Abr 26 2013
1882 lecturas

Cultura

Si se nos niega un objeto de deseo, hallamos otro, dice Coetzee a prop贸sito de la censura

芦La verdad es que no existe el progreso cuando se trata de la censura: llevamos el impulso censor en lo m谩s profundo de nosotros. Cuando se nos niega un objeto de deseo, encontramos otro. Cuanto m谩s cambian las cosas, m谩s iguales permanecen禄, concluy贸 el sudafricano y premio Nobel de Literatura J.M. Coetzee la conferencia magistral que ofreci贸 este jueves en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (Filba).
A las seis, en el auditorio Jorge Luis Borges, el escritor argentino Vicente Battista inaugur贸 oficialmente la feria editorial acompa帽ado de Gustavo Canevaro, presidente de la Fundaci贸n del Libro, que organiza la Filba.

En su discurso, Battista sentenci贸: 芦Las dictaduras queman libros, las democracias alientan su lectura禄, en referencia a las compras de libros que realiza el gobierno argentino para su distribuci贸n en las escuelas p煤blicas, y subray贸 que aunque hay quienes anticipan la extinci贸n del libro 芦no como consecuencia de los dictadores, sino por la acci贸n de Internet y sus derivados (…) tengo la certeza de que dentro de cien a帽os, en un d铆a como hoy, la feria del libro abrir谩 una vez m谩s sus puertas para darle la bienvenida a sus miles y miles de lectores禄.

Tel贸n de fondo

A las 19:30, hora local, 17:30 hora de M茅xico, fue cuando J.M. (John Maxwell) Coetzee se dirigi贸 al p煤blico del auditorio Victoria Ocampo para hablar de su experiencia durante el apartheid (segregaci贸n racial) en Sud谩frica y c贸mo sus libros pasaron la censura.

Este discurso es el que ofreci贸 hace unos d铆as en Colombia y se titula Contra la censura. El relato comienza en 2002, cuando el escritor viaj贸 a Australia para vivir ah铆 y se abri贸 la posibilidad de obtener una beca del gobierno local, asunto que le caus贸 sorpresa porque en Sud谩frica, su pa铆s natal, nunca hubo apoyo a los escritores:

芦En Sud谩frica, el 煤nico organismo que alguna vez se cre贸 en relaci贸n con los escritores tuvo la funci贸n de dificultar que continuaran con su trabajo, no de ayudarlos. Por eso me sorprendo. En Sud谩frica nos consider谩bamos afortunados si el gobierno no se enteraba de lo que est谩bamos haciendo禄, dijo Coetzee, galardonado con el Nobel en 2003.

La censura, a帽adi贸, fue algo com煤n hasta 1990, 鈥渃uando se empez贸 a desmantelar la legislaci贸n creada por el gobierno del apartheid. Bajo dicha legislaci贸n, para que un libro se pusiera a la venta deb铆a contar con la aprobaci贸n de un comit茅 an贸nimo de censores 鈥揳n贸nimo en el sentido de que sus identidades no se daban a conocer鈥. La censura era el tel贸n de fondo sobre el que se mov铆a todo artista sudafricano: novelistas, dramaturgos, poetas, cineastas鈥.

Comenz贸 entonces a interesarse por la censura 芦como un fen贸meno hist贸rico general禄 y es cuando public贸 el libro que en castellano se titul贸 Contra la censura y en el que se refiri贸 a lo que ocurr铆a en Sud谩frica, Europa del este y la entonces Uni贸n de Rep煤blicas Socialistas Sovi茅ticas.

鈥淢i inter茅s en el tema resurgi贸 recientemente cuando apareci贸 un libro sobre el sistema de censura sudafricano llamado The Literature Police, de Peter McDonald, quien es profesor en la Universidad de Oxford.

