Nov 22 2017
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Ciencia y Tecnología

The Economist declara la guerra a la libertad de expresión en Internet y redes sociales

La revista británica The Economist, portavoz del neoliberalismo global controlada por los banqueros Rothschild, arremete contra Internet/redes sociales: ¿Amenazan las redes sociales a la democracia? https://goo.gl/eGbNZw). En forma sesgada, por dañar los intereses plutocráticos del neoliberalismo global, The Economist fustiga a Facebook, Google y Twitter, que supuestamente fueron diseñados para salvar a la política con una buena (sic) información que elimine prejuicios y falsedades.

¿A poco la maniqueísta The Economist carece de prejuicios israelí-anglosajones? ¿A poco la pugnaz The Economist no se ha consagrado a desinformar para llevar agua a su molino neoliberal?Resultado de imagen para the economist

La polémica revista, biblia de cabecera de la globalización financierista, comenta que algo muy malo (sic) sucedió y reclama que sin una información decente (sic) sin civilidad (sic) y conciliación (sic), las sociedades resuelven sus diferencias recurriendo a la coerción.

Sucede que los mendaces multimedia israelí-anglosajones, que impusieron su pensamiento único y su propaganda unilateral, se encontraron súbitamente con que en Internet/redes sociales –específicamente en el masivo GAFAT (Google, Apple, Facebook, Amazon y Twitter)– existen otros puntos de vista, para no decir verdades, donde el plutocrático neoliberalismo global que beneficia a sólo 1% del mundo occidental, ha quedado en minoría frente al restante 99% que expresa su sentir sin tapujos by the time being…

Suena a perogrullada que la mayor parte de los multimedia israelí-anglosajones en Occidente sean controlados por ese 1% vilipendiado en forma implacable en Internet/redes sociales cuando 99% exorcizado hoy tiene a su alcance expresarse libremente para bien o para mal, según la cosmogonía maniquea del The Economist (ellos son los buenos; los otros son los malos: ja ja ja).

En medio del caos global –provocado por el declive de EU, el ascenso irresistible de China y la resurrección militar de Rusia, como expuse en mi conferencia magistral en el IIEc/UNAM (https://goo.gl/p31mmd-, la revista evoca que no hace mucho las redes sociales sostuvieron la promesa de una política más ilustrada (sic), conforme la precisa (sic) información y la comunicación sin esfuerzo (sic) ayudaban a la buena (sic) gente a eliminar corrupción (sic), fanatismo y las mentiras(sic).

¿A poco The Economist colaboró en la erradicación de la corrupción que alcanzó niveles estratosféricos bajo su modelo monetarista/especulativo?

Son tiempos aciagos de la “post-verdad (https://goo.gl/sWmqxe)” y de la guerra de propaganda del Deep State de EU mediante su etéreo russiagate de presunto intervencionismo del Kremlin en sus elecciones –¡y hasta del “México neoliberal itamita”, como si necesitase de hackers exógenos donde el IFE/INE rompería el récord de fraudes a escala global con su legendaria manipulación algorítmica!

Las plataformas Internet/redes sociales de EU son producto del deslumbrante invento primigenio del Pentágono: DARPA (https://goo.gl/VYYTG8).

¿Es creíble que Rusia controle ahora los productos del invento DARPA del Pentágono? (https://goo.gl/Mve8rT).

Dejo de lado la teoría más creíble que detrás del russiagate, el Deep State de EU busca impedir un acercamiento entre Trump y el zar Vlady Putin.

A juicio del The Economist, Internet/redes sociales propagan veneno ya que se han vuelto catalizadores de la desinformación rusa.

Según The Economist, resulta y resalta que desde Sudáfrica hasta España (sic) – ¡The russians are coming!, el obsesivo y compulsivo adagio de la guerra fría, hasta en Cataluña–, propalan la mentira y el ultraje (sic) y corroen (sic) el juicio de los votantes y agravan el faccionalismo, cuando Internet/redes sociales erosionan las condiciones libertarias.

The Economist alega que Internet/redes sociales no provocan la división, sino que la amplifican.

No tiene más remedio la revista de admitir que la crisis financiera de 2007/2008, alimentó la furia (sic) popular contra una élite pudiente que dejó atrás al restante.

Enjuicia que ahora las guerras culturales han dividido a los votantes por identidad que dan pie a nativismo y populismo cuando antes lo hacían por clases sociales.

Admite que Tv por cable, Fox News y la radio también ostentan su poder a polarizar, pero la característica de las plataformas Internet/redes sociales radica en su novedad cuando es poco entendido su funcionamiento, pero cuya realidad es que producen una influencia extraordinaria (¡súper-sic!).

El error garrafal de The Economist es que confunde los intereses de la oligárquica plutocracia, que representa como nadie, con la democracia tout court que constituye su verdadero antídoto.

Las masivas plataformas de Internet/redes sociales tienden a ser más democráticas por el simple número de usuarios que detestan el neoliberalismo global que los ha perjudicado. ¡As simple as that!

Lo grave es que el GAFAT recurre ya a la selectiva censura de opiniones que colisionan con los intereses de identidad y/o clase de sus dueños, quienes anhelan modular y modelar a los usuarios a imagen y semejanza de sus alianzas políticas.

The Economist incita, como su sola verdad, la exposición de la ideología neoliberal global ya que diferentes lados ven diferentes hechos por lo que no comparten una base empírica para alcanzar un compromiso.

Se percibe que The Economist no ha tenido que digerir los noticieros de Televisa, que son verdaderas telenovelas totalitarias, donde sólo exponen el único y absoluto lado del sistema imperante sin oposición real.

Al sentir perdida la partida democrática, los epígonos (padre e hijo) de George Soros en Televisa y Univisión exigen la censura de las redes sociales.

¿El hoy vilipendiado abuso de Internet/redes sociales tiene como objetivo controlar la naciente libertad individual/colectiva de expresión?

El geoestratega Andrew Korybko aduce que el russiagate, en el marco de la guerra de propaganda de EEUU contra Rusia, está encaminado a regular Internet/redes sociales (https://goo.gl/8LNiWj).

Es impactante que el ex presidente de EU, James Carter, deseche toda la parafernalia del russiagate que no tuvo influencia en el electorado (https://goo.gl/7S1vDr).

La periodista estadunidense Eva Golinger destaca las redes de guerra, con su ejército de bots, y la militarización de twitter que censura en forma antidemocrática y aberrante a Russia Today (https://goo.gl/RVVzhq).

Armin Mahler, del Der Spiegel, comenta que en medio del darwinismo digitálico son necesarias nuevas reglas para la economía del Internet –que no produce nada, salvo servicios– dominada por los gigantes de Silicon Valley (https://goo.gl/pnPu95).

En una genuina sociedad libre, civilizada, decente y conciliadora, para emplear los términos eviscerados de todo contenido por The Economist, debe florecer la obligada réplica –yo he sufrido su censura en varios multimedia mexicanos– y, sobre todo, la obligatoriedad dialéctica con su tesis/antítesis/síntesis que inició Heráclito desde el siglo 6 AC.

*Economista y politólogo mexicano. Publicado en La Jornada

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