Sep 24 2007
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Opini贸n

Terror y poder: un libro. – HACIA EL DESMEMBRAMIENTO DE LOS ESTADOS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los autores del libro (ver imagen de apertura) son los investigadores George W. Breslauer y Alexander Dallin. Ambos pertenecen a la categor铆a de te贸ricos universitarios y cuyo trabajo ha sido en gran parte para fundamentar y justificar pol铆ticamente las amenazas que pueden acechar al imperio, consolidando y reconfortando de esta manera la ideolog铆a dominante del 芦stablishment禄 estadounidense.

En 1975, en pleno apogeo del terrorismo religioso en Europa, el norte de 脕frica y el Oriente Medio, un grupo de especialistas en ciencia pol铆tica reunidos en torno de George W. Breslauer y Alexander Dallin, aprovechando las aportaciones te贸ricas de, entre otros, Zbigniew Brzezinski y Amitai Etzioni, recopilaron sus reflexiones que quedaron impresas en el libro El terror en la pol铆tica, con el objeto de encontrar una salida razonable en esos momentos en que precisamente la raz贸n dej贸 de actuar como ant铆doto efectivo al recurso de la violencia.

El comunismo aparec铆a en la opini贸n p煤blica como el responsable de la violencia en curso, a la que los autores de la recopilaci贸n identificaban con el nombre de terror pol铆tico, por el cual entend铆an el uso arbitrario, practicado por organismos investidos de autoridad pol铆tica, de la fuerza coercitiva en contra de individuos y de grupos; la amenaza probable de su aplicaci贸n, o el exterminio.

Como alternativa a esa clase de terror, en la recopilaci贸n se propuso una suerte de control pol铆tico que supon铆a la configuraci贸n y canalizaci贸n del comportamiento hacia al menos una de las metas siguientes: o bien para garantizar la sumisi贸n voluntaria a las directrices fundamentales del estado, o bien para modelar las actitudes como fuera menester, con el objeto de asegurar la estabilidad pol铆tica a trav茅s de la aceptaci贸n voluntaria de una estructura de autoridad determinada. De tal manera se podr铆a alcanzar el acoplamiento de las normas de conducta social con las directrices; esta segunda alternativa contar铆a simplemente con la aceptaci贸n acr铆tica, pasiva, de los sujetos a los prop贸sitos de la modelaci贸n.

En su Esquema para el an谩lisis pol铆tico, David Easton, que form贸 parte del Comit茅 de ciencias de la conducta fundado en 1951 a instancias del doctor James G. Miller, merced all cr茅dito obtenido por su pertenencia al Centro de estudios superiores de ciencias de la conducta de la Universidad de Stanford, explic贸 que las ra铆ces de las ideas est谩n tan delicadamente entrelazadas que a menudo desaf铆an a toda clasificaci贸n precisa. M谩s tarde, en el verano de 1967, se forma el comit茅 de conserjer铆a de programas gubernamentales en ciencias de la conducta, formando parte del Consejo Nacional de Investigaciones, que se re煤ne para evaluar y organizar la labor de investigaci贸n social. A la convocatoria responden representantes de la comunidad de ciencias sociales (Social Science Community), y otros de la secci贸n de Investigaci贸n, Desarrollo e Ingenier铆a, del Departamento de Defensa.

La conducci贸n imperial del conocimiento

La evoluci贸n de la investigaci贸n acad茅mica, incluso y sobre todo por su car谩cter interdisciplinario, explica que Easton se haya visto inclinado a concebir las caracter铆sticas que habr谩n de tener los grupos de investigaci贸n social de extraordinaria envergadura como el que se reuni贸 en la Universidad de Chicago. Estos grupos se decicar铆an a estudios prolongados e intensos de problemas comunes en un enfoque sist茅mico, considerado desde el punto de vista de todas las ciencias f铆sico-naturales, biol贸gicas y sociales. Desde entonces se convirti贸 en dogm谩tica la preferencia por los grupos interdisciplinarios para la realizaci贸n de inteligencia para la conducci贸n racional del Estado.

