Abr 24 2006
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Opinión

Un asunto inoslayable. – SEXO Y TERRORISMO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

¿Cual es la atracción y tentación de los terroristas musulmanes suicidas a cometer crímenes masivos y destruirse a si mismos en el proceso? ¿No será que la violencia que estos actos contienen está dirigida, doblemente, en contra del enemigo externo y, al mismo tiempo, en contra de la falta de libertad de los propios actores? ¿Un puro acto sado-masoquista?

Durante ya los míticos años revolucionarios de los sesentas, época de la que pareciera que pudiéramos extraer cualquier cosa, un pequeño sector de la izquierda dirigió su atención a la dimensión psico-sexual de las acciones políticas. Hoy día, frente a la ansiedad generalizada provocada por los cambios en nuestra cultura sexual, este tipo de análisis ha sido eliminado de la conversación política.

El sexo no tiene cabida en los comentarios responsables de la política internacional. Y sin embargo… ¿podríamos entender, no sólo lo que paso el 11 de Septiembre, sino, toda la historia del siglo XX, sin la inclusión de los aspectos psico-sexuales de la violencia política?

Como dice E. Willis (The Mass Psychology of Terrorism, 2001) no se trata de reemplazar las cuestiones económicas y geopolíticas cruciales y profundamente reales que han configurado las condiciones sociales del Medio Oriente y el Sur del Asia, desde el legado del colonialismo, el petróleo y la guerra fría hasta la ascendencia del neo-liberalismo con la discusión de políticas psico-sexuales. Más bien, lo que se propone es que el tipo particular de crisis que el fundamentalismo islámico representa irrumpe cuando los problemas geo-políticos y económicos convergen con conflictos culturales y psico-sexuales.

El paradigma de estas crisis no es solo peculiar al Oriente Medio. También lo hemos visto en la explosión de fuerzas destructivas en Europa, desde el Holocausto hasta la limpieza étnica de Bosnia.

El proyecto modernista, que lleva ya poco mas de 200 años, contiene una revisión cultural que incluye el asalto del capitalismo, la ciencia y la tecnología y los movimientos democráticos que desafían la organización social del patriarcalismo autoritario que, en una u otra modalidad, ha dominado la cultura humana por mas de 5000 años.

El desarrollo de este proyecto tiene un impacto global y no está libre de contradicciones. Si el capitalismo y el imperialismo lo han impulsado, igualmente lo han hecho el socialismo, el comunismo y los movimientos anti imperialistas. Y también, en ocasiones, tanto el capitalismo y los movimientos anti-imperialistas, oportunísticamente, se han aliado con reaccionarios patriarcales o han impuesto su propia versión neo-patriarcal. Pero, cualquiera sean las contradicciones que el proyecto iluminista posee, este inicia la lucha por el secularismo democrático, la tolerancia religiosa y las libertades individuales en contra de la autoridad patriarcal religiosa, cultural y moral, desencadenando en forma ineludible una revolución cultural cuyos efectos dislocatorios amenazan toda la estructura de la vida sexual, de la familia y de las nociones de feminidad y masculinidad.

El impulso básico del patriarcalismo es el de dominar la naturaleza, proyecto que requiere el control de la sexualidad –la naturaleza dentro de nosotros–, el control sobre las mujeres y niños –sobre quienes la anarquía de la naturaleza y la sexualidad es proyectada– y jerarquías sociales que presumen la inhabilidad de los individuos a gobernarse a sí mismos.

El deseo es ligado al egoísmo, la agresividad y la violencia y la moralidad es equiparada con la auto-negación, represión de los deseos y sumisión a la autoridad. La función de la familia es la aculturación de cada nueva generación en este sistema de creencias y code moral.

Los conflictos psicológicos, la ansiedad y las tensiones son los acompañantes inevitables en el campo de este sistema de creencias que, en ciertas ocasiones, irrumpen con una violencia fuera de control.

