Oct 29 2013
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Ciencia y Tecnología

Un Nobel para pretender que, por la noche, todos los economistas son pardos

El Nobel de Economía acaba de ser galardonado a tres profesores estadounidenses: Lars Peter Hansen y Eugene Fama, de Chicago, y Robert Shiller, de Yale. Se premia así a economistas que son muy diferentes. A continuación dos enfoques del tema: uno del portugués Fralncisco Louca y otro del mexicano Alejandro Nadal.

Francisco Louçã*

Uno de ellos (Hansen) ha destacado en el campo de los métodos estadísticos. Otro (Shiller) en el análisis de las alteraciones de las expectativas y la crítica de los métodos de la economía tradicional en el análisis de los mercados financieros. El tercero (Fama) es el máximo exponente de esos mismos métodos tradicionales y del análisis canónico de los mercados financieros.

Fama es el creador de la “teoría de los mercados eficientes” que parte de la asunción de que las condiciones en que los mercados procesan de manera óptima la información disponible, determina los precios más eficientes. Todo funciona bien en este maravilloso mundo del Dr. Pangloss. No sólo esta teoría no puede ser probada, ya que es puramente ideológica y auto-justificativa, sino que no coincide con la experiencia de la vida real. El colapso de los mercados financieros con la crisis de las subprime en el verano de 2007 se convirtió, de hecho, en un obstáculo para la concesión del premio a Fama, que tuvo que esperar hasta ahora un galardón que hace mucho que le estaba destinado para resaltar su trabajo y la forma en que se ha convertido en un gurú del sistema financiero.

El antecedente de dos Premios Nobel en 1997, Merton y Scholes, que después de nominados tuvieron que pasar por la vergüenza de la quiebra de su empresa de fondos especulativos, LTCM, en 1998, muestra hasta que punto es arriesgado entusiasmarse con los ideólogos de los mercados.

Esta incapacidad de la teoría dominante para explicar la crisis financiera fue abordada en uno de los recientes libros de Shiller, otro de los premiados en esta ocasión. “Espíritus animales “, el libro escrito con Akerlof (otro premio Nobel), demuestra claramente los errores de la teoría canónica y su incapacidad para entender las expectativas y estrategias de los diferentes agentes que operan en los mercados financieros y en la vida económica en general. Pero a  Fama no le preocupará ni esa crítica ni la experiencia de la realidad. Después de todo, han recibido el Nobel. Hoy mismo.

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 El comité Nobel esquizofrénico
 Alejandro Nadal**nobel de economia 2013

El Premio Nobel de economía este año es para economistas antagónicos. Es como si le hubieran dado el premio de medicina al creador de un veneno mortal y, al mismo tiempo, al inventor del antídoto. O como dice Yanis Varoufakis, es como si le hubieran dado al mismo tiempo el premio de física a Galileo y al inquisidor que le condenó. Para como se las gastan en el Premio Nobel, esto no debiera sorprender. Este año le ha tocado a Eugene Fama, Lars Peter Hansen y Robert Shiller. Si dejamos de lado el interesante trabajo econométrico de Hansen, se trata de una extraña decisión.

Desde los años setenta Fama llegó a desarrollar la llamada hipótesis de mercados eficientes , según la cual los precios de los activos financieros siempre traducen toda la información disponible en los mercados financieros. Tarde o temprano, el mercado termina por incorporar toda la información pertinente en los precios y eso tiene un efecto mágico: algunos agentes sobre reaccionan y otros cometen el error inverso, pero el mercado en su conjunto nunca se equivoca. En el universo en el que se desenvuelve la imaginación febril de Eugene Fama, no hay espacio para las burbujas ni para los agentes especuladores que lucran apostando a conocer el resultado final mejor que el mercado.

La hipótesis de mercados eficientes (HME) ha estado cercana de la hipótesis de expectativas racionales y de los modelos para determinar precios de opciones y otros productos financieros exóticos (Black-Scholes). Todas estas construcciones sirvieron de fundamento teórico para el desarrollo de los mercados financieros durante los últimos dos decenios. Su combinación se ha traducido en un desastre para la política económica a escala mundial.

La hipótesis de mercados eficientes tiene dos componentes medulares. El primero es que la información pública se ve reflejada en los precios de los activos casi de manera instantánea. Así, la información que afectaría al alza (o a la baja) el precio de un activo en el futuro se verá incorporada hoy en el precio de dicho activo. Por ejemplo, si las acciones de una compañía farmacéutica se venden hoy a 80 pesos y dicha compañía recibe autorización para comercializar un nuevo medicamento que aumentará las ganancias mañana, el precio de las acciones se incrementará de manera inmediata.

Esto lleva al segundo componente de la HME: algunos participantes en el mercado podrían subestimar el efecto de ese nuevo producto en el mercado, mientras que otros pueden sobreestimarlo. El mercado puede ser influido de manera más o menos decisiva por estas fuerzas, pero según la HME de Eugene Fama estos errores no abrirán la puerta para que los agentes especuladores realicen operaciones de arbitrajes, ajusten riesgos y obtengan ganancias extraordinarias. Este es quizás el aspecto más importante y el más absurdo de la teoría de Fama: en los mercados eficientes no existen oportunidades para realizar arbitrajes.

El chiste que mejor cristaliza lo anterior es el de un profesor que camina con un estudiante en el campus de la universidad y de pronto observa un billete de cien dólares en el piso. El estudiante tiene el reflejo de irlo a recoger, pero el profesor, más experimentado, le aclara el panorama: no se moleste usted en recogerlo, si fuera un billete de verdad ya no estaría ahí tirado . La moraleja de la historia: en un mercado eficiente, la competencia siempre se encarga de eliminar las oportunidades de ganancias extraordinarias.

Al igual que su primo cercano, el modelo de Black-Scholes para determinar precios de opciones, la hipótesis de mercados eficientes está basada en la fe y la idolatría en el panteón del libre mercado. Los resultados están a la vista: la gigantesca burbuja en los precios de ciertos activos financieros explotó precisamente en el sistema financiero y ahora tiene de rodillas a la economía mundial. A pesar de todo, en una entrevista con John Cassidy en 2011 Fama declaró la verdad, ni siquiera sé lo que es una burbuja , lo que puede traducirse como las burbujas no existen ).

Para compartir el Nobel con Fama, el comité no pudo escoger a nadie más opuesto que Robert Shiller. Este autor ha hablado de la hipótesis de mercados eficientes como el error más sorprendente en toda la historia del pensamiento económico . Y es que el análisis de Shiller es capaz de abarcar la dimensión macroeconómica de la especulación (en contraste, Fama confiesa no saber nada de macroeconomía). Shiller sabe lo que Fama ignora: que una parte significativa de la actividad financiera es ciento por ciento especulativas y conlleva externalidades negativas para toda la economía.

En los años que precedieron la crisis que estalló en 2008 Robert Shiller mantuvo su trabajo sobre la evolución de los precios de diversos activos, en especial los bienes inmuebles. Quizás su trabajo más conocido es el desarrollo de un índice compuesto del precio de casas para 10 ciudades en Estados Unidos que demuestra una fenomenal inflación de precios a partir del año 2001. Es el anuncio de la crisis que para Eugene Fama nunca debió existir.

(*) Francisco Louça es un reconocido economista portugués, profesor del ISEG y director de su Unidad de Estudios sobre la Complejidad de la Economía. Ha sido dirigente y diputado del Bloco de Esquerda portugués.  (**) Alejandro Nadal es un reconocido economista mexicano, profesor del centro de estudios Económicos del Colegio de México, miembro del consejo editorial de Sin Permiso.

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