Mar 27 2019
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Sociedad

Testimonio de una dueña de casa atrapada por los tragamonedas de barrio

He leído con muchísima atención los reportajes de CIPER sobre las irregularidades y delitos que están cometiendo en muchas regiones los dueños de los tragamonedas. No solo los he leído con atención, sino con deleite, porque soy una de las miles de dueñas de casa que se han visto atrapadas por distintas razones por estas maquinitas y que hoy ven alguna luz de esperanza con el juicio y la investigación que les cayó encima. Pero el problema es que nadie nos pregunta nada a nosotras, a las miles que caímos en esta maraña y nadie investiga tampoco cómo funcionan estas maquinitas.

Te dicen que son de premios programados, y yo, que llevo años jugando en casinos de barrios en las mismas máquinas, sé muy bien que cada vez cuesta más sacarle un premio: los Jackpot ya no salen, al igual que muchas figuras que antes daban, y las secuencias se repiten cada cierta cantidad de jugadas, vuelven a dar las mismas figuras, cuando hay miles de combinaciones. Mañas que usan para recaudar más plata. Tiene que haber una explicación para este cambio: ¿las maquinas se resetean?, ¿las manipulan cuando cierran sus establecimientos?La Ciudad pondrá un impuesto a los premios de las máquinas tragamonedas

En este momento están analizando la legalidad de ese negocio en el Senado, pero las presentaciones las hacen los dueños de casinos establecidos y operadores de casinos de barrios. ¿Y quién escucha o le pregunta al jugador –a las miles de mujeres que pasamos muchas horas en esos casinos-  qué significa esta entretención que sale muy cara, porque la gran mayoría pierde más de lo que gana?

Dicen que los que operan estas maquinitas, los que las trabajan, son pequeños o mini empresarios. No es efectivo, porque yo que conozco muchos de estos casinos de barrios sé  que la mayoría de sus dueños son chinos. Te sortean $6 millones al mes, parcelados: un millón el viernes y un millón el sábado y sortean en una tómbola. Lo curioso es que ganan siempre las mismas personas, generalmente la que más juega o va todos los días, porque al final igual queda la plata en el local.

Los pequeños, lo que tienen un promedio de solo 30 máquinas, no pueden competir con estos locales que sortean bonos, dan comida, bebidas, cigarros y, además, deben asumir los gastos como electricidad y patente (algunos no tienen). Entonces, ¿de dónde sale todo ese dinero? Si no fuera un negocio que les genera tantas ganancias, ¿habrían instalado esas máquinas?, ¿habrían proliferado como lo han hecho por tantas comunas y barrios?

La verdad es que todos saben –todos sabemos– que el costo lo paga el jugador. Basta observar el segmento mayoritario que concurre a estos locales: adultos mayores, dueñas de casa.

Al principio sí daban premios, todavía lo hacen, pero una vez creada la adicción, cuesta mucho que la máquina te devuelva parte de lo jugado. Se juega mucha plata en estos locales. Otra curiosidad es que cuando se realizan los sorteos, las maquinas no dan nada. Y ahí se ven los esfuerzos infructuosos que hacen las jugadoras para tratar de que la máquina les devuelva algo: las golpean y hasta les hablan. Colóquense a la salida de los locales y pregunten a los que salen quién ganó… Aunque debo decirles que se miente, uno misma se miente. Y si un día pierdes $80 mil o $100 mil te conformas con que al otro día la máquina te va a dar…

Resultado de imagen para tragamonedasLes podría contar mucho de estos locales, pero lo importante a estas alturas es que alguien investigue sobre todo a esos casinos grandes, esos que en los días de semana generalmente están vacíos y que reciben gente los días que se hacen los sorteos, cuando las maquinas se manipulan más. Ustedes pueden averiguar, con personas que conozcan el mecanismo, cómo funcionan esas máquinas y cómo se pueden manipular. Ustedes pueden indagar si existe un sistema computacional que las pueda intervenir.

En esos establecimientos en donde hay 120 máquinas, el engaño es perceptible: solo algunas, muy pocas, dan un premio para al menos recuperar; pero otras jamás lo darán. Es cosa de acceder a los porcentajes por máquina, todas tienen diferentes. Y cuando alguien reclama por esta situación, te dicen que nadie te puso una pistola en la cabeza para jugar. Y eso es cierto, tan cierto como que nadie, absolutamente nadie fiscaliza que el juego sea justo, confiable, aleatorio y si manipulan las máquinas. Incluso si aparte de programarlas desde el computador, hay otro sistema de manipulación, porque muchos de estos locales tienen muchas cámaras, y a través de ellas ven si las máquinas están dando el rendimiento esperado. Además, hay empleados que se pasean informando con sus celulares. ¿Qué informan si en estos locales no hay disturbios? Como cada máquina tiene asignado un número, puede haber una sala donde llega toda la información de cada máquina.

Todo eso es lo que hay que investigar. Pero a nadie le importa. Y lo curioso es que tampoco se investigan las amenazas que hemos recibido cuando hemos dicho que vamos a denunciarlos. Y ahí, justo la maquina tira el pozo. Es tan simple como ir un día viernes y jugar, jugar, jugar, hasta que estarán obligados a preguntar. Y vean qué sucede cuando preguntan si “las máquinas están dando” o “si están apretadas” (vocabulario de las que jugamos).

La verdad es que son muy pocas las que denuncian o alegan, porque la mayoría no nos atrevemos. ¿Por qué? Por una razón muy poderosa: nuestras familias desconocen realmente cuánto dinero jugamos; y para algunas sus familias incluso desconocen esta conducta. Así, nadie protege al jugador y nadie se preocupa de nosotros. Lo primero que te responden cuando dices un simple reclamo es “¡vieja viciosa!”. Sí, pero se olvida que este vicio maldito no solo afecta al jugador, sino a su entorno, a su familia. El tiempo que debías estar junto a ella se pierde por estar jugando todos los días y fines de semana; también puedes pasar toda la noche, ya que algunos locales están abiertos hasta la madrugada. Y el que tiene más dinero va a casinos establecidos, pero son distintos a las mujeres que van a estos locales que ni siquiera tributan por sus ganancias.

Pido disculpas por no publicar mi nombre, pero siento un poco de temor ya que he recibido amenazas cada vez que he reclamado por  malas prácticas y porque el juego debe ser justo, aleatorio, confiable. Pero denunciarlos también me deja contenta, porque la amplia mayoría no se atreve a esbozar ni una sola queja por medio a que ellos cumplan sus amenazas de que van a ir a denunciarnos a nuestras familias por viciosas.

El gremio de tragamonedas es un gremio muy unido, tiene asesores, abogados, políticos y otras autoridades que los apoyan. Cuenta con muchas herramientas de poder, se reúnen con senadores y diputados, van a medios de comunicación para defender sus posturas, incluso hay jugadores que los defienden, pese a los costos económicos y familiares,  porque su mundo gira entre la casa y las máquinas, y así se evaden de los problemas en estos locales.

Agradezco a los que me leen. Yo solo cuento otra cara de estos tragamonedas que pareciera que a nadie le importa. Este es un vicio maldito que cuesta dejarlo. Hay muy pocas que lo han logrado. Otras lo dejan y vuelven. Solo pido que por unos minutos piensen en cómo este vicio está carcomiendo y empobreciendo a los adultos mayores.

Fuente: https://ciperchile.cl/2019/03/22/testimonio-de-una-duena-de-casa-atrapada-por-los-tragamonedas-de-barrio/

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