La inteligencia del Estado qued贸 de tal manera dependiendo de la actividad acad茅mica, que la formaci贸n de las 茅lites capaces de decidir los grandes vuelcos del Estado qued贸 encomendada a las universidades. Pero fueron los 芦Think tanks禄, centros de emanaci贸n de ideas, de donde surgieron los recursos del control social que necesitaba el estado avanzado de la sociedad posindustrial, que comenz贸 a surgir a principios de los a帽os setentas en el gobierno de Richard Nixon y en la etapa de formaci贸n del trilateralismo inspirado por Zbigniew Brzezinski.

Easton sigui贸 colaborando en el Seminario de Teor铆a del instituto de investigaciones sobre la salud mental, de la Universidad de Michigan y tras subsanar algunas dificultades debido a la diferencia de idiomas, hubo al fin consenso en una perspectiva metodol贸gica, que consisti贸 en el empleo de conceptos comunes para fen贸menos diferentes y conceptos diferentes para fen贸menos casi id茅nticos. De esa manera se lleg贸 al acuerdo de examinar la prospectiva de un an谩lisis sist茅mico que sirviera para unir a todas las ciencias naturales y sociales, hacer posible la comunicaci贸n entre ellas para resolver problemas comunes que el examen interdisciplinario puede ayudar a resolver.

Aunque los gobiernos no deciden expl铆citamente cuales son los tipos de fuerza (coerci贸n) que aplican ni qu茅 dosis de esa fuerza aplicar谩n, es de suponer que recurren a alguno de los sistemas de sanciones a su alcance: la fuerza normativa, considerada fuerza positiva o simb贸lica ordinariamente identificada con la persuasi贸n, tiene su apoyo en la actividad educativa; la fuerza material apoyada en la seguridad social, los salarios y las recompensas, y la fuerza coercitiva estrictamente hablando cuyo funcionamiento est谩 basado en las multas, los castigos y la vigilancia policial.

No obstante, con todo y los matices en que se empe帽an los autores para validar su modelo y demostrar que Occidente propon铆a un proyecto mejor que el comunista, su eficacia result贸 ser insuficiente, como se ha visto en 32 a帽os transcurridos desde la edici贸n del libro que comentamos hasta la fecha, al menos para aclarar los l铆mites entre el terror al que se propon铆an afrontar y otras formas calculables de coerci贸n. En esos a帽os transcurridos han sido, sin embargo, descartados en los medios acad茅micos los modelos nacionales basados en aspiraciones relativamente confiables para las poblaciones locales.

En este sentido, Amitai Etzioni, antiguo catedr谩tico de la Universidad George Washington, expres贸 que la 芦sociedad moderna cada d铆a necesita m谩s y m谩s recursos para cumplir sus complejas y multitudinarias tareas, tales como buena voluntad, inteligencia cr铆tica y creativa, independencia de juicio, que no pueden ser abarcados mediante la coerci贸n de manera exclusiva禄, programa en el que se basa la disgregaci贸n de los estados nacionales de la periferia en el sur del planeta, a la que suele acompa帽ar la proliferaci贸n religiosa y la conversi贸n de cada culto en un arma de guerra.

A todo esto se suma la complejidad de los movimientos migratorios (una parte de ellos son respuesta al llamado divino que los alienta a salir a buscar una tierra mejor), que son portadores de los proyectos de todo tipo que salen al paso de la estrategia estatal.

Por tales experiencias acad茅micas es posible explicar que la Agencia Central de Inteligencia haya violado sus propias reglas a lo largo de 25 a帽os al realizar secuestros, complots de asesinato, intervenciones telef贸nicas, vigilancia dom茅stica, cateos no autorizados y 芦experimentaci贸n humana禄, seg煤n la informaci贸n contenida en un archivo de 693 p谩ginas que ser铆a hecho p煤blico en el mes de junio de 2007.

Entre los detalles sobre las actividades expresamente ilegales llevadas a cabo desde los a帽os cincuenta est谩 el secuestro de un desertor ruso, la intervenci贸n telef贸nica sobre actividasdes de dos columnistas (Robert Allen y Paul Scott), la vigilancia clandestina del reconocido periodista Jack Anderson, la vigilancia f铆sica de un reportero del diario The Washington Post, cateos no autorizados de ex integrantes de la agencia, la violaci贸n de correos entre Estados Unidos y la Uni贸n Sovi茅tica (desde 1953 hasta 1973) y entre la Casa Blanca y China (de 1969 a 1972).

Adem谩s, el material incluye informaci贸n oficial sobre los complots para asesinar a Fidel Castro, Patricio Lumumba, el dictador dominicano Rafael Le贸nidas Trujillo y el general chileno Ren茅 Schneider (aunque se indica que todos los intentos fracasaron). Se registran, asimismo, actividades de espionaje dom茅stico contra cr铆ticos y disidentes, incluyendo la elaboraci贸n de fichas sobre m谩s de 9 mil 900 estadunidenses relacionados con el movimiento de oposici贸n a la guerra en Vietnam y la vigilancia de ex agentes que se convirtieron en cr铆ticos de la propia CIA, como el caso de V铆ctor Marchetti.

Tambi茅n se devela que hubo esfuerzos para identificar 芦las actividades internacionales de radicales y militantes negros禄 a finales de los a帽os setentas, as铆 como de contactos en el extranjero de 芦disidentes禄. Asimismo, se hace referencia a la infiltraci贸n de agentes en el movimiento pacifista en Estados Unidos.

La CIA, seg煤n este archivo, financi贸 investigaciones en varias instituciones acad茅micas sobre 芦modificaci贸n de comportamiento禄, incluyendo experimentos sobre el uso de drogas. Entre 1965 y 1970 se da un periodo caracterizado por el esfuerzo de descubrir y desenmara帽ar la din谩mica sociopol铆tica de las 谩reas subdesarrolladas; en esta etapa la distinci贸n entre labores de inteligencia y acad茅micas desapareci贸.

El expediente fue abierto por orden del entonces director de la agencia, James Schlesinger, en mayo de 1973. El periodista Seymour Hersh fue el primero en revelar esas operaciones ilegales en un reportaje de primera plana publicado en el New York Times el 22 de diciembre de 1974, que provoc贸 un esc谩ndalo pol铆tico. Inform贸 de las operaciones de la agencia contra fuerzas antib茅licas y otros 芦disidentes禄, y divulg贸 la existencia del archivo secreto que registraba las actividades ilegales desde los a帽os cincuenta.

Seg煤n el National Security Archive, esto provoc贸 pocos d铆as despu茅s reuniones entre la CIA y el Departamento de Justicia para evaluar las 芦cuestiones legales禄 y poco despu茅s se realiz贸 un encuentro con el presidente Gerald Ford y los directores de la agencia. El esc谩ndalo dio pie a investigaciones oficiales y a la promulgaci贸n de reformas que impusieron l铆mites severos sobre las operaciones encubiertas.

No obstante este estilo autocr铆tico, algunos no est谩n tan seguros de que los tiempos han cambiado: Tom Blanton, director del National Security Archive, por ejemplo, se帽al贸 que ahora hay programas parecidos, como la autorizaci贸n de intervenciones de comunicaciones electr贸nicas sin necesidad de 贸rdenes judiciales, entre otras cosas.

Contra la geograf铆a y la cultura continental

El objetivo final es la desaparici贸n del Estado-naci贸n, tal como lo hab铆a escrito la d茅cada anterior al libro en que participa Etzioni, el polit贸logo Ernst B. Haas en Beyond the Nation-State: Functionalism and Internacional Organization (Stanford University Press, 1964). Esta universidad sigue siendo un centro de dise帽o global de George Schultz, del cual ha emanado la consigna de 芦la comunidad de las comunidades禄, formulaci贸n te贸rica del mayor ataque concebido hasta la fecha al estado nacional.

El fin del estado nacional

Ernest Hass comentaba en su libro que la integraci贸n global s贸lo se puede dar si se utiliza correctamente el An谩lisis de Sistemas junto a la Teor铆a Funcionalista. En el primero se mencionaba que exist铆an relaciones de dependencia, independencia e inter-dependencia entre las naciones, y en la segunda se plantea que las nuevas instituciones globales deber铆an dejar la parte econ贸mica a las supra-estructuras transnacionales y la pol铆tica a los Estados y sus partidos pol铆ticos, siguiendo la evoluci贸n de la Uni贸n Europea, es decir, confiriendo un espacio mayor a la uni贸n de las naciones que a la uni贸n de los Estados.