鈥淟a investigaci贸n que McDonald y un colega sudafricano, llamado Hermann Wittenberg, realizaron en los archivos de los censores ha sido toda una revelaci贸n, no s贸lo para m铆 sino para otros escritores sudafricanos de mi generaci贸n, ya que nos brind贸 una perspectiva 铆ntima de c贸mo fueron observadas nuestras actividades por las autoridades de la 茅poca.

鈥淐uando digo 鈥榤i generaci贸n鈥 me refiero a los escritores que llegaron a la madurez durante las casi cuatro d茅cadas del gobierno del Partido Nacional, y ejercieron su profesi贸n bajo la mirada del estado de apartheid鈥.

Los objetivos de la censura en ese momento fueron dos, prosigui贸 Coetzee: 鈥淧rimero, asegurar que la naci贸n 鈥搑efiri茅ndose en primer lugar a la naci贸n blanca鈥 no fuera infectada por lo que se consideraba la decadencia moral de Occidente, sino que por el contrario permaneciera fuerte, viril y confiada. Segundo, asegurar que la propaganda comunista no ingresara al pa铆s para brindar ayuda, consuelo e instrucciones a las fuerzas de la oscuridad.

芦En otras palabras, la censura ten铆a dos brazos: un brazo moral y un brazo pol铆tico. Dada su visi贸n del mundo en blanco y negro, del bien contra el mal, el Estado sudafricano consideraba que ambos brazos se fortalec铆an mutuamente禄.

Esos tiempos han pasado, dijo Coetzee. 芦La situaci贸n del escritor en Sud谩frica ha cambiado para mejor, y se ha desarrollado una fuerte industria editorial local禄.

Lo que fue la censura en su caso: 鈥淰oy a concentrarme en tres libros que publiqu茅 en las d茅cadas del 70 y el 80: In the Heart of the Country (En medio de ninguna parte), Waiting for the Barbarians (Esperando a los b谩rbaros) y Life & Times of Michael K (Vida y 茅poca de Michael K). Los tres fueron escritos en Sud谩frica y siguieron la ruta de publicaci贸n est谩ndar: se enviaron los manuscritos a Londres, se publicaron en Londres y despu茅s se volvieron a exportar a Sud谩frica. Al llegar, y seg煤n las reglas, fueron derivados al Directorio por los oficiales de aduana, y del Directorio a uno de los comit茅s de censores.

芦Los tres, en su momento, pasaron el escrutinio y fueron autorizados para su venta en librer铆as. Ninguno fue prohibido. Fin de la historia禄.

Sin embargo, la historia continu贸 en el mismo relato con lo que llam贸 芦nota al pie禄 y la que record贸 qui茅nes fueron sus censores, algunos de ellos conocidos suyos. M谩s a煤n, conoci贸 las notas que hicieron esos censores que estaban relacionados con las letras. Pertenec铆an al mundo de la literatura ya como escritores, o como acad茅micos. Ellos recomendaron la publicaci贸n de sus obras.

鈥淧arecen haberse visto a s铆 mismos no s贸lo como guardianes de la moral y la seguridad del pa铆s, sino tambi茅n como guardianes de la rep煤blica de las letras. Si le铆 correctamente los informes, en efecto me declararon inocente del intento de socavar la moral y/o subvertir la seguridad del Estado aduciendo que yo era un ciudadano confiable de la rep煤blica de las letras; es decir, que mis lealtades estaban con esta rep煤blica et茅rea m谩s que con alguna ideolog铆a extranjera.

鈥淐laro que yo, como escritor, podr铆a considerarlos, en tanto censores, como el enemigo ex officio. Pero ellos cre铆an estar de mi lado. Estaban interponiendo su juicio experto entre mis textos y los rigores del Acta de Control de Publicaciones, que en manos m谩s toscas y menos expertas podr铆a haberse utilizado para prohibir mis libros, puesto que una y otra vez empleaban lenguaje obsceno y hac铆an referencias poco amables a la polic铆a.

