Nov 23 2016
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Cultura

Trump y los medios

Cuando el nuevo emperador electo de Occidente proclam贸 su victoria me par茅 de cabeza. Quer铆a bajar el estr茅s, la informaci贸n t贸xica, y apreciar las cosas desde otro 谩ngulo. Pero al retomar la posici贸n habitual, se apareci贸 un ni帽o sentado en el suelo, con las piernitas cruzadas y aplaudi茅ndome sin muchas ganas.

鈥撀縔 t煤 qu茅? 鈥揹ije. Irgui茅ndose con impecable t茅cnica de artes marciales, el ni帽o salud贸: Hola. Soy Jorge Ramos en chiquito, de Univisi贸n. Luego, con suavidad, el intruso me empuj贸 en direcci贸n al balc贸n, inquiriendo: 驴adivina qu茅 es aquello, pap谩? En lontananza, divis茅 raras nubosidades que irradiaban espl茅ndidos colores.

Frente a mi extra帽eza, Jorge Ramos en chiquito estall贸 jubilosamente: 隆Empez贸 la guerra at贸mica, pap谩! Y, de s煤bito, un tropel de ni帽os entr贸 al estudio gritando 隆pica, pica, pica!, con sus cuerpitos salpullidos de granos chorreantes de pus reventada. Jorge Ramos en chiquito me rega帽贸: 鈥淣o fumes, pap谩鈥 hay ni帽os鈥. Y exclamando 隆lero, lero!, desapareci贸 por el balc贸n.

Un respingo me hizo caer de la cama. Empapado de sudor, sal铆 al balc贸n. Nada. Todo en orden. El sol despuntaba por el mismo lugar de siempre, los pajaritos volaban del nido en busca de comida. El d铆a despu茅s empezaba normal, incluyendo los noticieros de Hillary for ever y George Soros鈥檚 friends en los medios corporativos.

Ahora bien. El periodismo moderno arranc贸 en los 煤ltimos a帽os del siglo XIX, junto con la expansi贸n del sue帽o americano en armas, la industria de los sue帽os, y la primera edici贸n de La interpretaci贸n de los sue帽os, obra en la que Freud sostiene que no controlamos nuestra mente.

Por ejemplo, el ilustrador Fredric Remington, c茅lebre por sus dibujos y pinturas idealizadas de la conquista del far west (primer cap铆tulo del sue帽o americano), constat贸 que su creatividad depend铆a de poderes que no controlaba.

En enero de 1897, Remington era corresponsal en La Habana del New York Journal. Y desde all铆 envi贸 un cable a su jefe, Randolph Hearst: Todo est谩 tranquilo. No hay problemas. Deseo regresar. Hearst contest贸: Usted proporcione las im谩genes. Yo proporcionar茅 la guerra.

Con Trump, los medios corporativos fingieron demencia o farfullaron mendacidades, endosando su irresponsabilidad al New York Times (NYT), ese or谩culo liberal en decadencia, que en octubre de 2005 public贸 un desplegado de solidaridad con Judith Miller, periodista clave del NYT en la estrategia para promover la guerra contra Irak.

El desplegado fue suscrito (espont谩neamente) por intelectuales y pol铆ticos latinoamericanos que dec铆an amar la libertad de eeeuu-trump-medios1xpresi贸n. El propio NYT despidi贸 a la veterana periodista por razones de 茅tica. Pero el da帽o estaba hecho: acabaron con Irak.

Tambi茅n bajaron al ruedo los que igualaban a la criminal de guerra Hillary con el desorbitado Trump, porque ambos son capitalistas. Algo as铆 como igualar a Fidel con Xi Jinping, porque son comunistas; a Bachelet con Allende, porque son socialistas; a Salinas de Gortari con L贸pez Obrador porque surgieron del PRI.

Los sist茅micos remit铆an a House of Cards ( HC, castillo de naipes), la telenovela viral que, mezclando verdad y verosimilitud, expuso lo sabido: el drenaje profundo de los pol铆ticos sin escr煤pulos de Washington DC. Y los antisist茅micos, que la victoria de Trump demostraba que el Capit谩n Am茅rica, a fuerza de patrullar el mundo, se hab铆a quedado sin ox铆geno, solo, endeudado, y con el American dream hecho pur茅.

Moci贸n de orden鈥 驴Trump no comentaba tales asuntos en su campa帽a? 驴A causa de qu茅, entonces, los medios corporativos potenciaban las expresiones ultramontanas del candidato y silenciaban los problemas estructurales de la sociedad? 驴Qu茅 intereses subyac铆an en la obsesi贸n de identificar a Trump con Saddam Hussein, Kadafi, Ch谩vez, Putin y Hitler, claro, infaltable bot贸n de p谩nico cuando nada hay que decir?

Soliviantando a las masas m谩s ignaras y castigadas por un capitalismo a la deriva, Trump se burl贸 de todos y se alz贸 con el premio mayor. Y ahora, los analistas a la violeta hablan del fen贸meno Trump, que habr铆a partido la sociedad en dos: 60 millones de nazis, racistas, mis贸ginos, chovinistas, carap谩lidas y homof贸bicos, versus 60 millones de altruistas, democr谩ticos, globalizadores, multiculturalistas y cosmopolitas avant la lettre.

Parafraseando a Marx (Groucho): el tup茅 de tergiversar los hechos con enfoques presuntamente objetivos que se cambian por otros cuando la realidad los desmiente, terminar谩 sorbi茅ndonos el seso por completo.

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