Nov 15 2005
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Opini贸n

SOCIEDAD Y EQUIDAD DE G脡NERO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Evaluando el escenario de las mujeres en este siglo XXI, podemos se帽alar los progresos de 茅stas en todos los aspectos del espacio p煤blico, que comprenden, entre otros, cambios en el mundo del trabajo, logros educativos, bajas notables de la fecundidad femenina, modificaciones de las relaciones familiares, y el avance importante, aunque limitado, en materia de acceso a la toma de decisiones.

No obstante, la mayor铆a de los hombres no participa en forma suficiente en el trabajo del hogar ni en el conjunto de las actividades de cuidado familiar no remuneradas que trae aparejadas la vida comunitaria y social, lo que se traduce en la consecuente concentraci贸n del quehacer dom茅stico en manos de las mujeres. Es por eso que la armonizaci贸n del 谩mbito privado y p煤blico plantea desaf铆os en el campo de los valores y de los comportamientos, y requiere de pol铆ticas p煤blicas que favorezcan la redistribuci贸n de las responsabilidades familiares entre varones y mujeres.

Esto ha llevado a que en el 谩mbito institucional se hayan creado nuevas entidades, dentro del marco de complejos procesos de la reforma del Estado. Los cambios legislativos han dado origen a oportunidades y desaf铆os, especialmente en lo que se refiere al ejercicio real e integral de los derechos humanos de las mujeres.

Paralelamente, nuevos conocimientos y una amplia gama de experiencias en el espacio de las pol铆ticas demuestran que la igualdad de g茅nero tiene efectos positivos en el desarrollo, y para lograrlo es necesario superar la pobreza y el empoderamiento de la ciudadan铆a en un contexto democr谩tico.

El examen de los avances y los desaf铆os se ha entendido como un ejercicio de aprendizaje colectivo que comprende la identificaci贸n y difusi贸n de las mejores pr谩cticas. La estrategia de la perspectiva de g茅nero en las pol铆ticas estatales se reconoce a煤n como la m谩s favorable, aunque se se帽alan los nuevos retos que surgen del desarrollo tecnol贸gico, las dificultades en la econom铆a mundial y la incertidumbre sobre el futuro de la democracia.

La Comisi贸n Econ贸mica para Am茅rica Latina y El Caribe, de las Naciones Unidas analiza la condici贸n de las mujeres en la propuesta sobre la transformaci贸n productiva con equidad, en ella plantea que, pese a todas las diferencias, las acciones de la regi贸n deben encuadrarse en la concertaci贸n y el consenso a fin de lograr un desarrollo en democracia.

Es un proyecto que incorpora, por definici贸n, el principio del respeto de los derechos individuales, los que obviamente incluyen el de las mujeres, que van desde una participaci贸n equitativa en la sociedad y en el poder, hasta la decisi贸n de tener hijos o no, de acuerdo con sus propias convicciones. La b煤squeda de evoluci贸n e igualdad, que deber谩 comprender el equilibrio entre los sexos, ofrece un amplio espacio para recoger las corrientes innovadoras del pensamiento actual e incorporar aspectos in茅ditos cuyo objetivo sea ayudar a configurar sociedades justas en las que est茅n presente los criterios 茅ticos.

Poner a la mujer en el mundo real

La propuesta se complementa con otras dimensiones: el papel de las pol铆ticas sociales en el proceso de innovaci贸n productiva con justicia; las orientaciones para introducir la preocupaci贸n por el medio ambiente en el proceso de desarrollo, la elaboraci贸n de contenidos para una estrategia educativa apropiada, y el papel de la integraci贸n econ贸mica.

No basta incorporar a las mujeres, en las 谩reas tradicionalmente aceptadas, como la educaci贸n, el trabajo o la salud. Es necesario asegurar su integraci贸n a un contexto caracterizado por una profunda revoluci贸n cient铆fico-tecnol贸gica en marcha, una progresiva globalizaci贸n de los mercados y una competitividad basada cada vez m谩s en la incorporaci贸n y difusi贸n del progreso t茅cnico.

