Jul 7 2017
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Política

Trump, Brexit y las masivas protestas marcan una cumbre del G-20 cargada de tensión

El poder mundial chequea la resistencia de sus costuras este fin de semana en Hamburgo, donde, entre multitudinarias protestas contra los tratados internacionales de comercio y los recortes de libertades, los presidentes de los estados teóricamente más poderosos y/o económicamente potentes del planeta celebran la decimosegunda cumbre del G-20.El foro, que reúne a los dirigentes de los países del G-7, la UE y otros doce estados entre los que destacan los BRIC (Brasil, Rusia, India y China, 28 billones de dólares de PIB), México, Indonesia y Turquía, se reúne de nuevo tras nueve convulsos meses (“turbulentos”, en palabras de Donald Tusk, presidente del Consejo de Europa) que han puesto sobre la mesa la fragilidad de sus equilibrios.

Las cosas han cambiado mucho desde que el G-20 se reuniera a primeros de septiembre del año pasado en la ciudad China de Hangzou. En cuanto al reparto, se estrenan un aislacionista Donald Trump que colecciona focos de tensión política y económica, un Emmanuel Macron que encadena dimisiones de ministros mientras siente en la nuca el aliento electoral de la antieuropeista Marine Le Pen, presidentes bajo sospecha como el brasileño Michel Temer, una Theresa May con tendencia a apuntar hacia su zapato y una UE que, políticamente convulsionada por el Brexit, no acaba de saber qué será dentro de unos años, cuando decrezca.

Refugiados, África, elusión fiscal

En lo que se refiere al guión, siguen sobre la mesa buena parte de los asuntos que centran sus cumbres desde su inicio en 2008, aunque con mayores tensiones en unos ámbitos, como ocurre con las políticas de cambio climático tras el abandono del Acuerdo de París por EE.UU.  y con las políticas comerciales tras el cambio de posición de EE.UU. con el TTIP, y con manifiestas muestras de incapacidad para resolver otros como la crisis de los refugiados y los migrantes, el desarrollo del continente africano (Guinea y Senegal, por la Unión Africana y la Nueva Asociación para el Desarrollo de África, reforzarán la solitaria presencia de Sudáfrica en el grupo), la llamada lucha contra el terrorismo internacional (con Arabia Saudí en la mesa), las políticas contra la elusión fiscal o el diseño, casi una década después de que la crisis de las hipotecas basura hiciera tambalear la economía planetaria, de un sistema monetario y financiero resiliente.

Objetivos, tareas pendientes y misiones imposibles se entremezclan y confunden en el G-20, cuyas cumbres, como las del G-7 y otros foros similares, no suelen dar lugar a acuerdos prácticos y efectivos aunque en ocasiones sí generan declaraciones de intenciones.

En esta ocasión, sin embargo, el foco de atención va a estar en si el propio grupo se resiste a sí mismo en su primera edición con un Trump que hace bandera del aislacionismo económico y comercial mientras colecciona encontronazos con países como China, Alemania y México (aliados comerciales de EE.UU. hasta hace unos meses), mientras asuntos como la guerra de Siria y las presuntas ciberinjerencias electorales de Rusia tensan las relaciones de este último país con otros miembros del foro.

“Forjar un mundo interconectado”, es el paradójico lema elegido por la presidencia alemana para la cumbre que Europa considera “ideal” para tratar medidas contra el tráfico de seres humanos a través del Mediterráneo, aunque Tusk, que aboga por que una UE en crisis hable “como una sola voz” en Hamburgo, admite que medidas como crear una lista internacional de traficantes requiere el acuerdo previo de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque la forma pretenda proclamarlo, nadie sostiene en el fondo la ilusión de una reunión de iguales.

La UE aparenta unidad

Naciones Unidas es uno de los principales invitados de la cumbre, a la que también asisten representaciones del Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el FMI, la OIT, la OCDE y, por vez primera, la Organización Mundial de la Salud (OMS). España es el único Estado invitado permanente, mientras que en esta edición también estarán presentes Noruega, Holanda, Singapur y Vietnam.

La UE, el único sujeto colectivo con plaza estable en el G-20, comparece, tras el estruendoso diálogo de sordos de la cumbre del G-7 de mayo, en pleno tratamiento de autoestima tras el Brexit, el resultado de la primera ronda de las presidenciales francesas y de las legislativas holandesas y la deriva autoritaria de algunos socios como Polonia. “Una Unión fuerte y decidida es el mejor modo de promover nuestros valores e intereses, apoyar un sistema a base de reglas multilateral, y en última instancia (sic) proteger y defender a ciudadanos”, señalan Tusk y el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, en una carta a los presidentes y jefes de Estado, en la que admiten cómo “muchos ciudadanos en Europa y en otros lugares todavía se sienten olvidados por la recuperación económica y son aprensivos con la globalización”.