Hass escribe que el funcionalismo es dejar que coexistan diferentes enfoques culturales, sociales y pol铆ticos para que exista un centro director de las pol铆ticas publicas; la burocratizaci贸n de las decisiones puede ocurrir a cualquier nivel, como lo muestran ciertos modernos procesos de descentralizaci贸n que han llevado a veces a un aumento de las unidades de gesti贸n 鈥搚 por lo tanto del gasto p煤blico鈥, a帽adiendo as铆 nuevas trabas al libre desenvolvimiento de las personas y buscar, en su lugar, la igualdad equilibrada de las no-representaciones (minusvalidos, homosexuales, minor铆as 茅tnicas), pero siempre pensando en maximizar las libertades individuales y minimizar la interferencia estatal para generar las naciones por consenso. Por ejemplo: Estados Unidos no es una sola naci贸n son 54 naciones agrupadas por consenso. Al respecto ver Naciones por consenso: descomponiendo el Estado-naci贸n, presentado al Mont P茅lerin Society Regional Meeting, R铆o de Janeiro, Septiembre 6, 1993, por el profesor Murray N. Rothbard).

En ese documento se menciona a una Federaci贸n Mundial de Naciones, en tanto que el actual sistema global es un sistema anarco-capitalista puro que refleja los complejos problemas que la crisis del Estado nacional est谩 presentando al inicio de este siglo. Del mismo emergen alternativas que pueden reducir el papel estatal frente a la sociedad civil. Cuando se forman agrupaciones de este tipo es posible que la misma homogeneidad de las opiniones y de las formas de vida generen una especie de culto por la uniformidad que resulta mucho m谩s dif铆cil de combatir que mediante la racionalidad y la coerci贸n efectiva del Estado.

Una comunidad peque帽a est谩 en condiciones de intervenir y controlar aspectos de la vida privada de las personas a las que un Estado nacional jam谩s podr谩 tener acceso. Es verdad que una persona descontenta con el estilo de vida de una determinada comunidad podr铆a emigrar con mayor facilidad en este caso que cuando est谩n de por medio Estados nacionales; por ejemplo, M茅xico tiene ya tiene una cuarta parte de su poblaci贸n en Estados Unidos, lo que no es un problema menor, ya que enrarece las relaciones fronterizas, bilaterales y multilaterales entre ambos pa铆ses, pero ello podr铆a conducir a una soluci贸n poco pr谩ctica si la intolerancia se extendiese y radicalizara en ambos lados, pues los costos de traslado y de reubicaci贸n podr铆an ascender de un modo limitante, que podr铆an desembocar en una especie de guerrillerismo feudal, con constantes reclamaciones, conflictos e incluso guerras.

El caso de la ex-Yugoslavia es 煤til tambi茅n para ilustrar este punto

La soluci贸n que ha establecido la Comunidad Europea en los acuerdos de Maastricht, inhibidores de la migraci贸n no europea, ha gastado r铆os de tinta en regular desde la duraci贸n de la jornada de trabajo hasta el porcentaje de grasas que debe tener un queso, tampoco es m谩s eficiente el actual Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que es m谩s una prolongaci贸n directa de grandes estados nacionales contempor谩neos que una autoridad mundial que responda a los ciudadanos del mundo.

En primer lugar, est谩 la emergencia de nuevos 芦nacionalismos禄, particulares y directos; v茅ase cuantas naciones han quedado inscritas en la ONU, como las nacidas de la desmembraci贸n de Yugoslavia a consecuencia de una guerra lanzada para diezmar a la poblaci贸n musulmana y para debilitar al aliado natural de Rusia en el 谩rea balc谩nica: Serbia.

