sea aprobado por la población y dotados de sus necesarios documentos complementarios por el Congreso, debe tenerse en cuenta que las inercias de la violencia no necesariamente se detendrán de manera automática, y tal vez resulte inevitable la persistencia de núcleos irreductibles en uno y otros bandos. Pero ese fenómeno marginal es consustancial a cualquier proceso de paz y cabe esperar que tanto las partes firmantes como la sociedad tengan la capacidad y la tenacidad requeridas para impedir que altere el curso de la pacificación.

Para finalizar, América Latina asiste en Colombia a un momento clave de su propia historia, sin precedentes desde que culminaron, en los años noventa del siglo pasado, los acuerdos de paz en las naciones centroamericanas –Nicaragua, El Salvador y Guatemala– en las que se desarrollaban conflictos armados heredados de la guerra fría. Ahora, como entonces, se ratifica el anhelo de los países de la región de vivir en paz, legalidad y democracia.

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