La delegación europea se muestra ahora, vistos sus efectos intensificadores de la desigualdad, partidaria de abandonar las políticas austericidas para regresar al keynesianismo. “Trasladaremos una postura común para mejorar la eficacia y la composición de los fondos públicos para que lleven al crecimiento y la equidad”, señalan Juncker y Tusk, que consideran “necesaria” una “atención particular” a la inversión en infraestructuras y la eficacia de los sistemas de seguridad social.

Puntos de desencuentro entre EEUU y Europa


No parece que ese vaya a ser el único punto de desacuerdo entre la UE y EEUU, quizás menos distantes en materias como la aplicación de medidas de censura en internet con la excusa de atacar las vías de propaganda del terrorismo islamista. La lista de desencuentros incluirá, a priori, materias como la actuación ante el cambio climático (el acuerdo de París “no es renegociable” para Bruselas), la creación de una lista de paraísos fiscales y la aplicación de sanciones si no se adecúan a los estándares de transparencia financiera, la financiación de la lucha contra el terrorismo o el diseño de un nuevo sistema financiero internacional con el FMI como eje.

La crisis de los refugiados será otro de los ejes de las sesiones del G-20, en el que la delegación de la UE señalará el desplazamiento forzado y la migración irregular como “los principales desafíos globales”, aunque sin abandonar su política de externalización de fronteras en países como Turquía y Marruecos sino, más bien al contrario, abogando por reforzarla y por fomentar la “vuelta rápida “ de los migrantes a sus territorios de origen al mismo tiempo que su integración en los mercados de trabajo europeos.

Europa pretende combinar esa política de impermeabilización de sus fronteras con otra de desarrollo económico en África para, movilizando 44.000 millones de euros públicos y privados hasta 2020 en inversiones tuteladas, “contribuir al abordaje en origen de las causas de la migración irregular y la radicalización” en países como Costa de Marfil, Etiopía, Ghana, Marruecos, Ruanda, Senegal y Túnez.

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Violentos choques: “No sirven estos encuentros de caviar y champán”

Mientras los poderosos del mundo aterrizaban en la ciudad del norte alemán para participar en la Cumbre del Grupo de los Veinte, miles de manifestantes se reunían con la promesa de convertir el evento en un “infierno” y formar “el mayor bloque negro de Europa”.

Unas 12.000 personas se reunieron bajo un sol radiante en la plaza del Mercado del Pescado de Hamburgo junto al río Elba para dar rienda suelta a su descontento con la política de las principales potencias industrializadas y emergentes y más tarde marchar por la ciudad en la protesta más temida por las autoridades.

Una variopinta comunidad de antisistemas, punks y radicales de izquierda de distintos países de Europa, pero también de ecologistas, jóvenes estudiantes y veteranos de la revolución estudiantil de mayo de 1968 pobló la plaza, muchos vestidos de negro. “Venimos acá porque nuestro primer objetivo es un mundo sin identidades nacionales”, explicó Norman, un estudiante de arte que llegó a Hamburgo a dedo junto con su compañera Vanessa. “Estos encuentros de caviar y champán no son importantes y es lo que queremos dejar claro”, lo secundó su amiga.

“La forma masiva y dura en que ha actuado hasta ahora la Policía motiva a la gente a probar cosas”, opinaron los estudiantes. “No hemos venido a armar lío, pero si intentan detenernos, no seremos nosotros los responsables”, lanzó la advertencia Kemal, un kurdo residente en Alemania que blandía una gran pancarta en la que demandaba “Un mundo sin imperialismo ni fronteras”.

La protesta fue organizada por un grupo de antisistemas en torno al centro “Rote Flora”, un antiguo teatro ocupado desde 1989 que suele ser escenario cada primero de mayo de violentos choques con las fuerzas de seguridad. Los organizadores esperaban la asistencia de unas 10.000 personas, pero llegaron más. La Policía calculaba que entre ellas podría haber hasta 8.000 violentos y manifestó especial temor a cómo se comportará el cerca de millar de activistas llegados de países como Grecia, Italia, Francia o Escandinavia.

Un tren fletado especialmente arribó esta mañana proveniente de Basilea llevando a unos 800 militantes del extranjero. El convoy tardó en vaciarse debido a que todos los pasajeros fueron controlados por la Policía. Dos italianos con antecedentes de violencia fueron interceptados en el aeropuerto y devueltos a su país.