M茅xico y el resto de Am茅rica Latina no est谩n exentos de los fraccionamientos de su superficie, como los territorios chiapanecos, que denominamos celestiales, fundados por el engranaje mao铆sta y teo-liberacionista; en Bolivia se habla de la Republica de Santa Cruz y una salida al mar por costas de Chile. Por su parte, Per煤 y Ecuador est谩n continuamente redefiniendo sus fronteras y ahora se habla de fraccionar a M茅xico entre un norte y un sur, y de ser necesario a los mismos Estados Unidos. El proyecto de la comunidad de las comunidades que concibi贸 Etzioni en la Universidad George Washington es, en suma la superposici贸n de la geograf铆a humana a la geograf铆a pol铆tica. En el planeta hay docientos estados nacionales y alrededor de 5 mil etnias.

Esta tendencia parece estar acompa帽ada por un renacer de la preocupaci贸n de los ciudadanos por la responsabilidad de los gobernantes y la limpieza de su gesti贸n. Italia, en este sentido, es el mejor ejemplo que puede mencionarse con la Liga del Norte, de Berlusconi. En el otro extremo tenemos las acciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y el auge de los acuerdos de integraci贸n econ贸mica internacional son apenas la expresi贸n 鈥揵urocratizada y estatista鈥 de un movimiento mucho m谩s profundo que surge de la expansi贸n de las comunicaciones y de otras t茅cnicas que son caracter铆stica de nuestro tiempo.

La confluencia de estos dos amplios movimientos hist贸ricos explica en gran parte la confusi贸n y las convulsiones del actual panorama internacional; ambos, por otra parte, presentan amenazas y promesas para la libertad humana. En cuanto a la emergencia de alg煤n tipo de poder supranacional, no son pocos los riesgos que esto supone: la imagen de un imperio tipo 芦Guerra de las Galaxias禄 puede ser convocado f谩cilmente por nuestra imaginaci贸n; por ello la saga fue combatida por el bushismo.

Es claro que, en tal caso, podr铆a repetirse el proceso que ha seguido Estados Unidos: independiz谩ndose de los estados que han delegado sus poderes en 茅l; el gobierno central ha ido asumiendo cada vez m谩s funciones hasta convertirse en un gigantesco aparato pol铆tico dif铆cilmente controlable por los ciudadanos. Estas utop铆as, que suelen estar determinadas por la realidad, han sido empujadas por un centenar de centros de pensamiento bushiano coordinados por George Schultz, investigador del Hoover Institute de la Universidad de Stanford, que se localiza en el 谩rea de San Francisco, territorio de alta cultura fomentada all铆 a lo largo de siglos por la Compa帽铆a de Jes煤s.

La geograf铆a pol铆tica

Peter J.Taylor y Colin Flint son los autores de Geograf铆a pol铆tica, que no deber铆a faltar en la cabecera de todo miembro respetable de la clase pol铆tica nacional. Se trata de un texto anal铆tico de los efectos de la globalidad, a la que no considera tan inevitable como en cambio lo creen los agoreros de cartulina, en los distintos niveles geogr谩ficos en t茅rminos de pol铆tica nacional (regi贸n y comunidad), al lado de la econom铆a mundo.

Dicen estos autores que el Estado es el escenario de la pol铆tica formal. Aclaran que la mayor parte de la gente suele asociar el funcionamiento del poder y de la pol铆tica con actividades relacionadas con el Estado y el gobierno (que en M茅xico se confunden en el discurso oficial de la misma manera que en el discurso pol铆tico de Estados Unidos se confunden de manera conceptual Estado y naci贸n. En Europa la cultura y la historia impiden una confusi贸n parecida). Se da por sentado que el Estado es el ruedo de la pol铆tica y, en consecuencia, lo habitual es que muchos estudios pol铆ticos se hayan limitado a analizar los Estados y los gobiernos; sin embargo, este enfoque es insuficiente porque no hay ning煤n motivo apriori por el que no debamos interesarnos por el tema del poder en otras instituciones como el hogar.

La geograf铆a pol铆tica por su parte, al igual que otros estudios pol铆ticos, ha tenido una orientaci贸n estadoc茅ntrica; es decir, ha considerado que la unidad elemental de an谩lisis es el estado. Y si bien es cierto que el estado sigue siendo una instituci贸n clave, ya no es el escenario del cambio social.

Siguiendo a los autores: los hogares son las unidades reproductoras sociales del sistema porque en ellas se socializa a los individuos en un estrato social. Los pueblos o naciones del mundo se reproducen tambi茅n por la identidad cultural; en ocasiones por la lengua como los 谩rabes; en ocasiones por la etnia, como los pueblos nahuatlacas.