Las religiones patriarcales han servido para reforzar este sistema moral basado en la idea de Dios como el último padre y la recompensa final de la inmortalidad. Donde retienen la autoridad social o el poder político, su llamado a las fuerzas internas de la conciencia es respaldado por sanciones comunales y legales.

fotoParadójicamente su condena y prohibición del crimen y otras formas de agresión predatorias, sin las cuales ninguna sociedad podría sobrevivir, engendran, de hecho, una violencia endémica que es sancionada por la autoridad del Estado, la familia o la autoridad religiosa. Según el sistema, la violencia ilícita es un producto infortunado de la naturaleza humana, en tanto que la violencia lícita es una defensa necesaria en contra de las conductas anti-sociales.

La pregunta que cabe aquí es en qué medida esta violencia legal o socialmente sancionada –la guerra, la pena de muerte, la violencia física en contra de la mujer en el circulo familiar, el castigo de las costumbres inmorales tales como el sexo fuera del matrimonio o el uso de drogas– es, en realidad, una salida para expresar la rabia que acompaña la auto-negación del placer y, al mismo tiempo, disminuir el sentido de culpa al proyectar nuestros deseos obscenos en una victima social.

¿No será que la motivación que encontramos en la violencia religiosa, en particular, es la combinación de un anhelo de transcendencia espiritual y sentido de culpa transmutado en un farisaísmo y rencor racionalizado como servicio a Dios?

En una época de comunicación y migraciones masivas, de globalización económica y tecnológica, los puntos de fricción entre modernidad y sus antagonistas han aumentado, especialmente cuando las fuerzas liberadoras de la revolución cultural erosionan, doblemente, la represión que mantiene el resentimiento inconsciente y los mecanismos sociales que controlan la violencia.

Wilhelm Reich (The mass psychology of facism, 1946) sostiene que los movimientos fascistas son una mezcla de emociones rebeldes e ideas sociales reaccionarias. La ineficacia política y la ruina económica pueden explicar por qué los alemanes querían rebelarse, pero no explican por qué su rebelión optó por el apoyo a un genocidio sadista totalitario que, incluso, estaba en contra de sus propios intereses.

¿Porque optó por una fantasía racial paranoica, que persigue a los judíos, al capitalismo internacional, a los comunistas, a los socialistas, a los libertinos sexuales, a los homosexuales, a las mujeres emancipadas, a la mezcla de razas y a todas las fuerzas contaminantes de la modernidad? Dicho de otra manera: ¿por qué el proletariado y la clase media alemana se rehusaron a luchar por sus intereses económicos y políticos concretos y eligieron la autosumisión a Hitler?

Reich y la Escuela de Frankfurt desafían el razonamiento económico convencional de la izquierda europea. De acuerdo con ellos el liberalismo de Weimar incito los deseos de libertad reprimida –y el rencor por su supresión– que los individuos formados en los valores patriarcales no podían admitir.

Si el rencor fue alentado y legitimado por reclamos políticos reales, el miedo subconsciente a la liberación del deseo les impidió contemplar la revolución real. Hitler les ofrece la solución a este impase al presentarse como una autoridad paternal que exige sumisión y ofrece un escape legitimo a la rebelión violenta al apoyar y participar en la persecución y el crimen masivo.

La fantasía social hitleriana tiene un atractivo especial, particularmente, para aquella juventud presa entre la sumisión a la familia y el sentido de culpa por los deseos de libertad y placer sexual.

Los deberes patrióticos les permiten descargar y negar su odio inconciente a los valores represivos de la tradición religiosa patriarcal al dirigir su agresión hacia los supuestos enemigos de la patria. Su sexualidad contenida puede encontrar una expresión distorsionada en el placer sádico de la crueldad actual o vicaria, en el sometimiento al líder y en el éxtasis religioso de las concentraciones y espectáculos masivos.