鈥淧ermanentemente mis censores utilizaban, en mi favor, una cl谩usula de la ley que en realidad hab铆a sido pensada para eximir a los textos m茅dicos de la restricci贸n de describir un cuerpo desnudo, y para permitirles a los investigadores acad茅micos consultar las obras de agitadores como Karl Marx. No hace falta prohibir estos libros de J. M. Coetzee, dec铆an de hecho mis censores, porque s贸lo ser谩n le铆dos por personas dentro de la profesi贸n literaria. Sobre En medio de ninguna parte, comentaron: 鈥楽er谩 le铆do y disfrutado s贸lo por intelectuales鈥. Sobre Esperando a los b谩rbaros: (…) carece de atractivo popular. Probablemente su p煤blico se limite en gran medida a la intelectualidad y la minor铆a entendida鈥.

鈥淓n un sentido, esta gente se ve铆a a s铆 misma como mis conciudadanos de la rep煤blica de las letras; como fundamentalmente bien dispuestos hacia los escritores y la escritura; incluso como una especie de h茅roes ignorados, llevando a cabo un trabajo sucio 鈥揹espu茅s de todo, nadie quiere o admira a los censores鈥 con el objetivo de proteger la literatura sudafricana de los pol铆ticos y los filisteos. (Si ganaban un dinero extra gracias a sus actividades, tambi茅n lo hac铆an los rese帽adores de libros, y 驴qu茅 eran ellos sino rese帽adores con poderes inusuales?)鈥.

Y J.M. Coetzee pregunt贸: 鈥溌縋or qu茅 yo fui incluido en este tratamiento especial? En mi opini贸n hubo tres razones. Una: que era blanco y afrik谩ner, incluso si no era un afrik谩ner pura sangre, uno del volk.

芦Ning煤n escritor negro podr铆a haber esperado el tratamiento compasivo que recib铆 yo. Dos: yo proven铆a de la misma clase y el mismo estrato social que los propios censores, es decir de la intelectualidad de clase media. Tres: yo no era un escritor popular. Como se帽alaban una y otra vez en sus informes, mis libros no eran para consumo masivo禄.

  • Compartir:
X

Env铆e a un amigo

No se guarda ninguna informaci贸n personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    1 Coment谩rio

    Comentarios

    1. Rolando Gonz谩lez Altamirano
      3 mayo 2013 5:34

      He leido algunos libros de Coetzee. 脡l menciona 芦Esperando a los b谩rbaros禄 y 芦Vida y 茅poca de Michael K禄. El primero nos ofrece una visi贸n del imperio en decadencia que mira a los pueblos migrantes que se agolpan en el entorno, como peligrosos enemigos. Lo interesante es el trato literario e hist贸rico que logra dar a la migraci贸n. No es distinta la visi贸n de los migrantes que demuestran los actuales imperios. De igual manera Michael K, de labio hendido, leporino, y mentalmente limitado, emigra de la ciudad al campo cargando a su madre esperando encontrar mejores condiciones de vida. Lo que encuentra es la represi贸n, el confinamiento en campos de concentraci贸n de los migrantes. Con 芦Elizabeth Costello禄 y 芦Hombre lento禄, Coetzee nos ofrece su visi贸n de la cr铆tica literaria, el primero, y una descripci贸n psicol贸gica profunda del hombre viejo y minusv谩lido, quien, por la p茅rdida de una pierna, de improviso se encuentra que ya no puede realizar lo que acostumbraba hacer con su vida. El proceso de adaptaci贸n a sus nuevas condiciones de existencia lo arrojan a la desesperaci贸n. Situaci贸n a la que, por lo dem谩s, nos enfrentamos todos aquellos que llegamos a la vejez sin haberse preparado mentalmente para ello. Es un drama terrible. Se los aseguro.
      Leer la obra de Coetzee nos enfrenta, quieras que no, a un sin煤mero de paradojas existenciales. Los desaf铆o a leerlo.
      rologonzal@gmail.com