Nov 8 2007
259 lecturas

Opinión

TRES NOTAS PARA PENSAR LA SOCIEDAD DEL MIEDO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

I Contextualización
Hoy, a inicios del siglo XXI nos encontramos en una etapa que nos demanda confrontación, acompañamiento, espacios de discusión, sobre el pasado, presente y el futuro de nuestra supervivencia. No obstante, en nuestro entorno, asistimos a una suerte de hastío, apatía, superficialidad, frivolidad de ciertos sectores sociales hacia los hechos cotidianos de corrupción, la intolerancia, violencia, política, derechos humanos, etc.

¿Qué sucede? ¿Qué cambios han ocurrido en el entramado sociohistórico de nuestra sociedad? ¿Cómo se manifiestan dichos cambios? ¿Podemos diagnosticar desde algunos síntomas? ¿Qué criterio de ingreso de captura para comprender lo que sucede?

Aquí nos encontramos ante un reto eminentemente crítico-constructivo para intentar trazar algunas líneas investigativas desde enfoques “trans” e “inter” disciplinarios de este fenómeno sociohistórico al que hemos denominado La Sociedad del Miedo.

II Sobre la Sociedad

El ser humano por su constitución biológico-cultural un ser social, es decir, desde su concepción hasta su muerte se ve articulado con otros, que le aportan una narrativa de vida, un contingente de recuerdos, unas formas de hacer, decir, representar.

Vive en común con otros. A este entramado sociohistórico le denominamos en nuestros tiempos “sociedad”. La sociología frente a este hecho humano se pregunta al menos dos cuestiones centrales:

– ¿Qué es lo que mantiene unida a una sociedad?
– ¿Qué es lo que crea las viejas y las nuevas formas de una sociedad?

Así, la sociología conforma una disciplina abocada a explicar los fenómenos de transformación de la sociedad moderna. Como ciencia pretende descubrir la verdad y la falsedad del fenómeno considerado por sí mismo (la sociedad, hechos sociales, etc). Como ciencia crítica debe dinamizar las petrificadas contradicciones de su objeto, esto es, atender a las tensiones. Como vocación debe superar la fantasmagórica ilusión de la objetividad de los métodos, versus lo investigado.

En resumen, la sociología se ocupa de la confrontación del hombre con la naturaleza y de las formas objetivas de socialización.

III El miedo
a. El miedo paraliza. Ante él reaccionamos no siempre de forma racional[1].

b. El miedo nos hace manipulables[2].

c. El miedo crea conspiraciones de silencio, justifica la presencia de precarios equilibrios de
fuerzas que aparecen como prohibición de hacer algún intento de ajuste de cuentas con el
pasado.

d. Crea traumas individuales y colectivos no bien resueltos.

e. Funda una moralidad de la indiferencia.

f. Establece manifestaciones “fetichizadas” de expresión y condensación: venta de armas,
barriadas organizadas contra el hampa, “los otros amenazantes”, las casas-cárceles, los
campos de concentración con sus alambradas navaja, etc.

g. Se transmuta en “miedo siniestro” familiar, oculto, no reconocido; potencialmente destructivo: “(…) el ser humano no podría explicarse su experiencia siniestra, pero de alguna manera la identificó, vagamente nombrándola con algún término (exclamación, grito o silencio) que, sin duda, no podía expresar toda la fuerza experimentada, pero ya se la anunciaba o se la hacía en referencia… lo siniestro se revela como posible, potencia amenazante, en cuyo fondo no se sabe cuando se vuelve acto, real.

El límite humano es no saberlo controlar nunca.

Frente a lo siniestro, la actitud es pasiva con respecto a su dinamismo, y no ejerce en nosotros un efecto de activación, sino de hechizo”[3]

h. Ante todo asistimos al miedo:

Asistir puede ser comprendido en al menos tres acepciones (a) acompañar y reconocer a otro de manera pública, el otro ante mí tiene estatura de sujeto humano y hago comunidad con él, me comprometo existencialmente, (b) socorrer, asistir a quien ha sido violentado, es una actitud de servicio (c) concurrir en forma activa o pasiva a actos públicos de entretenimiento, distracción, de espectáculo.

Notas

[1] “Bien advierten ustedes que si la angustia alcanza una fuerza desmedida, resulta inadecuada en extremo: paraliza toda acción, aun la de huida. Por lo común, la reacción frente al peligro consiste en una mezcla de afecto de angustia y acción de defensa”. Freud, S. “25 Conferencia: La angustia” En: Obras Completas, Tomo XVI. Amorrortu, Argentina. Pág. 359.

[2] A este respecto Figueroa Ibarra, C. El recurso del miedo: Ensayos sobre Estado y el terror en Guatemala. San José. EDUCA, 1991.

[3] Estrada Mora, O. (1990) Lo siniestro como categoría crítica. Tesis de Licenciatura en Filosofía. UCR.

——————————-

* Sociólogo y linotipista.

EN: http://alainet.org.

X

Envíe a un amigo

Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario