Ago 18 2014
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Opinión

Tiempo de mediocres

As√≠ como la gimnasia es el remedio infalible para tonificar y mantener √°giles los m√ļsculos, tambi√©n la obligatoriedad de pensar, de agudizar la mente, resulta un man√° celestial para las neuronas ya que incluso ellas requieren de un buen est√≠mulo para mantenerse fuertes.

L√≥gico; si usted tiene un contrincante al frente cuya astucia intelectual le est√° llenando el canasto de goles, tendr√° que estrujar hasta su √ļltima reserva de materia gris para salir honorablemente indemne. Ocurr√≠a tiempos ha cuando los paladines de cualquier sector de la
política chilena, al margen de que el vulgo compartiera o no sus ideas, hacían gala de una gran agudeza mental si de llevar aguas a su molino se trataba.

Mafalda decía que lo malo de los viejos es que viven mirando el presente con los ojos en la nuca. Cierto, pero ¡qué diablos! como nunca, en destreza mental aquello que todo tiempo pasado fue mejor funciona aquí como reloj. Claro que en esos tiempos, pensará usted, el combate era a muerte y se trataba de hacer trabajar al máximo la sesera: había que vencer al capitalismo criollo y mundial por un lado, y por el otro había que vencer al comunismo también criollo y mundial.

El triunfo fue de estos √ļltimos, los del capital, y como para ellos la pelea era efectivamente a muerte, en Chile al menos coronaron su victoria asesinando a troce y moche a los que alguna vez fueron sus dignos contendores en el terreno de la ideas.

¬ŅQu√© pas√≥ despu√©s? Ya lo sabemos: sobrevino el tiempo de los mediocres. Partamos tirando la mierda con ventilador, si me perdona el garabat√≠n. Todos, absolutamente todos los pol√≠ticos que empuercan hoy su propio nido, desde la extrema izquierda a la extrema derecha (¬Ņexisten todav√≠a ambos extremos?) tienen como signo com√ļn la mediocridad. No hay d√≠a en que alg√ļn pelotudo de uno y otro lado no ‚Äúmuestre la hilacha‚ÄĚ, seg√ļn el dicho clasista de nuestros abuelos. El √ļltimo fue el de un tal Don Nadie que si no es porque los venezolanos lo confundieron con un astuto esp√≠a, no nos habr√≠amos enterado de su existencia ni menos que adem√°s era el presidente de los dinosaurios juveniles de la UDI.

Don Nadie, con la √ļnica neurona liliputiense que logr√≥ en alg√ļn remate, y aprovechando su ‚Äúminuto feliz‚ÄĚ gracias a la torpeza de la polic√≠a de Maduro, hizo una declaraci√≥n m√°s o menos as√≠: ‚ÄúMi abuelo, all√° en ‚ÄėChuchunco‚Äô, tuvo que irse del pa√≠s durante Allende porque (l√©alo bien) lo quer√≠a matar… el GAP en el Plan Z‚ÄĚ. Seguramente el se√Īor Nadie oy√≥ cantar el gallo en los niveles del pinochetismo trasnochado en los cuales se mueve y s√≥lo se aprendi√≥ esas dos siglas: plan Z y GAP.

Lo que a Don Nadie no le cupo dentro de la neurona, es que el plan Z, del que nunca m√°s se volvi√≥ a hablar desde pocos d√≠as despu√©s del golpe, fue reconocido incluso por los autores del zarpazo a la democracia como un subterfugio necesario, destinado a impresionar a los sectores m√°s simplones de la poblaci√≥n a los cuales era importante asustar, seg√ļn la receta de pap√° Goebbels.

En cuanto al GAP, sigla que seguramente Nadie ni siquiera sabe qu√© significa, tal como ironizaba un periodista de Radio B√≠o B√≠o, le habr√≠a sido muy dif√≠cil planear y ejecutar un atentado contra un camionero de ‚ÄėChuchunco‚Äô preocupados cada segundo del d√≠a en proteger la vida del Presidente de la Rep√ļblica amenazada durante los tres a√Īos que dur√≥ el Gobierno Popular. Salvo que, como sigui√≥ ironizando el periodista radial, el ‚Äúimportante‚ÄĚ camionero de ‚ÄėChuchunco‚Äô hubiera sido vecino del Presidente en Tom√°s Moro y al que hubiera sido necesario
vigilar dentro de las funciones del GAP.

