Jun 14 2019
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Sociedad

Sportivo Crueldad SA: Efectos de un plan para cimentar la insensibilidad social

 

El domingo 2 de junio detuvieron en el barrio de Mataderos, en Buenos Aires, a Damián Jorge Calabró, responsable de haber prendido fuego a un grupo de personas en situación de calle. Luego del crimen, difundió su proeza a través de las redes sociales.

Un d√≠a antes, un juzgado de Barcelona conden√≥ al joven de 21 a√Īos Kanghua Ren, conocido como ReSet, a una condena de 15 meses de prisi√≥n por entregarle galletitas rellenas de pasta de dientes a un mendigo y transmitir en forma simult√°nea el instante en que el homeless se atragantaba con el dent√≠frico. Ren contaba, al momento de su ejercicio de crueldad, con un mill√≥n de seguidores en su canal de YouTube.Resultado de imagen para Dami√°n Jorge Calabr√≥,

Sabemos que la crueldad no es ajena a la especie humana. Hay sobrados ejemplos hist√≥ricos que lo verifican: la incineraci√≥n de mujeres acusadas de brujer√≠a se consolid√≥ durante siglos como un espect√°culo extorsivo, para darle continuidad al disciplinamiento patriarcal al tiempo que alimentaba el morbo p√ļblico.

Otros ejemplos más cercanos rememoran los sometimientos ejercidos contra los detenidos-desaparecidos dentro de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), durante la dictadura genocida. Sin embargo, lo que aparece como relativamente original en los casos de Calabró y Ren es la ceremonia pretendidamente festiva con la que fueron difundidas ambas escenas de sadismo.

Su difusi√≥n, dispuesta a ser compartida con consumidores del sufrimiento ajeno, requiere un interlocutor c√≥mplice, una subjetividad que ha sido previamente vaciada de toda forma de compasi√≥n; la disponibilidad de consumidores de im√°genes que hayan sido anestesiados para impedir que perciban como propio el dolor ajeno. Para lograr este objetivo se requiere una ruptura con la proximidad, un distanciamiento del padecimiento humano. Es ese alejamiento de la otredad el que autoriza a quemar o humillar sin inmutarse, sin avergonzarse, sin sufrir en el cuerpo propio el da√Īo del lastimado.

Las acciones de Calabró o Ren tienen específicos espacios de propagación dentro del neoliberalismo pseudo meritocrático. Dentro de ese territorio, la glorificación de la crueldad tiene su casuística, su política de acostumbramiento. Los climas de época operan como mantos de autorización (o de cuestionamiento) de determinadas acciones: existen tiempos y espacios sociales más aptos para el acoso callejero de una mujer. Lugares permisivos donde el abuso es celebrado.

Y tambi√©n, como contracara, per√≠metros en los que la crueldad machista se siente m√°s vigilada y, por ende, se aviene a diversImagen relacionadaas formas del disimulo o autocensura. En estas √ļltimas los abusadores no se arriesgar√≠an a dejar evidencias f√≠lmicas de sus haza√Īas. Y menos a difundirlas impunemente.

Tanto Calabr√≥, que propagaba sus videos con el seud√≥nimo de El Gordo Bub√ļ, como ReSet, se perciben a s√≠ mismos como autorizados a divulgar la crueldad como parte de un men√ļ de entretenimiento apto para todo p√ļblico. Han llegado a ese estadio de sadismo estetizado porque se sienten amparados por un entorno que previamente los empoder√≥, luego de un proceso en el que se han naturalizado los impulsos m√°s despreciables de la condici√≥n humana.

Existe un lazo entre las contemporáneas políticas migratorias de los países desarrollados y sus discursos neofascistas, celebratorios del gatillo fácil y del neorracismo que lo sustenta. Hay un parentesco indudable entre el odio a las olas verdes feministas y la irrupción de partidos políticos que sacralizan la misoginia, con el objeto de invisibilizar la violencia contra la mujer. Hay correlaciones estadísticas indudables entre los postulados islamofóbicos y el desprecio a los miles de refugiados que en forma desesperada huyen de las guerras, el hambre o la trata de personas.

Ese v√≠nculo se hace expl√≠cito y categ√≥rico cuando el Presidente del pa√≠s m√°s poderoso del mundo dictamina, sin el menor sentido de piedad, la selecci√≥n humana seg√ļn or√≠genes o colores de piel y, en forma an√°loga, decide la separaci√≥n de ni√Īxs de sus respectivas familias como metodolog√≠a de advertencia y extorsi√≥n para limitar a futuro los procesos migratorios.

Esta propagaci√≥n del odio hacia quienes no responden a los dos patrones aceptables de normalidad¬† (dominante o sometida) ha sido explicitada con toda claridad por un alcalde republicano de Alabama: ‚ÄúVivimos en una sociedad donde los homosexuales nos ense√Īan moral, los travestis biolog√≠a humana, los asesinos de beb√©s derechos humanos y los socialistas econom√≠a. La √ļnica forma de cambiarlo ser√≠a eliminar el problema. S√© que es malo decirlo, pero sin matarlos no hay manera de solucionarlo‚ÄĚ.

