Abr 15 2016
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Economía

SOS: la teoría económica se muere

La teoría económica se muere y no dispone ni de una pinche Isapre. Servidor no derramará ni una lágrima, pero tampoco celebrará el sensible fallecimiento: el desastre que nos deja a título de legado prohíbe el jolgorio que en otras condiciones hubiese sido natural.

Bernard Maris, mi mentor en la materia –el estudio de la economía– ya había colocado una bella corona mortuoria en el féretro de la teoría económica al publicar su incomparable “Carta abierta a los gurús de la economía que creen que somos imbéciles” (1999).

Maris tuvo predecesores, entre los cuales cuento a Karl Polanyi, quién, en su obra maestra “La Gran Transformación” (1944) describió la muerte del liberalismo económico ofreciendo como prueba la gigantesca crisis económica y política conocida como la Gran Depresión.

En los días de la presente modernidad, la predicación del dogma elevado a la categoría de texto sagrado no logra ocultar que la pretendida ciencia económica no es sino una práctica chamánica.

El inesperado epitafio vieit berlusconi_crisisne de fuentes improbables. El semanario estadounidense Time Magazine publica una entrevista exclusiva a Janet Yellen, la presidente de la Reserva Federal de los EEUU, o sea el banco central del imperio más conocido como FED. He aquí algunos pasajes:

“Es raro escuchar un banquero central diciendo ‘No sé’. Se debe a que los hechiceros monetarios, como los neurocirujanos y los especialistas de la propulsión espacial, tienden a cultivar un aura de omnisciencia”.

Como ves, la entrevista comienza bien y promete.

“Ella (Janet Yellen) aclaró que hay muchas cosas sobre la economía, tanto en los EEUU como en el extranjero, que la FED, –para no mencionar a los economistas, ni a los inversionistas, ni a los políticos ni al resto de nosotros–, que no comprendemos”.

Su predecesor Alain Greenspan confesó no comprender las tasas de interés. ¿Qué es lo que esta eminente economista no comprende? Todo lo que te explican utilizando la teoría económica: el dogma. Ejemplos.

“El desempleo bajó a los niveles de antes de la crisis, pero los salarios siguen estancados”.

La teoría pretende que si el desempleo baja los salarios suben, tú ya sabes, la payasada de la ley de la oferta y la demanda. Janet Yellen, como la FED, están perplejos. Otro ejemplo.

“La tradicional relación entre la creación de empleo y la inflación parece haberse roto”.

La teoría asegura que si se crea empleo, lo que trae consigo un aumento de la demanda, se genera inflación. Pero como ya te he contado, la inflación desapareció en combate. La llamada “Curva de Philips”, que relaciona la inflación con el nivel de empleo (o si prefieres de desempleo), debiese desaparecer de los inútiles manuales de economía. Ni la Unión Europea ni los EEUU logran acercarse al objetivo que se han fijado, una inflación anual del 2%, y navegan peligrosamente cerca de un proceso deflacionario. Janet Yellen no capta. Y va de mal en peor.eeuu fed1

“Más y más tecnología no ha estimulado la productividad, como en el pasado”.

Lo que Yellen conoce, o cree conocer, es que un incremento de capital fijo (maquinaria, por ejemplo) aumenta la productividad del currito que antes trabajaba con una pala, o con un serrucho. Toda la “tecnología” inyectada en la producción en los últimos años (sistemas de información y de comunicación, electrónica, robótica, etc.) no se ha traducido en un incremento de productividad digno de ese nombre. Janet Yellen nunca oyó hablar de Karl Marx ni de la baja tendencial de la tasa de plusvalía, pese a lo cual está donde está. Su estupefacción va in crescendo.

“Activos financieros como las acciones o las obligaciones ya no se mueven como se movían antes”.

Janet Yellen no saca la cabeza por la ventana, no lee los diarios, no se ha enterado de la burdélica desregulación de los mercados financieros, ni de la existencia de productos financieros “tóxicos” fabricados a partir precisamente de los activos que antes se movían tan armoniosamente.

En resumen –prosigue TIME Magazine– “la economía global se mueve con otras reglas, reglas que Yellen y la FED intentan descifrar”.

La misma Yellen concluye diciendo:

“A veces tienes que tomar decisiones sin conocer todo lo que quisieras conocer.”

Apaga y vámonos. El banco central que de un modo u otro fija las tasas de interés planetarias, que produce billones de dólares sin respaldo alguno, que compra billones de dólares de activos para liberar a la banca privada del riesgo del crédito con el que genera su lucro indecente, toma decisiones sin saber lo que hace porque no sabe lo que debiese saber.

Lo que los siete enanitos (los siete gobernadores de la FED) aprendieron en Harvard ya no les sirve. Está obsoleto, caducó, cumplió la fecha de perención. La teoría que les enseñaron, que estudiaron con denodado esfuerzo –la ley de la oferta y la demanda, la teoría del equilibrio general, el óptimo de Pareto, la curva de Philips, la curva de Kuznets, los teoremas, los postulados, las paradojas– lanzó su último suspiro y la palmó. QEPD. Requiescat in pace.

EEUU FEDTIME Magazine señala que esta nueva realidad es en parte el resultado de los US$ 29 billones que los banqueros centrales le inyectaron a la economía global en los últimos años. Veintinueve billones de dólares, o sea el equivalente al PIB de las dos más grandes potencias económicas del planeta, –los EEUU y la Unión Europea–, que los bancos centrales emitieron como moneda trucha, sin lograr absolutamente nada sino acelerar la próxima crisis.

TIME Magazine dice que los bancos centrales se vieron obligados a emitir papel porque los gobiernos, paralizados por el dogma de la austeridad, no utilizaron los estímulos fiscales para dinamizar sus economías después de la crisis financiera iniciada en el año 2008 (subprimes).

Pero olvida señalar que esos gobiernos se endeudaron hasta el cuello para salvar a la banca mafiosa que desató la crisis. Olvida que buena parte de esos US$ 29 billones sirvieron para reflotar un sistema financiero quebrado. Olvida que el FMI presionó hasta la asfixia a todos los gobiernos para reducir el gasto público. En suma, que el mundillo de las finanzas, FED y FMI incluidos, se comportaron como lo que son: un par de rufianes, o de incompetentes.

Nótese que los gobiernos son –bien o mal– elegidos por sus ciudadanos, mientras los banqueros centrales son designados a dedo. Por consiguiente, el último recurso para gobernar el mundo está constituido por burócratas que no le rinden cuentas a nadie (y suelen terminar procesados como vulgares delincuentes).

La estimulante entrevista a Janet Yellen que nos ofrece Time Magazine tiene el mérito de poner las cosas claras: la teoría económica descansa six feet under, los gobiernos son impotentes, quienes deciden son banqueros que confiesan no saber lo que pasa, la democracia no es sino un señuelo para imbéciles.

La conclusión de TIME Magazine, que cae de cajón, no sorprende pero vale su peso en oro:

“La otra cara de la recuperación económica es el riesgo de otro crac.”

Padre nuestro que estás…

¿Estás?

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