La hipótesis freudiana de los conflictos inconcientes ayuda a encontrar un sentido al hecho de por qué una nación completa sucumbe a una ideología irracional. Lo interesante de esta hipótesis es que su análisis del nazismo permite descubrir que este fenómeno social que sigue a la primera Guerra Mundial es potencialmente inherente a toda sociedad patriarcal.

No mucho después de que Fukuyama declarara el “fin de la historia”, ésta retomo el curso que había suspendido en 1945. El colapso del comunismo mostró el espectáculo de las expectativas eufóricas del Occidente. Pero, también, expuso su lado más oscuro.

El ejemplo es Yugoslavia, un país superficialmente moderno y profundamente patriarcal con una población sexualmente reprimida. La demagogia nacionalista de Slobodan Milosevic aprovecha la rebeldía y decisión del pueblo para impulsar ideas reaccionarias. El resultado es una guerra genocida insana en la que la gente dirige su violencia y frustración en contra de sus propios vecinos con los que hasta ese momento habían vivido pacíficamente.

Violaciones, mutilaciones y sadismo sexual caracterizaron la guerra yugoslava. ¿Podemos, en realidad, encontrarle algún sentido a todo ello culpando solo al acto de algunos individuos malévolos y al odio étnico ancestral?

Bajo esta luz el extremismo musulmán muestra un modelo ya conocido en la historia del siglo XX. Es el resurgimiento paranoico causado por la promesa y amenaza de la modernidad y la opresión política de los gobiernos nacionalistas. El rápido surgimiento del totalitarismo musulmán no es ajeno a la atracción populista de los resentimientos de clase y los sentimientos de subordinación y humillación política. Pero también estos sentimientos se mezclan con violentas reacciones defensivas en contra de la tentación de la liberación libidinal.

La demonizacion de Estados Unidos, según las declaraciones de los propios líderes del terrorismo islámico, se debe al hecho de que exhorta y simboliza la decadencia moral del Occidente, mas que a su política exterior, como quisiéramos creer.

La sabiduría convencional afirma que estas respuestas religiosas extremas llenan el vació dejado por el fracaso de los movimientos seculares izquierdistas del Oriente Medio para mejorar las condiciones económicas o terminar con la corrupción política. La oposición permanente de la política exterior americana a cualquier proyecto político izquierdista fue y continúa siendo un factor importante en este fracaso.

Pero todo esto no explica por qué tanta gente se siente atraída por un movimiento que no tiene programas concretos para resolver sus problemas económicos y políticos y que esta, por el contrario, al servicio de una fantasía que promueve el crimen suicida al servicio de una guerra santa dirigida en contra de los infieles y el establecimiento de un estado religioso policial.

¿Es esta una alternativa al sistema capitalista y la democracia liberal?… ¿Podríamos dar cuenta de esta fantasía religiosa sin referencia a su dimensión patriarcal que gobierna la vida sexual y domestica de la mayor parte de la población que vive en el mundo islámico?

Lo que mayormente determina las políticas neo-liberales son las consideraciones económicas, geo-políticas y militares, en tanto que la democracia y los derechos humanos son invocados sólo para justificar alianzas o antagonismos actualmente existentes. La supresión brutal del disentimiento y la opresión extrema de las mujeres en las teocracias islámicas nunca han sido objeto de discusión seria en los debates de la política internacional.

Las cuestiones culturales no sólo son cuestiones políticas. Como lo hemos visto en Saudia Arabia, Afganistán o Irán también son cuestiones de vida o muerte. La defensa de los derechos humanos, del feminismo y la separación de la iglesia y el Estado debieran ser parte integral de cualquier programa de izquierda y no ser relegados, e incluso ignorados, al enfatizar, exclusivamente, el anti-imperialismo norteamericano.

Si este es el único criterio que define nuestras acciones políticas, no seria raro que la izquierda termine simpatizando con movimientos ultra-reaccionarios. Hasta el momento el fundamentalismo musulmán ha venido ganando la batalla por la hegemonía musulmana. Esto no tiene porque ser así.

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* Escritores y docentes. Residen en Canadá.

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