Existe consenso sobre el hecho que una sociedad que se plantea como objetivo el equilibrio, tambi茅n lo alcanza entre hombres y mujeres. Hist贸ricamente esta perspectiva probablemente proviene de dos vertientes simult谩neas: la modernizaci贸n de las propias sociedades, especialmente a ra铆z de los procesos de industrializaci贸n y urbanizaci贸n que abrieron nuevos mercados de trabajo y a la vez asumieron la funci贸n econ贸mica en los hogares, y de los propios movimientos emancipatorios de las mujeres en el marco de las luchas por la ampliaci贸n de la ciudadan铆a.

Culturalmente y en la pr谩ctica, tambi茅n tienen una gran influencia los cambios en el campo de la fecundaci贸n. 脡sta, al volverse opcional, abri贸 a las mujeres una nueva vertiente de participaci贸n en la sociedad, ya que el tiempo invertido en la reproducci贸n y la crianza dej贸 de ocupar todo su espacio de vida.

La mayor esperanza de existencia, la masificaci贸n de la educaci贸n, y el reconocimiento de su ser ciudadana, afianzaron un proceso cuya culminaci贸n parec铆a ser solamente un asunto de tiempo. Al no ocurrir as铆, en diferentes 谩mbitos comenzaron a hacerse estudios y reflexiones sobre la expansi贸n de los espacios de la democracia y tambi茅n de las expectativas. Al intervenir las mujeres en diferentes 谩mbitos de la colectividad, se dio por sentado que participar铆an en las decisiones. Sin embargo la ciudadan铆a jur铆dica de las mujeres no las equipara a煤n con los hombres en la esfera de lo p煤blico ni tampoco las liber贸 de la responsabilidad primordial en cuanto al hogar y los hijos.

La discriminacion

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El reconocimiento de la discriminaci贸n de las mujeres presente en la sociedad se expresa en 1948, con la creaci贸n de un 贸rgano especifico en las Naciones Unidas para abordar este asunto, y recibe un impulso en 1975. En aquel momento, dentro del marco conceptual de una integraci贸n en el desarrollo, se realizan innumerables acciones tendientes a asegurar a las mujeres esa incorporaci贸n. En los inicios, el pr贸posito era b谩sicamente darles acceso a las 谩reas legal, educacional, laboral y de salud.

El proceso ha mostrado signos de avance, pero adem谩s ha revelado que es de una complejidad mayor. Hay mujeres que han accedido al desarrollo y a la equidad, otras s贸lo al desarrollo, pero hay muchas que no han podido integrarse a ninguna de estas dos.

La evoluci贸n del llamado 鈥渢ema de las mujeres鈥 ha registrado notables cambios de rumbo en los 煤ltimos a帽os. Actualmente se debaten las barreras que parece tener la idea de integrarla al desarrollo, que fue su marco casi natural. Las cr铆ticas se basan en un balance indicativo de que conceptualmente no hubo tal unificaci贸n, sino que la mayor铆a de las veces el tema constitu铆a un 鈥渁帽adido鈥 a las preocupaciones centrales del progreso. Asimismo se cuestionan las acciones orientadas a 鈥渋ntegrar鈥 a las mujeres, ya que en muchas ocasiones contribuyeron, por el contrario, a marginar m谩s esta problem谩tica y a ellas mismas.

Sin negar que el enfoque ayud贸 a hacer visibles muchos aspectos centrales de la situaci贸n, se se帽alan sus limitaciones te贸ricas y practicas: por amplio que sea el concepto de desarrollo, sus indicadores econ贸micos se refieren siempre a la producci贸n de bienes y ello necesariamente va a mantener oculto el aporte mayoritario de las mujeres, que tiene que ver con la reproducci贸n y con los 鈥渟ervicios鈥 no remunerados que prestan, como si fuera algo natural, en el mantenimiento de la salud, de la familia, el cuidado de los dem谩s, la alimentaci贸n y la formaci贸n de los hijos.

Hoy se reconoce que las mujeres est谩n integradas a la sociedad y lo que se requiere es mejorar su forma de inserci贸n. Esto implica tomar en cuenta no solamente la posici贸n que ocupa seg煤n estratos socioecon贸micos, sino adem谩s el papel que se les asigna culturalmente por el hecho de ser mujeres. En la actualidad en las Naciones Unidas se acepta que no es posible alcanzar el progreso en un sentido boyante, es decir, m谩s all谩 del crecimiento financiero, si no se mejora el estatus o prestigio social de ellas.

G茅nero

De estas reflexiones surge, en la d茅cada de los setentas, el llamado enfoque o perspectiva de g茅nero, como respuesta a las interrogantes te贸rico-metodol贸gicas planteadas por las asimetr铆as y desigualdades entre hombres y mujeres en funci贸n de su sexo; seg煤n algunos autores, esta nueva visi贸n constituye la innovaci贸n cognitiva m谩s importante de los 煤ltimos 30 a帽os en las ciencias sociales.

El g茅nero se define, como una construcci贸n cultural, social e hist贸rica que, sobre la base biol贸gica del sexo, determina normativamente lo masculino y lo femenino en la poblaci贸n, as铆 como las identidades subjetivas y colectivas. Tambi茅n condiciona la existencia de una valoraci贸n social asim茅trica para varones y mujeres, y la relaci贸n de poder que entre ellos establece.

Los estudios realizados en este campo desde la perspectiva del estatus o prestigio social y los an谩lisis de las relaciones sociales, as铆 como la teor铆a de los sistemas de poder, han contribuido no s贸lo a generar conocimientos sobre las mujeres, sino adem谩s vincular mejor y en forma m谩s significativa esta tem谩tica con aspectos m谩s globales de la sociedad. En el presente, la idea de que el desarrollo beneficia o perjudica en forma diferenciada a hombres y mujeres es mucho mejor aceptada y m谩s f谩cil de entender.

La incorporaci贸n del concepto de g茅nero a la terminolog铆a de las ciencias sociales lleva a que no sea utilizado particularmente por las distintas autoras y autores; la gama de significados y enfoques es amplia. En ocasiones reemplaza a la variable sexo, en otras es sin贸nimo de mujer. Hay quienes lo consideran un sistema de estatus y prestigio, y quienes lo ven como el reflejo de jerarqu铆as sociales derivadas de la divisi贸n social del trabajo.

Si bien no es una hip贸tesis acabada ni tampoco hay aprobaci贸n un谩nime en torno a ella, la concepci贸n de g茅nero, permite analizar la inclusi贸n de las mujeres en la sociedad comparada con la de los hombres. Esto significa entrar a debatir que sucede con las relaciones entre varones y mujeres en esta colectividad y c贸mo se puede lograr la equidad en esta esfera. Manifiesta, en 煤ltima instancia, que es preciso humanizar la pol铆tica y hacerla para las personas, lo cual conlleva tomar en cuenta no s贸lo los factores macroecon贸micos del quehacer social, sino tambi茅n lo cotidiano y sus interrelaciones con la vida de 茅stas.

Actualmente se ve con claridad que existen algunos problemas m谩s vinculados al entendimiento entre hombres y mujeres, as铆 como a la forma en que se estructuran las relaciones de poder, que no se resolver谩n por s铆 solos, al menos a mediano plazo.

Las mujeres en mayor铆a tenemos todav铆a fuertes ataduras en los roles conocidos por la ausencia de pol铆ticas que nos apoyen en la ruptura de esos lazos tradicionales y adquirir un poco mas de control y autonom铆a sobre nuestras vidas.

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Periodista venezolana.

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