A primera hora de la tarde reinaba la calma antes de la tormenta. Grupos de música como la banda punk “Die Goldenen Zitronen” (“Los limones dorados”) con el tema “Si fuera una zapatilla” sobre la facilidad con que las zapatillas cruzan las fronteras y la dificultad de los seres humanos para hacerlo se alternaban sobre un escenario con oradores de distintas partes del globo.

Entre ellas destacó la activista mexicana María Trinidad Ramírez, del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) de la localidad de San Salvador Atenco, en la que está prevista la construcción del nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México en contra de la voluntad de lugareños y campesinos. “(El presidente Enrique) Peña Nieto no nos representa a los mexicanos. Representa al despojo de las tierras, la violación a los derechos humanos de los pueblos originarios”, sostuvo Ramírez, mientras en el público gritaban “Zapata vive y vive” en solidaridad con el movimiento zapatista mexicano.

Los temores se confirmaron unas horas más tarde, cuando la columna de manifestantes quiso ponerse en marcha y cerca de un millar se tapó la cara, algo que está prohibido en Alemania, y lanzó botellas y tablones a la nutrida dotación de policías en el lugar, según dijo la policía.

Las fuerzas del orden contestaron con cañones hidrantes y gas pimienta y demandaron al resto de los manifestantes a separarse del llamado “bloque negro”. Hubo heridos y la protesta se dio por terminada, pero algunos grupos siguieron protagonizando destrozos.

El tema de la seguridad ha sido una obsesión para los organizadores del G20 en Hamburgo. Unos 20.000 policías de todo el país están destacados en la ciudad. En la antesala del encuentro se produjeron los primeros choques entre manifestantes y policías en los que también los agentes emplearon cañones de agua y gas pimienta. El duro accionar policial fue criticado en las redes sociales. Las autoridades informaron que 76 agentes resultaron heridos, pero no precisaron la cifra de activistas lesionados o detenidos. En la ciudad fueron desplegados 8 mil guardias, pues se esperan unas 30 marchas durante los dos días del encuentro de líderes mundiales
Organismos multilaterales llaman al G20 a revigorizar el comercio.

La manifestación “Bienvenidos al infierno” es una de casi una treintena de marchas, actos y bloqueos organizados en Hamburgo para protestar contra los poderosos del mundo. El punto culminante será la gran marcha programada para el sábado, el último día de la cumbre, a la que se espera la participación de hasta 100.000 personas.

Organismos multilaterales llaman al G20 a revigorizar el comercio
Los jefes de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) hicieron un llamado conjunto a los líderes del G20 para que acuerden acciones que revigoricen el comercio y respalden a los trabajadores.

El G20 es un foro de cooperación de países que representan dos tercios de la población mundial y tres cuartas partes del comercio global.

Al grupo pertenecen la UE y 19 países industrializados y emergentes: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía. España acude como país invitado permanente.

El bienestar económico de miles de millones de personas depende del comercio. Una mayor integración comercial, junto con políticas económicas que apoyen la actividad local, pueden ayudar a elevar los ingresos y acelerar el crecimiento global. Esto requiere acciones decisivas de los líderes mundiales reunidos en la cumbre del G20, dijeron en un comunicado.

La canciller federal alemana, Ángela Merkel, se reunió con el presidente estadunidense, Donald Trump, quien llegó desde Polonia para participar a partir de mañana en la Cumbre. La breve declaración agregó que también se refirieron a algunas cuestiones de la agenda del G20, cuya cita se realizará durante viernes y sábado. En el diálogo estuvieron el secretario estadunidense de Estado, Rex Tillerson, y el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Sigmar Gabriel.

El documento final de la Cumbre 2017 del Grupo de los Veinte (G20) se dará a conocer el sábado por la tarde en Hamburgo, con los acuerdos y disonancias de las economías industrializadas y emergentes más fuertes del planeta. El lema de la Cumbre es “garantizar la seguridad mundial –mejorar las perspectivas futuras– y asumir responsabilidad”.

El punto central de la Cumbre es económico. Parte de la base de que el crecimiento de la economía mundial es actualmente muy bajo, más débil de lo que fue en el pasado, las tasas de interés están en niveles históricos a la baja, muchos países no están llevando a cabo las reformas estructurales que requieren. La miseria es rampante en África. Los objetivos en ese terreno durante la cumbre del G20 es, por una parte, el fortalecimiento de la arquitectura financiera internacional mediante el reforzamiento de la red de seguridad bancaria y de las instituciones financieras.

Para ello se tratará la necesidad de asegurar la libertad de los flujos de capitales y al mismo tiempo prevenir los desafíos a que se enfrentan diversos países ante la volatilidad del capital especulativo, así como continuar avanzando en la vigilancia y regulación de los mercados financieros y en el establecimiento de estándares globales para éstos. El objetivo es facilitar el libre comercio bajo la regulación de instituciones comerciales multilaterales como la OMC.