Ahora bien, la identidad cultural de las naciones cuestiona el status global de las clases sociales, lo que traer谩 como consecuencia que las derechas promotoras de la desregulaci贸n del estado y de la disminuci贸n de la soberan铆a relativa en el torbellino de la globalizaci贸n, resulten absorbidas como por un secante aniquilador en la pugna previsible de las minor铆as en que se fragmenta el Estado. Esto en abierto desaf铆o a su racionalidad hegeliana. Como dice Juan Benet en En la penumbra: 芦Las cosas est谩n hechas por el rev茅s para que luego se vean por el derecho. Y el derecho enga帽a, enga帽a siempre.禄

El etnocentrismo y la destrucci贸n de la geograf铆a pol铆tica

Silvia Palacios, una estudiosa de los problemas geogr谩ficos e hist贸ricos de Am茅rica nos dice en su peri贸dico mensual que edita en Brasil (P谩gina Iberoamericana 01.12.05) que el Estado nacional soberano se debate por su existencia y no puede omitirse el hecho de que ha sido sometido a una guerra (que es incapaz de comprender), que lo ha debilitado. Primero, minando su control sobre la moneda y sus empresas nacionales, y despu茅s imponi茅ndole cierto tipo de control supranacional en asuntos como la demograf铆a y el medio ambiente.

Este control es progresivo a partir de la diseminaci贸n y la importancia que adquiere en cada 谩mbito estatal el ej茅rcito globalizador de los Organismos no gubernamentales (ONG). Adem谩s, en l铆nea paralela a la acci贸n de los ONG marcha el etnonacionalismo, que es una jugada para cambiar la geograf铆a pol铆tica y la nota cultural occidental, que pese a todas sus deficiencias ha sido el sustento del estado nacional en el continente.

Palacios invoca a otro autor norteamericano, Walker Connor, catedr谩tico en varias universidades de Estados Unidos, que estudi贸 esos fen贸menos en su an谩lisis del nacionalismo. En efecto, como representante de una especie de laicismo radical, dice Silvia Palacios, hace una falsa diferenciaci贸n entre naci贸n y patria, atribuy茅ndole a la primera la capacidad de mantener la cohesi贸n social por los fuertes lazos subjetivos de uni贸n propios de las etnias. La segunda es una cohesi贸n representada y ordenada por el Estado y sus instituciones.

En su obra Etnonacionalismo, en el cap铆tulo intitulado M谩s all谩 de la raz贸n, Connor asienta que 芦los t茅rminos nacionalismo y patriotismo se refieren a dos lealtades diferentes: el primero es la lealtad al grupo nacional y el segundo es la lealtad al Estado y a sus instituciones. S贸lo en pueblos como el japon茅s donde la dimensi贸n estatal y la nacional son equivalentes, las lealtades se confunden禄; la lealtad al estado es para ese autor una lealtad decadente.

En los noventas Connor y otros geopol铆ticos como Etzioni y sus antrop贸logos, implantaron en Am茅rica Latina sus tesis para subrayar que en esta parte del mundo existen las condiciones para configurar m煤ltiples Estados etnonacionales repletos de autonom铆as 茅tnicas. Dice Connor que el descontento general entre varios pueblos amerindios que ocupan las zonas monta帽osas desde M茅xico hasta Chile, que se conciben a s铆 mismos como pueblos sojuzgados por mestizos o por gente de origen europeo, pone el acento en la aspiraci贸n a crear territorios separados de la tutela estatal. Yugoslavia fue disuelta para debilitar las zonas lim铆trofes de la Rusia poestalinista convirtiendo en polvorines a los credos religiosos en el escenario: musulmanes, cat贸licos romanos y cat贸licos ortodoxos.

Como puede verse, las consideraciones 茅tnicas y religiosas se han venido depurando a lo largo de las d茅cadas y hoy se encuentran consagradas como parte de las ecuaciones del poder mundial.

* Periodista. Corresponsal de la Red Voltaire en M茅xico.
En www.voltairenet.org.

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