Abr 20 2007
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Economía

Suramérica, energía. – UNA REUNIÓN DE TRABAJO. Y ESO ES MUCHO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Tiene razón el presidente de Venezuela Hugo Chávez al estimar que el desenvolvimiento de la reunión y sus resultados dieron al traste con la campaña de opinión montada en los días previos, que pretendió iban a ser frías las relaciones entre algunos países asistentes, en términos concretos entre Venezuela y Chile, Venezuela y Brasil o apostó a una bisagra rígida entre Bolivia y Chile, Chile y Perú o Brasil y Argentina. O Venezuela y Perú, y Colombia y Ecuador

Asegurar el flujo de combustibles y –como señalara Chávez– diversificar la matriz energética es algo más que una aspiración compartida. Los acuerdos a que puedan llegar en el futuro inmediato los países de América de Sur en materia energética difícilmente alterarán el mapa de poderíos e influencias que en la actualidad tienen y ejercen las otrora “siete hermanas” y los Estados del Hemisferio Norte. Aunque, de hecho en la próxima década probablemente el consumo de combustibles –petróleo– crecerá a una tasa mayor del 100% respecto de las necesidades mundiales y una situación similar –o mayor– atravesará el gas.

El subcontinente cuenta con los yacimientos necesarios para enfrentar el desafío. Por ello la prioridad son los mecanismos de producción, distribución y suministro de energía para todos.

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Acaso de verdad en camino a la integración

Producción, distribución y suministro en el marco de la guerra urgente contra la pobreza y por salud, educación, vivienda y seguridad social para la población. Pensar en la gigantesca tarea de asegurar esos combustibles para beneficio de instalaciones industriales, agroindustriales, mineras transanacionales generaría tensiones sociales insoportables y el recrudecimiento de las luchas de clases y étnicas.

Desde esta óptica sin duda resulta un hecho auspicioso el acuerdo unánime sobre la propuesta venezolana de establecer la UNASUR, Unión de Naciones Suramericanas, como el nombre del mecanismo de integración regional. Que se impusiera un tratamiento racional para estas cuestiones es de suyo un progreso. Que los asuntos de este jaez se hayan abordado de manera constructiva es una buena noticia.

Lo anterior, empero, no quiere decir que se haya desmalezado por completo el pedregoso camino, sólo indica que los gobiernos de América del Sur enfrentan la realidad del agotamiento previsible de los combustibles fósiles y la necesidad de garantizar recursos existentes para los fines de su propio desarrollo. Significa que será posible sin quiebres enfrentar una realidad que viene conmoviendo al mundo: la crisis inminente que ya desembocó en una invasión bélica –en Iraq–.

Es frente a estas realidades insoslayables que en Margarita la Comunidad Suramericana de Naciones, creada en Cusco en 2004, pasó a convertirse en la Unión de Naciones Suramericanas. Que no sólo orbitará alrededor de las reservas de gas y petróleo venezolanos, sino que se abocará al estudio de combustibles alternativos y otras fuentes de energía: biocombustibles, energía eólica, solar e hídrica.

No es aventurado pensar que el modo como América del Sur encare esta problemática decidirá, y no en el largo plazo, el destino de sus esfuerzos integracionistas, trabajo al que se integrarán los países del istmo, México –tarde o temprano– y de la región del Caribe.

¿Apresuramiento o siembra necesaria?

No fue una sorpresa para nadie, pero quizá sí un apresuramiento lo que llevó a venezolanos, bolivianos y argentinos a plantear –o explorar– una suerte de agencia regional del gas. La idea no pareció perturbar al presidente del Ecuador, Rafael Correa, pero si preocupó a Brasil. La primera economía de América del Sur –y una de las 10 mayores del mundo– no podía verse de pronto situada ante los países con grandes reservas de hidrocarburos como un potencial (y apetecible) consumidor.

Pese a que no se pretendía formar un cártel de precios, resultaba evidente que a medida que comiencen a faltar los combustibles fósiles se iba a plantear el asunto. Lo señaló el ministro de Energía venezolano: “Presiento que vamos a transitar de los mercados regionales a un mercado mundial del gas, y es ahí donde creo que sería conveniente tener marcadores de precios, de tal manera que se puedan regular esos precios a nivel mundial”.

De cualquier modo, y en aras de una información objetiva, la idea planteada por Rafael Ramírez y el ministro boliviano Carlos Villegas lo fue en una reunión preparatoria del encuentro y ante los ministros del área suramericanos el lunes en las reuniones preparatorias de la Cumbre. El proyecto está ahí, y todo hace pensar que más temprano que tarde será discutido. No hubo tal “pelea” con el presidente Lula.

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El Banco del Sur

Tampoco Brasil torpedeó al Banco del Sur, al contrario: anunció que se incorporaba. El Banco del Sur es la otra herramienta vital para avanzar en el terreno de la integración económica de América del Sur y la decisión brasileña significa una inyección cuyo aporte se calcula a partir de cuánto podrá disponer de su reserva de divisas, cercana en la actualidad a los 110.500 millones de dólares.

Venezuela dispone de unos 31.300 millones de dólares y Argentina de alrededor de 37.500 millones; los otros socios, Bolivia y Ecuador, cifras menores. Recuérdese que Argentina y Venezuela liquidaron sus deudas con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

El Banco del Sur –una idea del presidente venezolano Hugo Chávez– se fundó para utilizar en proyectos necesarios precisamente las finanzas de los propios países sureños sin condiciones ni imposiciones de los organismos financieros internacionales –controlados por EEUU–. Corresponderá, así, a los paises del continente sumados al proyecto el diseño de los planes estratégicos a los que el banco prestará su apoyo.

No caben dudas que impulsar el Gasoducto del Sur, para transportar gas desde Venezuela hasta la región del Río de La Plata, atravesando el territorio de Brasil, para luego interconectarse con los gasoductos existentes en la misma Argentina, Bolivia, Paraguay, Chile, Perú, y por el norte con Colombia, Ecuador y Panamá será el proyecto estrella de los próximos años. Falta todavía escuchar las objeciones de las asociaciones ambientalistas, antropólogos y otros cientistas sociales.

Bachelet-Morales: más que anécdota

De regreso a su país el presidente boliviano Evo Morales informó que la reunión mantenida con la presidente chilena Michelle Bachelet se inscribió en la tarea de fortalecer “los lazos de amistad con Chile y la confianza entre ambos países. Si hay relaciones de sinceridad sobre los problemas de cada sector de ambas naciones es posible seguir avanzando para buscar soluciones históricas”.

Estas soluciones históricas se refieren a la búsqueda de una salida al mar para Bolivia. Asunto que por primera vez parece figurar en el temario de ambas cancillerías.

“Usted está a mi derecha, presidenta”, le habría dicho Morales a Bachelet poco antes de ser tomada una fotografía del encuentro. La broma era impensable hace un año. Morales además calificó positivamente el homenaje y honores de las fuerzas armadas chilenas al héroe boliviano Eduardo Abaroa. “Siento que estamos dando pasos importantes (…) mucho dependerá de los pueblos, de las fuerzas sociales que tienen cada país”, dijo Morales.

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