Pero bueno, Don Nadie como dijimos, vivi√≥ su minuto de gloria y podr√° mostrar a sus nietecitos los recortes de prensa cuando por √ļnica vez alcanz√≥ notoriedad, aunque s√≥lo hubiera Al otro lado la cosa no es mejor. El pa√≠s le entreg√≥ a do√Īa Michelle una mayor√≠a que ya se la hubiera querido tener cualquier l√≠der aut√©ntico para ejecutar un programa de gobierno que remeciera hasta sus cimientos esta realidad de profunda injusticia y desigualdad de la sociedad chilena. Pero parodiando a don Ortega y tambi√©n a don Gasset, los hombres son ellos y tambi√©n sus circunstancias.

La se√Īora Bachelet es sin duda ella, no se puede negar; basta con mirarla. Pero, ¬Ņcu√°l es su circunstancia, si es que la tiene? Si nos atenemos a la intenci√≥n de la frase de Jos√© Ortega y Gasset, una persona puede crear su entorno, su circunstancia, que ser√° la que marcar√° la huella que dejar√° en su paso por este atribulado mundo. Es cierto que la vida se muestra generosa cuando le ofrece a un individuo la posibilidad de trascender hasta los anales imborrables de la memoria humana; pero s√≥lo lo deja ah√≠, en la bifurcaci√≥n, en la encrucijada, y tendr√° que apechugar solito frente a la disyuntiva de elegir el camino correcto que conduce a la gloria o el camino trajinado de los que malogran la ocasi√≥n, ahogados en el olvido implacable de la mediocridad.ch bachelet baila

Michelle Bachelet est√° demostrando que no da el ancho, y no es ninguna iron√≠a. Barnizada, porque no podemos decir armada, con un programa bastante avanzado para la realidad que vive el pa√≠s, ha comenzado a diluirse carcomida por la t√°ctica de inteligencia sorprendente de la derecha que, en menos de cuatro meses, reverti√≥ diametralmente la opini√≥n p√ļblica que fuera la base de sustentaci√≥n que llev√≥ a Bachelet al gobierno.

Basta mirar los resultados de la encuesta CEP de la semana pasada para entenderlo ¬ŅRazones? Se rode√≥ en primer lugar de una piara de mediocres, de timoratos metedores de pata que viven tratando de encajarse en los
cartabones que les ha ido imponiendo la derecha política y la derecha económica, esa que ahora ya no apoya con tanto entusiasmo a la Presidenta como en su primer mandato, cuando ella era líder del libre mercado y la

Por otro lado, asoma la cola el eterno temor a las masas, al pueblo, que siempre ha caracterizado a los pusil√°nimes del populismo. Sufren pensando que si se adoptan medidas demasiado generosas, el populacho se les quiera subir por el chorro y les exija cada vez m√°s. Para su tibio reformismo, siempre ser√° mejor conciliar con los poderosos que manejan el dinero, el poder y el apoyo de los uniformes, que con un pueblo que se puede tornar indomable pas√°ndoles el carro por encima incluso a ellos.

La CEP, aunque con encuestas sibilinas y preguntas torcidas, ha logrado plasmar en cifras lo que la derecha esperaba de su siembra de estos cuatro meses, gracias a los acuerdos con la Nueva Mayor√≠a. A prop√≥sito. la ‚Äúpol√≠tica de los acuerdos‚ÄĚ en estos casi 25 a√Īos de democracia, le ha servido invariablemente s√≥lo a la derecha, desde el comienzo mismo de los presidentes de la Concertaci√≥n, cuando se ‚Äúacord√≥‚ÄĚ con los golpistas todas las restricciones con la que nac√≠a una democracia casi de caricatura, cautelada hasta hoy por el esp√≠ritu dictatorial que dejaron los militares. Prueba de ello es que luego de casi un cuarto de siglo, todav√≠a no se puede eliminar el binominal heredado del pinochetismo.

Lo cierto es que en estos d√≠as la ‚Äúpol√≠tica de los acuerdo‚ÄĚ va desmantelando parte por parte los tres pilares b√°sicos que enarbol√≥ Bachelet para ser elegida. Pasar√°n a la historia como mamotretos apolillados cuyo √ļnico valor ser√° demostrar, una vez m√°s, que los mediocres ser√°n siempre fraudulentos, est√©n donde est√©n.

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