Favorecer inclusión financiera

Una meta más en ese rubro es favorecer la inclusión de hogares y las empresas para que tengan acceso al capital y servicios financieros en el mundo. A ello se añaden condiciones favorables para la creación de puestos de trabajo que remuneren adecuadamente a quienes los ocupan. Las grietas más notorias para lograr acuerdos en lo anterior se sitúan en la posición de Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump se opone al libre comercio y ha prometido echar reversa a la regulación de mercados y organizaciones financieras.

China espera que la cumbre alcance un consenso sobre libre comercio, confió el viceministro chino de Hacienda, Zhu Guangyao. En conferencia de prensa en la ciudad alemana, Zhu indicó que la cumbre es importante para que los miembros mejoren la coordinación en macropolítica, y usen las políticas fiscales y monetarias, así como la reforma estructural, para lograr un desarrollo sano y sostenible de la economía global.

Los miembros del G20 dejarán patente el aislamiento internacional de Estados Unidos en materia de defensa del clima en su comunicado final, según trascendió del borrador al que tuvo acceso Dpa. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, se dirigió directamente al público alemán antes de la cumbre del G20 en Hamburgo con un artículo firmado publicado en el diario alemán Handelsblatt. Putin enfatizó su creencia en el terreno común compartido por Moscú y Berlín en ámbitos como cambio climático y elogió el G20 como un foro necesario y eficaz para resolver asuntos trasnacionales.

El G20 fue un exitoso instrumento de manejo de crisis mundiales durante la crisis financiera de 2008 y se necesita más que nunca en vista de los crecientes riesgos ambientales y geopolíticos de 2017, escribió el presidente ruso.

G20 exhibe aislamiento de EEUU ante cambio climático

Los jefes de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) hicieron un llamado conjunto a los líderes del G20 para que acuerden acciones que revigoricen el comercio y respalden a los trabajadores. El bienestar económico de miles de millones de personas depende del comercio. Una mayor integración comercial, junto con políticas económicas que apoyen la actividad local, pueden ayudar a elevar los ingresos y acelerar el crecimiento global. Esto requiere acciones decisivas de los líderes mundiales reunidos en la cumbre del G20, dijeron en un comunicado.

Los miembros del G20 dejarán patente el aislamiento internacional de Estados Unidos en materia de defensa del clima en el comunicado final que publicarán el sábado al término de la cumbre que hoy arranca en Hamburgo bajo presidencia alemana, según un borrador al que tuvo acceso Dpa este jueves.

Los 19 jefes de Estado y de gobierno quieren aprovechar la cumbre para mostrar su determinación a favor de la protección del clima, a pesar de la decisión del presidente estadunidense Donald Trump de sacar a su país del Acuerdo de París. Para ello, preparan una formulación sorprendente de la tradicional declaración final en la que todos mostrarán su apoyo en la defensa del clima y se recogerá la disidencia de Washington en este punto.

Se trata de un paso sin precedente, pues estos encuentros multilaterales se caracterizan por la publicación de una declaración que siempre es acordada por unanimidad. En concreto, los 19 buscan enviar desde la ciudad portuaria una señal que pretende una rápida puesta en marcha de este pacto acordado en la capital francesa en 2015 y que tiene como objetivo limitar el calentamiento global a menos de dos grados centígrados en comparación con la época preindustrial.

En el borrador del comunicado final, al que tuvo acceso Dpa, se indica que el resto de países integrantes del G20 toman nota del abandono de Estados Unidos del pacto. A continuación señalan que Estados Unidos reafirma su fuerte compromiso con un enfoque global para reducir las emisiones y al mismo tiempo respalda el crecimiento económico y mejora las necesidades de seguridad energética. Sin embargo, Merkel indicó este viernes, en una declaración ante los medios, que no sabe cómo podrá ser el acuerdo en la protección del clima para evitar que sea un 19 contra uno, es decir, todos por un lado y Estados Unidos por otro. No puedo decirlo aún, añadió.

La postura de Donald Trump sobre el clima genera desde hace meses gran preocupación a escala global. A principios de junio el mandatario anunció que su país, el segundo más contaminante del mundo, se retiraba del acuerdo, haciendo tambalear así los cimientos de la lucha contra el cambio climático. Al día siguiente, Merkel tuvo que salir a la palestra para hacer un llamado al resto de los países para luchar unidos para salvar el planeta e indicar que la lamentable decisión de Estados Unidos no puede impedir avanzar al resto de naciones que sienten la obligación de proteger a la Tierra.

 

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