Feb 16 2013
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Despacito por las piedras

TRANSGÉNICOS PARA POBRES Y ORGÁNICOS PARA RICOS

Desde hace tiempo se habla del hambre en el mundo y de qué manera los cultivos que utilizan semillas transgénicas van a solucionar este problema. Pero, salgamos de la propaganda y veamos la realidad. Según los datos existentes, en 1995 había 834 millones de personas que padecían hambre. En el año 2002, encaminadas las campañas para combatir el hambre y en pleno desarrollo los cultivos transgénicos, el número de hambrientos se elevó a 852 millones de personas y en el año 2012 esa cifra ronda los 870 millones. Cómo se ve la mayor producción no redujo el hambre, aunque sí engordó las ganancias de las empresas que producen esas semillas actualmente tan difundidas. Esto prueba que el problema del hambre no pasa por la producción, sino por la desigual distribución.
Los cultivos transgénicos van desplazando a los tradicionales y la agricultura familiar. Las góndolas de los mercados, cada vez más, están ocupadas por alimentos que han utilizado semillas transgénicas, es decir genéticamente modificadas. Al incorporarse genes que la hacen más resistente a diversos tóxicos utilizados para matar malezas es lógico pensar que luego será el hígado y otras partes de nuestro organismo los que deberán asimilar esos genes y los resultados de ese proceso. Sus efectos son motivo de variadas controversias, científicamente no resueltas.
Es por eso que los que tienen mayores ingresos procuran disponer de alimentos orgánicos, alejados de las semillas transgénicas y de los productos químicos indispensables para su cultivo.

COMIDA QUE SE TIRA
Otro dato impactante acerca de cómo se manifiesta la relación entre ricos y pobres en materia alimenticia lo da la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En un reciente Informe ratifica que cerca del 15% del total de alimentos producidos van a parar a la basura. Con esos alimentos se podría saciar el hambre de los 870 millones de personas que lo padecen. En Estados Unidos y Europa se desecha el 40% de lo que se produce. Con ellos se ratifica lo dicho en el sentido que el problema de las hambrunas tiene que ver con cuestiones de distribución y no de producción.

Juan Guahán/Question

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