Sep 13 2005
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Opinión

Se venden candidatos

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Con la Revolución Industrial la producción en serie exigió una motivación para el consumo. Los bienes dejaron de tener sólo valor de uso y pasaron a tener, sobre todo, valor de cambio.

Poco a poco la producción dejó de fijarse solamente en las necesidades de los consumidores. El mercado se volvió un fin en sí. Se pasó a producir no para eliminar carencias sino para obtener lucros exorbitantes. De ese modo se llenó el mercado de productos superfluos; lo cal exige mayor publicidad, de modo que, ante los ojos del consumidor, lo superfluo se convierta en necesario.

El capitalismo lo reduce todo a la condici√≥n de mercanc√≠a. Es lo que Marx calific√≥ de reificaci√≥n. Productos agr√≠colas e industriales, servicios y actividades culturales, ideas y creencias, todo se transforma en mercanc√≠a a ser tratada seg√ļn las leyes del mercado. Pol√≠ticos y pol√≠ticas pasan a recibir el mismo tratamiento. Salen los cient√≠ficos para ceder su lugar a los mercadot√©cnicos.

Fij√°ndonos en el actual sistema electoral, predomina la victoria de los candidatos que cuentan con m√°s recursos financieros y por tanto est√°n en condiciones de pautar m√°s publicidad.

La vieja izquierda, interesada en el ‚Äúasalto al poder‚ÄĚ, desde√Īaba la publicidad, por m√°s que se empe√Īase en divulgar sus propuestas. Pero lo hac√≠a a partir de presupuestos equivocados, como creer que iba al encuentro de los sufrimientos del pueblo y por tanto funcionar√≠a como f√≥sforo encendido en tanque de gasolina‚Ķ

Descubrió tardíamente que el ideal de los pobres es la ilusión burguesa. Ser como los ricos es más seductor que luchar por la igualdad social. Igualdad que la izquierda proclama a través del discurso hermético de los conceptos ideológicos, inaccesibles al entendimiento popular. Se utilizaba un dialecto que sólo era comprendido por los miembros de la tribu ideológica.

fotoDescartado el horizonte revolucionario, la nueva izquierda se rindi√≥ al pragmatismo publicitario. Es necesario competir en condiciones de igualdad con los dem√°s candidatos. Por tanto el servicio de los mercadot√©cnicos se volvi√≥ m√°s importante que los an√°lisis prospectivos de los analistas pol√≠ticos de una campa√Īa electoral. Ahora lo que importa es vender en el mercado ese producto llamado candidato. Hacerlo digerible al gusto del consumidor-elector, de manera que √©ste le d√© a aqu√©l su voto, como expresi√≥n de su esperanza.

La opini√≥n p√ļblica no traga el c√≥digo conceptual de la izquierda. Condicionado por los sofisticados recursos publicitarios, que se dirigen m√°s a la emoci√≥n que a la raz√≥n, el mercado consumidor es m√°s sensible a la forma que al contenido, a las apariencias que a la propuesta, a lo que tiene que ver con el afecto, y no tanto a lo que apela a la inteligencia.

Así, parece no quedarle alternativa a la izquierda, en caso de que quiera ganar las elecciones (mientras tanto no se reforme el sistema electoral), si no es sometiéndose a los parámetros del mercadeo. Por eso, las candidaturas, salvo raras excepciones, sufren cada vez más de una progresiva desideologización, revestidas de una envoltura que encubre convicciones y propuestas, dejando trasparentar apenas trivialidades: la vida familiar del candidato, el prestigio de las personas que le apoyan, su apariencia siempre jovial y decidida, en fin un marchamo que inspire confianza a los consumidores-electores.

La pasteurizaci√≥n electoral de la izquierda corre el peligro de prolongarse en el ejercicio del poder. Si la mujer del C√©sar deb√≠a ser honesta y tambi√©n parecerlo, el pol√≠tico que se deja maquillar para efectos electorales peligra con preocuparse m√°s en parecer eficiente que en ser eficiente. Gobierna con el ojo puesto en las estad√≠sticas de opini√≥n. Abdica de sus compromisos de campa√Īa para someterse al s√≠ndrome del electoralismo, o sea conservarse en el poder pasa a ser su obsesi√≥n, y no el administrar para lograr mejorar las condiciones de vida de la mayor√≠a de la poblaci√≥n.

Esa desideologizaci√≥n tiende a reducir la pol√≠tica a un arte de acomodar intereses. Se pierden la perspectiva estrat√©gica y el horizonte ut√≥pico. Ya no se busca otro mundo posible. Ahora todo se reduce a cultivar una buena imagen ante la opini√≥n p√ļblica. Poco a poco desfallece la militancia, dando lugar a los que act√ļan por contrato de trabajo, gente desprovista de aquel entusiasmo que imprime idealismo a una propuesta. La movilizaci√≥n es suplantada por la profesionalizaci√≥n.

La pol√≠tica siempre ha sido un factor de educaci√≥n ciudadana. Vaciada de contenido ideol√≥gico, como consistencia de ideas, se transforma en un mero negocio de acceso al poder. Como sucedi√≥ en California con Schwarzenegger, se elige a quien tiene m√°s visibilidad p√ļblica. Aunque est√© desprovisto de √©tica, de principios y de proyectos. Es la victoria del mercado sobre los valores humanitarios.

En lugar de Libertad, Igualdad y Fraternidad, entran la visibilidad, el poder de seducci√≥n y los amplios recursos de campa√Īa. Es el predominio del mercadeo sobre los principios. Y, como todos sabemos, el secreto del mercadeo no es vender productos; es vender ilusiones, con las cuales √©l envuelve los productos. Ilusiones que llenan la mente de fantas√≠as, aunque no llenen el est√≥mago. Pero tambi√©n alimentan la inconformidad de los excluidos que, atra√≠dos por la fantas√≠a, cubren la realidad a su manera.

Peor para todos nosotros. A menos que la reforma política venga a depurar y perfeccionar nuestro proceso democrático.

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* Te√≥logo y escritor brasile√Īo, autor de la biograf√≠a novelada de Jes√ļs Entre todos los hombres, entre otros libros.

Publicado en Crónica Digital (www.cronicadigital.cl).

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