Resultado de imagen para patricia bullrichCalabró y Ren no sólo se sienten justificados por los ecos provenientes del norte. También encuentran protección simbólica cuando una ministra de Seguridad argentina, Patricia Bullrich, aplaude la ejecución sumaria de un joven desarmado que yace herido en una pierna, sin posibilidad de fuga. Y en ese mismo registro se autoperciben como legitimados cuando se apadrina a quienes asesinan por la espalda a manifestantes patagónicos (Rafael Nahuel) que solo buscan recuperar las tierras robadas a sus ancestros.

Ambos, Bub√ļ y Re, se intuyen avalados cuando desaparece un cuerpo por el lapso de dos meses y es hallado, de forma sorprendente, en un per√≠metro que hab√≠a sido escudri√Īado con anterioridad.

Es imposible no descubrir un vínculo intrínseco entre quienes degustan la crueldad contra los indigentes y quienes gestionan con éxito el crecimiento de la cantidad de personas en situación de calle. Sus acciones despiadadas son funcionales a una lógica en la cual la especulación financiera garantiza rentas formidables, mientras que el trabajo es desvalorizado como fundamento de toda relación social.

 Seres descartables

Es harto probable que Bub√ļ y ReSet desconozcan los datos provistos por el Instituto Italiano de Estudios de Pol√≠tica Internacional (ISPI) que detall√≥ los nombres de los 35.597 migrantes muertos en el Mediterr√°neo en los √ļltimos a√Īos, al tratar de escapar de guerras africanas, la esclavizaci√≥n y/o bombardeos teledirigidos mediante drones.

La Europa Fortaleza, liderada en muchos países por una derecha xenófoba en alza, participa del juego democrático con los mismos atributos que Adolf Hitler utilizaba en la década del ’30: la convocatoria al etiquetamiento de chivos expiatorios y la verborragia de la cosificación. Los discursos discriminatorios del desprecio se constituyen, en forma incremental, en el paradigma subyacente de quienes necesitan deshumanizar a los indigentes como paso previo (e imprescindible) para poder quemarlos o ridiculizarlos.

Pero para lograr con √©xito su tarea deben inicialmente paralizar a sus v√≠ctimas: ‚ÄúQuien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento ‚Äďse√Īala el fil√≥sofo surcoreano Byung Chui Han‚ÄĒ se hace responsable a s√≠ mismo y se averg√ľenza en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En eso consiste la inteligencia del r√©gimen neoliberal. Dirigiendo la agresividad hacia s√≠ mismo, el explotado no intenta cambiar el mundo sino que se convierte en un depresivo‚ÄĚ.

La estaci√≥n de metro de Passeig de Gr√†cia, en Barcelona, exhibi√≥ a principios de este a√Īo la obra de la artista turca Banu Cennetoglu, denominada La Lista, en la que se exhiben los 35.597 nombres de los migrantes fallecidos en aguas del Mediterr√°neo.

Una vez que la persona excluida ha sido despojada de toda autoestima, red social y de cualquier articulaci√≥n sociopol√≠tica con lxs otrxs, cuando ya se encuentra ajena a un espacio de contenci√≥n y por lo tanto se siente privada de esperanzas y de confianza en la construcci√≥n de un mundo donde tener cabida, se bautiza como presa f√°cil de la carbonizaci√≥n, la degradaci√≥n y la humillaci√≥n. Es ah√≠ cuando aparecen en escena los Bub√ļ y los Re para celebrar el triunfo del neoliberalismo.

En los √ļltimos a√Īos se acu√Ī√≥ el t√©rmino aporofobia (del griego, a-poros, sin recursos y fobia, miedo) para designar el terror que sufren quienes se perciben rodeados y desafiados por la pobreza. Las migraciones, los refugiados, las personas en situaci√≥n de calle, los desocupados y los diferentes grupos sociales vulnerables ampl√≠an el temor de quienes se sienten provocados por una presencia amenazante en continuo aumento.

El neoliberalismo financiero, combinado con el proteccionismo ejercitado por los países centrales, con su consiguiente elocuencia de arengas supremacistas, reclama políticas primarizadoras y endeudamiento serial a quienes consideran sus patios traseros. Necesitan impedir que los países emergentes se conviertan en potenciales competidores y se autonomicen de las corporaciones monopólicas. Ese programa implica menos cuantía de puestos de trabajo, mayores índices de desocupación, extensión de la precariedad y la marginalidad.

La miseria como escena p√ļblica, por consiguiente, empieza a ser aterrorizadora: los pobres irrumpen ante quienes se aferran a conservar sus m√≠nimas posesiones. Hasta un grupo de personas en situaci√≥n de calle se transforma en un enemigo peligroso digno de ser cremado o vejado. El modelo imperante instituye una insensibilidad estructural. Lo refuerzan las brutales derechas marketinizadas en Am√©rica Latina, como el caso del macrismo en la Argentina, que viabilizan los formatos de acumulaci√≥n hegem√≥nica.

Y es justamente dentro de ese espacio contaminado donde las subjetividades cruentas de Calabr√≥ y Ren cuentan con zonas liberadas para la implementaci√≥n de su sa√Īa. La perversi√≥n no nada en el vac√≠o. Necesita climas propicios para instaurarse.

*Sociólogo, doctor en Ciencias Económicas, analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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